Último Jueves

Último Jueves: “Recuperación pospandemia”

Fecha: noviembre 25, 2021
Lugar: A distancia

Panel de Último Jueves realizado, vía Telegram, el 25 de noviembre de 2021

Panelistas:

Luis A. Montero Cabrera. Doctor en Ciencias. Especialidad: Química y Física computacional. Profesor Titular, Investigador Titular. Presidente del Consejo Científico de la Universidad de La Habana. Miembro del Consejo Científico de la Universidad de Ciencias de la Información (UCI). Miembro de la Sociedad Cubana de Física. Coordinador de Ciencias naturales de la Academia de Ciencias de Cuba.

Raúl Alejandro Palmero. Licenciado en Derecho. Asesor jurídico y secretario de la UJC en Antillana de Acero. Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Fue presidente nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).

Miguel Alejandro Figueras. (La Habana, 1938). Doctor en Ciencias Económicas. Trabajó como colaborador de Ernesto Che Guevara en el Ministerio de Industria como director del Plan Perspectivo; viceministro del Ministerio del Azúcar (ocho años); Vicepresidente y Vicepresidente Primero de la Junta Central de Planificación (trece años); asesor a nivel de Ministro en el Comité Estatal de Colaboración Económica, Ministerio de Inversión Extranjera y Ministerio de Turismo (veintiséis años).  Actualmente es Profesor Titular en la Universidad de La Habana, en el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Es autor de varios libros y más de setenta artículos sobre industria y economía cubana, inversión extranjera y turismo. Premio Nacional de Economía de Cuba, 2007.

Norge Espinosa Mendoza. (Santa Clara, 1971). Poeta, crítico y dramaturgo. Asesor de Teatro El Público. Ha publicado libros de poemas, ensayo, crítica y teatro. Obtuvo el Premio de la Crítica Literaria junto a Rubén Darío Salazar con Mito, verdad y retablo, el Guiñol de los Hermanos Camejo y Pepe Carril. Ha estrenado sus obras en Cuba y en el extranjero. Colaborador frecuente de publicaciones periódicas y revistas especializadas. Actualmente edita las memorias del coreógrafo Ramiro Guerra.

Marilyn Garbey Oquendo (Guantánamo, 1967). Teatróloga. Máster en Procesos culturales cubanos por la Universidad de las Artes ISA, donde es Jefa del Departamento de Danzología, de estudios teóricos de Danza. Directora del Centro de Documentación de las Artes Escénicas. En breve será presentado su libro La danza en el siglo XXI: diálogos, cuerpos, escena, de Ediciones Cúpulas.

Michel Amodia. Director adjunto del Grupo Empresarial de Comercio Interior (GECI), en Camagüey.

Rafael Hernández. Politólogo. Director de Temas.

Rafael Hernández (moderador): Bienvenidos al panel de Último Jueves dedicado a “Recuperación pospandemia”, el último del año. Las preguntas que vamos a discutir hoy las hemos presentado a los panelistas, para que ellos elijan las que quieran contestar, algunos las han contestado todas. Como verán, tenemos un gran abanico de visiones y perspectivas diferentes para abordar el tema de hoy.

Mi primera pregunta es: ¿Qué desafíos principales enfrenta la recuperación en las diversas áreas? No solamente en la economía, sino además en la educación, la cultura, la comunicación, la legislación, las relaciones exteriores, etc.

Luis Alberto Montero: El mayor desafío económico debería ser el de completar la Tarea Ordenamiento y establecer una política monetaria correcta, dándole al dinero el valor irrestricto que debe tener en todas las operaciones mercantiles, tanto estatales como privadas, tanto en el mercado interno como en el externo. Mucho de lo demás depende de este primer paso imprescindible.

El mayor desafío en la acción política debería ser una transformación profunda, continua y persistente en la comunicación social del ideario político revolucionario, adaptándolo al momento en que vive Cuba y el mundo, usando todos los medios más adecuados para todos los estratos de la sociedad, privilegiando las formas tecnológicas contemporáneas más avanzadas y efectivas en todo momento y de acuerdo con los destinatarios. Estamos en un escenario de acceso a la información inédito en la humanidad, y ese va a ser el escenario del futuro. No podemos pensar que son los mismos de comunicación de las ideas de hace veinte, treinta, cien años; ahora son otros los procedimientos, y hay que adaptarse y buscar transmitir las mejores ideas con esos procedimientos.

El mayor desafío en lo ético debería ser reducir la corrupción económica y comercial al mínimo posible usando tanto la persuasión y convicción, como las tecnologías contemporáneas para la gestión del valor, como el castigo ejemplarizante de los casos comprobados.

El mayor desafío en la conciencia social debería ser enraizar de forma permanente la necesidad de innovación basada en la ciencia y el conocimiento en todos los aspectos de la sociedad y en el hacer de todos los cubanos, motivados por la necesidad y por la natural iniciativa que hemos tenido que desarrollar para mantener este país en los últimos doscientos años desde que somos cubanos, pero en la práctica esto tiene que enraizarse en la ciencia y el conocimiento, no solamente en la iniciativa y la innovación per se, y eso tiene que extenderse a toda la sociedad.

El mayor desafío en la gestión social debería ser la de reestructurar el aparato ejecutivo gubernamental de acuerdo con los principios de la constitución, más allá de dictar nuevas leyes, incluyendo la remodelación de los ministerios, separándolos del entramado empresarial y funcional público.

Los ministerios y demás organizaciones gubernamentales deben concentrarse en diseñar políticas que sean aprobadas por la Asamblea Nacional, regularlas y ejecutarlas según corresponda y controlar su funcionamiento. El aparato empresarial público debe estar separado de los ministerios, ser diverso, evitar la monopolización de actividades, y ser innovador, dinámico y competitivo. Las instituciones sin fines de lucro, tradicionalmente llamadas “presupuestadas”, deben funcionar de acuerdo con cánones económicos flexibles que les permitan poner toda su acción en bien de las políticas sociales de la Revolución. Aquí está surgiendo un sector privado pujante, novedoso, innovador, y el sector público no está acostumbrado a competir, sino acostumbrado a producir de acuerdo a un plan. Esa contradicción puede aniquilarlo, y es precisamente el que debemos priorizar.

El mayor desafío en la ciencia debería ser sostenerla, hacerla avanzar y detener el deterioro acelerado que sufre en sus recursos humanos y materiales. El gobierno está trabajando fuertemente en esta dirección, pero es una tarea muy compleja y difícil. Debe aprovecharse el prestigio redoblado por el éxito ante la pandemia para avanzar en este frente.

Raúl Alejandro Palmero: La ciencia aún estudia el impacto de la Covid-19 en todos los aspectos de la vida. Para el caso cubano, las afectaciones a la salud se han visto agravadas por un bloqueo terrible, que, haciendo valer su carácter fascista, se ha reforzado en tiempos de pandemia. A lo anterior, se suman las contradicciones y problemas persistentes en nuestra economía.

Partiendo de estos presupuestos, hoy vivimos en una Cuba con altos niveles inflacionarios, donde la oferta quiebra ante la demanda cotidiana, y los precios han sobrepasado lo previsto en la Tarea Ordenamiento. Lo anterior incide directamente en la relación salario-trabajo, la disponibilidad-precio de los alimentos, así como en el acceso efectivo de la población a múltiples servicios indispensables.

Estos factores nos colocan ante la prioridad permanente de los últimos años: aumentar la productividad para emparejar la balanza.

Pero diría más, hoy está presente un escenario de escasez de materias primas imprescindibles, obsolescencia de una parte de la industria, falta de liquidez para impulsar las inversiones requeridas, trabas causadas por el bloqueo, que impiden acceder a financiamiento externo y monedas libremente convertibles. De igual manera, convergen vicios subjetivos como la ausencia de mentalidad empresarial, espíritu emprendedor e innovador en algunos directivos, así como la falta de cultura industrial, organización del trabajo y disciplina tecnológica en diversos sectores.

Todo esto conlleva a que no solo estemos ante la necesidad de aumentar la capacidad productiva del país, sino que resulte imprescindible comenzar a aprovechar al máximo la capacidad instalada. Productividad y eficiencia, haciendo un uso efectivo de la ciencia, la comunicación social y la innovación; de la mano con la sustitución de importaciones, el aumento de las exportaciones y el incremento, ordenado y con respeto a la soberanía, de la participación del capital extranjero en los procesos inversionistas. Perfeccionar la empresa estatal, armonizar y sistematizar el encadenamiento de los distintos actores económicos, avanzar en la autonomía municipal, el desarrollo local y la funcionabilidad de las direcciones administrativas locales, son retos económicos vitales. 

Permanecen retazos de igualitarismo en los distintos sistemas de pagos. Debe continuarse el camino para consolidar el trabajo como la vía fundamental para satisfacer las necesidades, y al mismo tiempo, generar empleos dignos.No obstante, a diferencia de una tesis clásica, no se llega al socialismo solo a través de mayor productividad, ni se alcanza la plena justicia social exclusivamente mediante indicadores económicos. Ejemplos de países ricos con riqueza mal distribuida sobran.

El Che fue un ferviente defensor de esta idea, apostando por el desarrollo de una conciencia social emancipadora, la siembra de valores y los estímulos morales. De ahí que en los documentos programáticos y estratégicos que rigen el país se fijen metas en sectores claves.

Primeramente, profundizar el Poder Popular a todos los niveles, lo que robustece la columna vertebral del proyecto cubano. Fortalecer el papel del delegado, sus facultades y preparación, para afianzarlo como un dictador popular en la base. Informarlo es un facilismo, materializarlo, el reto más grande que tenemos. Revolucionar todo el sistema institucional de atención a la población, y las vías alternativas para que el pueblo dirima conflictos. Impulsar a niveles superiores la participación y el control popular, como proceso consciente que implica la posibilidad de iniciativa y capacidad de decisión. Ante mayor autonomía para las empresas y alcance en las facultades de los directivos, debe repensarse el papel de los sindicatos, los mecanismos de participación de los obreros, así como normalizar las rendiciones de cuentas de todos los dirigentes administrativos.

