La normalización de relaciones con los Estados Unidos en la vida cubana

La normalización de relaciones con los Estados Unidos en la vida cubana

28 - Abril 2016
Moderador: 

Ya a las tres de la tarde había numerosas personas en la Sala Fresa y Chocolate. El asunto por debatir no podía ser más atractivo y polémico. Al equipo de grabación habitual se había sumado uno del Instituto Nacional Audiovisual de París. Ni el Ministerio de Cultura de Cuba, institución que exhibe la mayor cantidad de acuerdos (41% de todos los existentes) firmados hasta ahora con la nación cercana, ni otros organismos invitados pudieron asistir. Sí respondieron a la convocatoria Omar Everleny Pérez Villanueva, profesor universitario, investigador, economista; José Luis Perelló, Doctor en Ciencias Económicas y docente en la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana (UH); Raúl Pérez-Alejo, ingeniero, emprendedor y fundador de  OpenJAF, un grupo de desarrollo de software; y el doctor Miguel Katrib, de la Facultad de Matemáticas y Computación de la UH, miembro de la Academia de Ciencias de Cuba.

Como es usual en estas citas mensuales, Rafael Hernández, director de la revista y moderador, aclaró los propósitos del encuentro: “Hoy nos interesa discutir no el proceso mismo de la negociación, tampoco los posibles acuerdos futuros, sino el impacto que el proceso ha tenido entre nosotros”.

De “muy positivo en el ámbito económico” lo calificó Omar Everleny Pérez Villanueva. Los cambios regulatorios han sido “tímidos, pero beneficiosos” y bien recibidos en las áreas más favorecidas, especialmente en el sector no estatal. En 2015, el arribo de visitantes procedentes de los Estados Unidos aumentó 77% con respecto al año anterior. El incremento de los ingresos de los transportistas privados ha sido alto, debido sobre todo al alquiler de automóviles antiguos. A la par, se elevó el arrendamiento en casas particulares, lo cual ha mejorado el nivel de vida de numerosas personas. Y creció la gastronomía privada, “al tope de su potencial”.

Nuevas perspectivas se están abriendo para las operaciones de negocios corporativos norteamericanos en la Isla. Asimismo, “se han suavizado las restricciones al pago por productos adquiridos en los Estados Unidos —me refiero al pago por adelantado— y ya está permitido otorgar créditos a compañías que vendan productos a Cuba. En el caso de la aviación civil, esto debe llevar en los próximos meses a una disminución de los precios de los boletos”. El correo directo, con tres vuelos semanales, “ha sido de gran impacto” para las familias. En cuanto a la transportación marítima, comienzan a llegar cruceros. Las remesas —a veces confundidas con capital de trabajo— aumentaron extraordinariamente; si es cierta la información de la Western Union, acerca de que entregó en la Isla 2 800 millones de dólares, representan la segunda fuente de ingresos del país, después de los servicios profesionales. Pienso que no  hubieran culminado las conversaciones con el Club de París y la consiguiente ventaja de la condonación de la deuda, si Cuba no hubiera establecido nuevas relaciones con los Estados Unidos”, comentó el orador.

Fundamentalmente ha incidido en el turismo, aseguró José Luis Perelló. Hemos recibido gran cantidad de turistas estadounidenses, lo cual incluye, según el ponente, a quienes hacen coincidir intereses académicos y empresariales con el disfrute de las bellezas del país: los académicos y los hombres de negocios se acogen a la licencia cuatro: investigaciones profesionales; los segundos vienen a investigar las posibilidades de invertir. “Ahí están las compañías como  Marriot, Sheraton, Starwood, Carnival, Royal Caribbean y Pearls Seas de Nueva York. Incluso han sido firmados algunos contratos”. La creciente actividad turística impulsa el alojamiento en inmuebles privados, “ya las 18 730 habitaciones de ese tipo con que cuenta la Isla —de acuerdo con el cierre de marzo— estuvieron copadas. En cuanto a las capacidades del sector estatal, están dirigidas por lo general a la modalidad de sol y playa, porque ni ese sector ni ningún cubano pensó que el acercamiento con los Estados Unidos iba a ser posible en el mediano o largo plazo”.

