Geopolítica: un juego bien en serio

Geopolítica: un juego bien en serio

29 - Octubre 2015
Moderador: 

Si bien el asunto debatido esta vez se aleja de los que personalmente me resultan más atractivos, no puedo negar lo instructivas que fueron las dos horas dedicadas pocos días atrás a escuchar el panel "Otra geopolítica. Poderes en el sistema internacional". Conocí que el término echó raíces a partir de 1916, cuando el científico sueco Rudolf Kjellén lo introdujo en su libro El Estado como un organismo (Staten som Lifsform). Y que constituye un vocablo muy citado por los académicos a partir del inicio de la expansión imperialista en el mundo.

En la práctica, desde miles de años atrás ya los grupos humanos —y luego los gobernantes civiles y jefes militares de los imperios, los reinos y los Estados— enfrascados en la expansión de sus territorios aplicaban concepciones geopolíticas. Así lo reconocieron todos los expertos invitados para la ocasión por la revista Temas: Hal Klepak, Doctor en Historia, Tte. Coronel (ret) del Ejército de Canadá, y docente en el Collège Militaire Royal; el también Tte. Coronel Juan Carlos Garnier, profesor titular del Colegio de Defensa Nacional (CODEN) y Doctor en Ciencias Militares; Ricardo Alarcón de Quesada, Doctor en Filosofía y Letras, embajador de Cuba en Naciones Unidas (1966-78), ministro de Relaciones Exteriores (1992-93) y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular entre 1993 y 2013. Como ejemplos de esa práctica mencionaron, entre otros, el nomadismo de las tribus primitivas, los escritos de Napoleón Bonaparte en los albores del siglo xix y la doctrina fascista en la centuria posterior.

De igual modo, Garnier y Alarcón concordaron con Klepak en que, como ciencia, continúa siendo de utilidad para estudiar y comprender mejor el contexto internacional. Pero ambos señalaron que el término ha suscitado definiciones controversiales. Según el profesor del CODEN, en este centro de estudios se considera la geopolítica una rama del conocimiento, de carácter multidisciplinar, y extienden su radio de acción —a diferencia de múltiples teorías foráneas— no solo a la influencia que pueden tener los factores geográficos en el progreso de los Estados, sobre todo las grandes potencias, sino a su incidencia en “grupos humanos que por razones históricas” no han llegado a ese estadio. Otras peculiaridades de la concepción adoptada por el Colegio son: el estudio de las variables geográficas tiene como fin, además de la adopción de políticas hacia otros países, establecer lineamientos en el interior de la propia nación; y a ultranza no debe endilgarse a la geopolítica un carácter imperialista —aun cuando en muchas escuelas de pensamiento, en especial las contemporáneas, ha tenido ese cariz—, “puede ser incluso antimperialista, socialista”. Asimismo, la noción cubana entiende que los factores geográficos no pueden pasarse por alto, pero no son determinantes; “la mejor demostración de que el determinismo geográfico es una falsedad como concepto, es la propia existencia de la Revolución cubana”, enfatizó el ponente.

Para Ricardo Alarcón de Quesada el vocablo “tiene un mal sabor; enseguida viene a la mente la idea del fatalismo geográfico, de que pertenecemos a una parte del mundo que debe estar, por ley de la naturaleza, subordinada a una potencia grande. El término, además de su valor semántico, posee un valor de uso, y —en mi opinión— está bastante presente en este momento que nos convoca”.

Antes de pasar a su segunda pregunta, el  moderador del encuentro, Rafael Hernández, reflexionó: “Este panel sobre los problemas que suscita la utilización del término me parece muy útil, porque en determinado momento representaba una mala palabra; y el hecho de reivindicarla como parte de un discurso del pensamiento crítico, analítico, desde una perspectiva ajena a los intereses de las grandes potencias, es una ganancia”.

Nuevas configuraciones y estrategias

¿Cómo la idea de que el territorio y el valor del espacio tienen un peso fundamental en las relaciones de poder se ha modificado en un universo sometido a una intensa revolución tecnológica, donde no hace falta instalar una base naval para poder dominar la zona?; los satélites toman imágenes de cualquier parte, e incluso se puede lanzar un ataque desde una larguísima distancia.  ¿En qué medida la Posguerra fría nos ha traído otro mapa, una renovada estructura de poder internacional? A esas interrogantes del también director de Temas, respondió Hal Klepak:

“Durante el último cuarto de siglo los cambios en la esfera militar, económica, social, son gigantescos y parecen seguir creciendo a ritmos tales que están transformando el mundo en muchísimos sentidos”. Hemos visto el declive de grandes potencias: Francia y Gran Bretaña han declarado que no encabezarán fuerzas independientes en conflictos armados, aunque sí formarán parte de una alianza liderada por otro país —“podemos imaginar cuál es”, apuntó el panelista—; China y Rusia siguen teniendo importancia militar, sin embargo no están en el primer nivel. Al mismo tiempo existe una superpotencia, los Estados Unidos, “capaz de enviar su mensaje de fuerza a casi todo el universo”.

