Beisbol, futbol y otras pasiones nacionales

Beisbol, futbol y otras pasiones nacionales

27 - Junio 2019
Moderador: 

Más de una vez el ya tradicional espacio de debate organizado por la revista Temas, y las páginas de esta, han analizado las implicaciones sociales, históricas, políticas, del deporte. Ahora –de nuevo en la Sala Fresa y Chocolate, del ICAIC- el director de la publicación, Rafael Hernández, nos convocó a profundizar en el impacto causado en la esfera pública por la práctica masiva de esa actividad, y lo que las controversias al respecto develan acerca de la sociedad y la cultura contemporáneas.

¿Qué nos dice el deporte masivo, y su discusión, sobre nosotros mismos y lo que nos rodea? ¿Por qué el intercambio en torno a él se convierte en una pasión?, fueron sus primeras interrogantes a un panel compuesto por la campeona olímpica y gloria del deporte cubano, Yumilka Ruiz; Rudens Tembrás, subdirector de Comunicación del INDER, periodista y profesor universitario; Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura, inveterado aficionado al béisbol; y Renier González, comentarista deportivo de larga trayectoria.

Como miembro de la Comisión de Deporte y Sociedad Activa, del Comité Olímpico Internacional, Yumilka Ruiz (otrora capitana del equipo Cuba de voleibol) posee evidencias de primera línea relacionadas con el ejercicio deportivo a escala masiva. Ella asevera: “Los no profesionales lo utilizan para divertirse, es una forma de vida sana en la que se puede conocer a otros, compartir”. En la Isla hemos tenido “muchísimo desarrollo” en esa área. Una constatación de la relevancia adquirida mundialmente por el deporte masivo es que determinados juegos han devenido disciplinas del programa olímpico; por ejemplo, el béisbol cinco, una modalidad practicada por los cubanos, bajo el nombre de la manito.   

Foto: Randdy Fundora/Temas.

 Al respecto, Rudens Tembrás agregó que a nivel mundial nos entregamos a ese espacio lúdico para descansar y distanciarnos del complejo entramado político, económico, financiero, actual. La atracción ejercida por el deporte está “muy presente en la vida de las personas” (algunos entendidos la equiparan a la impronta de la religión y del sexo), de maneras diversas. Si bien una parte lo realiza de modo profesional y otra por los beneficios físicos y psicológicos que brinda y porque potencia valores como el compañerismo, o la sana competitividad, la mayor parte de la gente –millones de seres humanos- se acerca a él apenas en el papel de espectadores. A lo largo de la modernidad y la postmodernidad, al impacto positivo de tales acciones se le han superpuesto múltiples flagelos: el dopaje, el fraude la extrema mercantilización. Ciertos Estados han querido controlar y hasta monopolizar la praxis deportiva, con el propósito de que “tribute al sentimiento nacional, al proyecto de país”. En los demás, se ha impuesto la lógica del capital; así, el concepto de equipos nacionales se ha ido difuminando y sustituyendo por el de clubes; en la actualidad, estos últimos quizás generen más adeptos que los otros. De acuerdo con el ponente, ya que el consumo del deporte (en el estadio o frente a la pantalla de la TV) ocupa buena parte del tiempo de ocio, es aprovechado tanto por la publicidad comercial como por la propaganda política e ideológica y ejerce “una gran influencia en las representaciones que las personas tienen de la vida”, ese espacio precisa de regulaciones. A las anteriores complejidades se añade el reto que significa el auge de los videojuegos, en torno a los cuales polemizan detractores y adeptos.

