Último Jueves

Último Jueves: Rendición de cuentas en democracia

Fecha: mayo 27, 2021
Lugar: A distancia
UJ junio 2021

Panelistas:

Patricia Arenas Bautista. Doctora en Psicología, especialista en Psicología y desarrollo organizacional. Dirige el Grupo Cambio Humano (GCH) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)

Víctor Hugo Leyva. Máster en Ciencias. Profesor de Periodismo. Universidad de Oriente. Director del Departamento de Extensión Universitaria. Vicepresidente de la UPEC en Santiago de Cuba.

Gastón Martínez. Profesor. Departamento de Antropología social. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Ciudad de México.

Yassel A. Padrón. Máster en Bioética. Especialista de la Fundación Ludwig de Cuba. Bloguero.

Eduardo Reyes. Delegado del Poder Popular. Presidente del Consejo Popular Colón. Municipio Centro Habana.


Rafael Hernández: El tema central de este panel es la cuestión de en qué medida en todo tipo de institución y organización —no solamente en los aparatos políticos, estructuras políticas, estatales, parlamentos, etc.— el mecanismo de la rendición de cuentas, y su concepto mismo, resultan importantes.

¿Qué significa rendir cuentas? ¿Se trata de una práctica extendida a organizaciones sociales y políticas, asociaciones, instituciones como las escuelas, las comunidades? ¿En qué medida es clave para que una institución o una organización sea considerada democrática?

Nuestro panel está compuesto por una batería “de 400”, como se diría en el beisbol. Les damos la palabra a ellos para que contesten las preguntas y los invitamos a ustedes a escuchar sus respuestas, y a comentarlas.

 Patricia ArenasInvito a pensar la rendición de cuentas, en primer lugar, de lo individual a lo colectivo. Rendir cuenta es una obligación, una responsabilidad, un límite a nuestra acción. Se plantea como una necesidad para cualquier interrelación entre dos o más personas. Supone hacer claro los motivos, las posibilidades, la utilización, los fines y resultados de las acciones. Por ende, la rendición de cuentas debe ser una parte inseparable de cualquier acción colectiva. Como límite, siempre estaría unida a cierto embarazo por lo que otras personas nos pueden devolver, criticar, impugnar en lo realizado y nuestras motivaciones. Desde el ángulo opuesto, se constituye en una protección personal y colectiva. En una retroalimentación que nos devuelve la apreciación de nuestro quehacer. Como conducta, precisaría de una educación para el comportamiento responsable desde la familia, la escuela y todos los grupos u organizaciones en las que nos insertemos.

Esta contradicción entre el embarazo y la protección, así como los déficits posibles entre las múltiples formas de educación, supone la necesidad del establecimiento de normas jurídicas que faciliten y obliguen al desenvolvimiento de las interacciones humanas. No puede quedarse simplemente en la espontaneidad y buena voluntad. Requiere de regulaciones para el ordenamiento de las interacciones.

Los elementos señalados de esta definición implican la consideración de la rendición de cuentas como una actividad constante y en todas las direcciones de cualquier grupo u organización humana. Es una de las condiciones de la democracia, pero también más allá de esta, lo es de todas las actividades que impliquen la coordinación: un buen gobierno, una alta eficacia para el logro de los fines, la colaboración y el disfrute de los resultados. Mientras más importantes y necesarias sean las organizaciones de todo tipo y sus niveles, más claridad y consecuencia deben tener hacia quienes se deben. En el plano individual, a mayor nivel de las personas y sus responsabilidades, más clara debe ser su rendición y, por ende, mayor será el reconocimiento recibido por las organizaciones y personas que la practican y su reflejo en un proceso reconfortante y estimulador: la confianza.

Cabría mencionar aquí al Che, como portador de un aspecto esencial que lo acompaña: el ejemplo personal: revísese su respuesta a un periodista mal intencionado, al inicio de la Revolución, sobre la fijación de su residencia en una lujosa mansión. Su ejemplo de vida se convirtió en un símbolo de mi generación.

Eduardo ReyesRendir cuentas de su gestión ante los electores es un acto genuinamente democrático de los delegados del Poder Popular en Cuba y representa el vínculo más estrecho, y a la vez más amplio, con la población de su demarcación. En ese momento se debe lograr un diálogo o un intercambio profundo, abierto y respetuoso entre ambos; por un lado, el delegado brinda una cantidad importante de informaciones sobre los diversos aspectos de la vida económica, política y social del territorio y, de manera particular, cómo su localidad se ve reflejada en esos planes, ya sea en mayor o menor escala, durante un período determinado. También aborda cómo se han atendido los planteamientos de la población desde el proceso anterior hasta la fecha y cómo se han atendido sus principales insatisfacciones, expresadas a través de quejas, denuncias y solicitudes. Por otro lado, los electores expresan su opinión y debaten sobre estos aspectos.

Es bueno señalar que el delegado no es un funcionario o representante administrativo del gobierno, sino un ente político que, a partir de su experiencia, conocimiento y preparación, realiza una valoración sobre cada planteamiento, que puede haber sido resuelto o no. Es vital para un buen entendimiento, el conocimiento y pleno dominio del delegado sobre cada situación planteada, para lo cual debe haber interactuado con anterioridad con la administración responsabilizada con el tema y haber debatido todas las posibles variantes de soluciones o sus alternativas. Es imperdonable improvisar sobre los temas planteados por la población o escudarse en las administraciones para abordarlos en las reuniones de rendición de cuentas, ya que este acto es legítimo del delegado y no de las administraciones. Es él quien rinde cuentas de su gestión, lo cual no quiere decir que no pueda darle la palabra al representante administrativo, para que pueda despejar cualquier duda que se manifieste.

También rinden cuentas de su gestión el presidente del Consejo Popular ante los delegados de su Consejo, el presidente del gobierno ante la asamblea municipal que lo eligió, y así sucesivamente todos los órganos electivos ante sus respectivos electores, incluido el presidente de la Asamblea Nacional ante los diputados.

Rendir cuentas es un acto que requiere de toda la preparación, capacidad y valentía de los elegidos, a partir de las condiciones objetivas de crisis económica que vive el país.

Gastón Martínez: Soy, digamos, un neófito en los asuntos específicos de la rendición de cuentas, sin embargo, les quiero dar mi punto de vista. Me parece que es, en primer lugar, un instrumento fundamental que enriquece la vida democrática de una nación, y que, además, en países donde la llamada democracia representativa –en este caso, los capitalistas–, suele, en los hechos, alejar a la gente de la toma de decisiones, es fundamental la creación de mecanismos de regulación que obliguen a los servidores públicos a la práctica constante de la rendición de cuentas, así como a los organismos del Estado encargados de recoger los informes, y que eso permita la supervisión sobre la influencia de intereses particulares o de grupos de intereses en la toma de decisiones públicas.

Pero la rendición de cuentas no se debe de realizar sólo al Estado, sino también debe de ser una práctica que abarque a los órganos políticos, económico-sociales representativos, y a todos los funcionarios y servidores públicos, y cuentas debe hacerse también a la población.

Víctor Hugo Leyva: Rendir cuentas es un proceso mediante el cual quienes toman decisiones sobre una gestión determinada, cumplen el deber de dar a conocer o responder a las personas que le eligieron, designaron o son destinatarios de la labor, de los resultados del trabajo que han realizado en un período determinado.

Aunque está definido como un acto público, en las organizaciones de carácter social o privado, forma parte de una tendencia que puede relacionarse con la actividad humana en general, en tanto las personas necesitan pasar revista, tanto a sus acciones como a la de aquellos de su entorno inmediato. Incluso, para la toma de decisiones personales, normalmente se hace un proceso de revisión de acciones, resultados, actos y hechos relativos al caso.

En un entorno más general, estas acciones de rendición de cuentas se producen no solo en los cargos de elección popular, sino también están relacionadas con la gestión de organismos gubernamentales, entidades empresariales y de carácter público, organizaciones sociales, y todo aquel entorno organizacional en que la acción y resultados de un sujeto, en un entramado de relaciones interdependientes, condicionan los resultados y acciones de los demás.

El carácter de la rendición de cuentas está determinado por el entorno de su realización, en sentido general, y por la gestión de un individuo o institución, pero se particulariza por las características de esta, según el contenido sea político, económico-financiero, científico, educativo o social.