La dirección del país ha abanderado el diálogo con los diversos sectores que conforman el entramado social actual, novedoso y en constante transformación.  Corresponde a las autoridades locales replicar y comenzar a aplicar esas prácticas.

Los retos en la educación también son inmensos, luego de que los educandos estuviesen alrededor de dos años alejados de las aulas y sin interacción directa con los profesores. Urgen nuevos métodos, una atención diferenciada hacia aquellos alumnos que por disimiles vulnerabilidades o situaciones familiares no pudieron recibir con efectividad la educación a distancia. Se precisa explotar con sabiduría las nuevas tecnologías y experiencias emotivas y prácticas. Dentro de este tema, pero con un especial énfasis, debo mencionar la prioridad de transformar radicalmente los programas de enseñanza de Historia.

Particularmente, trabajo en una fábrica de producción de acero, la más importante del país, en estos momentos inmersa en un proceso inversionista. Nuestro desafío fundamental es concluir la etapa de inversión y producir acero. A la par, ir mejorando la calidad de vida de los trabajadores y consolidando la democracia obrera.

Miguel Figueras:  TURISMO: Los desafíos principales que enfrenta la recuperación son en el turismo internacional. Se acepta convencionalmente que el turismo de masas surgió alrededor de 1950, con 25 millones de turistas. Creció sin descanso. Ni las guerras de Corea, Vietnam, Seis Días. Yom Kippur, ni el ataque a las Torres Gemelas, ni la Crisis Económica Mundial del 2009, lograron pararlo. En 2019 se movieron por el mundo 1 459 millones de turistas, 58 veces más que en 1950, y gastaron 1 700 000 millones de dólares. 

Apareció la COVID-19, y contrajo en 70% el turismo mundial en el año 2020. Hay mucha especulación mundial acerca de su recuperación. La experiencia de las últimas siete décadas muestra que hacer turismo forma parte de la vida moderna; las personas sienten más deseos de disfrutar nuevas experiencias, conocer nuevos parajes y otras civilizaciones. Se recuperará, pero cambiarán los patrones de demanda, ciertos destinos perderán preferencias y otros se beneficiarán. La OMT pronostica que hacia 2023-2024 retornará a los niveles totales alcanzados en 2019.

En los años previos a la pandemia, el principal mercado de Cuba era Canadá, el cual ya mostraba agotamiento, con lento crecimiento y ciertos retrocesos. Sin embargo, los viajes de la emigración cubana, constituían el segundo mercado y, en términos de ingresos dejados, posiblemente fuese el primero en 2019, cuando 623 mil cubanos emigrados visitaron la Isla, de ellos 553 mil como turistas de estancia procedentes de los Estados Unidos. Uno de cada cinco turistas de estancia, fue un emigrado o su descendiente.

El MINTUR presta una insuficiente atención a la emigración y carece de un equipo especializado en la generación de medidas que neutralicen o atenúen las agresiones provocadas por el recrudecimiento del bloqueo norteamericano. La ONEI, al informar sobre los ingresos turísticos, subvalora los gastos de los emigrados

La promoción del turismo internacional hacia Cuba, debe modificarse absolutamente. La nación surge exitosa de la pandemia, con formidables resultados logrados por sus recursos humanos científicos y de la salud pública. Adicionalmente, ha brindado ayuda a países de casi todos los continentes. Esto debe magnificarse en toda la promoción futura. Cuba es un destino limpio, seguro, con alta protección a sus visitantes y su población.

REMESAS. Se recibían unos 4 000 millones de dólares por remesas desde el exterior, 85% de las cuales provenían de los Estados Unidos.  Al final de la presidencia de Trump se desataron fuertes ataques para evitar que se recibieran esos ingresos. En diez meses de gobierno del presidente Biden no se han eliminado las abusivas medidas trumpianas, privando a muchos cubanos de recibir la ayuda de sus familiares. Son tan absurdas esas medidas que, tarde o temprano, se tendrán que eliminar, pues mientras en el mundo las remesas han crecido 7%, en el caso de Cuba se troncharon a la mitad. Mantener una elevada presión política internacional es indispensable para retornar a la normalidad esta situación.

Norge Espinosa: Voy a repasar algunos de los asuntos incluidos en las preguntas; por suerte, varios de ellos han sido ya abordados con lucidez por los que me han precedido, así que espero aportar una visión de alguien que, desde la cultura, está viendo este nuevo contexto.

En realidad, me pregunto si no es apresurado hablar de pospandemia. Ahora mismo, naciones europeas que ya habían sobrepasado un momento crítico bajo los efectos de la Covid-19, vuelven a establecer una política de confinamiento. Y la cercanía del fin de año, con sus festejos, y el ir y venir de personas a través de aeropuertos y otras vías recién abiertas, vuelve a ser motivo de preocupación entre los más cautelosos. El desafío mayor, por ende, sigue siendo el de sobrevivir.

A estas alturas, ya somos, todas y todos, sobrevivientes de un fenómeno que ha colocado al borde de numerosos colapsos muchas de las estructuras y conceptos a partir de los cuales concebíamos una idea de la vida común, de la convivencia entre personas que se relacionan en grado íntimo y hasta entre naciones. Por ello, todo debe ser replanteado.

Ya estábamos en crisis antes de que apareciera el mal llamado “virus chino”, y tal y como ha sucedido con otras pandemias, como el VIH-Sida, su impacto no se reduce al ámbito de la salud. Se han alterado dinámicas, trámites, rituales y protocolos. La geopolítica no ha quedado fuera de estos reajustes severos que nos impuso el virus.

En no pocos casos, la Covid-19 ha sido, además de la causante de más de cinco millones de fallecimientos a nivel global, un catalizador que ha permitido hacer visibles muchas de las tensiones que acumula el planeta. Los ecos de la administración Trump, las discusiones en el seno de la Unión Europea, las pugnas en América Latina y otras regiones, el manejo del bitcoin, el estatus legal de Julian Assange…, se combinaron ferozmente con las insólitas imágenes de las ciudades desiertas por el confinamiento obligatorio. El Papa oficiando ante la plaza vacía; el Capitolio de Washington siendo tomado; el 11 de julio en Cuba, etc., en un mundo retratado por la inmediatez de los móviles y el frenesí de la información que inunda las redes. Todo esto, aunque provenga de realidades distantes, se conecta con el mapa de datos relacionados con la Covid. El mundo se está rediseñando bajo los rigores de un virus que no desaparece aún, y que, tanto como los malestares que persisten detrás de todo eso, seguirá entre nosotros, mutando y transformándose, acaso como síntoma más amplio del malestar, y el desafío, de nuestra época. También para Cuba, por supuesto.

Rafael Hernández: Gracias, Norge. En este panel tenemos el privilegio no solamente de tener científicos de las ciencias naturales y de las sociales, que pueden presentar visiones diferentes acerca de la situación económica del país y de los problemas del desarrollo y de la sociedad cubana involucrada, sino también, en el caso particular de Norge y de Marilyn Garbey, perspectivas desde el campo de la cultura, de las artes y las letras. Ella no ha estado antes en un debate de Último Jueves, y le damos especialmente la bienvenida a esta conversación.

Marilyn Garbey:  Yo no he participado en los Último Jueves de Temas, pero sí soy lectora de la revista, por eso es un privilegio estar aquí hoy junto a otros compañeros que tienen una visión tan profunda de la vida en nuestro país.

En el área de las artes escénicas uno de los principales desafíos es lograr que el público regrese a las salas de teatro. En Camagüey con Teatro del Viento y en Matanzas con Teatro de las Estaciones la respuesta de los espectadores ha sido extraordinaria. Entradas agotadas y gente que no logró acceder al espacio de representación. Pero en otros lugares la respuesta no ha sido tan fervorosa. Habrá que averiguar por qué.

En el tiempo del confinamiento las redes sociales se convirtieron en foro de debates candentes: decisiones estatales sobre el manejo de la pandemia, los cierres y las aperturas de las fronteras del país, la telenovela de turno, el conductor del Noticiero de Televisión, el costo de la vida, etc. Otro de los retos pospandémicos es que el teatro se recupere como espacio para el diálogo sobre asuntos que competen a toda la sociedad. El teatro puede contribuir a desarrollar conciencia ciudadana sobre temas como la marginalidad, el racismo, los efectos del patriarcado entre nosotros, las consecuencias del cambio climático, el ejercicio responsable del poder.

También urge reorganizar el sistema de gestión y producción de las artes escénicas. En Cuba, todos los colectivos de teatro y danza son subvencionados por el Estado, y es elevada la cifra de agrupaciones existentes. Los artistas escénicos recibieron una protección estatal durante el período de la pandemia, a diferencia de lo que sucedió con nuestros colegas de Latinoamérica que quedaron en situación de extrema vulnerabilidad. Tenemos grupos que durante años no estrenan obras, que no reponen su repertorio, que no se presentan ante el público, y cobran su salario cada mes. Es una situación que se torna insostenible. El reto es ser justos en la ardua tarea de separar el grano de la paja.

En el área de la enseñanza artística también se multiplican los desafíos. Desde las redes se publicita la vida de los famosos, y pareciera que han logrado el éxito sin apenas esforzarse. Las cifras de likes y el millonario precio de sus mansiones atraen a los más jóvenes. Entonces se desdibujan los valores: se cuestiona la utilidad del estudio, se acepta todo lo que sale en Internet, se desestimula la creatividad. ¿Cómo contribuir a la formación de valores ciudadanos en los artistas de futuro?

Michel Amodia: El comercio interior no escapa a estos desafíos. A tenor con las políticas que está llevando a cabo la máxima dirección del país, tenemos el gran reto de reanimar el comercio y los servicios que fueron impactados seriamente por la COVID y el recrudecimiento del bloqueo, y hacerlo en un ambiente moderno, con alta presencia y expansión del comercio electrónico y digital.

Otro gran desafío es ampliar y diversificar los surtidos para la venta minorista, emplear a todos los actores de la economía posibles en esa meta, en esa gran responsabilidad que tenemos con la población.