Un gran consumidor de deportes y alguien que mantiene una proximidad visceral con la pelota, fue la autodefinición realizada por Leonardo Padura, quien subrayó un hecho ya habitual en los partidos de fútbol: los miembros de los equipos ostentan disímiles nacionalidades, o en numerosos casos se han acogido a la del país al que pertenece el conjunto donde juegan. Enorme contraste ofrece esta realidad con la de centurias atrás, cuando la contienda deportiva contribuyó incluso a robustecer los rasgos identitarios de las naciones. Tal simbiosis ocurrió en la Isla, adonde jóvenes de su aristocracia y alta burguesía, cuyos estudios superiores habían transcurrido en el norte de los Estados Unidos, trajeran el béisbol poco antes de 1870. Primero se les sumaron otros integrantes de esos grupos sociales, luego de los demás estratos. Por entonces, asegura el escritor, “Cuba estaba preparada para convertirse en una nación y empiezan a surgir de manera acelerada” signos de esa predisposición. En un corto período se produce el levantamiento de la Demajagua, nace el danzón y se difunde el novedoso entretenimiento. Jugadores negros entran al diamante. Las incipientes ligas de profesionales, y algunas amateurs, emergen a finales del siglo. Aquellas competencias en las primeras instalaciones beisboleras (el Palmar de Junco en Matanzas, el Almendares Park en La Habana) eran espectáculos festivos, pues tenía lugar una especie de verbena. Al terminar los topes, el público comía, bailaba con la música de las orquestas danzoneras, formadas casi siempre por negros y mulatos. “Ese cruce de elementos raciales, deportivos y culturales constituyó uno de los aspectos más importantes en la consolidación del concepto de identidad cubana”. Durante los decenios posteriores siguió creciendo la calidad de las competiciones y su arraigo en el pueblo. Tras el triunfo revolucionario de 1959, aunque desaparecieron la Liga Profesional y la Amateur, los cubanos se mantuvieron fieles a ese deporte y acudían a disfrutar la Serie Nacional. “He hecho esta historia para llegar a la parte climática de mi intervención: estoy muy preocupado con lo ocurrido en los últimos años con el béisbol en Cuba. Estamos hablando de un componente esencial de nuestra espiritualidad, que se halla en peligro, fundamentalmente por aplicar malas políticas”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Renier González inició su disertación destacando la trascendencia del “verdadero deporte masivo”, el que disfrutan los ciudadanos durante su tiempo libre, cuando salen del trabajo, por ejemplo, y van al gimnasio, corren, juegan softball, etcétera. Ese tipo de actividad “refleja la salud mental y general de una sociedad”. Según el respetado comentarista, tuvimos etapas muy buenas, después el Período Especial provocó un bajón considerable en su existencia. No obstante, se ha ido recuperando; una muestra es el regreso de los maratones populares y los torneos de trabajadores. También resulta indispensable rescatar el peso que tenía la práctica de ejercicios físicos en los centros educacionales y el desarrollo potenciado por las escuelas de iniciación deportiva (EIDE) y las pre EIDE; “una capacidad que se perdió”.

Sin extraviar la cordura

Varias preguntas dirigió el moderador a sus invitados: ¿Qué clase de discusión promueven las pasiones deportivas? ¿En qué medida propician la creación de una cultura de la polémica, del intercambio de ideas? ¿Realmente tales controversias en la esfera pública son democráticas, contribuyen a fortalecer valores cívicos o la unidad nacional, incluso al producirse reacciones fanáticas que dan lugar, como sucede en otros países, a enfrentamientos a veces sangrientos? Hace dieciséis años –rememoró Hernández-, en una sesión de UJ celebrada aquí, Rufo Caballero y Arturo Arango sostenían posiciones opuestas: el segundo negaba que el debate sobre el béisbol fuera un modelo de diferendo civilizado, de convivencia, pues los involucrados se insultaban, no escuchaban al otro. Rufo apuntaba que cuando pasaba por el Parque Central y veía la peña en torno a la pelota, el entusiasmo de los contendientes le parecía una actitud válida y enriquecedora.

“Las pasiones dentro del deporte son positivas y democráticas, más ahora, con el uso de las redes sociales. Usted puede expresar su criterio como mejor le parezca. En ocasiones el acaloramiento lleva a la falta de respeto y a que se nublen las ideas, pero eso es lo que menos pasa”. El disenso es enriquecedor, igual que en una discrepancia política, si se emplean argumentos, razones, opinó Renier González.