Este proceso ha sido identificado, de alguna manera, como garantía de un funcionamiento democrático, y eso es cierto en tanto facilita determinados niveles de transparencia en la gestión, y de respeto a individuos o personas que dependen de ella, pero eso solo es así si el interés es el bien común y no se antepone lo personal o lo político sobre lo colectivo. Cuando comienza a ocultarse información, entonces pierde sentido la propia realización del proceso.

Yassel A. Padrón: La rendición de cuentas, como práctica política institucional, es el requerimiento para que los representantes respondan frente a los representados sobre el uso de sus poderes y responsabilidades, actúen como respuesta a las críticas que les son señaladas, y acepten la responsabilidad en caso de errores, incompetencias o engaños. ¿Quiere esto decir que sólo existe una forma de rendición de cuentas?, para nada.

La rendición de cuentas tiene muchas modalidades, que se relacionan con diversos factores como quién rinde cuentas, a quién y en qué condiciones. En ese sentido la literatura se distingue entre una modalidad vertical y una horizontal. El primer caso es el paradigmático de los representantes, en lo alto del aparato gubernamental, que le rinden cuentas a los representados, en este caso la ciudadanía. El segundo, es una forma de control interinstitucional, como, por ejemplo, la que podría ejercer la Contraloría General de la República sobre cualquier empresa.

Como vemos, el concepto de rendición de cuentas nos lleva a ahondar en otro muy relacionado, el de control; este cuando se realiza en un marco institucional se clasifica en externo o interno. El externo, que se ajusta perfectamente al ejemplo de la Contraloría General, es el que ejerce una institución sobre otra dentro del entramado de instituciones del Estado. El interno, que se complementa casi siempre con el externo, es el que se ejerce dentro de una misma institución o empresa, e incluye la posibilidad de que los funcionarios o empleados rindan cuentas frente a sus superiores. Sin embargo, nada de esto sustituye la importancia del control popular, que se ejerce por parte de la ciudadanía sobre el entramado de las instituciones.

La rendición de cuentas de todos los actores con responsabilidad pública es una excelente herramienta democrática, pero no se deben descartar formas de democracia directa que la hagan superflua, en un determinado nivel.

Rafael Hernández: ¿Cuáles son sus requisitos de funcionamiento?, ¿transparencia, revocabilidad, información abierta, acceso público, una determinada frecuencia, obligación de responder a reclamaciones y preguntas? ¿Pueden ser reemplazadas estas funciones por otros mecanismos, como las auditorías o los controles administrativos? ¿Por qué?

Patricia ArenasDe inicio, hay que identificar y difundir lo que se pretende hacer, los modos a seguir en las acciones, las normas y las formas de control para sus logros. Debe seguir la búsqueda constante, el logro y mantenimiento de una alta transparencia. Descansar en la ideología de que todas las personas, grupos sociales y organizaciones son importantes y favorecer los mecanismos más eficaces para incorporarlas a la concepción, ejecución y control de lo que se ha de realizar. Todas las preguntas son válidas y las respuestas deben ser consecuentes.

A tono con la definición y claridad, es preciso elaborar normas jurídicas que controlen todo el proceso, las penalidades y el logro de los resultados. Llevar a norma los pasos fundamentales que componen el proceso y la obligatoriedad de respuestas por parte de quienes tienen las responsabilidades de dirigir, normar, ejecutar y controlar. El establecimiento de las penalidades ante los incumplimientos, a tono con los niveles y responsabilidades. También deben difundirse los mecanismos de estimulación de las buenas acciones y sus resultados. Garantizar la flexibilidad para el análisis de los castigos, así como de las buenas prácticas, y establecer mecanismos sencillos y ágiles para los criterios de la población y sus vías de retroalimentación.

También deben establecerse los límites de tiempo para los diferentes pasos, pero además ser creativo para implementar nuevas maneras en que pueden recogerse y responderse los criterios. Los motivos y mecanismos de revocación a quienes ejecutan las diferentes responsabilidades deben estar establecidos. Es preciso actualmente estudiar todas las posibilidades que brinda la alta conectividad y los medios digitales. Unido a todo, hay que desarrollar el control y responsabilidad social para quienes se pronuncian.

En todas las organizaciones deben concebirse diferentes mecanismos de control para garantizar la rendición de cuentas, tanto en las organizaciones, como en los órganos externos correspondientes y sus auditorías, buscando garantizar la no fusión del juez y la parte. Pero ello nunca puede significar que se sustituyan unas por otras. Son mecanismos complementarios.

Todo el proceso debe basarse en hechos y datos, más que en discursos y arengas. Primero, entregar la información por quien rinde cuentas, y luego dar un tiempo para que sus receptores/as lo procesen en pequeños grupos y, finalmente, retroalimenten sobre los resultados.

Eduardo Reyes: En el caso específico de la que realizan los delegados del Poder Popular, el acto debe estar presidido por los símbolos patrios, la bandera de la estrella solitaria, el escudo de la palma real y el himno de Bayamo; deben estar presentes, además del delegado, representantes de las organizaciones de masas y líderes formales e informales de la demarcación. Para lograr un orden y una disciplina social adecuada y un diálogo coherente y preciso, la reunión no debe exceder las 120 personas.

La información que se brinde debe ser clara, oportuna y precisa, actuar con toda transparencia y sinceridad. Los temas que se aborden deben ser de orden público o comunes; los privados o particulares se tramitan en el despacho del delegado. Si un elector plantea algún elemento nuevo, y el delegado no tiene toda la información, lo más sensato es recoger el planteamiento, esclarecerlo con quién corresponda y luego dar respuesta al elector, o conciliar un encuentro entre las partes implicadas en el tema para su atención y respuesta.

Las rendiciones de cuentas del delegado constituyen un acto legítimo, solemne, público y político y no pueden ser sustituidas por ningún control, auditoría o proceso administrativo.

A veces no coinciden los problemas e intereses de la población de un área determinada o la complejidad de la situación social amerita realizar más de una reunión.

Gastón Martínez: Los requisitos para la rendición de cuentas deben tomarse del conocimiento y la experiencia de varios países, sobre todo a partir de las condiciones históricas presentes que han construido un tipo particular de Estado, y de prácticas públicas, conforme a las realidades y necesidades sociales en cada país. No deben aplicarse recetas internacionales que no se compadezcan con la realidad históricamente generada en cada Estado; por lo tanto, la rendición de cuentas es específica, tiene que tener una condición histórico-social concreta, y establecerse conforme las condiciones de cada país.

Cada Estado, a pesar de tener similitudes –como, por ejemplo, en América Latina–, es diferente, porque tiene una historia y ha sido forjado de manera distinta, y su condición, su estructura, su forma de organización, su desarrollo, depende de las características de su población, las formas de desarrollo elegidas, etc.

Víctor Hugo Leyva: Lo primero es la veracidad, como condición indispensable, como también lo es la definición real de su contenido, indicadores, períodos, alcances, causas y consecuencias. Ello ofrece la posibilidad de la precisión y no divagar con elementos superfluos que enturbien la compresión y el resultado que debe tener el proceso.

Como es natural, si se trata del análisis de una gestión, debe estar sometido al escrutinio de los destinatarios, a que puedan cuestionar, preguntar, aclarar e incluso disentir, si poseen información sobre el tema.

En el cronograma de los organismos políticos o gubernamentales es importante definir la periodicidad con la cual se debe rendir cuentas, siempre en dependencia de la complejidad de la gestión que se somete a análisis.

Otros requisitos que deben ser tomados en cuenta para las rendiciones de cuenta son la transparencia, la precisión, la definición de consecuencias, el nivel de los resultados, las debilidades que inciden en no alcanzar las metas y, especialmente, la definición de soluciones, estrategias u otros medios para el perfeccionamiento de la gestión.

Aunque no es aplicable en todos los casos, es importante que, ante un proceso de rendición de cuentas en cualquier tipo de organización, se establezca un mecanismo de contrapartida, que puede estar relacionado con controles administrativos, entrevistas u otros, y debe complementar la efectividad de ese proceso. Agrego este factor, porque el proceso mide niveles de eficiencia y pertinencia, y cuando se trata de individuos, su capacidad, sus niveles de preparación y compromiso, y por tanto es útil un mecanismo paralelo que facilite una visión de la confiabilidad de la información.

