Los sindicatos: no solo en el papel

Los sindicatos: no solo en el papel

27 - Marzo 2014
Moderador: 

¿Qué hacen los sindicatos? Personalmente me lo he preguntado en varios momentos. También me he planteado: ¿para qué sirve el sindicato?, justificada por situaciones en las que el desconcierto y el desánimo se han abierto paso. Por ejemplo, todavía me pregunto por qué la instancia municipal tiene que aprobar, de lo contrario no puede hacerse, algo tan simple como modificar la composición de las secciones sindicales de un órgano de prensa; es decir, en lugar de tener tres, distribuir en solo dos a todos los afiliados. Si no se dispone de autonomía para hacer algo así, dónde queda la capacidad de participación y decisión de los trabajadores, cómo aspirar a enfrentar verdaderos retos.

Así que toda oídos me dispuse a escuchar las disertaciones de un nutrido panel cuyos integrantes, como dijo Rafael Hernández, director de Temas, y moderador, poseen amplio dominio del asunto en cuestión, desde diferentes perspectivas. Hernández agradeció especialmente el hecho de que, ante la invitación recibida, el ejecutivo nacional de la Central de Trabajadores de Cuba enviara no a uno, sino a dos representantes. En consecuencia, tenía ante mí a Alfredo Vázquez, jefe del departamento de Eficiencia económica, y Abel Rivero Ochoa, responsable del que se ocupa de Trabajo y salario, ambos de la CTC; Renato Recio, periodista, fundador y colaborador asiduo del periódico Trabajadores; José Luis Martin, especialista en sociología del trabajo;  y a Antonio Raudilio Martín, profesor de la Facultad de Derecho,  experto en derecho laboral.

En lugar de adentrarse de inmediato en la primera interrogante —¿qué son los sindicatos en un modelo socialista y cuál es su papel?—, Renato Recio consideró oportuno precisar los objetivos iniciales de estas organizaciones surgidas en el seno del capitalismo: “proteger a los trabajadores en sus intereses económicos, profesionales, sociales”.  También cumplen con una función en la cual no solemos reparar: “equilibran las contradicciones siempre presentes y casi siempre antagónicas entre el capital y el trabajo en una economía mercantil”. Especificó que, en cualquier sistema social, obtener y preservar salarios justos es la esencia del sindicalismo, ya que estos son los que garantizan “alimentación, vivienda, educación, salud, recreación, vestido, de los trabajadores y sus familias”; así como procurar mejores condiciones laborales, el empleo estable, el derecho a la jubilación y a la seguridad social.

José Luis Martin discrepó de Recio, y afirmó que los sindicatos deben ser, ante todo, “una instancia de gobierno, de poder; una institución representativa que canaliza la capacidad decisoria de los trabajadores en todas las instancias”. Y, al “formar  parte del sistema de instituciones que materializan las formas de participación social”, en el socialismo deben desempeñar un papel decisivo en “la socialización creciente del saber, de la propiedad y del poder”, hasta que los trabajadores sean quienes dirijan la sociedad.

Aunque coincidiendo con tales postulados, Alfredo Vázquez resaltó el vínculo indisoluble entre el sindicato, el Partido Comunista y el gobierno cubano. Son los dos últimos los que ejercen el poder directamente, pero  el sindicato, además de ser una polea trasmisora, “actúa de manera protagónica en las transformaciones”. Sus principales funciones son: organizar y educar a los trabajadores para construir la sociedad socialista; y a la par, representar los derechos esenciales de estos, ante el Estado, la sociedad y los empleadores en general, ya que en Cuba hay un sector no estatal. “En un contexto en que la sociedad socialista garantiza ciertas potestades y establece una  legislación que los sindicatos pueden emplear ante la mala interpretación, los errores y las deformaciones de las políticas establecidas”, expresó.

