Revista Temas. Año 25

Revista Temas. Año 25

28 - Febrero 2019
Moderador: 

Mi entrada a la revista fue como editora de artículos y ensayos. Luego mi formación periodística reclamó un lugar y sumé la realización, mes tras mes, de las reseñas de UJ. Cuando la falta de tiempo no me permitió seguir haciendo ambas cosas, opté por la segunda. Así han transcurrido unos siete años. Lo aprendido y sentido durante ellos coincide con experiencias acerca de las cuales hablaron diversos participantes en el reciente encuentro en Fresa y Chocolate, sesión de recuento y de apertura hacia el futuro, informal y más democrática que cualquier otra, con los asistentes sentados en círculo y la posibilidad de compartir, cuando y cuanto quisieran, sus opiniones.

Sin reservas suscribo lo indicado por Jorge Domínguez, miembro del Consejo Asesor de la publicación: esta propone una notable multiplicidad de contenidos de interés universal. A la par –como insistieron en plantear varios de los presentes- quien desee conocer lo ocurrido en la Isla a lo largo de los últimos años, no puede dejar de leer Temas ni obviar lo dicho en sus controversias mensuales. De acuerdo con el abogado e investigador Abel González, ella nos brinda diversidad de enfoques y posiciones; constituye un órgano de obligada consulta para los profesionales de las ciencias sociales en Cuba; permite constatar cómo se va transformando nuestra sociedad; y nos aproxima a la actualidad y a la historia sin escamotear sus contradicciones, avances y retrocesos.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Temas –con todos sus medios: páginas impresas, sitio web, libros en papel y digitales, las multimedias- ha cumplido con su “misión de ofrecer espacio a la reflexión fundamentada y al debate crítico”, según palabras de Consuelo Martínez, moderadora del homenaje. Propósito recalcado por la economista Tania García, al afirmar que ha desempeñado una función muy importante: ayudar a construir y reconstruir permanentemente la cultura del debate en el país, mediante la exposición de puntos de vista sostenidos por los constructores y diseñadores de políticas, los intelectuales y profesionales de distintas ramas. No solo es la revista que más se parece a Cuba, también ha contribuido a romper la autocensura y determinadas zonas de censura, considera Ernesto Limia.

Esos criterios me impulsaron a un viaje en el tiempo, a releer las reseñas acerca de UJ, a repasar los asuntos tratados en ellas desde aquel abril de 2012, en el que escribí la primera.

Así me reencontré con análisis en torno a cuestiones económicas, como la emergencia y consolidación del “cuentapropismo”, el consiguiente ordenamiento jurídico, la convivencia entre la propiedad estatal, la cooperativa y los negocios privados (en 2012, 2015 y 2016). Al respecto, opinaba Lilia Núñez, especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas: “No solo hay que regular, también crear condiciones para el trabajo por cuenta propia. Porque si los cuentapropistas no tienen dónde comprar insumos, ni existe nivel de créditos para aquellos que no poseen recursos, dentro de ese segmento se van a reproducir desigualdades y los más ricos serán cada vez más ricos”, en detrimento de los demás. Por su parte, Juan Triana, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, razonaba: Hay que utilizar todas las formas de propiedad que sean funcionales. “Todas son válidas siempre que nos permitan crecer más de 3% anual y no haya que esperar 32 años para duplicar el producto interno bruto (PIB). ¿Resulta viable un sistema de propiedad social en un mundo donde predomina la propiedad privada? Sí, siempre que pueda competir con los retos impuestos por ese otro sistema. La práctica cotidiana ha demostrado que la forma en que lo estamos haciendo no es la correcta; construir el socialismo de la manera actual no nos lleva al desarrollo”.

En 2013 una de las tardes se consagró a conversar sobre la dualidad monetaria, a la urgente necesidad de unificar el CUP y el CUC. Otra, a los ingresos, el salario y el nivel de vida; entonces preocupaba a Yosley Carrero, periodista de la TV nacional, el escaso poder de compra del ciudadano medio en el país y el círculo vicioso existente: para aumentar el salario hay que alcanzar primero determinados niveles productivos, los cuales no se conseguirán si el trabajador no es estimulado con una retribución mayor. Por su parte, María del Carmen Zabala, psicóloga y profesora de FLACSO, alertaba: “La devaluación del salario, además de la implicación económica tiene otra en materia de valores, porque pone en tela de juicio la posibilidad de las personas de utilizar un canal de movilidad, que en períodos anteriores fue el estudio y una inserción laboral acorde a esa formación profesional”. Asimismo, hubo intercambios alrededor de cómo se configura el presupuesto nacional, una problemática que “a cualquier escala o nivel, no es un asunto administrativo, sino de conducción política” (expuso aquella vez Tania García); y cuáles han sido las políticas seguidas por el gobierno revolucionario para desarrollar económicamente la nación.