Yassel A. Padrón: El principal requisito para una rendición de cuentas efectiva es, a mi parecer, que se complemente con la práctica de la transparencia en la gestión pública. No basta con que los dirigentes ofrezcan información sobre el desarrollo de su gestión si los ciudadanos no tienen forma de contrastarla. Esa práctica incluye la existencia de fuentes abiertas, de acceso público a la información y de herramientas para garantizar su fiabilidad.

Otros mecanismos pueden confluir para otorgar solidez al proceso de rendición de cuentas, como puede ser estipular una periodicidad en su desarrollo y una obligatoriedad de ofrecer respuestas a las preguntas. También pueden crearse mecanismos para dar seguimiento a los planteamientos, pero lo principal sigue siendo la interrelación con la existencia de un clima de transparencia.

La rendición de cuentas no puede ser sustituida por auditorías y controles administrativos, pues cualquiera que sea el nivel de compromiso que los funcionarios deban tener frente a las leyes y a sus superiores, su principal responsabilidad es con sus representados, los que han depositado en ellos el poder para hacerse cargo de los asuntos comunes, y como tales, son los encargados de evaluarlos, y en última instancia de revocarlos, si incumplen con su encargo.

Además, la rendición de cuentas como mecanismo de democracia participativa permite aprovechar la creatividad de la ciudadanía en el proceso de gestión pública.

Rafael Hernández: ¿Qué papel tiene la rendición de cuentas en un orden socialista? ¿Qué la hace diferente en el socialismo? ¿Cuánto incide en el fomento de aspectos que a veces no se ven ligados a ella, como el desarrollo económico, la prosperidad, el desarrollo sostenible, la interacción entre dirigentes y dirigidos, el arraigo de las instituciones en la sociedad civil, el control popular desde abajo?

Patricia Arenas: La rendición de cuentas, como necesidad y mecanismo humano, es válida tanto en una sociedad capitalista como en una socialista. Pero cambia su esencia y formas entre una y otra. A continuación, me referiré específicamente a la que nos concierne, como sociedad socialista, país pequeño agredido y bloqueado.

El socialismo, como sistema, vela por el bien común de la mayoría. Su finalidad es contribuir a la justicia y equidad social, más allá del dinero y el predominio de las personas con poder. Requiere, por tanto, de una acción más consciente. Con esto estoy aludiendo a decisiones que trascienden los intereses individuales. Por ende, en este tipo de sociedad, la rendición de cuentas debe ser sistemática, y garantizar una amplia participación, donde funcionen tanto los mecanismos de arriba hacia abajo como a la inversa, que pruebe la democracia. 

El desarrollo sostenible, la independencia nacional, tienen la constante necesidad de una efectiva rendición de cuentas, porque para que exista compromiso, las personas tienen que ver y sentir que se les tiene en cuenta y se les mantiene al tanto de cualquier toma de decisiones.

La rendición de cuentas debe abarcar los puntos más importantes, entre ellos: el estratégico de gobierno, el aspecto económico y financiero, el político, jurídico, el garante de la salud y condiciones de vida, el de la seguridad y defensa, y el de la cultura entre otros.

Las diversas organizaciones políticas y de masas, así como las civiles, son un medio para la discusión e intercambio a niveles de base para la trasmisión de abajo hacia arriba y viceversa, pero deben analizar y cambiar permanentemente su funcionamiento para evitar su anquilosamiento o burocratización.

El carácter de país bloqueado y agredido condiciona, a veces, la circulación de la información, sería ingenuo desconocerlo, pero ello debe convertirse, más bien, en un elemento que impulse la búsqueda constante de una mayor creatividad y efectividad en la rendición. Luchar en todo momento porque ese aspecto no se convierta en un pretexto para la claridad que garantiza la confianza.

Eduardo Reyes: En un orden social socialista como el nuestro, la rendición de cuentas, en primer lugar, patentiza quién es el verdadero dueño de las riquezas y del poder y demuestra que nadie está por encima de la ley y del control popular. El propio proceso implica no solamente denunciar los problemas a través de los planteamientos, sino que, como elemento esencial, el pueblo participe en su solución. Se crean comisiones de vecinos para atender determinadas situaciones que los afectan, o se realizan ciertas gestiones con la participación popular. Se consolida el control popular sobre los procesos administrativos y sus dirigentes, se logra un nivel cualitativamente superior en la relación pueblo-administración, en el contexto de la administración pública.

Lo más importante es que el pueblo reconozca y ejerza su autoridad, que la rendición de cuentas es un mecanismo, una herramienta política que le permite ejercer está autoridad, a través de la figura del delegado y del Consejo Popular como representantes y observadores de sus intereses, de su poder y de su verdadera autoridad.

Gastón MartínezLa supervisión de los órganos del Estado y de los funcionarios y servidores públicos debe de ser más amplio y estricto cumplimiento en el socialismo, porque, a diferencia de lo que sucede en muchos países capitalistas, y particularmente en América Latina, la democracia representativa en los socialistas debe reforzarse y sujetarse en gran medida a la participativa; o sea, el pueblo no solo tiene derecho a saber sino a decidir sobre los asuntos del Estado y regular, a partir de organismos del propio pueblo, sobre el comportamiento y las decisiones que competen a todos, y que toma a veces de manera particular una dependencia o algunos funcionarios públicos.

Como no vivo en un país socialista, no me atrevo a opinar más sobre estos procesos y mecanismos de la toma de decisiones que desconozco, pero me parece que en el socialismo debieran ser una práctica sistemática, cotidiana y profunda, que tenga que ver directamente con mandar obedeciendo, en lo fundamental.

Víctor Hugo Leyva. En principio, la rendición de cuentas debe cumplir la misma función en cualquier sistema; su necesidad y pertinencia, asociadas al cumplimiento de una función o gestión determinada, es útil y factible en cualquier sociedad. Claro, la forma en que se enfrente, se organice, su impacto y resultado, así como el alcance que pueda tener más allá de los entornos institucionales, y la connotación política que se le pueda dar, puede establecer la diferencia, al igual que el cumplimiento de los requisitos para su desarrollo.

En nuestra sociedad, como método, no solo rinden cuentas a nivel parlamentario los organismos de la administración del Estado, sino también otras estructuras de carácter estatal y empresarial, o de las propias organizaciones políticas. El caso más visible es el de las rendiciones de cuentas de los delegados del Poder Popular, pero no es el único.

Considero que este mecanismo puede, junto a otros, facilitar el seguimiento de la gestión a cualquier nivel, y con el debido control, perfeccionar los niveles de actividad en cualquier espacio. La participación, no solo de los públicos directamente implicados, sino de la población que recibe de manera indirecta los efectos de esos resultados, en el conocimiento de ese desempeño, en sus fortalezas y debilidades, puede garantizar mayores niveles de compromiso, incluyendo la posibilidad de un espectro mayor de soluciones.

Si ello incide en el mejoramiento de una actividad económica, de carácter ejecutivo, político o social, entonces existe la posibilidad de asistir a un mejor esquema de desarrollo.

Mirándolo desde el estado ideal de las cosas, la relación de las diferentes jerarquías de la estructura social y económica con el pueblo, tiene en las rendiciones de cuenta una posibilidad de interacción, y si se produce con los niveles necesarios de confiabilidad, veracidad y vocación de servicio, entonces se facilita en gran medida la democracia socialista.

Yassel A. Padrón: Cuando hablamos de un orden socialista nos referimos, sin dudas, a una sociedad en transición socialista; esto es, guiada por un proyecto que incluye la más completa democratización de las relaciones sociales.

A diferencia de las sociedades capitalistas, donde se espera que el poder público exista yuxtapuesto a grandes poderes privados, que escapan a su control y en el fondo lo dominan, en el socialismo todo se subordina, en primer lugar, al bien público, comenzando por la economía. En general, se considera que existe una relación de total complementariedad entre el bien común y el de cada individuo; por tanto, en un orden socialista la rendición de cuentas como mecanismo de una democracia participativa debe penetrar en todos los ámbitos, comenzando por el mundo del trabajo, con la de los directivos de las empresas ante los colectivos de trabajadores. Si existe un ámbito en el que esta no puede faltar, es en el plan de la economía. Aquí ese proceso debe darse en todos los niveles, en las instancias del Poder Popular, en las organizaciones políticas, en los sindicatos, y de todos estos, con la masa de trabajadores.