Rafael Hernández: ¿Qué áreas son las más importantes en la recuperación económica en particular?

Luis Alberto Montero: Lo más importante en la recuperación económica debe ser la regularización monetaria. Todo lo demás triunfa o fracasa en dependencia de este factor. No puede ocurrir que haya, como se afirmó en la Asamblea Nacional, una “inflación minorista” –un concepto un poco extraño–, o sea, que haya inflación para la población que crea valor, y no la haya para el sector estatal, porque maneja cuentas macroeconómicas que tienen que estar sustentadas por las cuentas de toda la población. Por lo tanto, aquí hay una incongruencia muy grave y que pasa porque hay un cambio oficial del peso, de 1 a 25, y otro extraoficial de 1 a 60, o a 70. En ese caso, por supuesto, la empresa privada va a seguir el cambio que le convenga y va a sacar ventaja, mientras que la estatal está obligada a seguir el cambio oficial.

Raúl Alejandro Palmero: Es una pregunta difícil porque, desde el punto de vista popular, el área más importante es aquella que garantiza el sustento familiar. Por ejemplo, para un pueblo de campo, que depende de un central, o de la producción de un tipo específico de alimentos, la primera prioridad no es el desarrollo del turismo, sino el óptimo funcionamiento de su central, o contar con los insumos necesarios para impulsar sus producciones. Por eso, el desarrollo local y el trato diferenciado a las brechas territoriales, son decisivos en la recuperación.

Ahora bien, analizando el fenómeno de manera holística, creo que hay sectores que impulsan el resto de la economía, y tienen un peso decisivo en nuestras aspiraciones de desarrollo.

En primer lugar, la salud pública, porque si Cuba no logra mantener controlada la pandemia difícilmente pueda emprender el camino del desarrollo económico. Los últimos dos años reafirman esta tesis.

Luego podría valorarse el turismo, el famoso motor de la economía cubana, que no puede ser entendido como un sector independiente, sino como una fuente directa de financiamiento para revitalizar el resto de la economía. Un turismo nacional e internacional con múltiples retos a analizar y superar en el corto y mediano plazo.

La producción de alimentos es un área de vida o muerte. Cumplir las metas de producción per cápita de cárnicos, verduras y viandas es hoy una prioridad impostergable si deseamos alcanzar el bienestar social.

Las construcciones y el desarrollo de infraestructuras, son otros de los renglones que considero primordial. La necesidad de la construcción de viviendas, la modernización del fondo habitacional, la reparación de viales, de infraestructuras hidráulicas, etc.; son temas que se jerarquizan entre las principales afectaciones de la población. Unido a esto, debe desatarse la producción de materiales de la construcción, y como he explicado, desde Antillana de Acero esperamos el próximo año hacer nuestra contribución con el reinicio de la producción.

Hay que continuar burlando el bloqueo e incentivando la inversión extranjera directa en sectores que hoy requieren de un impulso inversionista.

La ciencia, con la biotecnología al frente, resultará clave. El nuevo enclave de producción de vacunas del CIGB en la Zona de Desarrollo Mariel ya es una realidad.

Cuba debe seguir apostando por el sector terciario de la economía, los servicios. A pesar del programa estadounidense para sabotear los servicios cubanos en el exterior, seguir insistiendo en llevar la ciencia y la sapiencia de los profesionales formados por la Revolución a aquellos lugares del mundo que las requieran.

Norge Espinosa: La economía ha sido eje de algunas de las más arduas confrontaciones en este período. Mientras los negacionistas (no muchos en nuestra sociedad, por suerte) se resistían al uso del cubrebocas o a las vacunas, la tensión desencadenada por el cierre de negocios e industrias tuvo un efecto no menos arrasador que el de la pandemia. En Cuba se implantó un plan de protección salarial, que digamos, resultó provechoso para el sector artístico que perdió de un día para otro a su público, y por ende, su rentabilidad. Pero también la Covid sacó a flote nuestra dependencia, en tanto nación y sistema, de producciones específicas e industrias como el turismo, así como las carencias y el escaso desarrollo de otras opciones comerciales que aún no consiguen una operatividad real entre nosotros. El uso de las redes y plataformas virtuales, de la venta online, por ejemplo, fue un recurso vital durante la mayor crisis de la Covid en buena parte del mundo, y acá aún seguimos con numerosos tropiezos en el uso de la banca electrónica y esas otras posibilidades. La epidemia exacerbó la carencia ya perceptible de alimentos, medicinas, y otros productos de primera necesidad, que ya agobiaban a la población cubana antes de diciembre de 2019. En un corto período, haciendo uso de las redes, se acumularon grandes cantidades de reclamaciones acerca de estos problemas, a los cuales no siempre se les ha dado una respuesta sólida por parte de los representantes de varios sectores del gobierno, denotando también un desentrenamiento en el manejo de estas fórmulas de diálogo que, en no pocos casos, ha hecho crecer el grado de disgusto.

Las medidas que, de forma cíclica, aplicó la administración Trump contra Cuba se dirigieron, en varios casos, a cortar remesas, aplicar sanciones comerciales, cerrar vías de intercambio, que no aliviaron sino lo contrario ese panorama en el que la Covid se hacía más presente. Es indudable que la producción de alimentos es ahora esencial, tanto como reanudar la producción de medicamentos. Y al mismo tiempo, también resulta necesario que se equilibre el nivel de inversiones en pro de ello, en una nación que confía casi exclusivamente en el turismo y en el flujo de divisas que este ofrece para seguir adelante. Cuba vive orgullosa de su potencial humano, de sus profesionales –entre ellos los científicos, creadores de nuestros candidatos vacunales. Y hoy no pocos de ellos, ya sea trabajando para el Estado o como cuentapropistas, conviven en un panorama donde es impostergable la flexibilización de normas y leyes, a fin de ayudar de un modo más concreto a la recuperación del país, no solo de la Covid, sino de un estatismo y falta de iniciativas no menos peligrosas.

Michel Amodia: Las áreas más importantes para la recuperación económica tienen que ver con el contexto, como ya alguien decía. Quizás en una comunidad donde hay un central, lo más importante sea la recuperación de su nivel de actividad, pero desde la perspectiva del comercio, el país y todos sus actores, primero tuvieron que ajustar los planes, modificar las metas, y acondicionarlas a las posibilidades y condiciones actuales en que se desenvuelve la economía, prestando atención directa a las condiciones sanitarias.

Un área importantísima, a mi juicio, son los servicios básicos, y nosotros tenemos un impacto importante en garantizar esos servicios, sobre todo los que tienen que ver con la alimentación, el abasto de agua, la energía eléctrica, etc.

Y, en el largo plazo, explotar todas las potencialidades internas de nuestra economía, sobre todo priorizando la producción de alimentos, en la cual nosotros también tenemos que ver. Tenemos que estimular una estructura que responda a la pequeña empresa que produce alimentos, para poder ayudar a la comercialización y los servicios de gastronomía, que son tan importantes.

Rafael Hernández: ¿Cuáles son las prioridades de la sociedad y las perspectivas de la recuperación pospandemia? Entendiendo que cuando hablamos de la sociedad hay cosas que abarcan al conjunto de la sociedad, pero hay otras que se refieren a determinados grupos sociales.

Luis Alberto Montero: Para la sociedad es la de reconstruirse y hacer efectivos los principios de la nueva Constitución de la República. Esta reconstitución debe ocurrir en condiciones de un máximo aprovechamiento de las tecnologías de gestión de la información y comunicación social, en lo que debemos recuperarnos aceleradamente de un atraso de décadas para situarnos entre las sociedades más avanzadas del mundo con pleno acceso y utilización de todos los cubanos, en todas partes, todos los días de la semana y a toda hora. Ninguna empresa que genere o gestione información en este mundo tiene escasez de recursos, porque son los usuarios los que la pagan, y en la medida en que se ofrezcan más servicios, más gente se suscribe y paga. En Cuba, por ejemplo, la Empresa de Telecomunicaciones aparentemente no tiene recursos para crecer, pero entonces no recauda más. Así se manifiesta una de nuestras incongruencias más graves desde el punto de vista económico. Esto se aplica a cada grupo social según la forma que le sea más adecuada, y siempre atendiendo a que la apropiación social de la información pasa inevitablemente por las individualidades y las características de cada ciudadano.

Norge Espinosa: Cuando se haga el repaso y la debida cronología de lo que nos dejó la Covid-19, lo que la sociedad cubana intercambió a través de sus redes será de enorme utilidad. Numerosos grupos aparecieron en Telegram o Facebook, donde cubanas y cubanos, de adentro y fuera de la Isla, han comenzado a vender productos, desde los básicos hasta otros inimaginables, pero también entrecruzan criterios políticos, urgencias, gustos particulares, y una serie de reacciones más o menos inmediatas a la compleja realidad de su día a día. Con una fluidez y también fugacidad que reta a la crónica, al periodismo, a la sempiterna memoria “corta” del cubano, ahí quedan recogidas reacciones y conflictos que dan fe de una Cuba que al tiempo que padeció el virus, también se agitó en términos políticos y sociales como en pocas ocasiones de su historia reciente. En esa Cuba han empezado a definirse segmentos que comienzan a ganar discursos y empoderamientos, desde otras zonas del activismo no únicamente afiliado al gobierno. Mujeres, afrodescendientes, personas LGTBIQ+, animalistas, pequeños empresarios, religiosos, etc., dan cuenta de una nación que añade otras texturas a su galería representacional, lo cual no pocas veces genera conflictos. Dilemas que aunque expresados en la nueva Carta Magna de Cuba (aprobada por 86% de quienes ejercieron el voto), no están resueltos de facto, aunque se apele a dicho documento a veces para dar esa impresión.