No puede prosperar la práctica deportiva, como espectáculo, sin pasión, rivalidad, competencia. Sin embargo, esa efervescencia tiene muchas formas de manifestarse, planteó Leonardo Padura. Junto a la incivilidad de un inglés fanático del fútbol (postura que obliga a desplegar en los estadios a las fuerzas del orden), existe la mesura de los japoneses, cuyas evoluciones frente al terreno, ante el desempeño de sus novenas beisboleras, parecen una bien orquestada puesta en escena; y la tendencia de los estadounidenses a convertir los topes de pelota en un paseo familiar, durante el cual la gente canta, aplaude, se emociona, pero sin excesos. Lamenta el panelista que en la Isla el fervor de los aficionados haya empezado a desaparecer en varios deportes: ni el béisbol ni el baloncesto o el voleibol cuentan con el mismo seguimiento de algunos años atrás. “Recuerdo las copas del mundo del voleibol masculino, a finales de los 80 y principios de los 90, el país se paralizaba para ver los partidos de Cuba, y mientras jugaban las Morenas del Caribe, era la gloria”. Aquellas muchachas se convirtieron en modelo de un tipo de mujer cubana. Hoy, en lugar de esos indicios del interés popular, en las instalaciones a veces sobrevienen comportamientos nada ejemplares entre los mismos jugadores o entre ellos y el público, reflejo de que “los deterioros de la sociedad cubana han llegado también al deporte”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Hace alrededor de un mes, el presidente Díaz-Canel expuso su preocupación por la alta cifra de padres que hacen lo imposible para que sus hijos eludan la educación física en la escuela, lo cual evidencia poca cultura acerca de sus beneficios, mencionó Rudens Tembrás. Y añadió otro aspecto: un factor clave, generador de pasiones y controversia, es la calidad; sin ella no hay atracción. Asimismo, “cualquier análisis del deporte, si no incluye valorar la sociedad, está fuera de contexto y carece de sentido”; por consiguiente, la responsabilidad de lo acaecido al ámbito deportivo cubano en los últimos tiempos, del “megaproblema que tenemos”, no es achacable solo al INDER. Han fallado la industria, el sistema educativo, los medios de comunicación, las familias. Además, representa una limitante la proliferación del “debate estéril”, circunscrito apenas a “quién ganó o perdió, quién debió estar en el ala derecha o en la izquierda”. Es necesario ahondar. Preguntar a los cubanos si quieren, en las circunstancias del siglo XXI, “seguir siendo una potencia deportiva, tener doscientos o trescientos atletas contratados en el exterior en todas las líneas. Uno presume que la respuesta es afirmativa”, pero “hay mucho que explorar ahí”. El profesor insistió en que “el deporte es una plataforma donde se expresan, explícita o implícitamente, muchas de las contradicciones sociales”. Hay quien pretende criticar el modelo político-económico de la Isla y cuando perdemos en una competencia ve la posibilidad de pregonar que esto indica cuan mal andamos. Por otra parte, “el debate puede tributar al consenso, a la unidad, al orgullo patrio”. Por supuesto, las opiniones serán halagüeñas en la medida en que los logros de los deportistas respondan a las esperanzas puestas en ellos.

Vivencias atesoradas por Yumilka Ruiz sugieren que, al menos en Cuba, cuando los equipos compiten con profesionalidad y se esfuerzan al máximo, dándolo todo, obtienen el reconocimiento de la afición, aunque no regresen a casa con el premio mayor. Mientras estuvo al frente del conjunto femenino de voleibol, obtuvieron dos títulos internacionales y un bronce. En esa tercera ocasión (los Juegos Olímpicos de 2004) todos los partidos, excepto uno, se ganaron tres set a dos. “Aquello fue increíble” y mantuvo la pasión de los cubanos por ese deporte. El Comandante en Jefe Fidel Castro, al recibirlas en el aeropuerto, les dijo: “Esta medalla de ustedes es como si fuera de oro”. Aunque todas las respuestas y soluciones “no se le deben dejar al movimiento deportivo cubano”, sus integrantes se encuentran “listos para seguir luchando, trabajando, dando cosas buenas”, declaró.