En un orden socialista se debe ser más enfático en la búsqueda de la democracia participativa de lo que jamás se podrá plantear en un contexto capitalista. En el orden liberal, los aspectos democráticos del sistema son neutralizados progresivamente por una desustanciación de lo político; en el socialismo, por el contrario, debe ser aprovechada toda oportunidad de activar la participación popular, pues solo ella, ejercida de manera consciente, como modo de apropiación de la realidad, garantiza la victoria cultural, y en esa democratización auténtica tienen un papel fundamental herramientas como la rendición de cuentas.

Sabemos, sin embargo, que en la práctica del socialismo, tal como ha existido históricamente, no siempre se ha avanzado lo necesario en términos de democracia y socialización del poder. Esto está relacionado con la entronización y abuso de la lógica de la vanguardia en muchos contextos, de ahí que se imponga la búsqueda creativa de nuevos paradigmas para las relaciones que deben establecerse entre dirigentes y dirigidos, las cuales deben basarse en el control popular.

En el contexto cubano, un buen primer paso para avanzar en esta dirección sería desarrollar todo lo posible los mecanismos de rendición de cuentas, que ya cuentan con cierto arraigo en nuestro ordenamiento institucional.

Rafael Hernández: ¿Qué problemas afectan la rendición de cuentas en Cuba y en otros países?, ¿el formalismo, la capacidad de respuesta, la credibilidad o el reconocimiento, la autoridad, el desinterés, el burocratismo, el verticalismo? ¿Los problemas están determinados por factores políticos, jurídicos, económicos, psicológicos, culturales, la resistencia al cambio, la llamada vieja mentalidad, la inercia? ¿Qué consecuencias mayores puede tener que la rendición de cuentas no funcione?

Patricia Arenas: Hay que estudiar muy bien los mecanismos psicológicos a nivel individual, grupal, organizacional y social en la base de las rendiciones de cuentas, las dinámicas de las interacciones para cada uno de estos niveles. La actividad humana, dadas las consideraciones que expresé en la definición de rendición de cuentas, tiene diversos mecanismos que pueden llevar a que se rehúya de las mismas, o que se conviertan en actividades formales, camisas de fuerza, mecanismos externos para ser burlados.

Si se siguen los discursos de los políticos fuera de Cuba en sus campañas, salta a la vista el conocimiento de principios y valores aceptados por los seres humanos, encaminados a atraer votos y personas partidarias. Ello descansa en la promesa de satisfacer las necesidades de los seres humanos, lo que es una cuestión universal. En Cuba, nos libramos de todo el montaje financiero y propagandístico de quienes basan su poder en el dinero. Pero salta a la vista la existencia de personas y organizaciones que pretenden utilizar las posibilidades del discurso para evadir las responsabilidades.

Cuando se formalizan y burocratizan los mecanismos, se esquematizan las respuestas, se utiliza el verticalismo y se ejercen mecanismos diversos de presión para acallar y sancionar a quienes se pronuncian, se debilita la retroalimentación a corto plazo. Pero, en el largo plazo, su efecto es más demoledor, al erosionar la confianza y la legitimidad, y hacer crecer el desinterés y el compromiso. 

Hace poco oí a un contador de un banco que decía: “diariamente se recolecta mucho dinero en el país y yo no sé dónde se mete ese dinero”. Las respuestas a ese tipo de comentario deben venir de rendiciones de cuentas sistemáticas, transparentes y, a la vez, producidas en un lenguaje claro para un público diverso. A veces, la información que brinda el periódico tiene un lenguaje tan alto, que incluso para mí, una estudiosa de las ciencias sociales, se hace incomprensible.

La claridad, sencillez, sinceridad y ejemplos apreciables por la población son elementos claves para mejorar la rendición de cuentas, además de la utilización de los medios y las nuevas tecnologías. Quienes tienen una responsabilidad de cualquier nivel, deben seguir el ejemplo del presidente Miguel Díaz-Canel y establecer un diálogo físico y constante con las personas a quienes dirigen y rinden cuentas.

Eduardo Reyes: Existen muchos elementos que afectan las rendiciones de cuentas y que, de hecho, se producen sistemáticamente y que generan desmotivación, falta de credibilidad y de reconocimiento social del delegado en la comunidad y del propio proceso político; entre ellos, la mala organización y preparación de las reuniones, con bajo poder de convocatoria, que no estimula la participación popular; pobre preparación de los delegados sobre los temas a debatir, lo cual le imposibilita enfrentar de manera adecuada el diálogo e intercambio con el pueblo, y desemboca en erróneas improvisaciones; falsas respuestas a los planteamientos de la población.

Otros problemas que afectan los procesos de rendición de cuentas y que provocan estados de opinión negativos, desconfianza y falta de credibilidad del pueblo en este importante proceso político son la autoajudicación de la solución de determinados problemas por parte del delegado, ignorando o desacreditando la participación popular y administrativa en ello; expresiones de populismo; desarrollo de reuniones con poca o excesiva participación popular, lo cual no garantiza, en ninguno de los casos, que la información necesaria llegue a los electores, ni un adecuado debate o discusión de los temas presentados; suspender o posponer los encuentros previstos, cambiar el lugar de la reunión sin previo aviso y no tramitar los acuerdos adoptados en las reuniones.

Gastón MartínezEspecíficamente sobre Cuba y otros países latinoamericanos me abstendría de comentar porque no tengo suficientes elementos, pero sí quiero dar mi punto de vista sobre México. En mi país, en esta nueva situación¸ el régimen político está sufriendo profundos cambios, los intereses privados están siendo desplazados de la toma de decisiones. Hay un sector compuesto por decenas de miles de funcionarios y millones de servidores públicos, que ejercen una resistencia a estas nuevas reglas, cuyo principal objetivo es la lucha contra la corrupción y la presencia dominante de los intereses privados en la llamada esfera pública. Esto ya se está revirtiendo. En México se le llamó “la puerta giratoria” a cómo los empresarios se vuelven participantes de puestos gubernamentales, y cómo en esta época neoliberal, muchos funcionarios públicos, y hasta expresidentes, al término de sus gestión se colocaron en los más altos cargos de consorcios monopolistas privados nacionales, e inclusive conglomerados transnacionales, internacionales, que en alguna medida se han beneficiado de la información que ya tenían estos funcionarios, debido al área donde trabajaban. Ahora, con el gobierno de López Obrador, que ya tiene dos años y medio, se ha hecho una modificación constitucional que puede llevar a los funcionarios que realicen esas prácticas a la inhabilitación de por vida y hasta a la cárcel. Hoy la corrupción es un delito grave en las nuevas leyes promulgadas en esta nueva etapa del desarrollo de México.

Víctor Hugo Leyva: Uno de los problemas que afecta la utilidad de la rendición de cuentas está relacionado con la falta de veracidad de la información. Esto, asociado a los niveles de formalismo con que se realiza, subvierte el propósito de mejoramiento de este tipo de procesos. A ello hay que añadirle la falta de sistematicidad y el seguimiento de las deficiencias que puedan enunciarse en su ejercicio. A veces se hace un análisis y en esos espacios se conforman con enunciar los problemas y, lo que es peor, en esbozar justificaciones que lastran la posibilidad de resolverlos. Cuando se enuncian términos como “explicada la causa de no solución”, como sucede en las rendiciones de cuentas de los delegados en las circunscripciones, significa que no se va a seguir insistiendo en resolver esa situación.

Súmese a eso el hecho de que cuando se trata de una gestión afectada por factores ajenos al funcionario u organismo que hace la rendición de cuenta, y no se establece legalmente la opción de que esas instituciones den respuestas en ese mismo espacio, entonces se crea una especie de limbo circunstancial que opaca cualquier resultado anterior.

Cuando tuve la posibilidad de ser delegado del Poder Popular y los planteamientos de mi circunscripción estaban relacionados con empresas o instituciones que no se presentaban durante el proceso, perduraba la sensación de impotencia, que se traducía en una percepción de incapacidad para los electores.

Las causas, al igual que las explicaciones que se ofrecen a los problemas, se malinterpretan olímpicamente cuando, tratando de no crear estados de ánimo de desencanto o insatisfacción, se esgrimen posibles problemas políticos para ocultar las deficiencias, o se acude a problemas económicos para encubrirlas.

Es imprescindible comprender la necesidad de la transparencia, la eficiencia y un sentido autocrítico real, cuyo análisis deba tener como fin último el desarrollo. Si el proceso se organiza bien, se solicita suficiente información, se comprueba, se le da seguimiento y se implican todos los factores que inciden en esa gestión, entonces no se generará insatisfacción y, por ende, se garantizará que ese proceso sea una vía para el perfeccionamiento y el desarrollo.