Si bien existen regulaciones que avalan “el derecho al empleo, a trabajar en condiciones higiénico sanitarias seguras, a obtener un salario en correspondencia con el trabajo aportado”, es una equivocación pensar —como hicieron algunos en Cuba al principio de la Revolución— que el sindicato ya no tiene razón de existir, aseveró Abel Rivero Ochoa. Él concuerda con su colega en cuanto a las funciones de esta organización, vigentes en las actuales condiciones del país, pues “hoy la gente está pensando en cómo puede participar realmente en las decisiones, en las transformaciones de su entidad, como accionistas mayoritarios que son de las empresas”.
En el socialismo el sindicato tiene que revalorizarse.  En la Isla una primera revalorización ocurrió a raíz del XIII Congreso Obrero (1973), dirigido por Lázaro Peña; sin embargo, con el período especial, las agrupaciones sindicales perdieron su perfil. “Hoy,  después del XX Congreso de la CTC, de la línea política establecida por los Lineamientos…, y la discusión del Código del Trabajo, el sindicato está ante la posibilidad de una revalorización efectiva”, afirmó Antonio Raudilio Martín. Según sus palabras, en el nivel medio del gobierno hay “una fuerte burocracia que toma decisiones y el sindicato queda aplastado”.  Es imprescindible para el futuro de la Isla que esa organización recupere su papel.

 

Un camino por recorrer

Como era de esperar, en el auditorio abundaron las insatisfacciones, y los razonamientos. Se criticó que las instancias sindicales cubanas sean simples poleas trasmisoras  de las directivas emitidas por la dirección del país; y que en vez de defender a sus integrantes, en muchos casos, la organización constituye un apéndice de las administraciones de los centros laborales. Algunos cuestionaron la falta de discusión acerca de los salarios, y el contenido del Código de Trabajo, en concreto lo relacionado con los derechos de quienes laboran en negocios privados.

Un sindicalista demandó estar conscientes de que “el sindicato es tanto los dirigentes como los afiliados”, por consiguiente, para obtener resultados es necesario que todos participen y mantengan el debate en el centro de trabajo de cada cual. Algunas personas señalaron que no todos los dirigentes están bien preparados, sobre todo se descuida la formación de los que actúan en la base;  además, a los principales directivos se les da casi la misma instrucción que a los cuadros administrativos y no un entrenamiento específico que les permita ejercer su verdadera tarea.

Entre las limitaciones de la labor sindical señaladas por las intervenciones de los asistentes se hallan: no se ofrece información suficiente para que los cubanos valoren lo que hace el sindicato fuera de las entidades laborales, el periódico Trabajadores pudiera apoyar más la divulgación, pero en muchas ocasiones publica prácticamente el mismo texto que los otros órganos de prensa; la ciudadanía desconoce quiénes son —más allá del  nombre y el contenido de una escueta ficha biográfica—, cómo piensan y pretenden actuar quienes ocupan las máximas instancias de la organización. Una idea motivó al público: “Los dirigentes sindicales tienen que salir del pueblo y ser reconocidos por el pueblo”.

Un experimentado líder sindical refirió haber tenido que enfrentar las incomprensiones de diversas administraciones. No obstante, continúa creyendo en el sindicato, el cual debe participar en la elaboración de los planes económicos y ejercer una función de contrapartida entre los trabajadores y “aquellos a quienes les tocó dirigir una entidad, pero en el socialismo también son trabajadores”; asimismo, debe contribuir a que la clase obrera “lejos de ser solamente partícipe, sea empoderada en la construcción de la nueva sociedad”. Y concluyó: “Debates como este son muy útiles y deben realizarse hasta que de verdad los documentos aprobados en el XX Congreso sean asimilados o modificados en aquellos aspectos que no satisficieron a muchos de los que participaron en su discusión”.

A investigar y teorizar sobre las competencias del movimiento sindical en las nuevas circunstancias de Cuba, donde “la propiedad ya se está gestionando de otra manera, y en dependencia de ello el sindicato tendrá uno u otro papel”, exhortó un economista. Hubo llamados de atención hacia la sindicalización de los denominados trabajadores por cuenta propia, sin tener en cuenta las especificidades de ese sector; y apuntó la incongruencia de que empleadores (es decir, dueños) y empleados pertenezcan a la misma asociación.
Expandir los horizontes