Las novedosas tecnologías han adquirido una importancia gigantesca en el achicamiento del planeta debido a la reducción de las distancias, en el avance de las comunicaciones y el acceso a la información; pero su impacto va más allá en el ámbito militar: “Los países del Norte no aceptan sufrir bajas en las guerras”, de ahí que conciban técnicas para mantenerse lejos del territorio agredido. Hoy “la guerra puede ser asimétrica y, no obstante, ser eficaz”.

Asimismo debemos admitir que hay menos miedo a una conflagración nuclear. Décadas atrás ese temor llevó a las superpotencias a comportarse con cautela, mas “hoy no está presente en el debate, casi nunca se escucha, aunque sí se habla de las armas de destrucción masiva. El mundo está en una situación de vulnerabilidad extraordinaria”.

Pese a existir una sociedad informatizada, en la cual los capitales viajan en pocos segundos de un continente a otro, “la economía real sigue empleando los minerales, el combustible, el agua, las tierras productivas, para sostenerse”, intervino Juan Carlos Garnier. La mayor parte del comercio mundial continúa haciéndose en buques que pasan por puntos considerados claves desde siglos atrás: el Estrecho de Ormuz, el Canal de Suez, el de Panamá…

Tales riquezas y lugares “mantienen el mismo valor que casi siempre tuvieron, aunque algunos se gestionan de forma diferente”. Antiguamente, si querían más tierras, minas, petróleo, las grandes naciones invadían y colonizaban otros territorios; eso ya no suele hacerse, ahora prefieren adquirir derechos puntuales, a perpetuidad o con validez por cien años, sobre el lugar donde se asienta el recurso natural. Sin embargo, continúan interviniendo militarmente en otros países cuando debido a conflictos internos en esas regiones ven amenazado su control sobre efectivos como los minerales estratégicos. Además, ya se han desencadenado conflictos a causa del agua; el sostenido entre Israel y Palestina no puede analizarse obviando el dominio que quiere ejercer el primero sobre el agua en Cisjordania, razonó el disertante.

Al peligro de una hecatombe nuclear se refirió también Alarcón de Quesada. Recordó las sesiones de la Comisión de Desarme y Seguridad de la ONU, en las cuales, año tras año, presenció alertas sobre el incremento sostenido del volumen de armas capaces de aniquilar varias veces la Tierra. Él regresó hace décadas a Cuba, desde entonces “la terrible amenaza sobre la humanidad ha seguido creciendo” y en este momento nadie sabe cuántos grupos extremistas pueden acceder a ese armamento.

En cuanto a las diferencias entre la política internacional imperante durante la Guerra fría y la de la actualidad opinó que el contexto de la primera era un planeta estable donde había dos superpotencias, si bien una ejerció la hegemonía indiscutible hasta la década de los 60. En los años siguientes “hubo un proceso de descolonización, grandes batallas internacionales en las cuales participó el Tercer mundo”; a tal punto que el escritor y político norteamericano Daniel Patrick Moynihan, embajador de los Estados Unidos en Naciones Unidas, hizo en los 70 un famosísimo discurso donde aludió a “la tiranía de la mayoría”.

Tras el derrumbe del llamado campo socialista, quedó una sola superpotencia, cuyo “poder relativo estaba en declive”, aun cuando mantenía la supremacía militar, económica, y en la industria cultural. Hoy sobran motivos para temer su evolución, y la de otras potencias, en un entorno donde los mecanismos multilaterales (la ONU, por ejemplo) hasta cierto punto han perdido la capacidad de garantizar el equilibrio, afirmó el exdiplomático.

Otras interrogantes provocadoras dirigió Rafael Hernández a sus convidados y al auditorio: ¿Cuba mantiene el mismo significado geopolítico que tuvo cuando acogía a la Flota de Indias, o en el momento de colocarse aquí los misiles nucleares? ¿Tienen razón quienes dicen que una alianza de la Isla con Rusia o con China implica un problema en el mundo contemporáneo?