Yassel A. Padrón: Son numerosos los problemas que aquejan a las rendiciones de cuentas en el contexto cubano. Muchos tenemos la experiencia de que estas se han convertido en un formalismo vacío, poco más que un elemento dentro de una ritualidad política que poco tiene que ver con la participación efectiva de la ciudadanía; por tanto, es posible definir este como un primer problema.

Dirigentes y dirigidos han terminado por considerar la rendición de cuentas como un paso más, algo que se debe hacer porque está establecido, sin preocuparse excesivamente por algo que debería estar en cualquier reflexión al respecto, su calidad. Esto sucede, entre otros factores, por una cultura política escorada hacia el burocratismo, por no contar con el pueblo y por el afán de cumplir con lo establecido.

Uno de los principales problemas que influyen en la baja calidad de la rendición de cuentas es el de la falta de transparencia. Al no existir un diseño institucional y jurídico que apuntale su ejercicio en la gestión pública de un modo eficaz, constante y satisfactorio, se afecta la calidad y la capacidad de los ciudadanos para contrastar la información, de tal modo que, en la mayoría de los casos, no les queda más remedio que quedarse con la versión que exponen los dirigentes.

A eso se suma un historial de problemas planteados en las rendiciones de cuentas que no han encontrado solución. Esto puede tener muchas causas, que van desde el mal desempeño en la gestión hasta la falta de recursos en los diferentes niveles, asociados a los problemas que generan las sanciones económicas norteamericanas. No obstante, el saldo general es que, por un motivo u otro, los problemas no se solucionan, lo cual afianza la percepción del mecanismo como un mero formalismo.

Quizás otro de los problemas es la debilidad de los mecanismos para dar seguimiento a los planteamientos en las reuniones de rendición de cuentas, las cuales podrían ser una excelente herramienta de democracia participativa.

Cualquier intento actual de sacar a flote el sentido original de la rendición de cuentas choca con una mentalidad asentada en algo que podríamos llamar apatía. Los ciudadanos muestran cansancio por falta de expectativas a la hora de utilizar los mecanismos democráticos que están a su disposición. Esta es una actitud en la cual “la serpiente se muerde su propia cola”, pues consolida el formalismo que acecha a estos mecanismos y permite la reproducción de una situación de baja participación democrática. No obstante, sería un despropósito culpar solamente a la ciudadanía por su apatía, siendo este un resultado de problemas estructurales como los que tocamos con anterioridad, y también de otros.

En general, la falta de implicación en los asuntos comunes y el declive de la esfera pública son consecuencias recurrentes de situaciones en las cuales hay una baja participación efectiva y real en la toma de decisiones. Es ahí donde hay que buscar la causa de situaciones en las que se reproduce la apatía, y también hacia donde hay que mirar en la búsqueda de soluciones.

Rafael Hernández: Y, finalmente, le pido a los panelistas que nos digan cómo garantizar el buen funcionamiento de la rendición de cuentas, qué acciones se deben adoptar para que cumpla su papel y de quiénes dependen estas acciones.

Patricia Arenas. Muchas de las cosas que he mencionado contribuyen a garantizar un mejor funcionamiento de la rendición de cuentas a corto plazo. Deben aceitarse los mecanismos de recolección de información y participación de todas las personas, tiene que estar el oído pegado a la tierra y producir las respuestas en consecuencia a través de todos los canales. En este aspecto, destaco como mecanismos fundamentales la circulación de información previa, la concesión de un tiempo para que las personas puedan procesar la información, primero de manera individual, después en pequeños grupos y medianos, como preámbulo al intercambio y retroalimentación.

El tratamiento de la pandemia en Cuba y la circulación de toda la información al respecto es un claro y digno ejemplo de una buena gestión de gobierno con una rendición de cuenta eficaz. Es preciso tomarlo como modelo para llevarlo a los diferentes niveles, a una forma de comportamiento cotidiano por personas, grupos, organizaciones sociales, políticas, empresariales y de la sociedad civil. 

Además, para el perfeccionamiento de la rendición de cuentas, es importante atender los pasos a dar para el largo plazo. Se precisa comprender su carácter de sistema y su complejidad, la integración de los factores que la atraviesan: económicos, sociopsicológicos, políticos, jurídicos, culturales y tecnológicos, entre otros.

El primer eslabón para el mejoramiento, a largo plazo, es que la rendición de cuentas debe ser llevada al proceso de enseñanza/aprendizaje desde la infancia. Ello requeriría la formación de maestros y maestras para que lo hagan desde la vivencia.

También se requiere de un cambio cultural humano; solemos vivir muy anclados en la búsqueda y penalización de lo mal hecho, ello tiende a que toda la energía circunde alrededor de los problemas y que las personas y organizaciones desarrollen mecanismos de evasión y ocultamiento de la información. El paso hacia una cultura que se enfoque en la apreciación, en la búsqueda de lo que mejor funciona y el premio como parte de la vida, puede conllevar a un cambio en las personas, grupos, organizaciones y en la sociedad en su conjunto. Ello se debe acompañar de un amplio proceso de indagación, exploración, de la búsqueda de los elementos fundamentales, la comprensión de lo que otras personas están sosteniendo, para alcanzar un sistema de comunicación que se constituya en una comunicación eficaz, que es en definitiva el soporte de la rendición de cuentas.

Eduardo ReyesGarantizar un proceso eficiente de reuniones de rendición de cuenta no es fácil; por lo general, es bien complejo, porque es el resultado del trabajo diario, sistemático y consecutivo, que supone compromiso, preparación, entrega, responsabilidad, empatía con el pueblo, exigencia personal, social y hacia las administraciones, valor para enfrentar los problemas y para explicar. Supone modestia, humildad y disciplina, entre otras características.

Para garantizar su funcionamiento debemos, ante todo, ser valientes para hacer y decir lo que sea necesario, aunque no guste o duela. Aun cuando la responsabilidad es personal e indelegable, la rendición de cuentas se debe trabajar en equipo, ir de lo personal a lo colectivo. Las reuniones se organizan y se preparan, según un cronograma de ejecución, con encuentros de preparación por áreas, y recorridos sobre los planteamientos y las problemáticas existentes, se buscan las posibles soluciones o alternativas a los problemas acuciantes con el concurso de las administraciones y la participación popular, se elabora un plan de chequeos periódicos y su máxima expresión radica en su vínculo sistemático con los electores.

Se deben realizar contactos con los delegados de mayor experiencia, hacerse acompañar de las principales administraciones que inciden en la demarcación, así como los grupos de trabajo comunitarios integrados, que incluyen a todos los lideres formales e informales identificados, que puedan apoyar y aportar en el proceso. Se debe estimular los buenos resultados, así como como criticar todo lo que ha salido mal.

El proceso de reuniones de rendición de cuentas constituye un arma valiosa e importante si se organiza y conduce correctamente para lograr eficiencia en el trabajo de los delegados y del sistema del Poder Popular.

Gastón Martínez: En México, un elemento adicional son las ahora ya tan populares “mañaneras”. Todos los días, durante aproximadamente dos horas, el presidente López Obrador aparece ante las cámaras de la televisión pública y por diversos medios digitales, y da informes sobre la situación del país, que tienen que ver con la seguridad, con los energéticos, con los problemas de legalidad, de ilegalidad, etcétera. En esas comparecencias se produce una especie de diálogo circular, donde periodistas que están de acuerdo con el proceso de cambio, y otros opositores, abierta y claramente, y críticos del gobierno, participan haciendo denuncias y señalando cosas. Es muy interesante porque toda la población puede ver los problemas del momento. Esto se ha hecho fundamentalmente porque los medios convencionales de información en México están en manos de empresas privadas monopolistas, muchos de ellos son de los más ricos del país, pues poseen además, empresas muy exitosas en el terreno económico. Gran parte de esos medios dependían del apoyo del Estado, que les compraba publicidad en grandes cantidades, y les pagaba inclusive a los periodistas, había una lista enorme de periodistas a los que se les daba mensualmente dinero para apoyarlos en su labor supuestamente, y era la manera a través de la cual se compraban. Hoy las “mañaneras” son la principal vía para contrarrestar la información de los grandes medios con otra proveniente directamente del gobierno. Participa funcionarios, incluso del ejército, la guardia nacional, la marina, los encargados de la agricultura, la energía, etc. Todos tienen que pasar por ahí y dar informes sistemáticos sobre lo que se está haciendo y cómo, cuánto se gasta y en qué, etc. Es una experiencia que tiene a la derecha mexicana de puntitas, o sea, están colgados de la lámpara, enojadísimos, porque dicen que esas “mañaneras” son labores de promoción del gobierno. En mi opinión, es lo que hacía falta en este país, y uno de los mecanismos más interesantes que han surgido en México.