Para el panelista el impacto resulta evidente en tres campos: el social, el del consumo y el  tecnológico; especialmente en los dos primeros está propulsando transformaciones que ya venían ocurriendo en la sociedad cubana. “El social se fue dando de manera paulatina desde hace veinte años; a partir de 1992, cuando se decretó la recuperación del turismo internacional, hasta 2015 nos han visitado 43,3 millones de visitantes extranjeros”, ello ha propiciado que “actualmente el cubano medio, la llamada generación del milenio, no tiene nada que ver con la mía”. Luego empezaron a modificarse los patrones de consumo, en estos momentos  existe en el país una amplia gama de marcas de  productos. No obstante, asevera él, al igual que ha ocurrido en siglos anteriores, el cubano ha sido resistente a la penetración cultural foránea. En cuanto a la modernización tecnológica, en la línea de la informática y las comunicaciones, se avizoran múltiples perspectivas que precisamos aprovechar, teniendo en cuenta que “hoy el turismo internacional no promueve su producto en una revista, la televisión o un videorreportaje, las reservas y promociones de viajes los da el iPhone”. Sin embargo, Cuba persiste en utilizar plegables, videos y CD.

Hace apenas cuatro años Raúl Pérez-Alejo dejó de ser profesor de la UCI y se insertó, como  cuentapropista, en un mercado en crecimiento, el del outsourcing, es decir, programar para entidades fuera de Cuba que ofrecen servicios a terceros. Las contratas provenían casi siempre de cubanos asentados en otras naciones. “Entonces pensaba que era un sector de trabajo grande; hasta que llegó la intención de los Estados Unidos de normalizar las relaciones con Cuba y de repente en aquel país las firmas dedicadas a este negocio descubrieron que existimos, estamos cerca, compartimos el mismo huso horario y significamos una excelente oportunidad”. Ahora mismo hay muchas queriendo enviar a la Isla solicitudes de outsourcing. Este año, en la Feria de Informática, varias empresas extranjeras presentaron productos desarrollados completamente en la Isla. También entre las compañías aseguradoras algunas miran muy atentas a los emprendimientos que están naciendo en Cuba en el sector de las tecnologías.

“Cuando se fundó la Unión de Informáticos de Cuba un colega dijo que nosotros nos preocupábamos y dedicábamos más energías a evitar que ocurriera lo malo en lugar de a propiciar que ocurriera lo bueno; me preocupa que en las esferas académica y de la tecnología estemos haciendo eso”, afirmó Miguel Katrib. “Cada vez llegan más personas particulares, instituciones y universidades de los Estados Unidos que quieren acercarse a la academia y la universidad cubanas, pero somos muy recelosos aún en la receptividad de ese tipo de acercamiento, los engranajes burocráticos para poder definir y establecer acciones concretas  son muy demorados”.

Al respecto intervino Rafael Hernández para precisar que el intercambio académico con los Estados Unidos ya existía, empero ha crecido en los últimos quince meses. Y su interlocutor matizó: “No ocurre tanto en el área de las ciencias naturales y exactas como en la esfera de las ciencias sociales”, sobre todo se da en que vienen profesores y estudiantes norteamericanos, no en que los de aquí viajen allá. “La mayoría de quienes nos visitan con objetivos profesionales exhiben al mismo tiempo un interés turístico y de conocer la sociedad cubana, eso es una fortaleza que debemos aprovechar y saber encauzar”. Katrib instó a meditar en un desafío potencial, van a existir cada vez más propuestas para que estudiantes cubanos cursen maestrías y doctorados en universidades estadounidenses, ¿cómo evitar que se nos vaya todo el capital humano, y hacerlo sin medidas represivas?

Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.

 

Carrera con obstáculos

Sobre problemas asociados a la normalización —entendida como un devenir de diálogo y negociaciones entre las dos partes capaz de extenderse indefinidamente—, incluidas las posibles aristas negativas y las limitaciones externas al proceso que frenan el avance de medidas provechosas,  discurrió en lo adelante el encuentro.

