El auge de los fundamentalismos religiosos

El auge de los fundamentalismos religiosos

29 - Noviembre 2018
Moderador: 

Esa tarde, en la habanera sala Fresa y Chocolate, se cumplieron diecisiete años de aquella en la que nació el espacio de debate de Temas. Más de seiscientos disertantes y entre diez mil y trece mil asistentes han compartido una experiencia en cuyo camino no han faltado las incomprensiones y suspicacias, pero tampoco el apoyo del ICAIC, el Ministerio de Cultura, la UNEAC, diversas universidades, otras instituciones, y académicos. A todos agradeció Rafael Hernández, director de la revista y habitual moderador de UJ, quien también anunció la salida del noveno volumen contentivo de estos encuentros mensuales.

Le acompañaron esta vez, en el panel número 170, Susana Nuin, socióloga uruguaya, teóloga, experta en la Doctrina Social de la Iglesia (católica), doctora en Ciencias Sociales, analista de la comunicación, directora de la Escuela Social del Centro de Estudios del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); Kirenia Criado, teóloga, pastora de la Iglesia Los Amigos (cuáqueros), coordinadora en el Centro Memorial Martin Luther King, Jr., especialista del Programa de Formación Socioteológica y Pastoral; Pedro Álvarez, licenciado en Ciencias Sociales, investigador del CIPS y perito en religiones protestantes y evangélicas; y Mercedes Armenteros, santera mayor, miembro de la Sociedad Yoruba de Cuba y del Consejo Mayor de Iyalochas de la nación cubana, directora del Museo de los Orishas.  

¿Qué es el fundamentalismo? ¿Y en qué consiste el de carácter religioso?, preguntó el moderador.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Es una suma de ingredientes bastante compleja. Normalmente se le vincula a la religión, aunque hay muchos fundamentalismos y sus orígenes son variados, explicó Susana Nuin. Algunos rasgos característicos serían que “se trata siempre de arrocamientos, de profundos enraizamientos psicosociales, y de conformar determinados tipos de comunidades sociopolíticas y culturales”. Esa manifestación “surge sobre todo en tiempos de caos y crisis, cuando en estos no se logran ver y reconocer los elementos favorables al desarrollo, a la maduración y al crecimiento de las sociedades y las personas”. Brasil, por ejemplo, hoy vive “una situación de desorientación y el fundamentalismo se ha manifestado de mil maneras a través de grupos muy cerrados”.

Kirenia Criado agregó que “responden a un determinado contexto, ya sea social, histórico, cultural, temporal, y tienen un constante dinamismo dialéctico”. El fundamentalismo religioso, en específico, significa un conjunto de acciones y postulados cuya base son algunos principios recurrentes: la inamovilidad de la tradición, la infalibilidad de los libros sagrados, el respeto irrestricto a las ceremonias litúrgicas y una orientación antimoderna que se busca extender a toda la sociedad. Otras nociones importantes son la visión dual del mundo y la realidad (la dicotomía entre el bien y el mal, los creyentes y los infieles e impíos), y postular “la recuperación de lo religioso (eso es relevante porque actualmente ciertos fundamentalismos en el ámbito político y económico se colocan bajo la sombrilla de la religión) a través de la reconstrucción de la tradición y de un orden sagrado, para restaurar el nexo y la continuidad entre el pasado, el presente y el futuro”.

Además de coincidir con buena parte de las afirmaciones anteriores, Pedro Álvarez puntualizó: “El fundamentalismo transversaliza todas las esferas del conocimiento y de la práctica humana”, lo hay de corte político, económico, deportivo, artístico, intelectual… No solo se produce a nivel colectivo o institucional, “incluso penetra en la familia, en las decisiones individuales”, nadie se encuentra exento de, en algún momento de la vida, adoptar determinaciones con ese cariz. Factores esenciales en la proliferación del fundamentalismo religioso han sido la aparición de la modernidad, el rechazo al avance científico y a las políticas de integracionismo; asimismo, “todas las crisis económicas generadoras de conflictos ético-morales”.