Por último, acerca de quiénes deben garantizar el funcionamiento de la rendición de cuentas, creo que, en primer lugar, el gobierno mismo; sin embargo, los órganos legislativos deben funcionar como verdaderos representantes populares y estimular la práctica de la denuncia responsable. No obstante, la acción popular y las organizaciones sociales representativas de la mayoría de la población, y los sectores que tengan expresiones no mayoritarias como, por ejemplo, los trabajadores de la cultura, son quienes podrán, con su acción, garantizar el funcionamiento de una real rendición de cuentas. Es decir, este proceso tiene que partir también desde abajo, tiene que irse abriendo a la posibilidad de la participación de todos los organismos, de la gente, de los periodistas, de la gente de cultura, de todos absolutamente, para plantear los problemas nacionales, los que competen a cada una de las actividades y segmentos sociales, y plantearlos, discutirlos abiertamente, y que los funcionarios, el gobierno y los representantes, tengan, por lo tanto, la obligación de rendir cuentas sistemáticamente. No solo desde abajo, pero principalmente desde abajo es como se puede obligar a que esto se convierta en una práctica cotidiana, sistemática, normal, y que todo el mundo sepa con claridad y con absoluta transparencia todo lo que sucede en los ámbitos en los que a cada quien compete, y en el nacional, que es de todos.

Víctor Hugo Leyva: En primer lugar, debemos actualizar el marco normativo que establece ese tipo de procesos, no solo a través del ordenamiento que tiene el país en su sistema político, sino en toda su estructura social, para determinar la necesidad y pertinencia como método para medir la gestión, al tiempo que facilite la obligatoriedad de su correcta organización y funcionamiento.

En segundo, atendiendo a las características de nuestra sociedad, debe establecerse su concepción metodológica, sus parámetros generales, su secuencia de realización, los métodos de seguimiento, su frecuencia y adaptación a los diferentes entornos. Además, debe definirse, cuando se trata de una gestión determinada, el carácter vinculante de la participación de todos los implicados en ella.

En tercero, no solo debe organizarse desde las jerarquías institucionales, sino que debe establecerse el mecanismo para que los destinatarios de la rendición de cuentas tengan la capacidad de solicitarla, cuando existan elementos para el análisis de una gestión determinada. Por ejemplo, los delegados y los diputados rinden cuenta de su gestión, pero solo en ciertos momentos del año y en determinadas instancias. Debe existir la posibilidad de que el pueblo pueda solicitar un proceso de rendición de cuentas de cualquier funcionario o entidad pública, si es una necesidad de la comunidad.

En todo este proceso, hay que analizar bien los resultados de las rendiciones de cuenta, las acciones que se deriven de ella, los acuerdos que se promuevan para darle seguimiento y las consecuencias para un organismo o institución determinada, incluso cuando el resultado final de esa acción demuestre el incumplimiento de las funciones para las cuales fueron designados los funcionarios o las instituciones.

Es muy importante garantizar la información pública, que trascienda los marcos de la reunión en la que se realice la rendición de cuentas. Si hay un elemento que afecta este proceso es el secretismo. Todo el mundo conoce lo que hacen los delegados, pero a menudo se ignora, fuera de los retazos informativos que llegan, el resultado de la gestión de funcionarios e instituciones a otros niveles.

Yassel A. Padrón: Realmente no creo que exista una respuesta simple para esa pregunta, pues alrededor de la rendición de cuentas existen situaciones asentadas, problemas estructurales multifactoriales que son de difícil solución.

Sería necesario hacer un diagnóstico claro de la situación, reconocer los problemas que la aquejan, y la distancia con respecto al paradigma que queremos alcanzar. Entonces, en la búsqueda de soluciones no pueden subestimarse las acciones que puedan realizar las mismas autoridades políticas en lo que respecta a la transformación del diseño institucional para crear condiciones propicias a una rendición de cuentas de calidad.

El contexto de la reforma constitucional es óptimo para acometer transformaciones democráticas necesarias en este ámbito, “desde arriba”. Sin embargo, nada puede sustituir a la movilización popular, porque los mecanismos democráticos solo alcanzan efectividad cuando las personas, la ciudadanía, se apropian de ellos; esto es un proceso que puede ser impulsado por las organizaciones políticas, pero para que sea orgánico debe incluir la auto organización popular. Es el contexto de movilización por demandas populares el que garantiza el desarrollo eficaz de esos mecanismos.

La rendición de cuentas, por otro lado, puede funcionar como mediación efectiva de las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales que luchan, por ejemplo, por la protección ecológica, por los derechos de las minorías, etcétera.

Por último, no puede olvidarse el papel de la prensa como un mecanismo indirecto pero muy efectivo, a través del cual la ciudadanía ejerce el control sobre los poderes establecidos.

Rafael Hernández: Muchas gracias a nuestros panelistas por sus muy completas y multifacéticas respuestas acerca de este abanico de problemas verdaderamente complejos, con diferentes derivaciones, lados. Nos han mostrado cómo podemos acercarnos a ellos desde las experiencias concretas de cada uno de los panelistas.

En primer lugar, Patricia Arenas, en su condición de psicóloga, mencionaba el miedo a exponerse a la crítica; y también Eduardo Reyes, delegado del Poder Popular, hablaba de tener la valentía y capacidad para colocarse en el rol de representante, y ser capaz de rendir cuentas y hacerlo como se debe. ¿Cómo aprender a hacer? ¿Es posible que esto forme parte de una formación, de la educación de los dirigentes, el gran tema de la educación de los que dirigen, aunque no sea al más alto nivel? Aprender a hacerlo, en la práctica, es algo que inevitablemente se construye sobre la marcha para que se desarrolle de manera eficaz.

Otros relacionaron la rendición de cuentas no solo con la democracia, sino con la eficiencia de actividades que impliquen la coordinación, como el buen gobierno, como el logro de determinados fines. ¿En qué medida una economía se puede desarrollar de manera eficaz sin un proceso de rendición de cuentas? ¿En qué medida puede haber eficiencia económica sin rendir cuentas? ¿Son dos cosas separadas?

Me llamó la atención el planteamiento sobre lo que puede compulsar a los jefes, o a los niveles superiores, a compartir o a escuchar opiniones de los niveles inferiores en relación con cómo resolver los problemas. ¿Cómo lograr que, en un orden jerárquico incluido, donde se rinden cuentas, se presente la cuestión de quién encuentra las soluciones y las implementa?

También uno de los panelistas se refería a evitar anteponer lo personal y lo político a lo colectivo. ¿Qué significa eso, entendiendo que en una democracia lo fundamental aparecería en lo colectivo?

Nuestro panelista de México, el profesor Gastón Martínez, afirmaba que las condiciones históricas concretas y las características peculiares de cada país eran inseparables de las fórmulas de la rendición de cuentas y con las maneras de aplicarse. ¿Es posible aprender en torno a la rendición de cuentas y a otras cuestiones de mecanismos, sobre todo locales, de funcionamiento democrático, entre países con historias y tradiciones culturales diferentes? ¿O es imposible que se puedan extraer lecciones por sus características peculiares?

Finalmente, hay un punto al cual hacía referencia Eduardo, el delegado: «Se trata de que se lleven a las rendiciones de cuentas las cuestiones que tienen que ver con la colectividad, no las cuestiones que tienen que ver con lo individual, estas tienen que dirimirse con un abogado”. En un sistema como el nuestro, ¿cuál es la línea que separa a las instituciones, como por ejemplo el Poder Popular, el Partido? Mucha gente recurre a ellos para resolver problemas, en lugar de ir a los tribunales. Esa línea nítida que los separa, sobre todo en una circunstancia como la de Cuba, tiene que ver con el funcionamiento del sistema en su conjunto y no solamente con el mecanismo. Este es un problema que sería interesante que los panelistas comentaran.

Quisiera ahora darle entrada a los comentarios y preguntas de los que participan en nuestro grupo en calidad de público.

