Imaginación y sentido del momento histórico: nuevas ideas para nuevos tiempos

Imaginación y sentido del momento histórico: nuevas ideas para nuevos tiempos

25 - Enero 2018
Moderador: 

Quienes acudieron recientemente a la habanera Sala Fresa y Chocolate, del ICAIC, no solo permanecieron dos horas en sus asientos, atentos, concentrados en el intercambio de ideas, sino que al concluir la jornada habían agradecido —unos a viva voz, otros en su mente— el motivador desempeño de un panel muy bien escogido. Lo componían Danielle Tartakowsky, profesora de la Universidad de París VIII, historiadora de los movimientos sociales y políticos, y del Partido Comunista Francés; Lisandro Pérez, sociólogo, profesor del Departamento de Estudios Latinoamericanos del John Jay College, de la Universidad de la ciudad de Nueva York, y fundador del Cuban Research Institute, de la Universidad Internacional de la Florida; Ania Terrero, estudiante de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, colaboradora del periódico Juventud Rebelde y durante dos años dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU); Eduardo Torres Cuevas, historiador, Premio Nacional de Ciencias Sociales, director de la Casa de Altos Estudios “Fernando Ortiz”, de la UH, y de la Biblioteca Nacional “José Martí”; y Rafael Hernández, director de Temas, como moderador.

Por segundo año, gracias a la colaboración de la Embajada de Francia, este espacio mensual se insertó en La noche de las ideas, proyecto que ocurre de manera simultánea en buena parte del mundo.

Con el propósito de ejemplificar qué considera un momento histórico, Hernández se remontó a 1968, año de relevantes movimientos internacionales (Mayo del 68 en Francia; las manifestaciones, y consiguiente represión, en Tlatelolco, México; las protestas estudiantiles contra la guerra y por los derechos civiles en los Estados Unidos, Alemania y muchos otros países; la intervención militar soviética en Checoslovaquia) y de eventos transcendentes en el curso de la Revolución cubana: el proceso contra la microfracción dirigida por Aníbal Escalante, el Congreso Cultural de La Habana (al que asistieron intelectuales europeos y estadounidenses); la Ofensiva Revolucionaria, cuando fueron nacionalizadas 58 000 pequeñas y medianas empresas, el remanente del sector privado en la Isla; la fuerte y pública crítica de Fidel a la dirigencia del gobierno comunista chino. Asimismo, es la época de la eclosión del cine político cubano, de Memorias del subdesarrollo, y de arduos debates culturales.

Luego, el también politólogo formuló la primera interrogante: ¿En qué medida una interpretación, y acción, que responda al momento histórico requiere creatividad?

“Se puede hablar de un momento histórico cuando surge un contexto que no solo permite, sino que exige la creatividad”, aseguró Danielle Tartakowsky. Para ella es motivo de reflexión la tendencia de numerosos latinoamericanos a circunscribir los hechos de 1968 al mayo francés, pues movimientos similares tuvieron lugar en todo el planeta, algunos con mayor relevancia que la movilización parisina. Quizás se debe, elucubró, a la impronta de acontecimientos sobrevenidos en el siglo xix: ya en 1848 hubo barricadas en la capital gala, durante la llamada Primavera de los Pueblos, y allí se defendieron en 1871 los obreros de la Comuna, “sucesos que tuvieron alcance mundial y hacen que cuando se mencionan nuevas barricadas en París la propia idea trascienda a Francia”.