La Cuba de la Covid vivió intensamente un proceso que puso a prueba casi todas sus definiciones. Fue del aplauso nocturno a las 9 pm, en saludo a nuestro personal de salud, al silencio cuando ya todos estábamos saturados de los efectos de la pandemia. Y a ello se sumó el ahogo económico, que hoy se revierte, tras la aplicación de la Tarea Ordenamiento y el retardado cambio monetario, en una inflación que recuerda a la del Período Especial, a la existencia de las controvertidas tiendas en MLC, y a la resiliencia que se hace cotidiana. Una prioridad inequívoca es la apertura a zonas de diálogo donde esa visión monolítica de la sociedad cubana no solo se reconozca como un cúmulo de segmentos diversos, sino que además sepa crear puentes y mesas de intercambio entre sus representantes y el Estado, lo cual ha de incluir, en tanto ciudadanía, también a los que no votaron a favor de la nueva Constitución. El fogueo político de esta temporada ha hecho más difíciles las negociaciones, ha subrayado los posicionamientos extremos a favor o en contra del socialismo en Cuba, y ha generado debates aún irresueltos que, gusten o no, también confirman la noción de cambio en un país que sigue vivo, no solo mediante las consignas, sino a través de las biografías públicas o secretas de quienes son la Cuba real de este momento.

Marilyn Garbey:   Creo que la primera prioridad para la sociedad es eliminar la Covid-19, desterrarla de nuestras vidas, con su carga de dolor y de muerte. Hay que acompañar a los que padecieron la enfermedad, colaborar para que se recuperen de las secuelas. Merecen especiales cuidados los niños y los ancianos.

Hay que invertir en la ciencia. Hay que trazar estrategias para que funcionen mejor nuestros hospitales. Hay que mejorar la calidad de vida y de trabajo del personal sanitario, desde el médico hasta el auxiliar de limpieza.

Urge aligerar la dura carga cotidiana: alimentos escasos y de precios elevadísimos, largas colas para adquirir medicamentos, el transporte público inexistente, las calles oscuras. El hecho de que solo puedes satisfacer las necesidades más elementales pagando con una moneda que no es la tuya, resulta humillante para los que trabajamos.

Hay que desburocratizar todos los trámites posibles. Hay que fundar nuevas organizaciones a la que cada quien se asocie consciente y voluntariamente. No se trata de pagar la cotización de tal organización para que me dejen en paz, sino de convertirlas en lugares de verdadero activismo social.

Otra de las prioridades debería ser estimular la participación de los ciudadanos en la solución de los problemas de su comunidad. Debería convertirse en práctica habitual, no en consigna de moda tras los sucesos del 11 de julio.

Debemos, como sociedad, escuchar al grupo social que catalogamos como juventud, cuyas expectativas difieren enormemente de la de sus padres y abuelos. Hay que crear condiciones para que encuentren en Cuba la posibilidad de realizar sus sueños. No debemos olvidar que los jóvenes se fueron a la zona roja a salvar vidas.

A la prensa le corresponde restablecer los vínculos con los lectores más jóvenes. Los escucho decir que no leen el Granma y no ven en el Noticiero. Sin embargo, creen en las noticias que traen las redes sociales.

Al Ministerio de Cultura le corresponde desburocratizar el diálogo con los artistas, propiciar nuevas formas de gestión cultural, formar nuevos públicos para el arte, atender a esos hombres y mujeres que no acceden a las propuestas culturales por la lejanía de los centros culturales de sus lugares de residencia.

Rafael Hernández: ¿Cuáles son las políticas y legislaciones previsibles en la recuperación?, ¿cuáles se van a priorizar?, ¿cuáles serán los obstáculos para implementarlas? ¿Qué expectativas tienen ustedes?

Raúl Alejandro Palmero: El país no se ha detenido en estos tiempos difíciles. Son comunes las reuniones y medidas tomadas por el Consejo de Ministros y otros grupos de gobierno; la Asamblea Nacional del Poder Popular ha sesionado incluso con mayor frecuencia que años anteriores, adoptando medidas higiénicas y empleando la modalidad a distancia; se desarrolló el 8vo Congreso del PCC y actualmente vivimos un proceso de asambleas de balance, que no termina en el municipio sino que irradiará hacia los núcleos zonales y centros de trabajo.

De igual manera existe un cronograma legislativo aprobado, que ha sufrido modificaciones en sus términos a causa de la epidemia, pero que, en vez de reducir su alcance, lo ha ampliado, y no es de extrañar que en la próxima sesión de la Asamblea Nacional, se vuelva a modificar para incluir o priorizar temas claves para la recuperación.

Lo que quiero decir es que las políticas y medidas para la recuperación comenzaron a implementarse desde los peores momentos de la pandemia.

En el frente económico hicimos referencia al perfeccionamiento de los diversos actores que concluirá necesariamente en una Ley de Empresas. Se han dado importantes pasos para iniciar el proceso de autonomía municipal que incluye las leyes de organización y funcionamiento de las asambleas municipales del poder popular, la referida a los gobiernos municipales, la eliminación de las asambleas provinciales del poder popular, y se prevé la aprobación una Ley de Municipios.

Debe seguirse el empeño por garantizar la funcionabilidad de la administración pública, la idoneidad de las personas que ocupen cargos en esas áreas. Desde el derecho, entraron en vigor leyes que regulan los gobiernos provinciales, locales, el Consejo de Ministros y la presidencia de la República. Próximamente deben someterse a aprobación leyes de ordenamiento territorial y urbanístico, y una norma que regule la administración central del Estado.

Se han tomado más de sesenta medidas para impulsar el desarrollo agrícola y la producción de alimentos, con gran aceptación en el campesinado. Queda evaluar su efectividad a corto plazo.

Desde el punto de vista político social, ha existido una revolución en lo referido a la protección de los derechos humanos y garantías ciudadanas, muchas veces no acompañada por el correlativo comunicacional.

Recientemente se publicó la versión 23 del Anteproyecto del Código de las Familias, que debe someterse a discusión en la próxima sesión de la Asamblea Nacional, y llevarse a consulta popular a inicios del próximo año. Una norma que, por su carácter inclusivo y humano, así como por su avanzado contenido técnico jurídico, ubicará al país a la vanguardia de esta rama en el derecho comparado.

En enero entrarán en vigor nuevas leyes de Proceso Administrativo, Penal, Civil, Mercantil, Laboral, Ley de los Tribunales de Justicia. Hablamos de una tremenda reforma judicial y procesal, donde se profundizan el pleno acceso a la justicia y las garantías del debido proceso; y se encuentra en proceso de elaboración normativo la Ley de Reclamación de los Derechos Constitucionales ante los tribunales.

Para que se tenga una idea, solo con la Ley de Proceso Administrativo, los ciudadanos, una vez agotadas sus quejas y reclamaciones por la vía administrativa, podrán presentar recursos contra la administración ante los tribunales de justicia.

En otros ámbitos, hemos hablado del perfeccionamiento del sistema de Poder Popular, la participación y la correlativa rendición de cuentas. Denota una marcada intencionalidad política de dialogar con minorías y grupos sociales deficitarios de atención y participación.

Se requiere perfilar y repasar las políticas hacia las juventudes, como prioridad en el corto plazo; así como seguir fortaleciendo las garantías del sistema de asistencia social y atención a personas en situaciones de vulnerabilidad.

Urge una reforma migratoria, que armonice la relación del Estado con su migración y aquellos cubanos que no mantienen residencia efectiva en el país. Reformar los derechos políticos, sociales y económicos que pueden ejercer los emigrados; simplificar trámites, abaratar costos procedimentales, incentivar la inversión de los nacionales residentes en el exterior, y vencer el cerco de la industria del odio construida por los Estados Unidos para unir a las familias, construir puentes culturales, académicos y de colaboración en diversas áreas.

Miguel Figueras:  En el mediano plazo, las inversiones turísticas pueden reducirse. Las capacidades existentes son más que suficientes. Sería conveniente dedicar el énfasis principal a una inteligente y fuerte acción promocional, llena de nuevas iniciativas, y aprovechar todo el conocimiento adquirido de los mercados para incentivar los viajes a Cuba.

Un aspecto principal será proyectar una fuerte imagen de Cuba como verdadera potencia en materia de salud y seguridad. En adición a esto, aunque tomara más tiempo, debe desarrollarse el turismo médico, para que cientos de miles de personas vengan a curarse. Ningún otro país de América Latina ni el Caribe puede competir con ella en tal dimensión. Dolor y lástima reflejan los números de fallecidos en Brasil, México, Perú y Ecuador. Estas son pruebas fehacientes de la diferencia. 

Durante la última década se contrató a una empresa canadiense para ejecutar la principal campaña promocional. Se requiere una profunda evaluación de si esa medida fue beneficiosa o, por el contrario, limitó más que contribuyó a llevar la promoción hasta los potenciales clientes. 

Durante los últimos años de la administración Trump, con la rabiosa asesoría de los Marco Rubio, Díaz Balart y otros cabecillas contrarrevolucionarios, que disponen de grandes recursos monetarios, se logró influir en la comunidad cubana y modificar los sentimientos hacia su tierra natal. La hostilidad reavivada inhibirá sus viajes. La poca atención del MINTUR y la incapacidad del Banco Central, prohibiendo la circulación del dólar, son obstáculos adicionales e innecesarios, los cuales dificultarán la captación de más viajeros de la Comunidad. 

Existe un amplio espacio para instrumentar incentivos que incrementen las visitas de los emigrados cubanos y sus descendientes. El más sencillo de esos incentivos, y de aplicación inmediata, sería la disminución del costo del pasaporte cubano y su actualización cada dos años; la flexibilización de los límites y tarifas aduanales al equipaje acompañante; el diseño de ofertas adecuadas a los intereses y expectativas específicos de este segmento, el rescate de la localidad de origen y sus tradiciones como escenario fundamental de esta modalidad turística; y un incremento de la promoción y ofertas de paquetes de servicios médicos especialmente diseñados para los emigrados.

Pensando con optimismo, si al pasar la pandemia Cuba recuperara sus niveles previos de turistas de estancia (3,8 millones), sus mayores posibilidades de crecimiento se encontrarán en los emigrados, Rusia y el volátil mercado de estadounidenses, siempre acariciado o vapuleado por sus gobernantes.