Noris Tamayo Pineda: (Directora del Centro de Estudios de Administración Pública (CEAP), de la Universidad de La Habana, y vicepresidenta de la Sociedad Cubana de Administración Pública). Solo quiero suscribir la idea de que, a mi juicio, en los marcos de la administración pública la rendición de cuentas debe ser visualizada como un proceso en el que todos los ciudadanos observan, controlan y evalúan la actuación responsable de los servidores públicos, asumiendo principios que les son inherentes a la propia administración pública, como la transparencia y el control. Por tanto, la ausencia de la rendición de cuentas lacera principios básicos de la democracia; por una parte, la igualdad ciudadana, y por otra, el control popular. De aquí se desprende que la inadecuada o la inexistente rendición de cuentas lastima profundamente la vida democrática en un Estado de derecho.

Ahora bien, este tema cobra honda significación en el contexto cubano actual, en un proceso de transformaciones estructurales y funcionales como expresión de la actualización de nuestro modelo económico y social, donde apostamos por elevar a máxima expresión postulados constitucionales que refrendan la aspiración de construir una sociedad socialista, próspera y sostenible. Por tanto, son muchos los desafíos que enfrentar, que transitan por todo lo que han expresado los panelistas, e incluye incentivar una cultura del debate y de la deliberación, fomentar mayor transparencia, lograr mayor sensibilidad y responsabilidad social de nuestras instituciones públicas y, por supuesto, avanzar y aumentar la cultura ciudadana, que trae consigo una mayor preparación de nuestros servidores públicos.

Renier Garí Angulo: (Soldado del Servicio Militar Activo y estudiante de Filosofía, Universidad Central de Las Villas). En cuanto a la democracia, la rendición de cuentas de las instituciones a los ciudadanos, un tema medular es, precisamente, la creación de cultura democrática en su conjunto. Considero que esta se puede dividir en dos direcciones: primeramente, cómo hacer una ciudadanía crítica, que exija a las instituciones, y luego cómo construir también instituciones —porque ellas no son edificios y documentos, sino ciudadanos con cargos— con una cultura democrática. Entonces mi pregunta sería: ¿Cómo, desde estos propios espacios de creación de contenidos, de información, universidades, revistas, institutos, podemos educar a las personas, instituciones y ciudadanía, en una cultura democrática?

La sociedad es muy diversa, desde lo etario, la orientación sexual, la identidad de género, etc. ¿Cómo podemos trasmitir esas mismas esencias democráticas de las instituciones en formas y estilos de trabajo? O sea, existen las reuniones en la circunscripción donde se rinde cuentas, pero ¿qué otros métodos pueden existir? Me gustaría que el panel propusiera otros, que puedan llegar a públicos más amplios.

Manuel Alonso Machado: (Consultor económico). Quiero referirme solamente a los procesos de rendición de cuentas del Poder Popular, que rítmica y periódicamente celebramos en Cuba. Su liturgia y sus ritos se encuentran muy bien conceptualizados, ordenados y planificados. Posteriormente a su celebración se divulga una copiosa información, en la cual se nos hace saber la cantidad de reuniones cumplidas, planteamientos de la población y respuestas brindadas; generalmente no se incluye el porcentaje de participación ni tampoco las soluciones de los problemas.

Tomo parte activa en las rendiciones de cuentas de mi circunscripción, y eventualmente en las del Consejo Popular que me corresponde. De ahí en adelante, todo se convierte en un profundo misterio hasta que en la televisión nacional se incluye alguna que otra intervención en las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Recuerdo las palabras de la contralora general, Gladys Bejerano, en una de las últimas reuniones de la Asamblea, cuando, refiriéndose a los resultados de las comprobaciones del sector interno, dijo aproximadamente lo siguiente: «¿Hasta cuándo seguiremos hablando de lo mismo y aún no resolvemos definitivamente los problemas?».

En las rendiciones de cuentas se participa cada día menos, ya que durante mucho tiempo se han mantenido sin solución problemas acuciantes como los de la vivienda, la adquisición de alimentos, la libreta de abastecimiento, las colas, la burocracia, que hace angustiosa la solución del más simple trámite; los abusos de autoridad y la corrupción; los salideros de agua, la gestión de los desechos; y la lista sigue. Con el paso del tiempo, estas reuniones han sido despojadas de su importante e imprescindible función, en virtud de la complacencia de algunos funcionarios a los que solo parece interesarles las apariencias y no las soluciones, que acusan de todos los problemas a otros y no a su incompetencia, porque disfrutan de una impunidad casi absoluta. Es vital que recuperen su verdadera función en nuestra sociedad, como parte del control social, para contribuir a la salud de nuestra nación.

Daniel Rafuls: (Profesor. Universidad de La Habana). No rendir cuentas a ningún nivel organizacional; es decir, de Partido, de gobierno, de administración o de alguna agrupación social, etc., independientemente de si es nacional, regional o local, es consecuencia de una concepción democrática piramidal en los procesos de dirección donde los directivos, los jefes, sean líderes reales o formales, confían en sus capacidades y fuerzas propias y no en la inteligencia colectiva.

En un proceso de construcción social como el socialismo, que se hace de una manera espontánea, confiando en la capacidad e inteligencia individual del designado o el elegido, o en las cacareadas virtudes naturales del mercado, y no en la acción consciente o pensada de los hombres, la rendición de cuentas de las autoridades es fundamental, porque es el momento donde confluyen la explicación que dan los representantes o funcionarios públicos de sus acciones, con las inquietudes, preocupaciones o demandas de sus representados.

¿Es posible en un proceso de construcción socialista —que, a diferencia del capitalismo, debe ser pensado y construido con la inteligencia colectiva de sus principales beneficiarios— tener representantes y funcionarios públicos cuya promoción a esos cargos no sea consecuencia de una política consecuentemente diseñada que evite la espontaneidad? O dicho de otra manera: ¿junto al necesario perfeccionamiento de las organizaciones y del aparato legislativo de que hemos estado hablando en este panel, es posible garantizar auténticas y eficientes rendiciones de cuentas dentro de organizaciones políticas, estatales, sociales o de masas, a nivel nacional, sectorial o local, sin una política de cuadros adecuada que promueva a cargos públicos no necesariamente a los que siempre están dispuestos a ostentarlos, sino a los que tengan cualidades éticas, profesionales y humanas para desempeñar integralmente esas responsabilidades? Y si no es sobre la base de este presupuesto, es decir, una política de cuadros mucho más eficiente que la actual, ¿cómo lograr una rendición de cuentas con representantes públicos con mayor nivel de preparación ética, profesional y humana?

José Alejandro Rodríguez: (Periodista. Juventud Rebelde). La rendición de cuentas como práctica social no puede ser una ocasión ni un requisito a cumplir porque corre el peligro de formalizarse o perder su esencia democrática; debe constituir el estilo inmanente, la razón de ser de cualquier gestión pública de organizaciones de arriba hacia abajo y viceversa, para que no se convierta en la repetición del cuento, como lo sintetiza el humor popular. El diseño excesivamente verticalista y centralizado de nuestra sociedad durante años, ese que estamos intentando horizontalizar por un socialismo más pleno y democrático, configuró hábitos y prácticas excesivamente autoritarios y unidireccionales en los estilos de dirección, la cadena de mando se movió mayormente de arriba hacia abajo.

La rendición de cuentas, con su oxigenación transparente, su sinceramiento vigorizante y su estímulo a la revisión sistemática de cada sujeto público, fortalece la participación tan necesaria al socialismo; cuando ese camino de doble vía se burocratiza y entorpece, se agolpan unas a otras, como en la vieja canción, las frustraciones sociales. Para su efectividad, todos los días se necesita mucho más liderazgo real que formal en las esferas de dirección y en las bases populares de la sociedad, un liderazgo guevariano, basado en el ejemplo, el dominio de los asuntos, la capacidad de convencer y argumentar, la cultura del diálogo y el debate, tan urgidos hoy en nuestro tejido social para que a estas alturas otros, aprovechando nuestros vacíos y oquedades, no vengan a hacernos el cuento suyo con aviesas intenciones.

Para que haya rendición de cuentas se necesitan dos actores bien entrenados: quienes rindan tributo sin temores y ocultamientos al bienestar y los estados de opinión de la sociedad, y quienes pidan cuentas con firmeza, compromiso social y alto sentido de la responsabilidad pública; ambos necesitan regulaciones y normativas que estimulen más que compulsen, y estructuras y espacios que validen.