Desde el público dos participantes aseveraron que la posición estratégica de Cuba continúa siendo importante. Uno de ellos, especialista en política mundial, expuso que cualquier pensamiento sobre el futuro del país debe basarse en el concepto enunciado por José Martí: “En el fiel de las Américas están las Antillas”; además detalló aspectos significativos en la geopolítica internacional, en primera instancia la aplicación del soft power y el smart power, a partir de la convicción de que la fuerza militar y económica no basta para controlar al enemigo y es preciso utilizar instrumentos vinculados con la identidad y la cultura; en segundo lugar, el creciente poder de las empresas transnacionales; en tercero, “el despertar político social de los pueblos, eso que García Aguilera llama la potencia plebeya”, es decir, movimientos como la Primavera árabe; en cuarto, el uso del ciberespacio; y finalmente el hecho de que las armas nucleares no han vuelto a usarse. “Es interesante en este momento la evolución geopolítica de las instituciones religiosas”, apoyada por el uso de las más modernas técnicas de comunicación, planteó el otro concurrente.

Cierta profesora de la Universidad de La Habana instó a prestar atención a la infopolítica, una dimensión complementaria de la geopolítica y sobre la cual “no se habla suficientemente”. Un asiduo seguidor de los debates mensuales de UJ solicitó criterios acerca de un dilema bien actual: los gobiernos de izquierda se ven precisados a compartir el poder con sectores de la derecha y moverse dentro de la economía neoliberal; teniendo en cuenta el instrumental de la geopolítica, ¿cómo podrían tales gabinetes enfrentar la crisis del capitalismo global? Luego mostró preocupación por las intenciones que los Estados Unidos mantienen en relación con Cuba y por no ver hasta el momento respuestas precisas y suficientes “para el gran desafío al que nos vamos a enfrentar en los próximos años”.

Las siguientes intervenciones de la concurrencia giraron en torno al peso excesivo que los gobiernos suelen dar a la geopolítica, en detrimento de análisis cuya médula sean las necesidades y problemas internos de cada pueblo; asimismo, sobre la pérdida del poder y las capacidades de numerosos Estados, sobre todo los pequeños, afectados por el peso de las compañías trasnacionales.

 

Determinación, sagacidad, integración

¿Qué pueden hacer los países carentes de poder económico o militar para ocupar un buen espacio en el mundo actual?, volvió a inquirir el moderador.

De acuerdo con Hal Klepak, debieran formar alianzas entre ellos para tratar de adquirir más preponderancia. Algunas naciones han obtenido la atención de los Estados Unidos cuando han divulgado su deseo de fabricar armas nucleares: Brasil y Argentina en su tiempo, India y Paquistán ahora, pero ese “es un modelo de influencia horrible y debe ser rechazado”. Otra opción es formar bloque con una nación fuerte. O vincularse con instituciones internacionales impulsoras de “valores que nos unen más de lo que uno se puede imaginar, en cuestiones como la supervivencia del planeta”. Personalmente ha podido constatar que muchos estadounidenses “agradecen el profesionalismo, el esfuerzo, la sinceridad del involucramiento del Estado cubano en el control de la droga, de la emigración ilegal, de los desastres naturales”; en tal sentido se ha alcanzado un lenguaje distinto al militar y comienza a verse de manera diferente el significado de Cuba en términos geopolíticos.

Múltiples puntos tocados por sus predecesores en el uso de la palabra generaron observaciones de Garnier. Ante todo el referido a la situación y relevancia de la Isla: “Cuando en el siglo xviii José Martín Pérez de Arrate y Acosta, considerado uno de los primeros historiadores de Cuba, escribió su obra Llave del nuevo mundo. Antemural de las Indias Occidentales, ya marcó con una impronta geopolítica el análisis que hizo de nuestro país. Esa llave la retomó Miguel Teurbe Tolón en 1849 al diseñar el escudo de la nación; el único, entre todos los de su tipo, con un símbolo geopolítico incorporado. La misión de Cuba la expresó nuestro Héroe Nacional José Martí cuando en su carta a Manuel Mercado escrita en vísperas de morir, en 1895, dijo que todo lo que había hecho era para impedir con la independencia de Cuba que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos y cayeran con esa fuerza más sobre las tierras de América. Esa frase conserva total vigencia”.

Subrayó el orador que se habla de la ciberguerra, del ciberespacio, como algo abstracto o etéreo, pero en realidad todas esas redes de fibra óptica y sus nodos están ubicados en los Estados Unidos y naciones importantes de la OTAN en Europa. Luego ahondó en las oportunidades de Cuba y el resto de los enclaves pequeños: “La geopolítica no es exclusiva de las potencias, aunque estas tengan más posibilidades de materializarla”; podemos desarrollar las nuestras, para eso necesitamos integrarnos, cooperar. Y rememoró algo escrito por él tiempo atrás: “Toda geoestrategia es legítima siempre que se acometa en consonancia con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y se base en el respeto al derecho internacional, en la cooperación y la solidaridad y no en la intervención, el despojo y la rapiña, que se base en la negociación y no en la imposición […] y que se base en el bienestar de los pueblos”.