Sin negar la posibilidad de que ante determinadas circunstancias cualquier ser humano puede asumir una postura fundamentalista, en la esfera religiosa quienes practican en la Isla los cultos de origen africano (de carácter abierto y flexible, con casas-templos que tienen sus propios modos de realizar las consagraciones, la liturgia) son menos propensos a hacerlo que los judíos, cristianos y musulmanes, consideró Mercedes Armenteros. Lo ejemplificó con lo ocurrido en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba: si bien en un principio cerró las puertas a otras manifestaciones, una nueva presidencia dio un giro de 180 grados y hoy en esa institución, que pertenece a la Plataforma Interreligiosa, confraternizan los africanistas y diferentes creencias, “unidos en la diversidad”, hermanados. Al mismo tiempo —dijo—, conocer y mantener las tradiciones sagradas venidas con los nacidos en Calabar y los bantúes, congos, yorubas… convertidos en esclavos, no representa una forma de fundamentalismo; por el contrario, aquí ellas se han aplatanado y confluido durante siglos.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Antesala al reino de los cielos

Toda una batería de interrogaciones colocó sobre la mesa Rafael Hernández: ¿Qué problemas concretos de la praxis religiosa se relacionan con el fundamentalismo? ¿Todo lo que se deriva de él es negativo? ¿En qué se asemeja o diferencia del dogmatismo, la ortodoxia y el sectarismo? Al pensar en el fundamentalismo se mira hacia el Islam; sin embargo, ¿acaso esa actitud se vincula a una sola religión, o a varias?

Al Documento del Niágara, suscrito en 1895 por iglesias protestantes estadounidenses, se remontó Kirenia Criado. Constituye un texto indispensable para entender el fenómeno dentro del mundo cristiano-evangélico, pues en tal escrito se recogieron “cinco postulados claves para los posteriores Fundamentals, tratados que empezaron a circular y crearon consenso” en esas denominaciones. Ellos fueron la inerrancia verbal de las sagradas escrituras, la divinidad de Jesucristo, su concepción virginal, la teoría sustitutiva de la expiación (solo nos salvamos a través de Jesús, por lo cual, quien no lo reconozca, no alcanzará la salvación), la resurrección física de Cristo y la segunda venida corporal. Dichos axiomas los podemos encontrar en Cuba, donde “estamos viviendo de forma cruzada algunos fundamentalismos tradicionales, pero sobre todo aparecen los neofundamentalismos comunitarios y debemos observar cuánto interpelan a la sociedad cubana actual”.  

Susana Nuin, entre cuyos amigos y conocidos se encuentran militantes del Islam no fundamentalistas, resaltó la necesidad de “distinguir los grupos de intereses que están detrás de la violencia religiosa”. Además, enfatizó: “La tradición no es elemento para tirar por la borda”, debe integrarse a la actualidad de manera dinámica. “Volver a los orígenes es siempre importante en las revoluciones sociales, religiosas, culturales, no para copiar o reactuar lo vivido, sino para comprender el nacimiento, el por qué se gestó esa realidad y sobré cuáles aspectos claves se debe encaminar”. Luego, prefirió hablar sobre América Latina en general, puesto que no conoce lo suficiente el contexto cubano. Durante su labor en el continente ha percibido ocho sombras de las denominaciones religiosas asociadas con el fundamentalismo: “No asumir el aquí y el ahora”, no entender la vida como transformación del entorno sociocultural. Actuar en pos del poder y la dominación. Establecer alianzas con sectores dominantes mediáticos y políticos que incluso han generado golpes de Estado. Fomentar “las agendas ocultas, en beneficio de abusos”.  Instaurar “el paquidermismo y la burocracia”, o sea, excesivas leyes, registros y exigencias. “No vivir con Dios, sino de Dios”, al organizar determinados pastoreos religiosos como negocios regidos por franquicias. Muchas veces tratan a la feligresía de manera infantil y no le dan la posibilidad de crecimiento, maduración y desarrollo. E instar a la guerra santa.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

De acuerdo con las vivencias de Pedro Álvarez, la dirigencia de ciertas asociaciones religiosas neofundamentalistas que prosperan en la Isla sí piensa en el aquí y el ahora. Observa en dichos colectivos un gran poder para escuchar y adaptarse “a las necesidades y los intereses de las comunidades donde viven, con un sentido pragmático increíble, que se sale de los cánones del fundamentalismo tradicional”. Han adoptado formas de organización y control eficaces, a partir de analizar las brechas y errores de los adeptos. “Desde que el iniciado entra por primera vez al templo, toda su vida se vuelve altamente planificada y regulada, pero con tal inteligencia y creatividad que la persona no suele sospecharlo”. Al parecer —similar al escenario de otras naciones latinoamericanas—, los cristianos “están pensando más en llegar a fin de mes que en alcanzar el cielo”, lo cual ha permitido a esos líderes conseguir abundante membresía, “disciplina y adhesión a teorías como la Doctrina de la Prosperidad” (afirma que el creyente, como parte de su destino, puede obtenerla si se despoja de toda su vida anterior, la cual significa una maldición). Estos aspectos novedosos debemos “observarlos constantemente, porque nos retan” todos los días.