Los siguientes tres ponentes coincidieron en destacar el valor de la subjetividad, de la experiencia personal, a la hora de percibir, identificar y definir un momento histórico. Al respecto, Lisandro Pérez mencionó un texto de Charles Wright Mills, La imaginación sociológica, “donde el autor sostiene que ella consiste en la habilidad de ver la intersección entre el proceso histórico y la biografía de uno mismo”; en apreciar que en ese punto los eventos más amplios acaecidos en la sociedad —no solo los políticos, también los económicos y de otro tipo— inciden sobre la vida de cada cual. Y cuando eso pasa, quizás tenemos una predisposición a considerar el proceso histórico que estamos viviendo como el más importante.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Ania Terrero se remitió a una de las investigaciones en curso en su Facultad (sobre la construcción de imaginarios por parte de los emprendedores cubanos), cuyas indagaciones apuntan hacia que cada momento histórico, a partir de su contexto social, económico y político, va a ser imaginado e interpretado de manera diferente por de cada una de las personas que lo viven. En consecuencia, resulta imprescindible para los espacios e instituciones sociales y organizaciones de masas —amén de actuar con creatividad— construir un discurso que esté cerca de esas interpretaciones e imaginarios. “En el caso particular de la FEU, debe tener en cuenta que mi generación es distinta a las que vinieron antes”. Entre las razones se encuentran: el acceso a Internet, poder viajar al extranjero, conocer allá otras posibilidades, y cada vez son más los universitarios que alternan sus clases con el trabajo en algún negocio privado; se observa igualmente en los estudiantes un distanciamiento de las circunstancias y acciones vinculadas con el triunfo revolucionario de 1959 y las tres décadas siguientes, por no haberlas vivido y por una enseñanza deficiente, mecánica, de la Historia en todos los niveles escolares, que reduce ese proceso a contados hitos recogidos en breves páginas.

“Todo radica en el punto del observatorio desde el que se analice la realidad; por tanto, siempre habrá interpretaciones disímiles de ella”. Las conclusiones dependerán de la subjetividad, factor vinculado con la cultura de quien interpreta, según haya vivido determinado hecho o no, reiteró Eduardo Torres Cuevas. E insistió en que la historia menos conocida en Cuba hoy es la de la Revolución de 1959, pues no solo los jóvenes carecen de las vivencias de sus padres y abuelos, sino que la bibliografía disponible en las décadas de los años 60, 70, 80 y 90, en muchísimos casos ellos no la utilizan. Es necesario destacar, además, que una cosa es la historia como experiencia —la cual tampoco se ha sabido trasmitir bien—, otra la historia como ciencia, que trata de reconstruir lo acontecido, y otra bien distinta la empleada como fundamentación ideológica de un proyecto político. Y agregó el orador: en un nuevo momento histórico, en un contexto con condiciones diferentes no es posible reproducir lo sucedido en décadas pretéritas. “Toda reproducción es una imagen de lo que pasó, adulterada o edulcorada, y en modo alguno puede repetirse en la historia. Cuando usted adopta viejas formas en nuevos espacios y con nuevos contenidos, en realidad ya no reproduce nada”. Hoy nos hallamos en un momento intelectual complejo, caracterizado por un gran debate; todo está por construir y “hay que buscar caminos, no uno solo, porque no podemos pensar en una visión que no sea plural”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Una lista poco deseable

A una cita de El Príncipe, libro escrito por Maquiavelo en el siglo xvi, apeló Rafael Hernández: “No hay nada más difícil de tratar ni más inseguro de conseguir ni más peligroso de manejar que encabezar la introducción de un nuevo orden de cosas. Porque el innovador tiene como enemigo a todos los que les ha ido bien en el antiguo orden, y como a tibios defensores a todos los que le podría ir bien en uno nuevo […] cada vez que aquellos que son enemigos de los cambios tienen la oportunidad de atacar, lo hacen ferozmente, al tiempo que los otros solo se defienden tímidamente”.

Y en nuestros días, ¿qué obstáculos se presentan para interpretar el momento histórico de modo correcto, eficaz; y actuar de manera creativa?

Sobre las intersecciones entre el proceso histórico y la vida específica de quienes forman parte de él volvió la académica Tartakowsky. A ella le ha impresionado el interés de numerosas personas por tomarse fotografías en situaciones de carácter político, por ejemplo, durante una huelga exitosa, o en medio de una colecta de fondos en 1936, para enviar camiones a la España sumida en la guerra civil. Dichos sujetos “sienten que su existencia personal cobra bruscamente un sentido particular dentro de la gran historia —quizás eso es un momento histórico—; y al mismo tiempo el deber de actuar para impedir que las fuerzas del mal triunfen”. Los protagonistas de aquellas fotos las guardaron en su casa, incluso en su billetera, y sesenta o setenta años después, conscientes de su valor, las donaron a un museo. El pasado siglo se caracterizó por la presencia de mitos o utopías con los cuales los obreros y movimientos progresistas franceses podían identificarse: celebrar y enarbolar reivindicaciones el Primero de Mayo, el desarrollo de la Unión Soviética, el campo socialista, el ejemplo de Cuba. Hoy, “no tenemos nada a lo cual aspirar, por eso algunos autores hablan de la necesidad de la hipótesis comunista —no en el sentido de la ideología, sino en cuanto al precepto de que hace falta crearse un objetivo al cual arribar—; pero no estoy segura de que actualmente esta sea la visión de los jóvenes en Europa occidental”. Al parecer ellos tienden a concentrarse en el presente.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