Las próximas intervenciones del panel giraron en torno a los asuntos referidos por el público y a otros escollos que afectan el quehacer de los sindicatos cubanos. De acuerdo con la actual realidad de Cuba —el trabajo y el salario se han desvalorizado, se incumplen los contratos y la disciplina laboral—, “lo mejor que el sindicalismo puede hacer es estudiar los escenarios de futuro, que ya casi es un presente”, manifestó Renato Recio. Según él, lamentablemente “el último Congreso no prepara, en su generalidad, para abordar esos escenarios”, no prevé que entramos en una economía mercantil. El periodista recomendó aplicar principios básicos abordados en el XIII Congreso —cuando la nación se aprestaba a establecer el cálculo económico—, incluido el siguiente: deberes y derechos han de ir juntos.

Sin negar la lista de escollos presentada, José Luis Martin instó a recordar ese “otro gran inventario de lo que los sindicatos han hecho por los afiliados y han resuelto: planes de recreación, de superación, derechos que garantizó a los jóvenes, a las mujeres, a todo el mundo”. Reiteró que es indispensable diagnosticar, pronosticar los cambios en la economía, decidir cómo actuar. Y recalcó: “En cualquier escenario que venga, el proyecto político cubano no puede renunciar a la institucionalidad de los trabajadores, se llame sindicato, o tenga otro nombre”.

También Alfredo Vázquez aceptó buena parte de las carencias mencionadas y la pertinencia de que los sindicatos exploren la adopción de otras prácticas, al mismo tiempo que el modelo económico cubano experimenta nuevas posibilidades. “Sí, hay desinterés, desmotivación, desconfianza.  Afiliar a los trabajadores por cuenta propia ha sido un reto que nos demostró insuficiencias de la organización: en el trabajo persona a persona; en convencer, entusiasmar. No hemos sido ágiles, oportunos, convincentes, en dar respuestas a los afiliados ni en hacer un sindicalismo protagonista en una relación de exigencia mutua con la administración”, admitió.

No obstante, en ocasiones la posibilidad de  dar solución a las dificultades rebasa los deseos y las facultades del sindicato y de la dirección de la entidad, debido a problemas estructurales de la economía y de la sociedad en general, comentó Vázquez. Así, “muchas veces los dirigentes sindicales tienen que adoptar una posición de colaboración con la administración para poder llevar adelante la empresa estatal o la unidad presupuestada”.

Según refirió Abel Rivero Ochoa, “el sindicalismo cubano tiene problemas en su funcionamiento”, desde la reunión del ejecutivo sindical, la preparación de la asamblea de afiliados, hasta que “ese ejecutivo evalúe con la administración cuáles son los contratiempos fundamentales en el centro de trabajo; muy pocas veces eso se hace”. En tal realidad incide el hecho de que todos no están dispuestos a ser dirigentes en la base y muchas veces son elegidas personas poco capacitadas. A menudo los  procedimientos se ejecutan de manera indebida, sin los pasos establecidos; los derechos de los trabajadores, a pesar de estar legislados, son mal atendidos por las estructuras sindicales, debido al desconocimiento. “Es muy difícil forjar un movimiento fuerte con esa debilidad de las masas”.

En el mencionado nivel un elemento favorecedor de los trabajadores es la existencia de un órgano de justicia laboral de base “delineado en un convenio colectivo de trabajo, hoy enfatizado en un Decreto Ley del Consejo de Estado y que debe ser parte integrante del nuevo Código de Trabajo aprobado el pasado diciembre por la Asamblea Nacional del Poder Popular”. No debe suplantar la labor sindical, pero sí resolver a esa instancia los principales problemas que acontezcan en el centro de trabajo, y garantizar el respeto mutuo entre las partes, indicó el funcionario.

Seguidamente puso un ejemplo reciente de lo obtenido por la CTC en instancias superiores y reveló algunos de los detalles siempre obviados a la hora de dar a conocer los resultados de su gestión, aunque numerosos aspectos que conforman la Legislación Laboral fueron con anterioridad objeto de considerables discusiones. “Rescatamos un elemento que se estipulaba en el Reglamento General de Relaciones Laborales: el uso del contrato por tiempo indeterminado cíclico, es una figura del año 2005 que se había eliminado en 2010 como consecuencia del tratamiento al personal disponible y a los interruptos. Fueron centenares de  horas de debate conciliatorio con la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Ministerio del Trabajo. Tuvimos encuentros en los que los criterios no fueron totalmente coincidentes”.

