¿El brujo de la tribu? Patrones culturales en las prácticas médicas

¿El brujo de la tribu? Patrones culturales en las prácticas médicas

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25 - Junio 2015
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Médicos y pacientes en Cuba: claves de una relación compleja

Debatir sobre la relación médico-paciente y cómo sus rasgos y complejidades determinan prácticas culturales concretas en la sociedad cubana actual fue el tema del más reciente espacio de debate de la revista Temas Último Jueves, que esta vez contó con la participación de un panel compuesto por la doctora Victoria Ribot, psiquiatra y máster en Bioética del hospital Joaquín Albarrán; Vladimir Lahens, máster en Rehabilitación física, Graham Sowa, estudiante de origen estadounidense de Ciencias Médicas de la Facultad Salvador Allende, y Roberto Corral, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Hace más de 2 000 años, el médico de la Antigua Grecia Hipócrates consideró que un médico debía reunir cuatro cualidades fundamentales en su relación con los pacientes: conocimientos, sabiduría, humanidad y probidad. A la luz de varios siglos, su propuesta adquiere enorme sentido: ¿Cómo debe ser un médico? ¿Cómo caracterizar la relación que establece con sus pacientes? ¿En qué medida esta expresa una cultura de la práctica médica y de la salud? Preguntas como estas motivaron, como es costumbre, un rico debate, que permitió reflexionar a fondo sobre la piedra angular de la práctica médica y por lo tanto de la ética médica: el binomio médico-paciente y los rasgos que definen esta relación en el contexto cubano actual.

De acuerdo con la doctora Ribot, hablar de una relación médico-paciente podría ser discriminatorio, partiendo de que el término desestima la importancia del resto de los miembros del equipo de salud, en el que  intervienen enfermeros, laboratoristas, psicólogos, trabajadores sociales, camilleros, entre otros.

No obstante, el profesor Corral defendió que se trata de un diálogo donde se enfrentan dos culturas: una profesional y una de sentido común o tradicional, donde se imponen determinados criterios éticos que son bastante sólidos en la formación del médico en Cuba. Hablar del trato entre médico y paciente nos lleva al terreno de las connotaciones éticas, filosóficas y sociológicas de tipo profesional, que sirven de base a la gestión de salud.

“En cualquier relación donde hay un cruce interpersonal se desarrollan dinámicas muy interesantes, porque por ejemplo el médico no debe conocer solo de medicina, sino que debe saber cómo comunicarse y entender el discurso de un paciente, relación que genera determinados imaginarios sociales tanto para el que es médico como para los que no. Es una relación compleja, que requiere ética humanista y una formación donde el médico no sienta que tiene toda la verdad en la mano, sino que salga a construir el conocimiento con la verdad de los otros”, consideró Corral.

El panel coincidió entonces en que se trata de una relación compleja, atravesada por problemáticas de distinto tipo, una especie de teatro con dos actores donde hay un guión previsto, y cada cual actúa según el papel que tiene asignado: el medico como el que sabe y tiene la solución de los problemas y el paciente como un desconocedor que necesita lo escuchen y atiendan, que deposita su confianza en el otro.  ¿Pero qué pasa cuando el guión no se cumple tal cual y el paciente, por ejemplo, no es escuchado?

Entre otros aspectos, los participantes hicieron énfasis en la manera en muchos médicos tienden a desechar el conocimiento que trae el paciente, cuando se trata de un proceso cultural, que requiere ante todo de comunicación para poder entender al otro.

“Muchas veces abunda en los servicios de medicina de nuestro país casos donde se considera menos importante la relación con el paciente, pero esto es un error, porque muchas veces el 50% de los casos que llegan se resuelven con un buen examen físico”, reflexionó Lahens.

¿Qué problemas se revelan entonces a través de esta relación que afectan la cultura de la salud? ¿Qué prácticas deberían ser transformadas? Estas preguntas protagonizaron una necesaria reflexión sobre las experiencias en Cuba.

Entre otros asuntos, se insistió en la necesidad de que en la práctica médica cubana no toda la autonomía y responsabilidad recaiga siempre sobre el médico. La doctora Ribot consideró que aunque la ética cubana se ha apoyado siempre en principios como la beneficencia, existen otros términos como la autonomía, donde al paciente se le tiene que reconocer su poder para decidir.

“Sería ingenuo pensar que el sistema es el único responsable de atender las enfermedades y tratar la salud de las personas, pero es mucho más fácil para las personas dejar del lado del médico la toma de decisiones porque se establece una relación de protagonismo social que no queremos perder”, explicó.

En ese sentido, insistió que se impone hablar en términos de que los pacientes posean un consentimiento educado, en el que estos tengan toda la información sobre su enfermedad, pero donde además se gane en términos de una cultura de la salud y de la prevención.

Otro de los problemas mencionados se relaciona con las condiciones de trabajo que muchas veces tienen los médicos cubanos, y el desgaste humano que este puede traer consigo, entre ellos la consiguiente deshumanización, es decir, que el médico deje de ver una persona para ver a un objeto.

También se debatió sobre la tensión que muchas veces se genera entre el servicio que se ofrece y el mercado de la salud, asunto sensible en un país donde la salud es gratuita y uno de los principales logros sociales.  En este tema caben los regalos que muchas veces no pocos suelen entregar a un médico en señal de agradecimiento o tratando de comprar un mejor servicio.

En este caso se podrían generar diferencias en los servicios ofrecidos atendiendo a los pagos por una calidad superior, coincidieron los panelistas. No obstante, se destacó que el problema de los regalos tiene su centro en que este no debe convertirse en una moneda de cambio, por lo que la única manera de enfrentar este problema es a través de la ética.

Otros temas también estuvieron en el centro del debate, entre ellos la escasa privacidad de las consultas en la cultura de la medicina cubana, así como la necesidad de establecer una relación estrecha, además de con el paciente, con sus cuidadores, así como pensar una estrategia específica para el cuidado de los ancianos en el contexto actual.