Diálogos y monólogos generacionales

Diálogos y monólogos generacionales

15 - Diciembre 2017
Moderador: 

No ocurrió, como es tradicional, en la Sala Fresa y Chocolate, del ICAIC, sino en el habanero Centro de Estudios sobre la Juventud, lugar muy apropiado, pues en sus indagaciones este asunto ocupa relevante espacio. Esa tarde, a la mesa de expertos se sentaron Teresa Viera, directora dela mencionada institución; Karina Marrón, periodista, subdirectora del periódico Granma; Pedro Monzón, diplomático, investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), quien fuera en los años 60 secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana; y Rafael Hernández, como moderador.

¿Qué es una generación: un conjunto de individuos que tienen más o menos la misma edad o comparten circunstancias históricas determinadas? ¿Los jóvenes se parecen más a su tiempo o a la clase o esfera social a la cual pertenecen?; ¿hasta qué punto ese factor es determinante?, inquirió Hernández.

De acuerdo con Teresa Viera, se trata de una categoría multidimensional determinada por diversos y complejos componentes. “Es una construcción social que no obedece únicamente a indicadores cronológicos, etarios, sino a grupos de personas, con sus responsabilidades y roles sociales, que se asocian teniendo en cuenta los escenarios, contextos y fenómenos sociohistóricos, y la manera  de interactuar con estos”. Por ejemplo, no todos los cubanos de similar edad a la de los que asaltaron en 1953 los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes conformaron la Generación del Centenario; lo hicieron solo aquellos cuyo pensamiento sociológico avanzado, de vanguardia, les permitió adoptar determinada actitud proactiva. Décadas más tarde surgió la Generación de la Nueva Trova, a partir de la confluencia de algunos jóvenes con inclinación hacia ese tipo de música. Por lo que las relaciones y la comunicación intergeneracionales van más allá del diálogo entre jóvenes y adultos.

Cada vez las generaciones se suceden con mayor rapidez, los períodos entre ellas se van acortando -tal es la percepción de Karina Marrón-, debido a la velocidad de los cambios sociales, económicos, tecnológicos, culturales. Así, en la universidad, “entre estudiantes de quinto y de primer año de una especialidad cualquiera se aprecian diferencias” en la manera de asumir la cotidianidad. Como también las hay entre los niños nacidos poco antes del Período especial y durante él, aunque en los años 90 todos compartieran similares vivencias. En todos esos grupos es posible apreciar “intereses disímiles, prácticas distintas a nivel social”. Al hablar sobre las dinámicas generacionales en Cuba es imprescindible no solo “referirse al modo en que nos relacionamos entre nosotros, con nuestro entorno y la sociedad a la cual pertenecemos”, sino a la incidencia del ámbito foráneo. “Hoy vemos en los adolescentes mucha influencia de lo que pasa a nivel internacional, y fenómenos que quizás en otras generaciones no se observaban tan marcados”.

Pedro Monzón insistió en que las generaciones no son homogéneas, “ni entre ellas ni dentro de ellas”. A cada una la distingue un conjunto complejo de rasgos propios y la posición que asume ante acontecimientos en proceso en los terrenos político, socioeconómico, cultural, los de las costumbres, las modas, las religiones y otros. La impronta de la época, los grupos sociales, las regiones geográficas, el género, color de la piel y las familias a las cuales pertenecen los sujetos, pueden generar conductas diferenciadas; de igual forma intervienen “variables como la madurez del proceso político y social en su conjunto, la situación internacional, el nivel de educación, la cultura, la identificación de clase y hasta la genética de las personas”. Todas las generaciones se hallan integradas “por grupos más o menos pasivos, los antagónicos, los comprometidos, y las vanguardias”. Aunque los miembros de cualquiera de ellas se parecen a su época, “hay una mezcla híbrida sobre la que actúan las transformaciones sociales o políticas nacionales e internacionales”, recalcó el disertante.En consecuencia, confluyen el compromiso activo y la individualidad. Naturalmente, existe una comunicación o diálogo inter e intrageneracional, el cual se facilita por los rasgos compartidos. “Como norma, las generaciones más jóvenes están más dispuestas al cambio, ya sea mediante la ruptura o el tránsito desde lo establecido”.