“La posibilidad que tienen los seres humanos, a nivel individual, para actuar creativamente en un determinado momento histórico depende mucho de las opciones a su alcance y básicamente solo puede uno cambiar su propia vida”; a veces ni siquiera eso, manifestó Lisandro Pérez. Le asombra la capacidad del cubano para adaptarse ante ciertas condiciones económicas; exponente de ella es el aumento de la pequeña empresa y todo lo sucedido en la Isla durante los últimos diez años, incluida la emigración. Un sociólogo norteamericano de mediados del siglo xx, William Petersen, la considera un proceso innovador cuando el emigrante busca transformar su cotidianidad. “Esto se ajusta a muchas de las olas migratorias cubanas, sobre todo desde el Mariel para acá. Las anteriores más bien entrarían en otra categoría de Petersen: la emigración conservadora”; se trata de personas cuyo objetivo es que su existencia no se modifique, concepto aplicable a quienes emigraron durante los años iniciales de la Revolución cubana. Sea cual sea su propósito, los que emigran por lo general carecen de suficientes oportunidades en su lugar de origen y mucho menos de potestad para incidir sobre el comportamiento de otros. Los actores políticos sí suelen tener esa facultad; los más exitosos han sabido elegir y aplicar en su momento histórico la acción necesaria para mantenerse en el poder.

Pasión y transparencia signaron las palabras de Ania Terrero: “Fui presidenta de la FEU de mi facultad durante dos años y sentí a veces que las dinámicas de esa organización te superan y terminas reproduciendo modos de hacer, de hablar, que no tienen nada que ver contigo. Se defiende un discurso centrado en lo que hace esa Federación en la cultura, el deporte, en el plano del impacto social, pero en realidad se aleja bastante de lo que pasa en las brigadas y en la mente de los estudiantes”; como resultado, estos no se sienten representados. Cuando en la Facultad de Comunicación lograron construir —con el apoyo del decano Garcés— “un espacio en el cual los universitarios pudieran debatir, sentirse partícipes”, tuvieron que “lidiar contra los que lo criticaban desde fuera e intentaban imponer las rutinas manidas”.

En esa anécdota se concentran restricciones nocivas para quienes deseen actuar con creatividad y edificar algo nuevo. Ellas son: excesivo verticalismo, burocracia y espacios de control. En la dinámica diaria de papeles con el plan de trabajo, el orden del día, el cumplimiento de objetivos y el balance de las necesidades, se pierde la capacidad de generar ideas propias y de atraer a la gente; así el propósito por el cual, en teoría, la organización existe, corre el riesgo de anularse por completo. Además, prosiguió la disertante, la comunicación con fines políticos por lo general resulta inadecuada, al hacer uso de códigos audiovisuales y mensajes redundantes y poco atractivos. Al mismo tiempo, se desaprovechan las potencialidades de Internet y sus redes sociales, pues en ellas se reproducen “los mismos discursos trascendidos que tenemos en la vida real”. Y se sigue arrastrando “una concepción de plaza sitiada, bloqueo e imperialismo mediante, la cual –sin negar que ambos existen- nos impide ver más allá del espacio pequeñito donde estamos y termina convirtiéndose en una justificación para todo”.

De acuerdo con Eduardo Torres Cuevas, a la par subsisten otros impedimentos. Ante todo, “lo que más lentamente se transforma en cualquier sociedad es la mentalidad. Ella constituye el obstáculo principal para los cambios”, por parte de hombres que “después de haber consolidado mentalmente una concepción les es casi imposible renovarla”. Igualmente, asistimos a una pérdida de memoria, porque muchas veces se invoca no lo ocurrido, sino una interpretación hecha desde la ideología, la historia es empleada como un arma ideológica —valga la redundancia— y no una herramienta para comprender la realidad; esto es evidente en decenas de libros que se publican dentro y fuera de la Isla. Debe añadirse que, si bien los cubanos están de acuerdo en la necesidad de “cambiar todo lo que debe ser cambiado” —presente en el concepto de Revolución propuesto por Fidel—, más allá de las líneas generales aún no se ha alcanzado un consenso de toda la sociedad en cuanto a qué debemos reformar y cómo hacerlo. A las modificaciones emprendidas a veces no las sustenta el aval científico académico de estudios imprescindibles; tampoco en torno a ellas se ha producido una polémica pública, esclarecedora y con altos niveles de calidad, a cargo de expertos en las diversas materias.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Desde el auditorio se añadieron a esa lista otros elementos e inquietudes. Un economista pidió “tener cuidado con la imaginación desbordada” y apuntó que todo momento histórico precisa de una brújula. Esta pudiera ser el marxismo, el cual propugna la ley del cambio gradual de las formaciones económico-sociales. Por consiguiente, el socialismo puede construirse tanto por una vía no capitalista, como manteniendo en los estadios iniciales de esa construcción ciertas formas de propiedad privada.