No se dispone de información actualizada sobre proyecciones del potencial factible en el mercado de los emigrados. Se conoce que diez años atrás había 670 000 pasaportes emitidos para cubanos residentes en el exterior. Dos terceras partes de ellos estaban en posesión de cubanoamericanos residentes en los Estados Unidos.

Una de las tareas inmediatas podría ser conformar un equipo con especialistas de varios organismos y centros de investigaciones para diseñar un plan de acción con el fin de elevar las cifras futuras de arribos de emigrantes. ¿Es posible que sobrepasen el millón de visitantes? Es factible si se trabaja como un mercado importante.

Resumo a continuación algunas ideas que podrían evaluarse por parte del gobierno cubano:

  1. Rebajar el costo del pasaporte y su actualización cada dos años. Esto es un reclamo viejo.
  2. Reconocimiento por parte de las autoridades gubernamentales cubanas del segmento turístico conformado por los emigrados y su importancia desde el punto de vista económico. Uno de cada cinco o seis turistas, de los que vienen por vía aérea es un emigrado o un descendiente del mismo.
  3. Instituir por el Ministerio de Turismo un equipo especializado en reconstruir la información de los emigrados, conocer de las instituciones existentes en el exterior que agrupan a los mismos; diseñar como acercarse a estas organizaciones sin acicatear reacciones hostiles. Este equipo sistemáticamente debe visitar e intercambiar ideas con las autoridades provinciales o municipales. 
  4. Proyectar ofertas adecuadas a los intereses y expectativas específicos de este segmento. Ningún país, con fuerte actividad turística, desconoce su segundo mercado ni lo ignora en sus estudios.
  5. Se podría diseñar una oferta de paquetes de servicios médicos para ese segmento. En Cuba, los servicios de Turismo de Salud, están estancados o han retrocedido. Revertir esta situación es inaplazable. Una de las acciones inmediatas pudiera ser organizar ofertas de los servicios médicos a emigrados que visitan su país de origen. Además de elevar los ingresos y darles satisfacción a esos pacientes, esto contribuiría a reducir los servicios médicos que se buscan ilegalmente por los emigrados, para lo cual, inapropiadamente utilizan documentos de familiares y amigos residentes y corrompen al personal de salud que presta los mismos.
  6. Reconocer la importancia de la localidad como escenario fundamental de esta modalidad turística. Son insuficientes los exámenes sobre los orígenes de nacimiento de los emigrantes. El MINTUR y las instancias municipales pueden organizar estudios sobre las visitas de emigrados a sus localidades de origen, y escuchar los criterios de sus familiares (anfitriones) en cuanto a otros servicios que se les puede ofrecer.
  7. Accionar contra las medidas agresivas que fueron tomadas por la administración Trump que afectaron directamente los viajes de los emigrados y sus descendientes. Por ejemplo, prohibir el arrendamiento por Cuba de aviones fabricados en, o con piezas provenientes de, los Estados Unidos, afectó seriamente los vuelos internos e impidió su necesaria continuación a sus destinos finales. Mayores afectaciones produce la prohibición a las líneas aéreas comerciales estadounidenses de aterrizar en otros aeropuertos cubanos, excepto el José Martí en La Habana. Esta medida afecta a los pasajeros que volaban directamente desde los Estados Unidos a Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba (no dispongo de información actualizada sobre el número de estos pasajeros). Si esta arbitraria medida de Trump no fuese eliminada por Biden, la nación debe reaccionar en apoyo a su emigración. Recordar la frase de Fidel durante el Dialogo de 1978: “¿Por qué dejar abandonada a la Comunidad? ¿Por qué no tomarla en cuenta?”.

En las Terminales receptoras #2 y #3 del aeropuerto José Martí sería conveniente habilitar oficinas para venderle pasajes que les permitan continuar por tierra a sus provincias. Un simple análisis de las estadísticas de los vuelos a los aeropuertos excluidos, permitirá hacer una reserva de pasajes diarios por ómnibus. En esas mismas oficinas de las Terminales #2 y #3, se les vendería un servicio adicional de pequeños ómnibus que los trasladen a la Terminal de Ómnibus Interprovinciales para continuar su viaje. Al seleccionar que tipo de microbús utilizar debe tenerse en cuenta que estos pasajeros viajan con un equipaje voluminoso. Los análisis posiblemente arrojarían la conveniencia de organizar también un servicio de microbuses que recojan pasajeros en esas Terminales y los trasladen directamente a sus provincias de destino. Este servicio se implementó, a partir de julio de 2020, desde Batabanó, para los viajeros que arriban desde la Isla de la Juventud. Dicho servicio se vendería con tarifas normales, en moneda convertible. Deben ser servicios rentables, pero evitando precios abusivos, que generan irritación contra las instituciones cubanas. Lo que debe buscarse es mostrar la disposición de la nación en ayudarlos, en contra de las medidas abusivas del gobierno estadounidense.

Norge Espinosa: En una Cuba donde ya no ocupa la máxima responsabilidad política Fidel Castro, donde su hermano ha cedido las principales tareas al primer gobernante que no fue parte de la llamada “Generación histórica”, se están moviendo algo más que nombres en un titular o fichas en un tablero. La Revolución levantó su realidad y su mito, y en el traspaso de esos conceptos a otra hornada de funcionarios y líderes, debe reconocer otros retos y desafíos, en sintonía con lo que ambas cosas significan para Cuba y para el mundo. Una política fundamental es la que subraya su soberanía, y su capacidad para reformularse en una era que no puede depender únicamente de la mística que la Revolución gestó. La nueva Constitución y la aprobación y, al fin, puesta en marcha de legislaciones a favor de las pequeñas y medianas empresas, por ejemplo, apuestan por una economía que saque partido a potencialidades tantas veces desaprovechadas. Los mecanismos de participación popular real en esos y otros procedimientos deben ser visibilizados, y más efectivos. La Covid ha puesto a prueba esa fórmula de transición, y ha evidenciado certezas y debilidades en dicho proceder al tiempo que hizo que se movilizaran con más rapidez los elementos necesarios para la llegada de algunos cambios provechosos.

Los acontecimientos, las manifestaciones del 11 de julio, han hecho convulsionar todo eso. La narrativa oficial ha nombrado de distintos modos, y cambiando referencias de manera progresiva, los hechos de esa jornada, y ha respondido luego con distintas proyecciones a varias de las demandas que se expresaron ese día, con tanta crispación y urgencia de ambas partes, en numerosos sitios de la Isla. La intervención en barrios periféricos, la respuesta a demandas acumuladas por años, el acercamiento de funcionarios y dirigentes a la población que ha sucedido tras aquel día, se mezclan con el impacto de la Covid y sus estadísticas, de un modo que estudiosos e investigadores tendrán que analizar en conjunto, y que ojalá sirva a los asesores de las máximas instancias para entender a fondo ese paisaje, no siempre televisable, de una Cuba que ha resistido todo tipo de embates, incluida esta epidemia. La nueva economía trae sus leyes y sus propias tarifas. Y con ello otras subdivisiones a una sociedad que hace tiempo no es tan equitativa como se pensaba desde un diseño ideal. Tal vez no exista ese diseño ideal. Pero a través de las voces de quienes aspiraban a ser parte de él, debe reformularse no solo la fórmula de gobierno, sino de todo el país ante su futuro inmediato.

Marilyn Garbey:   No soy experta en legislaciones, pero hay expectativas con el nuevo Código de las familias, que enfrenta muchos obstáculos para su aprobación, aunque será muy beneficioso para muchos sectores de la población.

Otro ejemplo es la posibilidad de que los arquitectos puedan ejercer su profesión a través de cooperativas. Las ciudades se afean por día, pero se obstaculiza el desempeño de los talentos que hemos formado y que pueden contribuir a hacernos la vida más llevadera en un ambiente hermoso y saludable.

Creo que hay que seguir fomentando la creación de leyes que regulen la conducta de los ciudadanos, de las entidades estatales y de las privadas. Y ojalá logremos que se respeten, que todos contribuyamos al orden: que se eliminen los altos volúmenes de la música del vecino, que no se arrojen las latas de refresco a la vía pública, que el bodeguero no robe, que al funcionario de turno no haya que sobornarlo para que cumpla con su deber.

Habrá también que promover regulaciones para el tratamiento de las mujeres en los medios de comunicación, hay que desterrar el lenguaje sexista que impera, que cosifica el cuerpo femenino y estimula la violencia.

Las imágenes del 11 de julio –gente asaltando las tiendas y los boinas negras en cada plaza– no deben repetirse. Se trata de fomentar políticas que favorezcan la creación de riquezas, como fruto del trabajo honesto, de crear un ambiente propicio para el desarrollo del país y de quienes habitamos en él. Es ahora, mañana será tarde. Hay que virar esta tierra de una vez.

Michel Amodia: Las próximas políticas y legislaciones –algunas ya han sido desplegadas y son conocidas– que van a impactar en todo el país tendrán que ver con la reconfiguración de las estructuras para mejorar la gestión en la organización. En el sector del comercio, nuestro principal objetivo, debe ser estimular la oferta, mejorar las estructuras, mejorar la gestión y poder hacer estímulos en medio de las condiciones actuales.

Algunos panelistas han dicho que los ministerios deben desprenderse del entramado empresarial, y eso ya está ocurriendo en el Ministerio de Comercio Interior. En todas sus estructuras se han dado pasos sobre el tema, se han ido separando las funciones empresariales de las estatales. Coincido en que las siguientes legislaciones van a ir en torno a esto, mejorar toda la estructura del Ministerio; de hecho, hay algunas legislaciones muy conocidas, cuya implementación ya tiene resultados, como el Decreto Ley 28 para servicios de gastronomía, y el Decreto Ley 39 para reordenar toda la estructura de servicios de la organización, y, al mismo tiempo reorganizar todas las estructuras de dirección a todos los niveles.

