¿Para qué sirven los premios?

¿Para qué sirven los premios?

26 - Noviembre 2015
Moderador: 

“No hay cosa que no acometan los hombres, si a los que emprenden grandes empresas se les proponen grandes premios”. La frase se atribuye a Tito Livio, un historiador del imperio romano. Desde entonces han transcurrido veinte siglos, pero las motivaciones de los seres humanos en esencia no han cambiado.

Sobre la función, y avatares, de los reconocimientos dialogaron, en la habanera Sala Fresa y Chocolate, expertos en disímiles esferas de la vida nacional. Ellos fueron: Tahiri Lizano, vicepresidenta del Buró Nacional de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR); Eva Escalona, directora de Ciencia del Ministerio de Educación (MINED); Rudy Mora, realizador audiovisual, creador de los premios Lucas, director de series, programas de TV y filmes; Martha Sentí, funcionaria de la Dirección de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente (CITMA); Rogelio Riverón, narrador, poeta, crítico literario y editor, director de la editorial Letras Cubanas, miembro de la Presidencia del Instituto Cubano del Libro (ICL); Carlos Cabal, Premio Nacional de Física, Investigador Titular del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias.

¿Cuál es el fundamento y los objetivos de los premios?, preguntó Rafael Hernández, director de Temas y habitual moderador  de esta cita mensual.

El que concede la ANIR, instituido en 2003, reconoce “al innovador de mayor impacto económico y social, y sirve para estimular la creatividad de las personas, en función del desarrollo de cada centro de trabajo”, informó Lizano. Mientras que el premio otorgado desde 2001 por el CITMA a “todos los que trabajan satisfactoriamente” a favor de la protección del medio ambiente y del uso sostenible de los recursos naturales, “ha contribuido al cumplimiento de los objetivos de la estrategia ambiental nacional”, según palabras de Martha Sentí.

Nos sorprendió escuchar que el MINED no posee un sistema de premios, carencia lamentada incluso por la directora de Ciencia de ese organismo. Sí ha establecido reconocimientos que abarcan diferentes categorías y niveles, ellos se otorgan durante la Jornada del Educador y en los actos de fin de curso. Los docentes e instituciones escolares pueden recibir lauros instaurados por otras entidades, incluidas las dos ya mencionadas. Este año fue distinguido un profesor de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de Villa Clara, quien desarrolló varios proyectos de educación ambiental, puntualizó Eva Escalona. Con anterioridad se logró que la Academia de Ciencias gratificara a la doctora Leonela Relys, creadora del método de alfabetización Yo sí puedo; y a una investigación emprendida en la provincia de Ciego de Ávila por Vania del Carmen Guirado, dedicada a la educación especial.

Por el contrario, de reconocimientos no carece (al menos en cuanto a cantidad) el amplio universo del arte. Al decir de Rudy Mora, “históricamente han servido para validar y consolidar el desenvolvimiento” de autores e intérpretes. En Cuba varios premios pertenecen al ámbito de la producción audiovisual, entre ellos los corales del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el Caracol —auspiciado por la UNEAC— y, desde hace 18 años, los Lucas. Estos últimos surgieron con la finalidad de “estimular la producción de ese género y también a los jóvenes creadores que carecían de posibilidades en otros medios”. En los inicios el espacio televisivo y el evento tenían un carácter mucho más alternativo; hoy ya no es tan así y el galardón que se otorga forma parte del conjunto oficial de laureles conferidos por la televisión.

Los premios literarios benefician no solo al elegido. Si bien este es honrado, aumenta su currículum, recibe dinero y ve su obra publicada casi de inmediato, las instituciones que los convocan se prestigian con la reputación de los escritores y, si es una editorial, obtiene buenos libros, expuso Rogelio Riverón. Luego Carlos Cabal se refirió a “la razón de ser” de cualquier reconocimiento: desde la comunidad primitiva representan “la conexión entre la actuación individual destacada y su sentido social”. Además de un acto de justicia, por parte de la sociedad o de un colectivo, hacia quien se destacó, los lauros son necesarios, tienen un valor práctico, pues la persona enaltecida se siente motivada a seguir esforzándose, a comprometerse aún más; y los seguidores, alumnos y colegas ven en ella un paradigma. El panelista coincidió con que las instituciones que premian se enriquecen, citó una frase de JoséMartí —“Honrar, honra—- y afirmó que esa práctica debe comenzar en la escuela primaria.