No faltaron en años posteriores, entre otras temáticas, las controversias en relación con el presente y futuro de las pequeñas y medianas empresas (en 2015 advirtió Raúl Garcés, subdirector de Temas: “Si se mantienen las trabas, y la productividad y las fuerzas productivas siguen contenidas, es poco probable que las PYMES se integren al proyecto de desarrollo económico nacional”); en qué medida los modelos económicos de China y Vietnam pudieran sernos útiles, o no; y cómo actúan hoy en la Isla los  grupos de altos ingresos. Durante la última de esas jornadas (en 2018), el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos y el economista José Luis Rodríguez nos hicieron saber que las mayores ganancias se encuentran asociadas a la renta de inmuebles y a quienes “son depositarios de flujos de dinero provenientes del exterior, frecuentes, de altos montos y sobre todo destinados a la inversión de tipo personal” en el ámbito del turismo, el comercio y la gastronomía de alto estándar, por ejemplo, así como a actividades vinculadas a circuitos foráneos de comercio. También “a ciertos tipos de industrias que ya se hacen notar”, incluidas las dedicadas a la reconstrucción y remodelación de los autos clásicos de lujo. La emergencia de tales grupos ha incidido en “un deterioro notable en la distribución equitativa del ingreso”, si en 1988 el índice Gini (coeficiente para medir la desigualdad) era de 0.25, “los últimos datos calculados a vuelo dan ahora más de 0.45”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Tales análisis fueron alternando con los de problemáticas sociales y políticas. En la sala Fresa y Chocolate se discutió sobre de las reformas constitucionales, a qué socialismo aspiramos, los vínculos entre sistema político, Estado y gobierno, las causas de la corrupción, por citar algunas. Al desempeño del Poder Popular en general y el experimento realizado en Mayabeque y Artemisa se dedicaron dos jornadas. En la de 2013, Jesús García Brigos, profesor e investigador del Instituto de Filosofía, otrora delegado y presidente del Consejo Popular Vedado-Malecón, aconsejó: más que adaptarse a la actualización del sistema económico, el Poder Popular tiene la responsabilidad de conducir los cambios; es preciso “consolidar los órganos electivos y los administrativos, transformar las concepciones acerca de gobernar, e introducir nuevas prácticas, pues las vigentes reproducen la separación entre dirigentes y dirigidos”.

Las conexiones entre la opinión pública y la toma de decisiones también suscitaron, más de una vez, el diálogo entre los ponentes y la concurrencia; el más cercano ocurrió apenas a finales de enero, ocasión en la cual Joel Suárez, director ejecutivo del Centro Martin Luther King, expresó: “La consulta, como método perenne, resulta crucial para restablecer la confianza en la institucionalidad político-gubernamental. Debe convertirse en mecanismo imprescindible de participación, de control por parte de la ciudadanía, y en los procesos de toma de decisiones relativas a las comunidades. Y Susana Acea, funcionaria del Poder Popular, subrayó: “La eficacia de una buena consulta, como estilo de trabajo, no solo en situaciones coyunturales, ayuda a que la gente se sienta parte del proyecto y este sea más creíble y legítimo”.

Cuando relaté lo acaecido en el panel centrado en el derecho a la información (2016), destaqué un comentario de Rafael Hernández, habitual conductor de UJ; él alegó que a menudo las regulaciones en torno a ese aspecto no están actualizadas ni guardan relación con el discurso político, y mencionó alocuciones de Raúl Castro, en las cuales se insta a exponer los datos y argumentos que sustentan las decisiones del gobierno cubano, y a “suprimir el exceso de secretismo”.

A un inaplazable proceso de alfabetización, similar en relevancia y alcances al que tuvo lugar en la Isla al inicio de la Revolución, instó Milena Recio, una de las especialistas invitadas al encuentro que en 2012 abordara las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones. Quienes al año siguiente se sentaron a dialogar sobre las prácticas religiosas coincidieron con René Cárdenas en que estamos viviendo “una expansión del espacio social de la religión en la sociedad cubana, no solo por el número de la membresía sino por el de las organizaciones religiosas en funcionamiento”. Entre las ideas que afloraron mientras se examinaba el papel de los sindicatos (en 2014), descuellan estas: con la actualización del modelo económico, la situación de Cuba se modifica y las asociaciones de los trabajadores tienen que prepararse para actuar según lo requieran esos cambios. Los dirigentes sindicales, a todos los niveles, no solo tienen que salir del pueblo, sino ser reconocidos por él. Sin embargo, aquí el sindicato ha perdido su perfil propio. En el nivel medio del gobierno hay una fuerte burocracia que toma decisiones y tiende a imponérsele. Inquietud recurrente en las sesiones acerca de los flujos migratorios hacia afuera del país y los lazos que mantienen los emigrados con su tierra natal (2015, 2016, 2018) fue el éxodo de jóvenes y profesionales, lo cual incide en el desarrollo económico. Otros UJ han discurrido sobre los legados de Fidel y el Che, la formación y el desempeño de los dirigentes, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, los avatares de la salud pública, el mercado inmobiliario, el aprovechamiento de las investigaciones científicas.