 “También ha habido una explosión muy grande de personas que se han sumado a nosotros, es decir, a los cultos de origen africano, por diversas razones: para conocer, por problemas de salud (son la mayoría) o económicos, reconoció Mercedes Armenteros.

Cuando en Cuba, donde resulta visible “un vacío de cultura religiosa”, se habla del fundamentalismo, lo usual es asociarlo al cristianismo, sobre todo al mundo evangélico (como tendencia, debido a la herencia colonial, discrimina las religiones de ascendencia africana). Tal fundamentalismo “es un fenómeno negativo para nuestra sociedad” y no hay ingenuidad en él, volvió a intervenir Kirenia Criado. Esta pastora comparte lo expuesto por Álvarez, en cuanto a que esos grupos se adaptan a la modernidad y usan sus tecnologías; a la par, tienen la intención de ocupar espacios políticos y otros asociados al poder a nivel simbólico y social. Algo inherente a todos es que aprovechan inseguridades del ser humano, como el temor a los cambios, a perder posición, control, o cosas materiales; y frente a la incertidumbre, a la crisis, colocan valores (relacionados con la familia, la tradición, hacer el bien) y certezas que dan cierta seguridad y comodidad.  

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Brecha que no debe abrirse

Un comentario y dos preguntas introdujo Rafael Hernández antes de pasar el micrófono a la concurrencia: “Conforme a las respuestas de los panelistas, parece que no hay manera de lidiar con el fundamentalismo, porque es esencialmente maligno y pretende manipular a los individuos mediante un plan, el cual responde a intereses en juego. Si es así, ¿cómo actuar no con las estructuras de poder, sino con los fieles, quienes son, de acuerdo con esa descripción, las víctimas, arrastradas por el fanatismo, como resultado de un contexto de crisis? ¿Esto se manifiesta solo entre personas de bajo nivel educacional o que viven enajenadas, aisladas, o pertenecen a un sector específico de la sociedad?”

Según sus razonamientos, a varios de los presentes en el auditorio preocupa el incremento de grupos religiosos fundamentalistas en la Isla, a los cuales la gente acude “buscando salida a problemas que no son fáciles de solucionar”. Uno de ellos expresó: “Debatir sobre el fundamentalismo ha venido como anillo al dedo… el fenómeno Bolsonaro me ha puesto a meditar, porque la fuerza que esos movimientos tienen en Brasil no surgieron con estas elecciones, vienen desde hace muchos años”. E instó a tener cuidado con el nuevo escenario de Cuba, aquí “las casas-cultos lo mismo se encuentran en Miramar que en Pogolotti y en los dos lugares están repletas”.

Cierto historiador y profesor de la Universidad de La Habana trajo a colación lo ocurrido durante los recientes debates en torno al Proyecto Constitucional cubano, del cual forma parte el artículo 68, que generó —algo no habitual en el país— una confrontación entre algunas instituciones religiosas y sectores de la sociedad cubana, a nivel simbólico y verbal. Después inquirió: ¿Tienen los fundamentalistas surgidos aquí condiciones para convertirse en el futuro en grupos de presión sobre el sistema político?

Fue secundado por un experto en desarrollo social y bioética, quien contó experiencias personales sobre la positiva coexistencia actual de diversas manifestaciones religiosas en el país, y adicionó otra interrogante: “En un momento en que nuestra capacidad dialógica ha aflorado como nunca antes, ¿los fundamentalismos pudieran obstaculizarla?”. Una especialista de una empresa consultora opinó que el fundamentalismo trata de minimizar todos los derechos alcanzados por las mujeres. Otra asistente alertó sobre los “conflictos de baja intensidad que ya se dan a nivel comunitario, es decir, entre las expresiones religiosas de una misma comunidad”.

La feroz campaña anticientífica de los fundamentalistas religiosos, empeñados en “tratar de erradicar el pensamiento evolucionista y dialéctico”, así como la labor de iglesias pentecostales carismáticas que “nos están inculcando una moral relacionada con un capitalismo ya inexistente, supuestamente liberal (ellos hablan mucho del individuo, de sus relaciones con Dios, siempre tratando de que no se piense a sí mismo como parte de un grupo social)”, inquieta a un biólogo.