 
"El honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre". (Manuel Belgrano)

De acuerdo con Rafael Hernández, el asunto “es menos transparente de lo que parece”. En consecuencia, instó a los disertantes y al público a reflexionar en torno a múltiples interrogantes: ¿Los premios existentes en el país cumplen con su función? ¿Ellos reflejan el pensamiento creativo y las corrientes innovadoras, e influyen realmente en el desarrollo de diversos campos? ¿Recaen siempre en las obras más destacadas? ¿Qué problemas se afrontan al otorgarlos? ¿Reflejan un grado de consenso o levantan polémicas? ¿Debe reconocerse el talento natural o la laboriosidad?

Tanto la especialista de la Asociación Nacional Innovadores y Racionalizadores como la del Ministerio de Educación sostuvieron la necesidad de recompensar méritos de diverso tipo, no ceñirse a resultados obtenidos gracias a capacidades innatas o a posiciones privilegiadas a la hora de trabajar y crear. La ANIR lo tiene en cuenta cuando mide por separado los aportes de los centros productivos y los de servicios.

Abundantes son todavía los conflictos e insatisfacciones, continuó Tahiri Lizano. “No siempre las convocatorias llegan a todos los sitios; ni las comisiones, de abajo hacia arriba, evalúan con rigor las candidaturas, pese a nuestro esfuerzo por desterrar la chapucería y esa falta de rigurosidad. Puede ser que alguien merezca más un premio que quien lo obtuvo, sin embargo, no fue propuesto”. En cuanto a colocar en los medios de comunicación los llamamientos y resultados, es difícil; específicamente la TV cubana carece de espacios suficientes para las necesidades de la sociedad. Dificultades similares imperan en la labor del MINED. Además, “se exigen muchos avales y documentos. Por eso algunos maestros no llegan hasta el final del proceso”, reconoció Eva Escalona.

De “bastante rigurosa” calificó Martha Sentí la selección del Premio Nacional de Medio Ambiente. El proceso transita por los niveles territorial, provincial y nacional. Siempre tratan de alcanzar el consenso de todos los expertos implicados. No obstante, las convocatorias son poco divulgadas y, sobre todo en el caso de las personas naturales, los expedientes no siempre exhiben la calidad necesaria. Una limitante a su atractivo es que esa distinción carece de respaldo financiero. Tampoco posee visibilidad internacional. Pese a lo anterior, el obstáculo principal radica en que buena parte de las empresas cubanas laboran con tecnologías en gran medida obsoletas, contaminantes, y al incumplir la legislación sobre el medioambiente esas entidades no pueden optar por el lauro.

La entrega de galardones tampoco fluye sin contratiempos en el sector artístico. Su otorgamiento no escapa a la subjetividad de comisiones y jurados. “Siempre se trata de lograr un balance —favorecido por la experiencia, el conocimiento, la presencia de representantes de variadas tendencias estéticas—, pero eso no impide que prevalezcan determinadas miradas. Han ocurrido injusticias, incluso grandes, aunque no porque los decisores hayan tenido malas intenciones”. Una problemática es la influencia que sobre los encargados de adjudicar lauros ejerce el éxito comercial de una obra. “En el terreno del audiovisual cubano ha venido sucediendo a lo largo de los últimos diez años”, comentó Rudy Mora.

Hoy proliferan reconocimientos “que no conducen absolutamente a nada”; en primer lugar, la Isla no cuenta con “una producción audiovisual suficiente para avalar la cantidad de premios entregados anualmente”. Los mismos materiales compiten en el Festival Nacional de Telecentros, en el Caracol y, apenas con un mes de diferencia, en el Festival Nacional de la TV; e incluso en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Tal exceso de galardonados disminuye su relevancia. A ello se suma otra incongruencia: un creador puede tener decenas de galardones y eso no significa que posea mejores opciones y mayores oportunidades de emprender una nueva obra; continúa en similar nivel que otros con menos currículum, “es decir, siempre estás comenzando”. De ese modo las distinciones no cumplen con su propósito. Para cualquier artista lo más importante de un lauro es su utilidad, en términos de posibilidades de creación, razonó el ponente.