 

Aquí y ahora

Los minutos siguientes se dedicaron a dilucidar cuáles de los aspectos que en décadas pasadas mediaron en el diálogo intergeneracional de los cubanos aún subsisten y si han surgido otras problemáticas.

Años atrás, el empeño de obtener a ultranza un consenso acerca de las decisiones y la actuación de muchas instituciones estatales “nos llevó a tomar decisiones erradas” que afectaron el diálogo social y la posibilidad de contar con variedad de enfoques. Tal situación ha ido transformándose. Sin embargo, múltiples factores continúan interviniendo en dicho diálogo. Lo hace la realidad económica, que —siempre ha sido así— “transversaliza los puntos de contacto en las relaciones interpersonales”. Ciertas pautas usadas por los jóvenes “a veces se apartan bastante de los que podemos identificar como medios para poder comunicarnos ampliamente con ellos”. Resulta necesario “ser receptivos e incorporar las nuevas tendencias que en torno a códigos comunicacionales existen”; al respecto, algunas de nuestras organizaciones han dado pasos, no siempre con logros palpables, y esa actitud también se observa en las relaciones del Estado con el pueblo, opinó Teresa Viera. Otra buena noticia es que, según investigaciones emprendidas por el centro que ella dirige, los jóvenes siguen buscando reconocimiento a sus acciones en sus adultos de influencia —que pueden no estar en la familia o en la escuela como hace diez años—; admiran a los que más saben o se destacan en buenas obras aunque ellos no se inclinen a hacerlas, sean estos coetarios o mayores. De la misma manera, para sus asuntos más íntimos y de interés encuentran como una de las primeras fuentes de información a la madre, incluso en los varones adolescentes.

“Cuando escucho las palabras diálogo intergeneracional pienso, más que en la comunicación, en el proceso de interacción entre las personas”, intervino Karina Marrón. Para que verdaderamente ocurra, quienes interactúan deben estar dispuestos a aprender, sobre la base de que todos, desde el niño hasta el más viejo, pueden aportar algo. Empero, muchas veces falta la “disposición a aprender y a compartir vivencias, conocimientos, y el poder”. En el espacio laboral y en el familiar no existe diálogo cuando no se escuchan las ideas de los más jóvenes, e incluso si se les oye, pero no se respetan sus criterios y se les mantiene alejados de espacios reales de decisión”.

¿Cómo transcurre esa relación intergeneracional dentro de los medios de prensa, difiere de otros sitios?, indagó el moderador.

“He encontrado que allí los más jóvenes se acercan a trabajadores con largos años de vida. Al comenzar a transitar por el camino de la comunicación, mis mejores cómplices fueron esa vanguardia de colegas con mayor edad y que servían como catapulta para las ideas de quienes no éramos considerados capaces de proponer o transformar, porque no teníamos experiencia”, rememoró la panelista. Quienes trabajan en los medios, en sentido general, “tienden más a compartir opiniones, a proponer”. No obstante, existe una gran brecha entre que los nuevos periodistas sugieran transformaciones, planteensus puntos de vista, y que se asuman, apliquen y generen cambios.

En comparación con problemas que durante los años 60 afectaron los vínculos intergeneracionales de los cubanos —manifestó Pedro Monzón—, “los de ahora son diferentes, porque nuestra sociedad ha madurado en todos los terrenos”. Mas no escapamos a ciertas tendencias, comunes para todos los conglomerados humanos: el diálogo entre generaciones es inevitable, se ve afectado por las diferencias y por la postura ante los acontecimientos del presente, que caracterizan a cada una de ellas, y se mueve entre dos signos, por un lado, el rechazo y la crítica; por otro, la comprensión y el respaldo. Las generaciones precedentes solemos ser más conservadoras, menos dispuestas al cambio, a criticar lo viejo y aceptar lo nuevo; de aquí que a menudo pretendamos que los jóvenes adopten una conducta casi idéntica a la nuestra. “Mientras más difícil e incoherente es la situación económica y social de la época, y más bajo es el nivel educacional y cultural real de los integrantes de las diversas generaciones, menos posibilidades existen de que se produzca un diálogo fluido” donde puedan establecerse coincidencias entre los implicados, “y hay más dificultad para que todos acompañemos e impulsemos el proyecto revolucionario”. A la par, la juventud a menudo rechaza acríticamente lo viejo, a veces de forma casi absoluta, “lo que representa un serio obstáculo para la satisfacción de los intereses de la nación y el desarrollo del socialismo”.