Del mismo modo han tenido su oportunidad los asuntos concernientes a la historia, la educación y la cultura. Por ejemplo: cómo se han narrado los sucesos relativos al triunfo revolucionario de 1959 y decenios posteriores, los escollos que enfrentan los investigadores; de qué modo vivimos durante las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo; el patrimonio cultural y su conservación; las interrelaciones entre el arte, la literatura y el mercado. El día en que las disquisiciones giraron en torno a los centros de altos estudios (2015) la Doctora Graziella Pogolotti, sin dejar de reconocer el gran impulso positivo que la Revolución dio a la enseñanza universitaria en la Isla, reflexionó: “La universidad actual está cargada de problemas, por una pérdida de capital humano que se ha ido produciendo por diversas razones, vías y etapas […] hay sin duda un problema de estimulación material, pero también uno de pérdida del sentido de la posibilidad real y concreta de crear y producir, porque de algún modo en las últimas décadas la universidad fue perdiendo el protagonismo que tuvo en un momento dado y dentro de eso el protagonismo de los claustros  […] La universidad tiene que articularse con otras instituciones de la creación científica del país y meterse con los pies en la tierra en los problemas de la vida concreta. Hay que producir en primer término un cambio de conciencia en muchos decisores y en numerosos profesionales que se han ido rutinizando”.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Llegados a febrero de 2019, ciertas realidades escudriñadas en los UJ parecen no haber variado en lo absoluto, otras ya han empezado a transformarse. Quiero creer (perdónenme la vanidad) que Temas, al menos en una millonésima parte, ha contribuido a las modificaciones positivas.

Sin embargo, el aprecio no debe encandilarnos.  Por eso convengo con lo asegurado por la socióloga Mayra Espina, miembro del Consejo Editorial de Temas: “En lo personal, ha sido un espacio de crecimiento y libertad intelectual. He podido juzgar con mejor justeza lo que otros hacen, aunque no piense como ellos. En cuanto a lo que nos hemos quedado cortos: no ha estado en la revista todo el espectro de diversidad posible existente en la sociedad cubana”.  A pesar de haber ensanchado los límites en torno al pensamiento, algunos no han podido ser vencidos, en un contexto no siempre claro y sí contradictorio.

Raúl Garcés la secundó, pues entiende que, amén de sus indudables virtudes, la publicación está todavía muy por debajo de sus potencialidades de impacto en la esfera pública cubana, un desafío que desespera a su director y a todo el colectivo. Deben organizarse mejor, conectarse más con las instituciones y con la ciudadanía, ampliar los espacios y las alianzas, tender puentes hacia los decisores de políticas, para que tomen en cuenta sus criterios. Ivet González, periodista de IPS, reafirmó que la revista necesita una fuente de financiamiento mayor y nuevos canales de divulgación, con los cuales no solo acercarse a la juventud, sino incluirla en el proyecto. Mayra Espina aconsejó un esfuerzo mayor en generar polémicas, a partir de lo que se está discutiendo en la sociedad.

Otras sugerencias –precedidas siempre por frases elogiosas- ofrecieron personas habituales en Último Jueves y hasta lectores que nunca habían acudido a esas sesiones. Las resumiré en pocas líneas: Temas debe dejar de verse como una revista con espacios asociados y convertirse en un órgano multiplataforma. También sería conveniente que saliera de La Habana y organizara intercambios de ideas en otras provincias. Aunque, en cierto sentido, se encuentra varios pasos por delante del resto del mundo académico cubano, a la publicación le falta conectarse mucho más con nuestras bases populares, con la gente común; y visibilizar regularmente la investigación y el pensamiento científico que se produce fuera de la capital, los cuales, pese a su diversidad y calidad, no son reconocidos a nivel nacional. Una limitación es no contar habitualmente en los UJ con representantes del gobierno, el Estado y las múltiples instituciones vinculadas con los aspectos sometidos a examen.  Hay que perseverar en traer a individuos con poder de decisión.

Yo añado que Temas debe insistir en sumar a la causa a los periodistas, de manera que estos le otorguen visibilidad en los MCM del país. Sé que es una misión ardua y hasta descorazonadora luego de tantos intentos, casi siempre infructuosos, a lo largo de años. Las causas… ameritan un nuevo Último Jueves. Por hoy basta de mis atrevimientos de todóloga.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

Foto: Randdy Fundora/Temas.

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