“La apertura de relaciones con los Estados Unidos ha puesto en tensión al sector turístico cubano, que sigue comprando los productos a altos precios en mercados muy alejados y padece las mismas restricciones con respecto al financiamiento extranjero. No obstante, se han negociado nuevas entradas de líneas aéreas, hablamos de más de cincuenta y dos mil asientos semanales.  Eso representa treinta y cinco minutos de vuelo desde Tampa  y catorce horas en el Aeropuerto Internacional José Martí. La infraestructura existente no responde a los fines perseguidos. Noventa  escalas de buques han sido contratadas por el puerto de La Habana, entre ellas la del Ópera, con sus dos mil setecientas capacidades. Pero tenemos el mismo muellecito con que antaño nos trasladábamos los habaneros a Casablanca. Este año, de acuerdo con mis cálculos, debemos recibir unos cuatro millones de visitantes. Asimismo, el plan contempla crecer, hasta 2020, en cincuenta mil habitaciones”. ¿Cómo garantizar la alimentación, la lencería y demás insumos requeridos, los yates para las excursiones náuticas,  si no se rehabilitan las industrias nacionales responsables de apoyar tal crecimiento? “Hablamos del auge del turismo, pero no hemos preguntado cuánto de lo que ingresa vuelve a salir del país para comprar lo que necesita su sostenimiento”,  declaró José Luis Perelló.

Entre los retos, Omar Everleny Pérez Villanueva colocó el hecho de que varios de los emprendimientos no estatales “utilizan financiamiento de los Estados Unidos, aunque no se quiera reconocer. La normalización ha fortalecido la desigualdad de ingresos, el llamado Índice de Gini, el cual debe estar por encima de 0,40. Numerosos cubanos se están repatriando, para disfrutar los mismos beneficios de todos e instalar aquí un negocio, pero en realidad no viven en Cuba”. El investigador hizo notar la rehabilitación constructiva “de una parte importante de La Habana, la cual no proviene solo de capitales privados nacionales”.

Si bien un nuevo abanico de opciones empieza a abrirse ante los desarrolladores de programas cubanos dedicados al outsourcing, la respuesta de estos especialistas se ve limitada, considera  Raúl Pérez-Alejo. Por falta de recursos  y los altos precios puestos por Etecsa al acceso a Internet. Estos últimos afectan “la paridad que podríamos tener en relación con colegas de  Latinoamérica”. Acerca de las potencialidades de los productos informáticos insistió Miguel Katrib. En primera instancia, son fáciles de trasladar y ello incrementa la factibilidad de acordar contratos. Además, la Isla posee abundantes profesionales capacitados en tal área. Sin embargo, el insuficiente equipamiento tecnológico y las dificultades con la conexión a la web interfieren en la adopción o generalización de prácticas habituales en el mundo, por ejemplo brindar el servicio de alquiler de casas y habitaciones para turistas a través de sitios digitales, o sustituir el pago en efectivo por otras formas a las cuales está acostumbrado el turismo que llega al país. “Necesitamos con urgencia crear mecanismos de pago digital que incluyan el mercado nacional, lo que permite a su vez mayor control y cultura fiscal”. Tras la apertura de relaciones con los Estados Unidos “un sinfín de posibilidades podrían explotarse si hubiera mayor conectividad, lo que no debe entenderse solo como mayor posibilidad de navegar por Internet, sino de acceder a muchos servicios, incluidos los nacionales, a través de los dispositivos móviles”.

Mientras los invitados disertaban, desde la concurrencia —más de 170 personas ocupaban el salón, algunas sentadas en el suelo, o de pie— una buena cantidad de solicitudes de palabra eran enviadas al moderador. El primero en intervenir fue un profesor de la Universidad de Harvard: “Hay una cierta tensión en los cambios que han ocurrido y otros que están por ocurrir. Un par de ejemplos muy concretos: la Universidad donde trabajo lleva años intentando abrir una cuenta bancaria en Cuba para pagar los gastos de los estudiantes que enviamos desde hace diez años a estudiar en la de La Habana. Como no hemos podido, debemos transportar decenas de miles de dólares en efectivo, en maletas. Los Estados Unidos ya han eliminado las barreras a las remesas, muchas vienen por Western Union, pero otras no, porque es difícil a quienes quieren enviar dinero —sean remesas familiares o capital para facilitar las actividades del cuentapropismo—  abrir cuentas bancarias en Cuba. Por otra parte, se han referido a la posibilidad de que los cubanos sean admitidos en universidades de los Estados Unidos. En Harvard no hay ninguna política particular en relación con Cuba; los estudiantes, provengan de donde sea, pueden cursar los doctorados gratis. El problema no es la financiación, sino el ingreso; la Universidad de La Habana debe informar que quiere. No podemos proceder si el sistema bancario cubano y la UH no adoptan los pasos necesarios para que Cuba se beneficie”.