Al desempeño de los jurados volvió Rogelio Riverón. En los premios que ha establecido el ICL puede haber careo por parte de sus integrantes, debido a “particulares preferencias, relaciones personales, gustos y también inquinas; sin embargo, no son certámenes arreglados, la decisión no está preestablecida, a diferencia de como sucede en algunas editoriales extranjeras, las cuales de antemano designan al ganador”. Aquí, una vez más, la promoción constituye un talón de Aquiles. Su insuficiencia y las habituales tiradas de dos mil ejemplares o menos, llevan a que demasiados libros galardonados pasen sin pena ni gloria. “Los galardones literarios más importantes del país (el Alejo Carpentier y el Nicolás Guillén, de narrativa, ensayo y poesía) poseen una estimulación monetaria de tres mil dólares y su sistema de promoción ha sido bien montado: el texto se publica, se organizan presentaciones de los autores, en el Sábado del Libro y en toda la Isla. Pero con los demás no sucede igual”.

Una anécdota contada por el editor y narrador mostró una grieta, causa de frustración, en la incidencia de los premios sobre la vida nacional: “Tenía un amigo en Cienfuegos, lugar donde viví durante los años 90. Él era innovador y había ganado un premio provincial, por un sistema de tratamiento del agua potable. Después de obtenerlo jamás consiguió que su sugerencia se pusiera en práctica”.

Para Carlos Cabal, el gran inconveniente es que “no existe un sistema nacional, integral, de premios. Necesitamos hacer un análisis profundo, sociológico, científico, de cómo crearlo. En la actualidad hay grandes lagunas. Los de la ANIR y las BTJ son únicamente para los innovadores. El sector de la producción no posee un sistema específico. Nadie sabe quién es el trabajador más productivo del país ni la empresa más eficiente”. Dentro del universo científico solo existe el Premio de la Academia de Ciencias; perfeccionado hace cinco años, reconoce tanto a los autores de las investigaciones como a los coautores y colaboradores, pero todavía deja sin cubrir ciertos desempeños. El investigador también considera discutible la directiva, emitida hace algún tiempo, de racionalizar los premios sobre la base de un análisis puramente económico.

Antes de conceder la palabra al público, el moderador recordó que “el Che Guevara, impulsor en Cuba de los estímulos morales, a la par daba motocicletas a los cortadores de caña”, o sea, incluir recursos materiales en el reconocimiento no niega la implicación moral de este. Y comentó a la especialista del CITMA: teniendo en cuenta el incremento de las empresas extranjeras que se asientan en la Isla, ¿además de premiar sus tecnologías, menos contaminantes en relación con las hasta ahora existentes aquí, no sería bueno señalar a aquellas que contaminan más?

Incentivos materiales para los profesores solicitó una señora desde el auditorio. Y citó al intelectual Jorge Mañach, quien escribiera a mediados del pasado siglo: “Premios a la cultura, sí; premios cuantiosos, sustanciales, verdaderamente remunerativos, no limosnas académicas. Premios todos los años al mejor estudio filosófico, al mejor ensayo científico, al más bello libro de poesía, a la más enjundiosa y ponderada novela. Premios en los que no intervengan las estimaciones pre hechas, las posibilidades de favoritismo, o endosen los criterios yermos de los consagrados oficialmente. Premios discernidos por jurados que estén lo menos en tela de juicio posible, señores que puedan fallar sobre literatura porque son literatos, o sobre química porque tengan los pulgares quemados por los nobles ácidos”.

La mayoría de las siguientes intervenciones concordaron con lo manifestado por el panel o buscaron que sus integrantes profundizaran en los aspectos tratados. Por ejemplo, la concurrencia expresó: no siempre los galardones relevantes, como los Grammy, tienen un respaldo financiero; en Cuba la cuantía monetaria de algunos premios es tan exigua que se vuelven ridículos; a los científicos premiados nadie los conoce; si de veras cumplieran su función, los reconocimientos podrían ayudar a enrumbarnos para ser mejores personas.

 

Las intervenciones del público contribuyeron a enriquecer el debate, al colocar otras aristas sobre la mesa. (Foto: Carolina García/Temas)

 
"No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos". (Albert Einstein)

Según lo manifestado por los ponentes, transformar las dinámicas vinculadas con el otorgamiento, promoción y aplicación de los premios no es tarea sencilla ni expedita. Cada vez que el Buró Nacional de la ANIR concluye con su proceso anual “examinamos si hubo representatividad de todos los territorios y sectores, así como suficiente divulgación”; empero, todavía precisan “limar las deficiencias”, manifestó Tahiri Lizano.

