Guantánamo: Caminos por andar

Guantánamo: Caminos por andar

27 - Febrero 2014
Moderador: 

Este año se cumplen 80 años del Tratado vigente sobre la base naval estadounidense en Guantánamo; 111 del Tratado de 1903, que la impuso como parte de la enmienda Platt; y 116 de la presencia militar en ese territorio, desde la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898. Ubicada en la entrada de la segunda bahía más extensa del país (solo superada por la de Nipe), su superficie total, incluidas la tierra y el agua, es de 117,6 km2.  Parte de una región que posee suficientes atractivos para brillar con luz propia.

Para hablar sobre el devenir del territorio y la Base, Temas invitó a dos guantanameros: José Sánchez Guerra, historiador de la ciudad de Guantánamo, y Jorge Núñez, presidente de la UNEAC en esa provincia; así como a Jonathan Hansen, investigador estadounidense, autor de un libro sobre el tema; el panel estuvo moderado por Rafael Hernández, director de la revista.

La sesión se caracterizó por ofrecer informaciones poco conocidas entre cubanos y extranjeros asistentes. Si entramos en Google Imágenes y escribimos la palabra Guantánamo, encontraremos que todas las entradas más allá de las primeras quince páginas tratan sobre la Base Naval, como si esta no fuera una importante provincia de Cuba, apuntó Hernández. Según los gráficos proyectados en la introducción del panel, es la número once en extensión; sus principales productos son cacao, café, caña, coco, cultivos varios, y posee una extensa área forestal, donde existen parques nacionales, reservas ecológicas, paisajes naturales protegidos. Cuenta con solo dos centros urbanos: Guantánamo y Baracoa; más de la mitad de los guantanameros vive en zonas rurales, en caseríos dispersos por un área que está entre las más montañosas de la Isla.
Más adelante puntualizó que en la bahía guantanamera cabe diez veces la de Santiago de Cuba, o quince veces la del Mariel, o veinticuatro veces la de La Habana. Pudiera crearse en Guantánamo un puerto estratégico para Cuba, pero el hecho de que la entrada de la bahía esté controlada militarmente por los Estados Unidos, obstaculiza su desarrollo económico y social, situación que contribuye a incrementar la cantidad de emigrantes hacia el resto del país.

El moderador también mostró en una pantalla los tratados que regulan la existencia de esa instalación foránea: “Según el de 1903, los Estados Unidos reconocen la soberanía de Cuba sobre el territorio de Guantánamo, pero mantienen jurisdicción sobre la zona de la Base. También se establece que el supuesto alquiler dura mientras se necesite, y las dos partes tienen que definir cuándo culmina. Asimismo, se afirma que el propósito de la Base es mantener la independencia de Cuba y proteger a su pueblo, así como a los Estados Unidos. El Tratado de 1934 establece que en tanto las dos partes no se pongan de acuerdo para la supresión o modificación de las estipulaciones, seguirán en vigor las establecidas; y subraya el hecho de que el objetivo es preservar la amistad entre ambas naciones”.

Por su parte, José Sánchez Guerra apuntó: “Desde 1903 —cuando se funda el enclave— hasta 1933, el lugar es empleado como punto de partida para agredir a diversos países del Caribe y Centroamérica, incluidos México y la propia Cuba, que sufre tres intervenciones: en 1906, 1912 y 1917. A partir de 1939  comienza la etapa de esplendor de la Base. El presidente Franklin Delano Roosevelt la visitó ese año y asignó el presupuesto para la modernización y ampliación de las instalaciones, que comienzan a desempeñar un importante papel como base de operaciones de la principal flota de los Estados Unidos, la del Atlántico. Su relevancia se acrecentó durante la Segunda guerra mundial; algunos especialistas norteamericanos sostienen que llegó a ser, en cuanto a movimiento, el segundo puerto del mundo, solo superado por el de Nueva York.