Según un periodista, quien trabaja en medios de comunicación católicos, interpretar el momento histórico correctamente y actuar en consecuencia implica no confundir patria con revolución ni cultura con ideología. También difundir la influencia de la religión dentro del proceso revolucionario, con sus luces y sombras. Le preocupa la falta de identificación real de numerosas personas con el funcionamiento y propósitos de disímiles instituciones, desde la Iglesia —a la cual muchos acuden como si fuera un club social— hasta el Partido Comunista. Y urge pensar hacia dónde queremos llevar a los jóvenes, cómo hacerlos tomar parte de las decisiones del país. Un periodista y profesor de historia de las religiones exhortó a ejercer “una crítica muy profunda de toda nuestra vida y nuestro pensamiento, para que sea más cristiano y más revolucionario”.

Otro asistente preguntó al panel: ¿Cómo fraguar sólidamente el sentido del momento histórico, a nivel colectivo y con un sentido transformador, creativo? Uno de los profesionales del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello aseveró que ese centro y otros similares trabajan arduamente para rescatar la memoria histórica. E instó a concertar entre todos los cubanos los cambios que se pretenden hacer. No pueden generarlos solo un grupo de personas, o la juventud únicamente; “recuerden, como escribiera Martí, que esta es una patria con todos y para el bien de todos”.

Alarma a un mecánico de 72 años la crítica desmedida a la Revolución, sin tener en cuenta sus posibilidades reales de satisfacer las demandas de toda la población cubana. Es indispensable continuar defendiendo el socialismo y, al mismo tiempo, enfrentar sus fallas, ya que, al decir de Tagore, si dejamos los errores afuera, la verdad también se quedará afuera. A un investigador le inquieta que “debajo de una supuesta calma se están produciendo los materiales que van a generar un desenlace ulterior trascendente para la historia de esta nación” y observa una “disrupción en cuanto a destino, sentido del momento histórico y el imaginario” (conjunto de ideas, valores, representaciones, que nos orientan en la vida cotidiana para tomar decisiones) de las personas. Un asiduo participante en UJ confesó su angustia, debido a que en nuestra sociedad advierte síntomas de fragmentación y desmovilización; a la par, al trazarse nuevas estrategias de vida, el cubano no incluye en ellas los canales políticos como una instancia colectiva donde debatir su futuro.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

 

Dudas versus soluciones

No todos los interesados en compartir sus puntos de vista pudieron hacerlo esa tarde. Apenas unos minutos restaban a los especialistas para comentar los anteriores asertos y reflexionar en torno al último requerimiento de su anfitrión: “Hay maneras conservadoras de interpretar el momento histórico. ¿Cómo lograr que, por el contrario, una visión de cambio revolucionario prevalezca en la interpretación y la acción sobre dicho momento?”

Urgencias políticas diferentes gravitan sobre Francia y Cuba. Inadecuado sería analizar la situación francesa, ya sea la de 1968 o la actual, en términos de conservadurismo y revolución. “Mayo del 68 fue una etapa de creatividad, diez años después Régis Debray analizaba esos sucesos como un momento cuyas ideas libertarias y liberales terminaron por desestructurar el estado social francés y abrir el camino al liberalismo. Esta idea ha sido retomada por otros sociólogos galos, en el libro El capitalismo de la seducción, que demuestra cómo el capitalismo liberal francés actual se apoyó en nociones que entonces parecían revolucionarias y hoy no lo son”. Incluso preceptos calificados de progresistas por el actual presidente de aquel Estado, Enmanuel Macron, se relacionan con esas concepciones, discurrió Danielle Tartakowsky.