A un asunto planteado en un artículo del doctor Agustín Lage aludió un habitual participante en los Últimos Jueves. Acerca de la relación entre la Isla y su vecino, “en la prensa, entre diversos matices, se pueden ver dos grandes discursos: uno es el de la hipótesis de la conspiración perversa y el segundo es el de las distintas visiones en torno a los derechos humanos.  No obstante, también hay artículos de gente que ve las oportunidades”. ¿Qué permitiría en nuestra sociedad ponerlas en primer lugar y no las amenazas?, preguntó al panel. Los efectos de la normalización será posible hallarlos en la práctica religiosa de “las iglesias cubanas protestantes y evangélicas, la mayoría de hechura norteamericana, resultado de la Junta Misionera que llegó a Cuba a finales del siglo XIX con la intervención norteamericana”, razonó un profesor de historia de las religiones. Otro concurrente trajo a colación una interrogante que sin dudas se ha hecho buena parte de los cubanos: ¿Qué papel juega en el actual proceso la emigración en los Estados Unidos, cómo va a participar? Antes de devolver el micrófono a la mesa, un analista político, muy cercano a Temas, manifestó que si bien muchos siguen pensando que la normalización puede ser reversible, “estamos llegando al punto en que no va a serlo. Esa fue la inteligencia del acuerdo sostenido por Raúl y Obama”. El gran problema es nuestro inmovilismo, criticado en el reciente Congreso del Partido, continuó. “La única forma de lograr una normalización conveniente a nuestros intereses es mantener  una actitud proactiva en el proceso, en cada lugar donde se esté; porque esto afecta la vida de todos”.

Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.

 

Oteando el horizonte

¿Cómo lograr que la normalización favorezca los cambios planteados en la vida cubana?, inquirió Rafael Hernández.

La materialización de lo aprobado por las autoridades cubanas acerca del uso del dólar, llevará a que la capacidad de este se amplíe. De igual modo, si el gobierno autoriza importar bienes de consumo para las pequeñas y medianas empresas no estatales, podría haber mayor movimiento en la economía del país. Aunque aún es prematuro intentar saber la cantidad de empresarios norteamericanos dispuestos a invertir capitales fuertes en Cuba, debiera acelerarse la aprobación de entidades europeas o asiáticas; así, cuando vengan las estadounidenses habrá una competencia leal, indicó Omar Everleny Pérez Villanueva. Asimismo, sugirió “reconocer las cosas que nos unen y no solo hacer hincapié en las diferencias”; aceptar las ofertas de exportaciones e importaciones hacia y desde los Estados Unidos, aplicando “los aranceles aduaneros, es decir, los mecanismos indirectos de control gubernamental”;  también realizar investigaciones académicas para determinar “la complementariedad económica que podría haber, en determinadas áreas, entre un Estado norteamericano y la Isla”. Por último, alegó: “Una economía tan abierta como la nuestra, con tanta necesidad de capitales externos, precisa vincularse con empresas transnacionales y formar parte de cadenas de producción; las producciones aisladas no salen adelante, salvo excepciones. Esas cadenas están llegando a Cuba como parte de la normalización, pero es necesario mostrarles propuestas”.

Comprender que en el siglo XXI la gobernabilidad de las naciones ha pasado de los políticos a los empresarios, y estudiar la economía mundial, resulta imprescindible, opinó José Luis Perelló. Y Raúl Pérez-Alejo abogó por instalar “una pasarela de pagos —mecanismo bancario empleado para realizar compras por Internet—, herramienta implementada desde hace muchísimos años en el mundo entero”.

Sociología e informática confluyeron en los razonamientos de Miguel Katrib. “Tenemos que aprender dos cosas, y enseñárselas a ellos: ni nos ven como nosotros nos vemos, ni nosotros los vemos como ellos se ven. Cada vez que dicen algo no ajustado a como nosotros entendemos las cosas, nos parece deshonesto y que detrás hay maldad; y viceversa. Necesitamos aprender a convivir de manera más inteligente y abierta”. Específicamente los vínculos entre las universidades cubanas y las empresas estadounidenses “hay que enfocarlos con apertura, iniciativa y riesgo, aunque sin ingenuidad”. En cuanto a las TIC, urge potenciarlas y no puede lograrse solo con  el emprendedor individual ni con  cooperativas, “que para fabricar software ni siquiera han sido aprobadas. Las contratas un poco más grandes de productos informáticos necesitan un mínimo respaldo empresarial, y la empresa estatal cubana todavía es lenta para reaccionar ante esta posibilidad. Hay que encontrar diferentes formas y respuestas”, con vistas tanto al mercado interno como al externo.

Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.

 

Más cuestionamientos para un próximo diálogo

Durante la última media hora del debate el público volvió a ser el protagonista. El proceso de normalización de relaciones con los Estados Unidos posee igualmente un significado político, observó una persona.  Frente a tal proceso se alzan “más retrancas que elementos favorables por parte de las instituciones estatales cubanas, incluidas las universidades”, comentó otra. Para hacer frente al impacto cultural necesitamos elaborar una estrategia coherente, no seguir respondiendo de manera coyuntural, como un bateador frente a las pelotas que le lanzan, añadieron.

Pero sobre todo abundaron los signos de interrogación, calzados por breves introducciones; entre ellas: Obama insistió públicamente en el tema de Internet, ¿saben si hubo propuestas concretas al respecto? Hasta ahora, una vez considerado emigrante el cubano pierde sus derechos en la Isla, ¿cambiará eso en el futuro, quienes viven fuera tendrán, digamos, acceso a la medicina gratuita? Un altísimo porcentaje de los turistas  va a las casas particulares, ¿qué Cuba le estamos presentando, cuál es el proyecto en relación con el turismo, solo se trata de hacer negocios?  ¿La normalización tiene que ver con la relación entre dos Estados o entre dos pueblos? Una cosa es el discurso académico y otra el punto de vista de la gente de a pie, como yo; sus opiniones nadie las toma en cuenta, ¿a quién le preguntaron del pueblo si estaba de acuerdo con la visita de Obama?

Rafael Betancourt, miembro del equipo editorial de la publicación anfitriona, profundizó en una arista esbozada a mediados del encuentro. “¿Amenaza u oportunidad? Esa es la pregunta que nos hacemos en relación con la normalización. Si nos atenemos a nuestros medios de prensa, nos encontramos amenazados por una nueva forma de penetración, de guerra. El gobierno de Obama ha dictado cuatro conjuntos de medidas; efectivamente, son unilaterales, enfiladas a la penetración estadounidense en la Isla, y potencian el sector privado e ignoran el estatal. Sin embargo, también constituyen oportunidades. Las estamos aprovechando en el turismo, ¿pero lo hacemos en el comercio, en las inversiones? Resulta curioso que la única empresa norteamericana aprobada por los dos gobiernos para operar en Cuba es una sociedad entre un estadounidense y un cubanoamericano, mientras los residentes aquí no tenemos la posibilidad de crear empresas. Hay una serie de contradicciones, porque los cambios amenazan el monopolio del comercio exterior y del sector estatal.

Finalmente, las reflexiones de una conocida investigadora  suscitó nutridos aplausos: “Hemos vivido bajo amenazas y presunción de amenazas durante casi todo el tiempo de la Revolución cubana. Hay que prepararse para reconstruir un sistema de relaciones que parta de convivir con el mundo entero; sabiendo que no todos los países son nuestros hermanos, que algunos son nuestros amigos y otros solo vecinos y poseen cosmovisiones y puntos de vista de toda índole completamente diferentes a las nuestras. Eso no tiene que hacernos vivir en peligro, si partimos de la fortaleza interna. Vivir bajo una cúpula no nos hace inmunes ni más soberanos.  La soberanía nace de la fortaleza del país. Y esa fortaleza debe ser política, económica y cultural. Entre otras cosas, el capital estadounidense no es más capital que el de Europa y el de Asia, solo que Cuba está en el área de competencia de los Estados Unidos, según ellos sienten. Por eso tenemos que hablar desde nuestra cosmovisión, construida con la voluntad popular, con la participación de toda la sociedad, no de espaldas a ella. Vivir con empobrecimiento permanente cada vez mayor no es señal  de pureza; sí debemos buscar las oportunidades donde se den, a partir precisamente de una historia, sin olvidar nuestra cultura, con dignidad y un pueblo que sabe a dónde quiere ir”.

Concluyó el tiempo permitido para el intercambio y cuestiones esenciales quedaron sin abordar con profundidad. Por citar unas: ¿cuál es el papel de las instituciones, de los sectores emergentes, de los medios de comunicación y de la sociedad civil? “Quizás una de las lecturas posibles es que todavía nos cuesta mucho trabajo hablar sobre la normalización”, conjeturó Rafael Hernández. Para mí es evidente que en relación con este asunto a los cubanos nos colman las interrogantesy estamos huérfanos de certezas.