¿Qué otras acciones pueden contribuir al pleno desarrollo del quehacer de los sindicatos?, inquirió Rafael Hernández.

“Una es muy importante y a ella aludieron antes algunas personas: el sindicato tiene un papel primordial en la participación activa de los trabajadores en el debate, en la preparación para socializar la propiedad. Porque la propiedad es del pueblo solo cuando está socializada, no cuando ha sido estatalizada; este es un requisito del socialismo”, opinó Renato Recio.

El parlamento sobre las relaciones laborales fue retomado por Antonio Raudilio Martín: “Las relaciones de trabajo hay que democratizarlas ampliamente, y las decisiones ser razonadas, no impuestas ni formales. Nos encontramos todavía en una etapa de definición en cuanto a conceptualizar el modelo económico, en eso están trabajando los centros de estudio, habrá que ver cuáles son las nuevas formas de gestión, los actores económicos emergentes”.

Por su parte, Alfredo Vázquez consideró ineludible el perfeccionamiento del sistema de escuelas sindicales. Y abogó por ampliar, en el periódico Trabajadores y fuera de él, la divulgación de criterios, de “las grandes discusiones que hemos tenido, lo que se acordó, lo aprobado”; y dar a conocer la labor  de los líderes del movimiento obrero, su pensamiento y el resultado de su gestión.

La capacitación no se reduce a las escuelas, los jubilados pueden contribuir con la  vasta experiencia que atesoran. Para que surjan líderes los afiliados deben estar dispuestos a buscarse problemas y a ser elegidos dirigentes de base, en ella se sustenta la política de cuadros del movimiento sindical, intervino Abel Rivero Ochoa. E  hizo hincapié en que dicho movimiento tiene voz y pensamientos propios.

Tanto Rivero como Vázquez, enfatizaron el debate amplio y democrático del proyecto de Código del Trabajo, y afirmaron que en el XX Congreso  sí se determinaron cuestiones fundamentales y a partir de él habrá significativos cambios en la manera de funcionar el movimiento obrero. En un porcentaje elevado se renovaron los dirigentes de base y “trabajamos con las instancias del gobierno para favorecer una legislación que exija a las administraciones participar en las asambleas y responder ante las insatisfacciones de los trabajadores”, expuso el primero. Su colega aseguró: “Ahora vamos a discutir con el Estado la concepción de los planes económicos. Los dirigentes de los diferentes niveles de la CTC estamos estudiando cómo implementar los acuerdos del Congreso; cómo vamos a transformar la participación económica de los obreros en los centros de trabajo, en las nuevas condiciones de la sociedad”.

No hablar de poleas trasmisoras, sino de vasos comunicantes, propuso José Luis Martin, ya que “esto es lo que necesita el momento”. El sociólogo sostuvo que se divulgó el proyecto, pero no suficientemente la versión final del Código del Trabajo: “Hay que darlo a conocer; si es  necesario hay que volverlo a analizar. La CTC tiene que empezar por ser más transparente, las discusiones no pueden hacerse en un salón cerrado, toda la sociedad debe saber qué están debatiendo los sindicatos. En este Congreso se autorizó que 15% de la cotización se quede en las sesiones sindicales,  ¿y el 85% restante a dónde va, en cuál lugar se ha publicado en qué se gasta ese dinero? Todas las instituciones que recaudan fondos tienen que decir públicamente en qué lo invierten. Tenemos que volver a nuestro clásico eterno, José Martí: `El amor, auxiliado por la vigilancia, es la mejor forma de justicia y de gobierno entre los hombres’”, concluyó.

Antes de finalizar esta reseña, en esa línea de razonamiento, debo añadir que  no basta con que los dirigentes sindicales sepan qué están haciendo o  no por sus afiliados; nosotros, los trabajadores,  necesitamos saberlo, con detalles, con inmediatez. No se respeta ni se abraza lo que no se conoce.