Lisandro Pérez optó por colocar sobre la mesa otras interrogantes válidas: “En la comunidad cubana en el exterior, la diáspora, entiendo qué es una cultura conservadora, ella apoya una continuidad en la política de oponerse al gobierno cubano y mantener aislada a Cuba; la tendencia progresista, por otro lado, favorece un cambio en ese sentido. Pero en el contexto de la Isla, entiendo menos la dicotomía política revolucionaria-política conservadora. ¿No ha sido la visión revolucionaria la prevaleciente durante más de medio siglo? Si surge una posición opuesta o deseosa de transformar tal postura, ¿se le llama conservadora porque presupone el retorno a un estado prerrevolucionario; o se está asumiendo que el momento histórico carece de una visión revolucionaria? Lo evidente sí es que la pregunta del moderador encierra una ansiedad, un temor de perder algo que mucho se valora”.

Foto: Randdy Fundora/ Temas.

Ser joven no significa forzosamente tener una proyección revolucionaria ni la adultez implica, per se, conservadurismo. Por ello, recalcando las diferenciadas generacionales no adelantamos en la búsqueda de soluciones. Tampoco es útil cuestionar el sentido de pertenencia que tiene la juventud cubana con respecto a su país, sin analizar antes por qué lo ha perdido o no; ni exponer el asunto en términos de “hacia dónde queremos llevar a esta generación”, como si ella no tuviera derecho a plantearse hacia dónde desea ir, declaró Ania Terrero. Después propuso vías para interpretar y actuar creativamente en este momento histórico; en síntesis: participación real de los jóvenes en la toma de decisiones y las transformaciones, porque nuestro mayor riesgo “no es que estos puedan estar pensando de manera diferente, sino que no les interese lo que pase” y su línea sea emigrar, o permanecer aquí, pero ajenos a cuanto Cuba en verdad necesita. “Aseguremos que todos participen, y por el camino nos ponemos de acuerdo”, enfatizó. Tal participación se propicia garantizando que la gente —cualquiera sea su edad— sienta como propios los pequeños ámbitos (laborales, sociales) en los cuales actúa todos los días, desarrolla su vida inmediata, e igualmente ese gran espacio que es la nación. Eso implica que lo que hagamos, digamos, propongamos, tenga un impacto directo en la construcción del presente y el futuro. Quienes gestionan los cambios, a todos los niveles, necesitan interiorizar que la actual sociedad cubana es distinta a la de los decenios pasados y nada va a evitar o revertir ese hecho. Hay que actuar en función de ello. La Revolución, para continuar existiendo, tiene que serlo todos los días, actualizarse, evolucionar. “Como joven, quiero ser protagonista de este proceso, de esta revolución, no actuar a partir de criterios impuestos y modos de hacer de cincuenta años atrás. Quiero opinar y ser escuchada, quiero ser parte”.

En primera instancia, opinó Eduardo Torres Cuevas, precisamos conocernos a nosotros mismos, y desde ese saber promover los cambios. “Debemos descargar ciertos conceptos y recargarlos de nuevo”, con nociones adecuadas a nuestras necesidades, entre ellos los de libertad y democracia, cuyo contenido es, a nivel mundial, a menudo contradictorio, según la visión de cada cual. Otras sugerencias del analista fueron:  volver a la memoria histórica, a cuestiones que trascienden las épocas y son esencia del pensamiento humano, por ejemplo, las enseñanzas de Félix Varela. Promover la lectura inteligente. Y apoyarnos en la gran riqueza cultural de la nación, “que nos pertenece a todos y es la herencia que le dejamos a los jóvenes”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Antes de invitarnos al próximo Último Jueves de Temas, titulado China y Vietnam, ¿qué lecciones?, Rafael Hernández agradeció a sus invitados y al público, en especial a quienes quisieron comunicar sus inquietudes, ya que “eso es positivo; por el contrario, no expresar nada, tener una sociedad silenciosa, sería lo grave”. Y no quiso despedirse sin proponernos reparar en cuestiones que todavía merecen análisis: ¿Por qué de todos los atributos del concepto de Revolución el primero es el sentido del momento histórico? En los años 60, reforma y revolución eran dicotómicas, ¿lo son en la Cuba de hoy? Sin duda, una buena tarea para la casa.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

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