Acerca de las pasiones deportivas convertidas en vectores de la polémica, continuó discurriendo Rafael Hernández. Estas no tienen un signo (positivo o negativo) predeterminado. Tampoco se supeditan a “la cultura, el desarrollo económico y el estado del alma nacional”. En ellas inciden, además, otros factores vinculados con la manera de convivir. ¿Ustedes se acuerdan de los Capablanca, cómo despertaban el debate público y ponían a todo el mundo a atender lo que pasaba en ellos?, inquirió. Ahora contamos con grandes maestros, en la década de los 60 los de mejores resultados eran solo maestros internacionales; sin embargo, hoy el Capablanca no goza de la misma resonancia. La declinación del ajedrez, no asociada con la calidad de los jugadores, es anterior al Período especial.  

Para Renier González “ya no es lo mismo”, tenemos grandes maestros que no compiten por Cuba. Y Padura comentó: “En aquella época la gente seguía el torneo, recortaba de los periódicos las partidas selladas. Ha habido un problema gravísimo de promoción del deporte en el país”. Un ejemplo es que de los veinticinco jugadores cubanos de béisbol que entrenan en México con la vista puesta en los Panamericanos de Lima, si acaso conoce a cinco. Antes los peloteros salían todos los días en primera plana.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

En la encrucijada

Llegó el turno de la concurrencia. Desde hace largo tiempo el deporte permite expresar criterios, aun cuando sean encontrados, con una amplitud tal vez imposible en otros sectores, afirmó un profesional de Tele Rebelde. Un economista jubilado advirtió contra las regulaciones inflexibles dependientes de la ideología; y defendió los videojuegos, pues ayudan a la formación de pilotos, militares, policías, y “al igual que el ajedrez, despiertan la mente”. Agregó que la práctica masiva del béisbol no avanzará mientras los guantes, pelotas y bates sean tan caros.

Perteneciente al claustro de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), el siguiente participante razonó que “el deporte consta de muchas vertientes y finalidades, si se deja de desarrollar una sola, el proceso es erróneo”. Él suscribe un principio bien avalado: “Para que toda una población realice actividades deportivas, primero hace falta el campeón”. Este promotor se duele de que, a pesar de sus esfuerzos, en la comunidad donde reside los padres no llevan a los niños a espectáculos de ese tipo; y deplora que entre los espectadores de los juegos provinciales universitarios escaseen los profesores. Al decir de un fiel asistente a UJ, “el deporte corresponde a la superestructura de la nación, nivel que, de acuerdo con el marxismo, depende de la base económica, bastante afectada en Cuba desde los 90. A la carestía de los implementos se suma la desaparición de los modestos terrenos de béisbol con que contaban los pueblecitos; y no todos los estadios en funcionamiento utilizan la luz eléctrica, en consecuencia, numerosos encuentros se celebran en horario laboral, con las gradas vacías.

Dos modelos de desarrollo se abren ante nosotros, ¿a cuál apostar, al del campeonismo o a la masividad?, caviló cierto periodista. Y retomó una aseveración publicada en la revista Correo de la Unesco hará unos treinta años: “El deporte se convirtió en el nuevo escenario de batalla de las naciones”. En consonancia, en la Isla el sector estatal “apuesta fuerte” por controlarlo; a la par, otros actores (entre ellos los promotores de las carreras de autos) intentan encauzarlo desde sus intereses particulares. El último orador proveniente del auditorio solicitó a los especialistas una aclaración: ¿La cultura cubana está asumiendo el fútbol como un pasatiempo ajeno, igual que un filme o la serie Juego de Tronos, o como algo que pudiera llegar a ser propio?