Por su parte, Eva Escalona reconoció la pertinencia de que el MINED estimule materialmente a los docentes. Entre las distinciones que otorga el Ministerio, solo una, con carácter especial, añade al correspondiente certificado algunos artículos, por lo general útiles de trabajo. De igual modo, urge “lograr que el reconocimiento público sea sistemático” y no se reduzca a la breve Jornada del Educador, momento en el cual los medios de comunicación saturan a lectores, oyentes y espectadores con crónicas y entrevistas. “Tenemos que establecer en nuestra institución un sistema de premios”, afirmó; capaz de conceder a los galardonados un estatus superior al resto de los maestros, y de insertarse en ese sistema nacional demandado por Carlos Cabal.

“Junto con los premios hay que revisar el desempeño, en términos de funcionamiento, de las instituciones convocantes”, pues las insuficiencias mencionadas son consecuencia de procesos sociales más amplios, declaró Rudy Mora. Y agregó que no se trata de convertir todos los lauros en gratificaciones monetarias, otros incentivos son válidos, como los que hacen tan apetecibles a los Grammy: quienes los reciben, alcanzan una enorme visibilidad, crece la demanda de sus obras y el valor en el mercado.

La experta en Medioambiente insistió en conferirle importancia a la divulgación de las convocatorias y los resultados. Asimismo, en solucionar las deficiencias de los expedientes “porque van en contra del propio proceso y de las personas que pudieran alcanzar el galardón”.

Cuando los lauros envejecen deben ser renovados, o cerrados, aconsejó Rogelio Riverón. Así se procedió este año con “el bastante polémico premio de la crítica literaria, antes el ICL designaba el jurado, a partir de ahora trasladó ese derecho al Círculo de la Crítica Literaria de Cuba” y las propias editoriales nominan los libros que concursan. El escritor alabó el método empleado en La Puerta de Papel, reconocimiento cuya función es realzar las producciones del Sistema de Ediciones Territoriales: consiste en la reedición de los títulos escogidos, algo importante porque las tiradas de esos volúmenes son muy reducidas. Finalmente propuso no subvalorar ni sobrevalorar la relevancia de los galardones, ya que “no mueven la economía de un país” y tampoco sustituyen mecanismos imprescindibles para estimular el trabajo y la productividad.

“Una nación hay que moverla con muchas cosas. El premio no es el corazón del problema, pero sí un buen resorte”, discrepó Carlos Cabal. Sin embargo, aceptó que ante todo precisamos “resolver otras dificultades de la sociedad cubana, como el salario”. Para concluir su disertación formuló una serie de pasos: seguir debatiendo el asunto y llamar la atención sobre sutrascendencia. Configurar un mapa, un levantamiento general de los lauros vigentes en la Isla. A la vez cada sector debe mirar hacia los otros y aprender de los buenos ejemplos. Estudiar de dónde pudieran salir los recursos para premiar. Actualizar el monto de los incentivos materiales. Identificar las oportunidades y conseguir que los premios nacionales se engarcen con los internacionales.

La invitación a pensar sobre los premios fue la última que propuso UJ en este año. El próximo, este espacio de debate de la revista Temas llegará con nuevas propuestas. (Foto: Carolina García/Temas)

 

Satisfecho por una tarde bien empleada, Rafael Hernández sugirió presentar en programas populares de la TV a personas muy destacadas en diversos ámbitos, las cuales suelen tener reconocimientos significativos y a pesar de ello ser desconocidas para la mayoría de los cubanos.También permitir a las comunidades participar en el proceso de nominación y premiación de su mejor maestro o médico, o de las empresas que en su localidad cuidan el medioambiente.Y entreabrió una arista que valdría la pena retomar en un futuro Último Jueves: “Quizás el sectorialismo constituya el centro de algunas de las problemáticas planteadas. Cada sector tiene su lógica de funcionamiento y crea políticas propias, no compartidas por la sociedad en su conjunto. Probablemente la sectorialización sea un mal de fondo presente entre nosotros”.