“Durante esa etapa de esplendor en ella trabajó el mayor número de cubanos: entre nueve mil y diez mil, de un total de trece mil personas; mientras que entre tres mil y cuatro mil eran especialistas y técnicos norteamericanos. En esos años se hacen las grandes construcciones de la Base”. Todo esto ocasionó un fuerte impacto en la ciudad de Guantánamo y en Caimanera. “Miles de marines proporcionaron una gran cantidad de dinero. Se ha calculado en 23 millones USD el ingreso de comerciantes, propietarios de burdeles y trabajadores cubanos de la Base; de ellos 15 millones USD anuales correspondían a salarios de seis mil trabajadores cubanos de la base”.

Ello contribuyó a la prosperidad del comercio y de la burguesía local. A pesar de esto, no es cierto que la ciudad de Guantánamo viviera exclusivamente de la Base. Existían otras fuentes de ingresos; por ejemplo, al año se fabricaban 1 500 000 sacos de azúcar, 800 000 litros de miel, y el territorio era el primer productor de café y de sal”.

No obstante, el historiador reconoció que debido al desarrollo de la instalación militar, “en cuestión de dos décadas, la población de esa urbe se duplicó: en los años 50 llegó a ser de sesenta y cinco mil habitantes. Se estima que entre 1903 y 1958 en la Base trabajaron cincuenta y cinco mil cubanos (también hubo jamaiquinos, quienes eran alrededor de 10% de la fuerza laboral del enclave)”. Al mismo tiempo, en el aspecto cultural hubo un impacto negativo. “Además de la presencia de los marines, que ocasionaba grandes problemas sociales —provocó la creación del mayor prostíbulo de Cuba, en la ciudad de Guantánamo y en Caimanera, y había conflictos constantes entre ellos y los pobladores de Guantánamo—, la ciudad se vio invadida por productos pseudoculturales: malas películas, norteñas o de otras latitudes, pero proveniente de la Base; y literatura barata. Unas tres mil guantanameras se casaron con oficiales y soldados, a través de cierta institución que se denominaba USO, de solidaridad con las fuerzas armadas de los Estados Unidos y promotora del modo de vida norteamericano. En la década de los 50, Guantánamo era la urbe donde, en relación con la cantidad de vecinos, se hablaba más inglés en Cuba. No es que sea negativo utilizar ese idioma, universal en el área del comercio, pero sí que existieran colegios en los que era obligatorio hablarlo todo el tiempo. Además, los nombres de la mayoría de los hoteles, centros nocturnos y de otro tipo, eran de origen norteamericano. Y estaba el embate de la televisión y la radio que trasmitían desde la Base Naval”.

Jorge Núñez coincidió en varios aspectos con su coterráneo; sin embargo, no cree que dentro de la influencia sociocultural resultara tan determinante el idioma, pues de ser así “todos los guantanameros fuéramos bilingües. Otro aspecto a tomar en cuenta es que en Guantánamo se recibían las señales de la radio y la televisión, pero siempre era una programación preferentemente para ellos, en inglés; que yo recuerde, solo hablaban en español cuando se acercaba un ciclón a esa zona y los mensajes y alertas se daban en ambos idiomas”, rememoró.

De igual modo aseveró que los trabajadores cubanos de la Base provenían de toda la Isla, ello condicionó el carácter cosmopolita de la capital guantanamera. Y que entre los asentamientos del interior del país, este quizás era, en relación con el número de pobladores, el lugar que más bares y clubes poseía. Unido a eso, “a finales de los 40, y en la década de los 50, se escuchaba una música con una fuerte presencia del jazz y de la canción norteamericana en sentido general. Al mismo tiempo, muchísimas familias sostenían una especie de caricatura del modo de vida norteamericano, no en las esencias, pero sí en lo aparencial”.

Desde el auditorio, un guantanamero comentó algunas aseveraciones de los panelistas: “Es cierto que la Base proporcionó a Guantánamo determinada cantidad de empleos, pero sin la más mínima garantía ni condiciones laborales”. Ejemplo de ello fue el despido, en 1954, de los creadores del Sindicato de Trabajadores de la Base Naval, y la derrota de la huelga subsiguiente. “La Base generaba ingresos, pero nada más en el sector de los servicios. En 1958 la ciudad de Guantánamo tenía solo dos fabriquitas: una de tomate y otra de galletas”. Finalmente recalcó que en general los guantanameros rechazaban la presencia de la instalación militar, por lo que significaba como elemento de corrupción y por el temor que había cuando llegaban los días de franco de los marines, ante cuyas insolencias nada podía hacer la policía.