Considero que las políticas y legislaciones futuras van a continuar enfocando la descentralización de facultades y recursos para la explotación de las capacidades territoriales ante el recrudecimiento del bloqueo y el cerco económico. El sistema de comercio es un actor activo de dicho proceso, estamos tratando de entregar lo mejor posible todo el sistema empresarial a los gobiernos municipales para que se gestione allí de una mejor manera, y se mejore la oferta, la venta de mercancías y los servicios.

Rafael Hernández: ¿Qué áreas y desafíos no mencionados antes requerirían priorizarse?

Luis Alberto Montero: Es preciso actuar cuanto antes en todos los frentes para la reconciliación y alineación de la emigración con las políticas y la gestión gubernamental, económica y social del país. Una proporción considerable de la población cubana vive permanente o temporalmente en el exterior. Sus éxitos más relevantes se basan, sin excepción, en las oportunidades educativas y capacidades proporcionadas por la Revolución cubana. Todos los emigrados que no mantengan una acción contraria a los intereses nacionales y no se hayan aliado a países extranjeros para favorecer la pérdida de nuestra independencia nacional son potenciales aliados para hacer avanzar las más importantes metas de la Revolución. Debe atraérseles para que cada uno aporte lo que pueda, en la medida que desee, para el bienestar de todo el pueblo cubano y no solo el de sus familias como ha venido ocurriendo mediante las remesas.

Norge Espinosa: Insisto en asumir a la crítica, al debate real y no pactado entre voces que no se atrevan a ir más allá de cierta prudencia o cautela, como parte de esa nueva realidad. Debates ha habido, pero aún queda el empeño nada simple de entrenarnos en ir a fondo, en dar derecho a réplica a quienes poseen otros puntos de vista y el derecho a exponerlos. La fuerza de los argumentos operará a favor o no de sus criterios. Necesitamos una política y mecanismos que restañen las heridas del tejido social, que restablezcan puentes de credibilidad entre la ciudadanía y los dirigentes, a partir de un accionar efectivo sobre nuestras neuralgias, y que no se acomode en el triunfalismo ni en la celebración de logros que en todo caso, deberían ser ya la antesala de otras garantías. Se trata de un fenómeno que debe ocupar a ambas partes, Estado, sociedad civil, a nivel macro y a nivel micro, y que aporte un nuevo vocabulario, más allá de la idea de continuidad, que nos coloque en un contexto menos desequilibrado entre la visión oficial, su reactiva contraposición desde otros contextos políticos que la niegan, y las personas que, en plena Covid, han tenido que reformatear sus vidas haciendo largas y agobiantes colas para comprar alimentos.

El diálogo con la juventud, el talento joven, es fundamental. Sin ello no habrá continuidad más que en ciertos titulares. Y escribo esto tras el 11 de mayo de 2019 y San Isidro, el 27N, el 15N y otras fechas que también rediseñan nuestro calendario político, con severas consecuencias que no deben diluirse, como parecen disolverse ante la indiferencia de muchos los efectos de una pandemia que, insisto, a pesar de la baja en el número de casos y la amplia campaña de vacunación, aún es un peligro entre nosotros. Los jóvenes deben heredar y hacerse responsables de una idea de Cuba que incluya sus propias utopías, no solo las de un legado que les llega como anécdota de una épica ya escrita. La nuestra se reescribe cada mañana. Quiero enviar un abrazo a todos los profesionales de la salud que no han tenido descanso en este tiempo. La pandemia no ha concluido, pero la Cuba que se asoma ya al 2022 debe tenerla como marca en rojo, junto a otras preocupaciones no menos urgentes, a fin de preservar la salud –en un amplio sentido– de toda una nación.

Rafael Hernández: A partir de este momento abrimos las preguntas y comentarios a todos los que están conectados.

Iztván Ojeda: (Periodista del periódico 26, de Las Tunas). Un saludo para todos, es un gusto participar en este panel. Quiero hacer primero unos comentarios para entonces preguntar. Tengo la impresión de que ahora que estamos en este proceso de recuperación podría ocurrir una tendencia a pretender regresar al punto inicial, o sea, regresar al contexto, a las prácticas o a los procedimientos que existían antes de que llegara la COVID-19 para cambiarlo todo. Quiero preguntarles justamente a los panelistas cómo conciben esta nueva normalidad, cómo sienten que podríamos asumir esta nueva etapa que viene de convivencia con la COVID-19. Por otra parte, me interesaría mucho escuchar sus criterios referentes a los desafíos en el plano de los territorios. Pienso que la pandemia ha desnudado mucho las diferencias territoriales, los contextos en los municipios.

Antonio Díaz: (Profesor. Universidad de La Habana). Estoy muy impresionado con todo lo que he escuchado, y ansioso por tener las referencias escritas para meterme más en estas ideas que son extremadamente importantes. Voy a hacer dos o tres comentarios y una pregunta al último panelista que intervino, Amodia.

Sobre los desafíos tengo dos o tres ideas que quiero compartir. La más importante es cómo sacudir la mata para disminuir y llegar a minimizar la burocracia y la corrupción en el Estado y gobierno en cada nivel, algo que vengo planteando, analizando, pensando y escribiendo hace algún tiempo. No creo que solo la preparación, el entrenamiento, la enseñanza a los cuadros que tienen serios problemas en sus resultados va a solucionar el problema. Hay que “sacudir la mata”, aquello que Fidel hizo a principios de la Revolución, ahora en otra medida, pero igual con una premura importante por lo que todos hemos escuchado aquí ahora.

Creo que hay que revolucionar el Poder Popular a nivel de diputados como se está haciendo en otros niveles. La pandemia nos enfrentó con esto directamente, mis estudiantes también chocaron con esto cuando estaban trabajando en el Sistema de Atención a la Familia (SAF), en la zona roja de la COVID, etc., pero creo que esto tiene que ser a todos los niveles y hasta arriba. Hay dos cosas: una, la necesidad de la condición de profesionales de los que lleguen a ser delegados y diputados, y segundo, eliminar de una vez por todas la condición de juez y parte que tienen muchos que ocupan cargos; para mí no tiene nada que ver con nuestra forma de organizar el gobierno.

En relación con la economía, me impresionó positivamente todo lo que dijeron Montero y Figueras. Y hay algo que quiero comentar. Nosotros tenemos relaciones económicas con muchos países amigos, entrañables, pero esas relaciones son únicamente estatales, y creo que hay que liberalizarlas completamente para que todos los actores que tiene ahora nuestra economía participen, intercambien libremente con sus pares en esos países, estoy hablando de Nicaragua, Venezuela, Bolivia, China y Vietnam.

Sobre la dirección de las empresas, creo que es ahí donde más hay que sacudir la mata, ahí es donde radica la cantidad de problemas de dirección que enfrenta el país. Los miedos, la incapacidad de manejar el mercado y las nuevas condiciones económicas es rampante, creo que hay revolucionar esa dirección de las empresas, cambiar su papel y su funcionamiento y, sobre todo, las llamadas juntas de gobierno, que son tan importantes y que no incluyen la participación de las bases, de los trabajadores.

También hay que revolucionar los sindicatos –que son convidados de piedra en casi todas las cosas que veo, al menos por televisión–, y empoderarlos, de la misma forma que hay que revolucionar el Poder Popular. Si no lo hacemos, no vamos a hacer efectivo el Poder Popular, el poder de la clase trabajadora, que hoy es el noventa y pico por ciento de este país.

Por último, quiero hacerle una pregunta al compañero de Comercio, sobre algo que hemos planteado, que nos parece absurdo, y es cómo ellos enfrentan el no tener control del comercio interior de este país, que está en dos manos, una parte en MLC, y buena parte en CUP; cómo asumen que los suministros claves y básicos no están en poder del Ministerio de Comercio Interior. Me imagino que eso sea un problema que obstaculiza el asunto porque no hay una integralidad estratégica, algo que pasa exactamente igual en el turismo.

Tania García: (Economista). En realidad, ha sido un panel muy enriquecedor en el debate, hay una gama de criterios vertidos y propuestas que nos dejan una agenda enriquecedora para todos nuestros intercambios. Quiero solamente marcar tres pequeños puntos.

El primero: me parece que la tijera pandemia-bloqueo ha sacado a relucir la profundidad de nuestro subdesarrollo, y esto, para mí, ha sido uno de los elementos más dolorosos, junto con la pérdida de vidas humanas, que me ha puesto a pensar mucho. El nivel de desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación aplicadas a la salud pública, ha salvado al pueblo cubano –y lo digo no solo con convicción, desde el punto de vista de la academia, sino con mucha emoción, porque realmente lo aplicado por todo nuestro sector de salud, ha permitido salvar a nuestro pueblo, por lo menos hasta ahora, de esta pandemia–; sin embargo, junto con eso no se ha podido lograr una efectiva estructura de distribución nacional, como sector, como fase del desarrollo, ni presencial ni virtual, y esto me parece que es realmente una contradicción y un desafío para el futuro; o sea, tenemos la definición de subdesarrollo que nos dejara Ernesto Che Guevara, nos sitúa en un cuadro cubano a totalidad.

El segundo elemento, que me parece un desafío muy importante, es la desigualdad creciente. Creo que en todos los esfuerzos que hagamos, desde todos los planos, en todos los sectores, no podemos permitirnos que la construcción de un socialismo como el que estamos buscando ignore ni burocratice la atención a los sectores más vulnerables. Este es un elemento en el cual se está trabajando, es evidente que hay un gran esfuerzo alrededor de la atención a las zonas y personas más vulnerables, la situación de la vivienda, de las calles, etc., pero eso tiene que entronizarse como parte de la forma general de funcionamiento del país y del sistema económico.

También creo que la gran dependencia que tiene el país y las distorsiones estructurales que se han puesto en evidencia con la demorada reforma, nos están planteando la necesidad de que esa recuperación desarrolle un nuevo modelo de socialismo para una sociedad que es fruto de la propia obra de la Revolución, cualitativamente más exigente, cualitativamente pensante, y una juventud cada vez más profunda. Son desafíos globales.