De inmediato volvió el micrófono a la mesa de expertos. Buscar más apoyo de la sociedad, que los maestros estimulen a sus alumnos, es una necesidad innegable, convino Yumilka Ruiz. No negó las virtudes de los entretenimientos electrónicos, pero alertó que están golpeando muchísimo la práctica de ejercicios físicos e instó al equilibrio y la planificación. “Debemos sacar a los niños a montar bicicleta, a jugar pelota, al aire libre, sin quitarles el espacio para sus videojuegos”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Rudens Tembrás estima que trasmitir por la TV cubana, desde los años 90, numerosas horas de fútbol, las cuales “han crecido indiscriminadamente”, sin un balance en relación con las restantes disciplinas, “ha tenido un impacto en las nuevas generaciones, en las representaciones sociales del deporte, y está generando una audiencia ordenada, adiestrada, cada vez más conocedora del fenómeno”. Añádase que a escala internacional ya por entonces la pelota había entrado en crisis y en la actualidad la MLB examina opciones para frenar el descenso de la afición. En la Isla prospera un debate poco provechoso sobre cuál de los dos se impondrá. Eso no conduce a nada. Lo imperioso es “trazar una política, ordenar un plan”, de modo que haya posibilidades de jugar más y mejor al béisbol. Al unísono, ¿cómo hacer costeable un método que en las presentes condiciones del país y del mundo responda a las expectativas de la ciudadanía –explicitadas durante la discusión de los Lineamientos…-; es decir, que junto con la práctica masiva del deporte garantice la obtención de medallas? Una vía es la contratación de los deportistas en el exterior. “Debemos poner a dialogar con el sistema de clubes un modelo que piense en el municipio y en la Escuela Nacional de Formación de Atletas de Alto Rendimiento”, prosiguió el disertante. A tenor con los juicios del profesor de la UCI, Tembrás señaló la importancia de que nuestros medios de comunicación promuevan de forma sistemática a las glorias del deporte cubano. Sin negar el gran talento de Messi, su popularidad se ha visto acrecentada por la visibilidad que le han dado los MCM del mundo. Hasta en Cuba él “es más ídolo que Mijaíl”; lo hemos ponderado en mayor medida. Los liderazgos debemos “construirlos, con intencionalidad cultural”.

Ningún soporte es malo en sí mismo, depende de la manera en que se utilice, precisó Leonardo Padura al compartir con la audiencia una información publicada por la prensa de la Isla: la Organización Mundial de la Salud considera la adicción a los videojuegos como una enfermedad. Finalmente recalcó: “No ha habido una política inteligente” y sí priorizar el alto rendimiento y conceder poca atención al deporte en la base. Esta realidad es tan desestimulante como los elevados precios de los implementos deportivos, pues “la gente no se compra el guante, pero sí el celular”, no importa su costo.

Naciones beisboleras como Cuba, Venezuela, Panamá, Nicaragua, exhiben un extraordinario auge futbolístico. Mas, no son las únicas, el fenómeno es global, incentivado “por la excelente estrategia de las grandes transnacionales vinculadas con el fútbol, no seguida por otras federaciones”. En cuanto a los resultados del deporte cubano en lides extranjeras, no podemos renunciar a las medallas; sin embargo, debemos ser objetivos y comprender que, al menos por el momento, es muy difícil alcanzar las cotas anteriores. Para obtenerlas, la Isla enviaba a sus atletas a bases de entrenamiento en territorios del campo socialista. Desapareció tal posibilidad y urge tratar de insertarse en el nuevo contexto. “Yo me siento orgulloso de que nuestros deportistas ingresen en clubes foráneos; me alegran sus éxitos”, proclamó Renier González, quien defiende el derecho de los cubanos a “seguir soñando y pensando en grande”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.     

Los minutos finales del encuentro los dedicó Rafael Hernández a despedirnos con apreciaciones empeñadas en que no deje de bullir el pensamiento, entre ellas ¿cómo Jamaica, Etiopía o Uganda, carentes de una base económica sólida, producen a esos grandes corredores, capaces de ganarles a los estadounidenses y a los europeos? Y, retornando al núcleo de la problemática puesta sobre el tapete: "La cuestión de en qué medida el debate público en relación con la práctica del deporte incide en las políticas es un tema central y sigue ahí. La política ha permitido a los atletas cubanos jugar profesionalmente en otros sitios. Eso cambia la forma de pensar el deporte y de concebir su lugar en la sociedad”. Dilucidar las razones e influencias que han conducido al presente estatus merecería otro Último Jueves.