 

180° después

Acerca de sucesos posteriores a 1959 disertó Jonathan Hansen, quien comenzó a investigar sobre la Base de Guantánamo a partir de 2004, cuando esta y  la situación existente en Abu Grahib,  pasaron a ocupar los titulares de la prensa mundial. Según refirió, durante el mandato de Bush se justificaba el mantenimiento de la Base con el argumento de que allí se podían mantener prisioneros a los terroristas, ya que el territorio pertenecía al gobierno soberano de Cuba, y en él carece de competencia el poder judicial norteamericano.

Tras puntualizar que antes de la Segunda guerra mundial el enclave servía fundamentalmente para adiestrar a las fuerzas navales y poner a punto sus embarcaciones, el investigador avanzó medio siglo: “En 1994 se produjo una crisis, grandes grupos de cubanos y haitianos llegaron a  la Base, con el objetivo de emigrar.  Se había decidido que la instalación ya no tenía esa gran importancia militar, así que las actividades navales se trasladan hacia la Florida. A pesar de ello siguió siendo un enclave importante para otras acciones”.

Un asiduo participante en los encuentros de Último Jueves indicó que la Base Naval de Guantánamo adquiere actualidad precisamente por lo que está ocurriendo dentro de los Estados Unidos. Este imperio enfrenta la resistencia de la multitud a ese estado de excepción llamado “guerra contra el terrorismo”. La tarjeta blanca que los ciudadanos dieron al gobierno norteamericano se ha ido agotando y ha empezado una oposición hacia la Base.
Algunos de los estadounidenses presentes hicieron preguntas sobre el número de militares y civiles que trabajan actualmente en el lugar. Otro hizo un comentario que sorprendió a muchos: “Yo comprendo que la presencia del gobierno de los Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo sea motivo de irritación. Sin embargo, por el momento no hallo ningún argumento jurídico que les permita a los cubanos desactivar ese acuerdo. Ustedes manifiestan que resulta lesivo para las relaciones entre las dos naciones, ¿proponen alguna medida de carácter recíproco, de forma tal que ustedes nos den algo y nosotros les entreguemos algo a cambio?”.

Raúl Garcés, subdirector de Temas, planteó dos preocupaciones: “Cuando hablaron del impacto cultural sobre la población guantanamera dio la impresión de que solo se trata del pasado. Yo he ido en las últimas décadas a Guantánamo y me ha impresionado el consumo de programas radiales y televisivos provenientes de la Base. ¿Hay alguna evaluación acerca de tal impacto, o sobre los de carácter económico? El siguiente asunto tiene que ver con la afirmación de la persona que me antecedió. De lo que dijo deduzco que si el Tratado de 1934 establece que se tienen que poner de acuerdo ambas partes para modificar las condiciones vigentes, no hay nada que hacer por el momento. Yo quiero saber si vale la pena dar la batalla en el terreno jurídico”.

Un estudioso de la literatura cubana aprovechó para solicitar a los disertantes guantanameros que la provincia “pague la deuda que tiene con Regino Boti, la figura más alta de su cultura y ejemplo de resistencia al modo de vida norteamericano mencionado por los panelistas”. Se han publicado varios libros, pero “el tesoro que permanece en los archivos es grande y sigue inédito”.

Antes de devolver el micrófono al panel, Rafael Hernández añadió a esas preguntas otra más general: cuál es el impacto económico, y desde el punto de vista de la seguridad, que la Base Naval ha tenido para Cuba y para los Estados Unidos en los últimos cincuenta años.