La inflación es la enfermedad de la economía más explosiva socialmente, y yo creo que ha sido el resultado, pero también fue provocada en el proceso. Yo creo que todo esto tiene que ser sometido a una introspección permanente, de manera tal de que sistemáticamente estemos enfrentándonos a nuestros propios problemas y a nuestras propias insuficiencias.

Marilyn Garbey: Por momentos perdí la conexión y no pude seguir el hilo de la conversación, corro el riesgo de repetir algo que ya se ha dicho. Coincido con Norge cuando decía que tal vez era apresurado imaginar el mundo después de la pandemia, pero también creo que es una necesidad espiritual dejar atrás, de alguna manera, todo este tiempo que hemos vivido y dedicarnos a construir el país que muchos soñamos, o los muchos países que soñamos, porque las expectativas son enormes para la Cuba después de la pandemia. Hay mucha gente con deseos de trabajar, hay muchísima gente que tenía pensado, desde antes de la pandemia, darle nuevos rumbos a su vida aquí en el país, y hay muchas expectativas con las legislaciones que están por salir a la luz, de que faciliten a la gente que quiere trabajar honestamente y contribuir al bienestar del país. Por ahora yo creo que eso es lo único que me atrevería a decir, prefiero escucharlos a ustedes.

Raúl Alejandro Palmero: Yo no soy un representante del gobierno ni mucho menos, pero me llamó la atención la intervención de István Ojeda sobre el tema de cómo el país ve los desafíos en el plano de los territorios, y también, sin el ánimo de repetir, yo le daba una entrada cuando respondía la pregunta acerca de las áreas más importantes de la recuperación económica y ponía el ejemplo hipotético del central, de la producción de un tipo de alimento para un poblado que depende de esos sectores y que quizás le cueste un poco más “pensar como país”, como se dice, porque todos están empleados en ese central, los recursos de ese territorio dependen de él, que vendría siendo la vida misma.

Ahora, yo creo que sí hay una economía que puede aplicar el principio de solidaridad entre sus diferentes actores económicos, los territorios, como está regulado en la Constitución de la República en el tema de la autonomía; o sea, autonomía, pero manteniendo la solidaridad. La  nuestra es una economía planificada y, en mayor o menor medida, lo seguirá siendo, y esto, por supuesto, es un instrumento importante, si bien hoy quizás no sea lo suficientemente efectivo por diversas razones, para poder trazar políticas sectoriales y lograr eliminar las brechas y las diferencias que pueden existir en el desarrollo de los diferentes territorios y localidades del país. La autonomía municipal y la local van a ayudar mucho en esto, siempre y cuando estén relacionadas con este principio de solidaridad. Los resultados de esta proclamada autonomía en el plano económico, en el plano de la administración, serán muy interesantes, y creo que nos van a llevar a un nivel superior.

Eso mismo que hoy se hace en más de sesenta barrios de La Habana desde el punto de vista de aplicar políticas diferenciadas, porque tienen problemas distintos a las demás localidades del país, no solo hay que sistematizarlo sino que debe ser una política en todos los sectores, y, de hecho, trazar políticas sectoriales, no hablar de una política general para el comercio, o para la vivienda, sino entender que en determinada localidad la política de la vivienda no puede ser la misma que en el 80% del territorio nacional.

Voy a poner un ejemplo que quizás no sea tan economicista, pero tiene que ver con la participación social de la juventud, y es un tema que me toca muy de cerca. Hoy no podemos hablar de juventud sino de juventudes, hay múltiples sectores que conforman ese entramado de juventudes, y por eso hablaba de revolucionar las políticas hacia las juventudes. Hablo de jóvenes que no están siendo tan participativos como otros en el entramado de las organizaciones y de los espacios institucionales del país; hablo de jóvenes que quizás no están empleados, y se ha visto en los últimos tiempos una marcada intencionalidad de buscar empleo sobre todo a la fuerza de trabajo más joven, no solo por un tema demográfico sino por la necesidad de garantizar el futuro. Las organizaciones juveniles con las que contamos hoy no abarcan el nuevo entramado social juvenil, con numerosos sectores que van emergiendo, quizás porque están basadas en una representación de la sociedad convencional, pero que ha variado sustancialmente en los últimos diez, quince años, a partir de los cambios económicos que ha sufrido el país, que tienen su correlativo impacto en el entramado social y en la infraestructura social. Hablo de la comunidad LGTBIQ+, que también tiene una representación juvenil grande; hablo de sectores religiosos, de ambientalistas, de animalistas, de determinados sectores de la cultura a los que no hemos llegado con la misma fuerza; hablo de jóvenes que hoy están trabajando en el sector no estatal, y con qué fuerza llegan ahí la Unión de Jóvenes Comunistas o el sindicato, la FMC. Tengamos en cuenta que ya casi la mitad de la fuerza de trabajo del país pertenece al sector no estatal. Ese es un reto tremendo.

Digo esto porque precisamente ahí se ve cómo las políticas deben ir específicamente hacia esas brechas, hacia esas diferencias, y no hablar de políticas generales sino ir a atender la desigualdad entre desiguales.

Creo que la verdadera igualdad, la sustantiva, que es la que defendemos nosotros, no esa igualdad formal ante la ley, ni nombrada a través de panfletos políticos; consiste en tratar desigual a los desiguales para emparejar la balanza, para reducir las brechas. Por ahí va mi análisis personal, porque realmente es una pregunta hacia el gobierno, y hacia las estructuras que determinan políticas.

Creo que fue Tony quien habló de los retos del Poder Popular a todos los niveles, no solo a los delegados, y coincido totalmente. Hice un poco más de énfasis en los delegados porque creo que, en gran medida, en ese nivel es donde se decide el juego de pelota, como decimos los cubanos, en la base, pero eso no quiere decir que con los diputados, que es el otro escalón, porque fueron eliminadas las Asambleas Provinciales del Poder Popular, no tengamos millones de retos, de formalidades, de dogmas, de tabúes, que impiden a plenitud nuestras funciones de mandato representativo, que también es una distinción del sistema del Poder Popular y debe perfeccionarse.

No creo que debamos, es mi opinión personal, aspirar a profesionalizar el ejercicio del Poder Popular en el país. Tenemos ejemplos de sobra de las listas para elegir, de los pagos, de los grandes números de corrupción, y de la separación abismal que existe entre representantes profesionales en distintos sistemas y los verdaderos intereses populares.

Recientemente tuve la oportunidad de compartir en la fábrica con Manu Pineda, un eurodiputado muy amigo de Cuba, y nos comentaba el desastre de los representantes españoles, la profunda corrupción que existe alrededor de esto, y creo que sería un nuevo problema muy complicado para el país. Además, creo que es un principio del Poder Popular mantener esa base social, que el diputado siga cogiendo guagua, haga su cola del pollo, vaya y reciba una bronca porque lo traten igual que a los demás ante determinada gestión para recibir un servicio. Eso no quiere decir que esté de acuerdo ni que me sienta satisfecho con el sistema actual de atención en la base, de vinculación con los territorios, pero, de todas formas, no soy partidario de la tesis de la profesionalidad. No obstante, se han tomado varias medidas en función de garantizar una mejor gestión, por ejemplo, puedo decir que la mayoría de los presidentes de consejos populares sí son profesionales en su cargo; por una indicación del presidente de la Asamblea Nacional se ha liberado de su trabajo a los delegados, al menos un día a la semana, para atender a la población durante el tiempo de pandemia, pero, además, ellos cuentan con tiempo libre de despacho los fines de semana. Sabemos que es un tema muy complicado para el que representa no solo como delegado, sino en determinada organización, compaginar el tiempo libre, el trabajo y el estudio al mismo tiempo.

La esencia no está en profesionalizar el ejercicio de la política sino en la profesionalidad, capacitación, actitud, con que cumplamos la función –aquí hablo a título personal, no estoy en este panel como diputado, pero esa es una ropa que uno no se puede quitar– los que en determinado momento tenemos que representar al pueblo. O sea, no se trata de ser profesionales, sino de la profesionalidad, la pericia, la actitud, y por supuesto, cómo enfrentamos las trabas sistémicas del propio Poder Popular que tengamos que seguir analizando a futuro.

Luis Alberto Montero: Quiero solamente comentar un par de puntos con respecto a la primera pregunta que hizo uno de los participantes acerca de si existirían personas que piensan que el regreso a la nueva normalidad es regresar a lo que había en enero de 2020. Quiero invitarlos a una pequeña reflexión.

Yo tuve el privilegio, vamos a decirlo esa forma, de visitar Berlín Oriental en los tiempos del muro. Cuando tenía que ir hacia la embajada cubana, que estaba al norte de Berlín, había que pasar por el muro, y siempre me saltaba la preocupación: “¿Habrá algún político que piense que esto pueda ser permanente, que esta situación del muro y de una ciudad dividida no se va a resolver nunca?”. Bueno, ya todos sabemos cómo se resolvió, pero lo que me siguió pesando en la conciencia es que hubo políticos que pensaban que eso iba a ser permanente. La enseñanza a la que quiero arribar es que nuestros problemas, los que han impedido que el socialismo cubano avance, pueden responder a determinados dogmas, a determinadas concepciones que igualan al socialismo con procedimientos, en lugar de igualarlo con principios. Evidentemente, son cosas que tendrán que cambiar, y que nadie puede pensar que determinadas situaciones anormales en la gestión de la sociedad puedan permanecer, hacerse de por vida, porque simplemente la cuenta que pasa la historia es que se cae el sistema, ya eso pasó. Por ejemplo, hay quien piensa que haber establecido la Tarea Ordenamiento cuando se hizo, fue a destiempo; yo creo que fue demasiado tarde y que pudo haber ocurrido hace diez o quince años, porque lo anormal era aquella situación que teníamos. En aquel momento no sabíamos siquiera si había inflación, ahora por lo menos sabemos que la hay, y que hay que resolverla. En aquel momento no teníamos oportunidad de saberlo, teóricamente había un peso que se cambiaba por otro peso, con un valor fijo. No quiero que me interpreten como un monetarista, lo que pasa es que el dinero es el elemento de medición del valor que crea la sociedad y, de alguna forma, todos nos desenvolvemos creando valor espiritual o material y recibiendo bienes a cambio de ese valor que creamos. Eso es una parte esencial de la vida, además, estudiada por los clásicos. Mantener la situación que existía entonces era absurdo, y lo único que hay que hacer es avanzar en la misma dirección en la que se comenzó a avanzar. Nada podrá ser igual que antes, por lo menos en ese sentido; la Tarea Ordenamiento ocurrió un año después de haber empezado la pandemia, por lo tanto, nada podrá ser igual; de hecho, sería un suicidio para el socialismo cubano que fuera igual. Estoy convencido de que nuestros dirigentes están completamente claros de que hay cosas que no se pueden perpetuar, anormalidades que no se pueden perpetuar, de que muchas cosas que eran absurdas, a la luz del escenario actual del mundo, no se van a mantener.