Desde la concurrencia, un politólogo señaló que, a partir de 1959, a la generación dirigida por Fidel Castro (la del Centenario) se subordinaron en Cuba todas las demás, particularmente las que venían inmediatamente después, y bajo su égida rediseñaron el país. Llegado 2018, nos encontramos en un “proceso de transición generacional política” y los jóvenes adoptan posturas no iguales a las de sus abuelos, por ejemplo, no rompen con los que se fueron de la Isla.

 

Pilares para un puente

¿Qué facilitaría el diálogo entre las generaciones?, volvió a preguntar Rafael Hernández.

Para llevar adelante el proceso de construir la nación que deseamos, es imprescindible el diálogo. Y en la actualidad contamos con “mejores condiciones, en comparación con otros momentos, para establecerlo, pues tenemos una juventud con un elevadísimo nivel de instrucción”, que le permite dialogar “de manera más cómoda” con sus antecesores; es decir, posee la capacidad de discutir, debatir y analizar los fenómenos, declaró Teresa Viera. Según la investigadora, no es cierto, como afirman individuos contrarios al actual proceso cubano, que exista una ruptura entre la generación que dio lugar al triunfo revolucionario de 1959 (muchos de cuyos representantes ocupan la máxima dirección política del país, desde el Partido, el Estado y el gobierno) y las posteriores. Por el contrario, los vínculos establecidos se basan en “la resiliencia, en considerar el aporte común, aprovechar el talento formado dentro de la Revolución” y dar a las mayorías la posibilidad de entrar en el debate. Al respecto, la Campaña de Alfabetización no representó únicamente que todos aprendieran a leer y escribir, sino que abrió la posibilidad de que las personas “se sintieran cómodas en el diálogo con los más avezados y con los que ya en ese momento habían adquirido un pensamiento crítico elevado”. Luego la oradora recalcó: “sí hay continuidad, sí hay diálogo”; y en la medida en que no sea homogéneo se enriquecerán las premisas para la construcción de nuestra futura sociedad.

Karina Marrón propuso “educar en el diálogo y el respeto desde los primeros momentos de la vida, en todos los espacios”, propugnar la disposición a compartir y aprender; así el diálogo fluirá y se concretará “en espacios de realización, en ideas para transformar a Cuba en un mejor país, en una sociedad que conquiste para todos mucha más justicia”. Mientras mayor cantidad de voces entren en el diálogo, más difícil será alcanzar una homogeneidad de juicios. Sin embargo, la diversidad de opiniones no implica que no pueda existir unidad.

Totalmente de acuerdo se mostró Pedro Monzón. Y añadió que hace falta el debate, la discusión. Lo ideal es trasladar a las nuevas generaciones nuestras experiencias históricas, de manera activa y asimilable, sin temor a “la autocrítica consecuente de la época que nos tocó vivir y de la situación actual”; asimismo, tratar con respeto a los jóvenes, “entender y compartir los impulsos de cambio legítimo” nacidos en ellos. Necesitamos —Fidel insistió mucho en esto— tener sentido del momento histórico y propiciar que critiquen lo viejo, desechen lo no conveniente, introduzcan cambios necesarios, y acepten como propios las enseñanzas acumuladas y los frutos tangibles del avance social. Las instituciones, organizaciones, la familia y todos los actores sociales “deben proponerse este tipo de intercambio intergeneracional, porque es lo único sensato y útil”. El hilo conductor ha de ser la búsqueda de la continuidad del modelo socialista, dentro del marco de “un desarrollo progresivo y ascendente, la preservación del sentido de justicia social e independencia nacional, la solidaridad interna e internacional y los valores y la espiritualidad que se han construido”.

Las palabras de cierre, a cargo de Rafael Hernández, resumieron y enfatizaron algunas de las ideas expuestas. Entre ellas: las generaciones jóvenes hoy viven en otro contexto, conciben otras formas de realizarse y hay que reconocerlo. “No se trata solo de dialogar, sino de participar y empoderarse desde el diálogo”. Dicha participación no puede ser simbólica, tiene que rebasar la simple consulta, e involucrar a todos los cubanos.