El hecho de que el gobierno cubano no pueda aprovechar a cabalidad las bondades de la “excelente bahía de Guantánamo,  el recurso natural más importante de la provincia”, constituye una significativa limitación que ha afectado el desarrollo económico y social del territorio, expresó José Sánchez Guerra. “La Base ocupa la parte más profunda de la bahía; mientras que la parte cubana tiene poca profundidad y no permite el acceso de buques de gran calado. También hay una fuerte afectación al medioambiente. Ellos convirtieron la parte occidental, que es cenagosa y la desembocadura de los ríos Guantánamo y Jaibo, en un polígono militar permanente. Las pruebas que hacían utilizando la aviación y la marina de guerra, han obstaculizado el drenaje natural y provocado serios problemas en la zona de Caimanera: las inundaciones son constantes en tiempos de grandes lluvias o ciclones”.

Como la Base está en la boca de la bahía, “para que entre un barco cubano hay que negociar con la parte norteamericana, como si llegara a otro país”, prosiguió Jorge Núñez. Se añade que la permanencia de la Base Naval reforzó el diferendo entre Cuba y Estados Unidos, sobre todo en los años 60, cuando, en caso de invasión, esa era una cabeza de playa en el territorio nacional. Otro aspecto conflictivo ha sido, a finales de esa década y en la siguiente, la existencia de “una afluencia migratoria importante a través del perímetro de la Base, no solo de guantanameros, sino de personas de toda Cuba. En algún momento hubo una suerte de eslogan popular: ‘Pin pon fuera, abajo Caimanera’ –ese pueblo y Boquerón están justo en el perímetro de la Base-; y hasta el propio Fidel tuvo que prohibir que se repitiera, porque se estaba afectando a quien no tenía la culpa”.

Aunque el presidente Obama prometió clausurar la Base, no ha podido cumplirlo por la interferencia en el Congreso, tanto de los republicanos como de los demócratas, sostuvo Jonathan Hansen. En especial los primeros “tienen la responsabilidad de haber mantenido vigente el mito de que la Base sigue siendo importante para la seguridad de los Estados Unidos y en la lucha contra el terrorismo”; mientras que los segundos, cuando eran mayoría en el Congreso “pusieron cortapisas al traslado de los prisioneros que en aquellos momentos estaban en Guantánamo”.

El investigador añadió que “hay que gastar aproximadamente un millón de dólares diarios por los detenidos, y se ha utilizado un monto de 200 millones para la renovación y actualización de las instalaciones de la Base”.

Los actuales usos de ese enclave violan el Tratado de 1934, donde se declara que el propósito de este es utilizar el lugar únicamente como base naval. Hoy, por el contrario, es una prisión, o se emplea como campo de confinamiento de emigrantes ilegales, haitianos o cubanos, indicó  Rafael Hernández.

Al respecto, José Sánchez Guerra recordó que, en la década de los 80, la Base continuaba siendo una punta de lanza contra los demás pueblos del área. Por ejemplo, si bien de allí no salieron tropas, sirvió de apoyo logístico y fue un centro de comunicación muy importante durante la invasión a Granada (1983). Solo “después de 1990, la Base no participa directamente en las nuevas aventuras militares, al menos, que conozcamos”. Sin embargo, en años recientes se han emprendido allí costosas inversiones que generan interrogantes, entre ellas qué uso tienen determinadas edificaciones,  por qué se instala un nuevo cable oceánico internacional que cuesta más de 25 millones de dólares.

El historiador retomó el parlamento sobre la necesidad de otorgar mayor reconocimiento a Regino Boti. “Se han hecho acciones de importancia; desde 1978 tiene lugar anualmente el concurso provincial con ese nombre, de poesía, literatura, historia. Más de treinta libros han sido publicados con sus resultados. En Guantánamo se creó el Centro de Literatura Regino Boti, encargado de promover su obra. Pero no estamos satisfechos”, confesó.  A ese último planteamiento se sumó Jorge Núñez, quien recalcó la relevancia de ese intelectual dentro “de la poesía y el pensamiento cubanos; y también de la cubanidad, porque él es uno de los mejores ejemplos que tenemos de defensa de la identidad nacional”.

 

Ante la encrucijada

“¿Cuáles son las relaciones actuales entre la Base y el lado cubano? Solicito el criterio de los panelistas y que traten de imaginar un escenario futuro en el que pudiera modificarse el estatus jurídico del enclave”, intervino Rafael Hernández.