Mi segundo comentario es con respecto a la cuestión municipal, a la cuestión local. Una de las medidas más sanas que aparecen en la Constitución, y en la que hubo consenso cuando esas políticas se elaboraron, fue precisamente la aparición del concepto de autonomía municipal. Claro, esto tropieza con que llevamos decenas de años sin practicarla, dándole un valor mínimo en el orden político a las cosas que son esenciales, son de raíces, que ocurren donde la gente vive; entonces tenemos que habituar, tenemos que enseñar a los cuadros que puedan aprender, o renovarlos por cuadros que sepan, para hacer de la sociedad de base, la sociedad de los municipios, una sociedad potente, activa, positiva, creadora, renovadora e innovadora. Autonomía no quiere decir autarquía; y puede implicar incluso un nivel de relación muy fuerte con autonomías cercanas o lejanas, sobre todo en estos tiempos donde las distancias, al menos en el campo de intercambiar información, no existen. Pero la autarquía tampoco es algo favorecedor; o sea, que un municipio decida resolver su abastecimiento de plátanos no quiere decir que renuncie a que produciendo más plátanos puede enriquecerse y cambiar, y esos plátanos que produce de más se puedan usar para, por ejemplo, que otro municipio lo ayude a pavimentar las calles. Tenemos que establecer los entramados sociales, que desgraciadamente han sido mal gestionados por una planificación central demasiado estricta. Tenemos que volver a mirar la planificación, tengo la impresión de que se está haciendo, pero no puede ser, ni mucho menos, como era antes de la pandemia.

Norge Espinosa: Solamente quería hacer un breve resumen con respecto a lo que para Cuba ha sido este período, como en otras naciones, protagonizado por el asunto de la pandemia, pero que entre nosotros ha tenido otras características.

Es un momento de transición también en términos de gobierno, un momento en el cual ya no está frente al poder el Cuba un representante de la generación histórica, donde se están reformulando los imaginarios y los vocabularios de la propia Revolución, y eso implica también un grupo grande de retos y de desafíos que obligan a quienes ahora tienen esas responsabilidades a ser creativos, a ser proactivos, a ser verdaderamente capaces no solo de afrontar un problema global como ha sido la COVID, sino también de poner en sintonía eso con la crisis que estamos viviendo en Cuba y los nuevos dilemas y los nuevos conflictos. Insisto en que para ellos será fundamental potenciar los espacios de debate, hacer un territorio común en el cual esté presente la población que en efecto apoyó la Constitución con un 86% por ciento de sus votos, pero también hay que visibilizar a ese otro porciento que no estuvo de acuerdo con el documento, que tiene derecho a réplica, que forma parte de Cuba, que está también conectado a las Cubas que existen en el mundo, donde otros emigrantes y exiliados siguen pensando en esta como una nación a la que pertenecen, y que también merecen tener ese tipo de voz y espacio. Creo que entre todos, acelerando el proceso también desde la utilidad real y concreta de la crítica, podamos potenciar una idea de nación que en efecto sea la que está sobrepasando lentamente el período complicado que ha sido la COVID, pero que tiene que rediseñarse, tiene que reformularse, y sobre todo tiene que pertenecer a todos aquellos que, de un modo u otro, hemos estado viviéndola, padeciéndola, perdiendo seres queridos, apoyándonos los unos a los otros, y teniendo en cuenta que mañana puede continuar esta lucha de muchos otros modos.

También quiero insistir en la voluntad de seguir dialogando con la juventud, con la joven intelectualidad cubana, que ahora mismo está en un momento muy álgido y que no debe ser desestimada bajo ninguna circunstancia, porque a ellos también pertenece el futuro de este ideario, para discutirlo, para ponerlo en debate, para reformularlo.

Para despedirme, quisiera enviar un gran saludo y un gran tributo a todo el personal de salud, a los científicos, a las personas de los hospitales, de las zonas rojas, que durante este tiempo se han mantenido literalmente en pie de guerra. Sin ellos no estaríamos hablando ahora de la posibilidad de acercarnos a la pospandemia, así que para todos ellos mi respeto y mi saludo. Muchas gracias.

Michel Amodia: Ya que se me hizo una pregunta directa, creo que estoy en el deber también de compartir mi criterio sobre el asunto. Uno de los participantes hacía mención a la conocida frase “sacudir la mata”, y me preguntaba cómo nosotros enfrentaríamos los hechos de corrupción que puedan estar existiendo. Otro mencionaba algunos hechos que se habían suscitado y que iban a impactar en la economía de nuestro país. Este no es un fenómeno inherente al sistema de comercio interior, ocurre en cualquier sociedad. En estos procesos de reordenamiento, nuestro organismo tiene una estrategia bien diseñada donde el hombre es el centro de todo lo que queremos hacer en las nuevas condiciones en las cuales opera nuestro país y la economía. Por ejemplo, está la revisión de todas las administraciones de las unidades de servicio; ahí el ministerio ha llevado a cabo una política de revisión de diferentes perfiles, o competencias, que vienen desde la administración y la gestión, las técnico-profesionales, las político-ideológicas, la trayectoria y desempeño de las personas, y el componente cívico y social. Estamos tratando de desplegar esta estrategia con las personas que pueden realmente hacer las cosas bien. La revisión exacta de toda la administración, de las estructuras que vamos a dejar a los gobiernos territoriales para que puedan desarrollar los servicios consiste en depurar estas condiciones de todos nuestros administrativos y funcionarios, sobre todo los que tienen más recursos económicos y financieros, y, al mismo tiempo, que estas estructuras que vamos a crear sean más fáciles, más funcionales. Uno de los problemas que tiene el organismo hoy es su extensión, y estamos tratando de hacer estructuras de dirección bien prácticas, sencillas, capaces de funcionar correctamente, y socializar los medios y recursos que se van a descentralizar en esas nuevas estructuras.

Alguien decía que se deben reanimar los sindicatos. Es correcto. Nosotros estamos haciendo todo este proceso muy cerca de los principales dirigentes del sindicato, porque, repito, lo más importante en esta ruta del cambio que lleva el organismo y el país para poder adecuarnos a las condiciones actuales es precisamente el hombre, y es una de las cosas que nosotros no vamos a perder nunca de vista. Lo estamos haciendo acá en Camagüey, y estoy seguro de que, en todo el país, todo el que tenga que ver con el comercio interior y esté subordinado al MINCIN ha sido protagonista de todo este diseño.

Los grandes explotes tienen que irse eliminando porque se están atendiendo estos asuntos. Evidentemente, el MINCIN va a seguir manejando grandes cantidades de recursos materiales y financieros, pero va a tener presente esos riesgos que existen, y los va a estar atendiendo en todo este proceso de cambios.

Rafael Hernández: Ya este panel se acaba, aunque podríamos seguir porque la cantidad de problemas que ustedes han puesto sobre la mesa, para bien, da para seguir cortando esta tela.

En este panel ha habido un arco de edades que van de veintiséis a ochenta y tres años, y ahí caben cuatro generaciones. Yo invito a los que quieren reducir las cosas, las perspectivas y los enfoques en la sociedad y en la política cubana a una visión generacional, a que consideren la coherencia de este intercambio y las expectativas de atribuirle a gente de determinada edad ciertas visiones.

Hemos tenido casi cincuenta participantes escuchando o interviniendo, y creo que además de esta convivencia de edades muy diferentes y de experiencias asociadas a esas edades, hemos tenido un encuentro insólito, que cuando lo logramos hacer en un Último Jueves nos sentimos contentos.

Aquí han estado las ciencias naturales, las ciencias sociales, el arte, la política ligada a los problemas de la legislación, de la participación y la representación, e incluso el funcionamiento del aparato del Estado y de la actividad del comercio.

Este diálogo entre visiones y campos diferentes es de una riqueza extraordinaria, si tomamos en cuenta que también desde el público ha habido intervenciones de periodistas, de economistas, de personas que se han dedicado muchos años a estudiar determinadas temáticas relacionadas con la economía y la sociedad, y que también hemos tenido en el panel las visiones de un arte que para mí es el que probablemente recoge de la manera más directa y compleja las contradicciones de la sociedad cubana, que es el teatro y, en general, las artes escénicas.

Este encuentro ha tenido esa virtud especial que es demostrar cómo tenemos canales de comunicación, y tenemos coincidencias, y también importantes diferencias en las maneras de entender, que no necesariamente son adjudicables a aparatos institucionales, o a visiones desde la sociedad, la academia o la política, sino que es un tejido mucho más complejo que se acerca mucho al tipo de sociedad que tenemos. A esa le ha tocado la experiencia de la pandemia, y como decía Norge, no se trata solo de lo que significó desde el punto de vista del reto de salud y del enfrentamiento, sino que nos puso en tensión a todos, y probablemente no dentro de mucho tiempo, miraremos hacia atrás y nos daremos cuenta como también de este momento crítico de la pandemia surgieron nuevas visiones, nuevas realidades y se impusieron necesidades y formas de abordar problemas.

Yo les agradezco de veras a todos los que han estado conectados y a los que han intervenido y a los que han estado escuchando por regalarnos este último Último Jueves de 2021. Gracias a todos.

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