El fundamentalismo no está obligatoriamente relacionado con todos los tipos de religiones, recalcó un médico. Argumentos abundantes expuso al respecto el vicepresidente del Consejo Provincial Abakuá de La Habana; él sostiene que, por la propia característica y diversidad de los cultos de origen africano, dentro de ellos pueden ocurrir posturas fundamentalistas “desde una perspectiva individual”, pero no es habitual en las instituciones. A pesar de lo anterior —intervino un sacerdote de Ifá y miembro de la Sociedad Cultural Yoruba—, “lo abierto, lo dialéctico, la gran capacidad de esos cultos para insertar en su tronco cuanto venga, metabolizarlo y ponerlo en función de sus criterios teológicos y cosmogónicos”, no ha podido impedir que en determinadas circunstancias emergieran posiciones intransigentes; entre otros ejemplos, citó la resistencia institucional (vencida tras arduo enfrentamiento) a la consagración de las mujeres como iyalochas.

Por su parte, el director del Instituto Ecuménico de Ciencias de la Religión planteó: “El fundamentalismo religioso no tiene que ver con el nivel cultural o educacional. Sí con el sectarismo, y el resto de los conceptos mencionados por Rafael Hernández. Ahora bien, necesitamos diferenciar entre los dirigentes y los miembros. Los primeros tienen una intencionalidad clara, manipulan la espiritualidad humana y mueven masas; es con estas que nosotros debemos trabajar. Entonces, tenemos que adaptarnos a sus lenguajes y símbolos. En nuestro Seminario desarrollamos un proyecto con líderes pentecostales, para influir de alguna manera en las congregaciones”.

“Aprender a coexistir es la frase clave”. ¿Cómo contribuye la educación, en nuestras iglesias, a ilustrar a las nuevas generaciones sobre los elementos negativos del fundamentalismo?”, indagó alguien que colabora con centros de la Iglesia católica.

En el siguiente parlamento, a cargo de Mercedes Armenteros, una anécdota sirvió para corporizar los conflictos de baja intensidad señalados minutos antes. Cristianos fundamentalistas residentes en su barrio, cerca de la habanera calle Infanta, “están atropellando a las religiones de origen africano” —a cuyos seguidores califican de “el diablo”— e inculcando a los niños concepciones discriminatorias e intolerantes. La escisión ha lacerado incluso relaciones de amistad que algunos de los pobladores habían mantenido durante décadas.

“Ya resulta problemático en la vida social cubana el desarrollo de esos grupos neofundamentalistas”, aseveró Pedro Álvarez. Los cambios del modelo económico están propiciando su fortalecimiento, muchos cuentan con redes de ayuda mutua y “un intercambio comercial internamente promovido por su dirigencia, bien organizado y planificado, eso produce una potenciación de la economía y de las finanzas”; hoy sus líderes son gerentes. Asimismo, se insertan en redes internacionales. Otros dos factores coadyuvan a su crecimiento: la capacidad que tienen para representar y empoderar a su feligresía, cosa que a menudo no logran los ciudadanos en las instituciones formales; y la existencia de espacios de socialización.

Fundamentalismo no equivale a conservadurismo. “Reconocer nuestras posturas conservadoras es un buen terreno para pensar en la posibilidad del diálogo. Es importante aceptar la pluralidad cultural y religiosa que somos”, también fortalecer la formación bíblica y teológica del liderazgo laico y pastoral, propuso Kirenia Criado como defensa ante discursos incompatibles con una sociedad como la nuestra. Y advirtió: “Hoy, disfrazado de moralidad, está el elemento del poder”. Al mismo tiempo, la Iglesia cubana piensa en serio que puede ser un actor a tener en cuenta para la discusión de políticas públicas; “cuidado, no es en lo religioso, sino en el terreno del derecho donde nos tenemos que jugar los valores de este país”. 

Contra el fundamentalismo, el antídoto por excelencia es el diálogo, acompañado por el respeto. Así piensa Susana Nuin, aunque no es ingenua y comprende que ese dialogar “es posible con las personas o pequeños grupos, siempre de manera directa, más que con amplias masas o corporaciones”, tras las cuales se mueven ideologías fundamentalistas muy arraigadas, debido a “factores psicológicos y sociológicos vinculados a grandes intereses” y corrientes mundiales. Por ejemplo, la teoría acerca del choque de civilizaciones, invento que justificó la invasión a Afganistán. En cuanto al actual momento de Cuba, “es una importante ocasión de diálogo social, cultural, religioso”. Y no se puede negar que la Iglesia católica está haciendo un trabajo en las parroquias para tratar de comprender los temas debatidos en torno a la Constitución. Finalmente, la oradora aseguró que durante su labor ecuménica en América Latina, incluso con agnósticos y ateos, ha encontrado que los valores nos unen, y siempre nos permitirán “estar unidos en la diferencia”.

Bien lo necesita nuestra nación, añade esta reportera.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

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Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

Fotos: Randdy Fundora/Temas.

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