Entre otros comentarios relacionados con las opiniones del auditorio, Ricardo Alarcón de Quesada alegó: “Hemos hablado muchas veces en Cuba de la tragedia que significó la desaparición de la URSS, lo cual es cierto, pero debemos reconocer que esa desaparición fue también el fin de un modo de practicar la diplomacia, la política, las relaciones internacionales, deformado por el estalinismo y por la Guerra fría”.

Hoy vemos en Occidente un debate sobre el capitalismo y curiosamente donde mayor fuerza exhibe es en los Estados Unidos; mientras en Europa esta discusión todavía está demasiado atrasada, aunque hay signos muy interesantes que vimos recientemente en Gran Bretaña: el triunfo del candidato de la izquierda laborista; unido a otros fenómenos en España, Portugal, Grecia, relató el otrora embajador. Él no cree que Bernie Sanders llegue a ser presidente de los estadounidenses, empero le resulta significativo que este candidato demócrata hable “de socialismo en un país donde eso es un pecado mortal. No es que esté presentando un programa superradical, sino más o menos lo que la socialdemocracia europea en sus tiempos sostuvo; sin embargo, en los Estados Unidos tal proyección es algo revolucionario, o por lo menos lo ve así mucha gente”, sobre todo jóvenes blancos de clase media interesados en mejorar la situación ofrecida por el capitalismo que ganó la Guerra fría.

“Del lado de la izquierda hace falta un debate semejante”, prosiguió Alarcón. Un gobierno de esa tendencia no puede administrar a su favor la realidad económica de este planeta neoliberal y globalizado si aplica patrones de un mundo que ya no existe. “Se trata de desarrollar nuestra capacidad e iniciativa para ver todos los resquicios; relacionarnos con potencias como Inglaterra, los Estados Unidos, Francia, China, Rusia, quizás Alemania; construir concertaciones”. Siempre hay alguna posibilidad, aun cuando desde el punto de vista del poder político no se da mucho espacio a los países menos prósperos. En América Latina se impulsan varias iniciativas, proyectos importantes merecedores de apoyo. Al mismo tiempo, el grupo de Países No Alineados, e instancias similares, necesitan tener mayor protagonismo. “Hay que rescatar la Organización de Naciones Unidas, protegerla a pesar de sus limitaciones y deficiencias”, pues ella brinda opciones de defensa a las naciones pequeñas si saben emplear con eficacia sus mecanismos.

Un centenar de personas asistieron al debate en la sala Fresa y Chocolate, del ICAIC, y las intervenciones de quienes pidieron la palabra contribuyeron a enriquecer el tema. Foto: Fidel Alejandro Rodríguez/Temas.

Dos nuevas alocuciones del público —una relativa a la preeminencia que van adquiriendo los movimientos sociales, especialmente los latinoamericanos; la siguiente, sobre la gran complejidad del sistema geopolítico en el sistema internacional en la actualidad, debido a la presencia de diversos factores de poder, además del militar, distribuidos de manera desigual en la escala jerárquica y propiciadores de un proceso de multipolarización— dieron paso a la última ronda del panel.

Hal Klepak siente gran satisfacción por las transformaciones progresistas acaecidas en América Latina, e insistió en que sus Estados podrían nuclearse sobre la base de valores e intereses comunes. No obstante, previno sobre discrepancias subyacentes entre Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Brasil. “El camino que estoy viendo está lleno de piedras, va a ser difícil”, por ello resulta importantísimo estimularlos a trabajar juntos y que la voz del Continente se alce más unida en los foros internacionales. De igual modo, en cada país de esta vasta área geográfica el respectivo ministerio de Educación debiera “modificar dramáticamente su curriculum escolar, para lograr un cambio de mentalidad en las futuras generaciones y de ese modo apoyar la construcción de una identidad latinoamericana y caribeña”.

La integración entre países constituye una geoestrategia, declaró Juan Carlos Garnier. No siempre es positiva, algunas benefician a las transnacionales en detrimento de los Estados nacionales; “ese tipo de integración no va a resolver los problemas”. Como tampoco un universo bipolar, unipolar, y tal vez ni siquiera multipolar. “Lo idóneo sería un mundo apolar, es decir, sin polos, y a él aspiro”, concluyó. Vías para alcanzar la apolaridad no vislumbra Ricardo Alarcón de Quesada. Tal empeño significa “un desafío muy grande”, específicamente para las naciones poco favorecidas.

Un centenar de personas asistieron al debate en la sala Fresa y Chocolate, del ICAIC. Quizás hubo quien quedó con las ganas de oír  —como yo— cuáles son las perspectivas geopolíticas de Cuba en el actual contexto y en el futuro mediato. Sería útil sumar esta información concreta a las que tan oportunamente viene entregando el espacio digital Catalejo, de la revista Temas, sobre la Unión Europea y las relaciones entre la Isla y los Estados Unidos.