“En 1994 comenzaron las conversaciones entre la jefatura de la Base Naval norteamericana y el mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de las provincias orientales, específicamente de la Brigada de la Frontera. Puede decirse que hay un clima de entendimiento y de relativa ‘distensión’; digo relativa y entre comillas porque el gobierno de los Estados Unidos es, ideológicamente, enemigo de la Revolución cubana. Ese ambiente de paz se ha puesto de manifiesto en los diversos encuentros. En ellos se incluyó el tema de los desastres naturales, como los terremotos y ciclones. Incluso se prevé la asistencia, la colaboración, en caso de que ocurran”, respondió José Sánchez Guerra.

“El control de ese territorio fue impuesto a la fuerza, bajo amenaza. Los acuerdos que llevaron al Tratado de 1903 se establecieron como condición por el gobierno de los Estados Unidos para el retiro de sus tropas. Un norteamericano hablaba aquí de legalidad, pero la presencia estadounidense en Guantánamo es ilegal. El Tratado de Viena de los años 60 y 80 ratifica que nadie puede imponerle a un país bases militares”.

Según el estudioso, una perspectiva para la Base pudiera ser la propuesta de un norteamericano surgida en los años 90: en una primera etapa se fundaría allí un centro de investigación científica acerca de fenómenos naturales y de enfermedades tropicales, y para la lucha antidroga. La institución estaría administrada por ambas autoridades, norteamericana y cubana. Los resultados beneficiarían a toda el área del Caribe. El segundo paso sería devolver oficialmente al pueblo de Cuba el territorio de la Base Naval.

El criterio de Jorge Núñez en cuanto al impacto cultural fue: “No sé si es por decisión de ellos o porque nosotros las estamos bloqueando, pero desde hace algunos años no se reciben las señales de televisión ni de radio. Tampoco existe, hasta donde conozco, un estudio que analice esa influencia. Sin embargo, hay un grupo de jubilados de la Base que recibe pensión y eso  ha creado diferencias en determinados sectores de la población guantanamera“. La presencia de esa Base ha inspirado obras de investigación histórica y de diversas manifestaciones artísticas, agregó.

Jonathan Hansen se mostró optimista en cuanto al establecimiento de nuevas relaciones futuras y argumentó que en los últimos cincuenta años hay ejemplos de que los cubanos y los estadounidenses pueden llevarse muy bien. Al mismo tiempo, cree que en estos momentos no existe ninguna posibilidad de que la Base sea devuelta, porque el presidente Obama en realidad no se siente facultado para tomar esa decisión. Más probable es que se mantenga una parte de la ella como sitio de detención, o que se instale el mencionado centro de investigaciones.

De acuerdo con los datos aportados por Rafael Hernández, más de mil militares norteamericanos y tres mil trabajadores civiles están en la Base, la mayoría filipinos (Jorge Núñez había afirmado poco antes que solo un civil cubano permanece laborando en ella), y alrededor de ochenta prisioneros talibanes. El mayor general (r) Michael Lehnert, excomandante del enclave y  encargado de establecer la prisión en el año 2002, hace unos meses publicó un artículo donde afirma que la prisión debía cerrarse porque no contribuye a la seguridad de los Estados Unidos;  y ya que la Base no cumple un objetivo militar, se debe  abolir el Tratado.

El politólogo cubano insistió en que el gobierno estadounidense cuenta con suficientes antecedentes en relación con la derogación de acuerdos similares: tras un proceso negociador, firmó un nuevo tratado, que devolvió a Panamá el territorio donde se albergaba al Comando Sur. En Hong Kong y en Macao, Gran Bretaña y Portugal optaron por variantes similares y restituyeron esos enclaves coloniales a China. Un tratado que ya no responde a las circunstancias en las que se firmó ni a los usos actuales de la Base Naval de Guantánamo, y es cuestionado desde el punto de vista jurídico, no solo por el gobierno de Cuba, sino fuera de ella por numerosas autoridades en materia internacional, no debe mantenerse, concluyó.