En la lidia entre lo que aspiramos y lo que realmente sucede, entre el deber ser y el ser, la única manera de exorcizar nuestros errores, desviaciones y desaciertos es someterlos al juicio público y enfrentarlos entre todos. No se concibe la rendición de cuentas como fenómeno sanador de la sociedad sin la comunicación social y la información, un derecho y un derecho de cada quien arriba, abajo y a los lados.

Y para no desbordar el tiempo concedido, cierro con esta observación de un periodista que, en una sección diaria de quejas, planteamientos e inquietudes de los ciudadanos, “Acuse de recibo”, en Juventud Rebelde, también revela y analiza las respuestas de las instituciones aludidas. En ellas, de vez en cuando y de cuando en vez, asoma su cabezona atávica la reacción airada, elusiva, justificativa y engañosa de más de una institución. Hay hasta quien rinde cuentas, sí, pero a su imagen y a su cargo, y se desentiende de su función de servidor público, ojo con esto.

He aprendido muchísimo en este foro con las intervenciones de panelistas y participantes, a conceptualizar mucho más mis inquietudes sobre el tema de la rendición de cuentas. Propongo que todo lo contenido aquí se haga llegar al universo de instituciones y organizaciones del país, para que no quede nada más que en soliloquio de este foro.

Elvira Edwards Vázquez: (Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello). Mi comentario tiene que ver con la pregunta tres. La rendición de cuentas en un orden socialista constituye una relación que incluye múltiples componentes, y puede ser objeto de reflexión desde ámbitos de saberes diversos. Propongo una mirada desde la articulación cultura-política, y me interrogo, ¿qué significación operacional práctica contiene esta mirada para un acercamiento crítico a prácticas en un orden socialista?

La significación operacional se ubica en que, tanto en la rendición de cuentas como en la democracia, las personas, su comportamiento, la asunción de ámbitos de poder, constituyen sujetos de la práctica cultural y también política, objeto de nuestro análisis. La rendición de cuentas y su capacidad democrática develan el grado de madurez de la cultura política de los participantes en sus procesos y sus posibles impactos en las potencialidades reconstructivas de la sociedad. Entonces, ¿qué caracterizará una dinámica social donde la rendición de cuentas se perfile en un escenario democrático? La respuesta a esta interrogante tiene como eje la cultura del poder y de los sujetos populares colectivos diversos en la estructura de participación política y su derivación en el tipo de acción social que genera.

De ahí que distingo tres características de la rendición de cuentas en un escenario democrático: en primer lugar, la capacidad del sistema político de colocar los límites y la brújula del poder en el curso del proyecto social, en el territorio de la articulación de consensos, y en la diversidad de formas de entender y querer ese proyecto social de país, despojándose de actitudes de monopolio de la representación; en segundo, la atención continua por parte de las estructuras de poder a posibles ámbitos de voluntad popular que no son escuchados y tenidos en cuenta; y, por último, la potencialidad de sujetos populares individuales y colectivos para el impulso de prácticas desarrolladoras de una ciudadanía con capacidad del ejercicio del poder, de gestión del espacio público.

De lo anterior se deriva que la democracia se sustente en el grado de participación ciudadana en la vida política, en su diversidad de espacios y en niveles de decisión, en las tramas que se creen para la fecundación de una dinámica de rendición de cuentas, y que las contrapartidas propicien la retroalimentación en cuanto a la medida en que el proyecto sociopolítico del país responda a las expectativas del imaginario colectivo.

Yunier Rodríguez Cruz: (Centro de Estudios de Gobierno Digital, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana). En los últimos años, el impacto de las TICS, así como el acceso a la información y lo referido a los enfoques de gobierno digital, están incidiendo en los mecanismos de rendición de cuentas del Estado y del gobierno. Como resultado, a nivel internacional se va evidenciando un conjunto de estándares, dinámicas regulatorias, articulación con algunos mecanismos de transparencia administrativa, y se percibe un mayor uso de datos de información pública, sobre todo en estos nuevos escenarios o espacios de intercambio y participación popular.

Todo ello ha facilitado que la rendición de cuentas se presente como un proceso en que los actores sociales conozcan y verifiquen cómo se lleva a cabo la gestión pública por parte de las entidades gubernamentales y sus funcionarios e, indiscutiblemente, se presenta como un mecanismo que permite evitar o combatir la corrupción administrativa, pero también reflejar con total transparencia cómo se desarrollan los procesos asociados a la gobernanza pública.

Yo creo que incluso en la Constitución se explicita el carácter participativo y la importancia de este mecanismo para la Cuba actual, pero evidentemente el desarrollo tecnológico y toda la transformación digital tiene nuevos retos y desafíos. ¿Cómo podrían influir en la rendición de cuentas estos nuevos escenarios digitales, informacionales y comunicativos cubanos?

Ovidio D’Ángelo: (Centro de Investigaciones Sociológicas y Psicológicas). Quiero comentar algunos puntos que me parecen relevantes. Primero, que la rendición de cuentas es parte de un sistema de relaciones sociopolíticas y contextos institucionales diversos. Esto significa legitimar la participación ciudadana en todos ellos con efectos tangibles, que puedan ser realmente efectivos. La necesidad de fomentar una cultura de diálogo reflexivo, colectivo, implica preparación, formación, entrenamiento, porque son modalidades que no se manejan a nivel de las conversaciones y sentido común.

Otro aspecto sería la representatividad y atribuciones de los coordinadores de las rendiciones de cuentas, que deben ser bien seleccionados por las comunidades sobre la base de criterios muy definidos y no por autobiografías solamente. La representatividad de sectores sociales en diferentes niveles de las instituciones del país, que evidencien la diversidad de la población, implica también otras formas de elección por la ciudadanía y los trabajadores.

La incorporación sistemática del trabajo de las organizaciones sociales y los grupos de trabajo comunitarios y las instituciones en enfoques y alternativas de visión de los problemas, todo esto a diferentes niveles, comisiones de trabajo estables, sistemáticas, requiere un trabajo grupal sistemático, lo que implica también un cambio de estilo y contenidos de las organizaciones sociales del país, que deben actualizarse en esta dirección de democratización de la sociedad.

Wilder Pérez: (Investigador. Instituto de Filosofía). Voy a comentar sobre la rendición de cuentas en el socialismo, y enfatizar algunas ideas ya abordadas. Mañana se cumple siglo y medio del fin de la Comuna de París, un evento que entrelazó el mandato vinculante, como prescripción de gobierno, al socialismo. Desde entonces, los estudios y referentes prácticos sobre el tema se han multiplicado.

La rendición de cuentas, como idea y como práctica, apunta al meollo de todo proceso de socialización, a las bases de un autogobierno socialista, al control colectivo sobre actos y decisiones que condicionan la vida en sociedad, que impactan sobre diversas instancias de lo público, que delimitan el bien común. Rendir cuentas supone, por un lado, una obligación; por otro, un derecho. Obliga a ofrecer información pertinente, a someter a escrutinio público hechos y decisiones de una gestión o gobierno. Supone también una responsabilidad, responder ante alguien, a comentar las razones de tales decisiones, exponerse al diálogo crítico, a preguntas incómodas. Finalmente, implica asumir las consecuencias sobre dicha gestión, su posible sanción, sea la regulación del mandato u otra. Sin estos tres momentos, rendir cuentas puede ser mera propaganda o formalismo.

Puede verse entonces por un proceso condicionado por una serie de oposiciones: frente al secretismo, el acceso público a la información y la posibilidad de un monitoreo permanente sobre la gestión; frente al verticalismo, la deliberación colectiva sobre decisiones y cuestiones relevantes para la sociedad; frente a la corrupción, la existencia de normas y prácticas que viabilicen el control popular sobre todo funcionario electo o designado, sobre toda institución pública.

En Cuba es común alegar que las estructuras son adecuadas, pero su funcionamiento es deficiente. ¿Nuestras normas e instituciones hacen del rendir cuentas un pilar de nuestra democracia?, ¿sin un diseño que regule toda estructura de poder, de arriba hasta abajo?, ¿que establezca procedimientos explícitos sobre quiénes rinden cuentas, a quiénes, de qué formas, cada qué tiempo, y que estipule sanciones por incumplimiento del encargo? ¿Sin estrategias de educación y comunicación que fomenten una robusta cultura cívica? ¿Sin garantías para la intervención política de formas sociales autorganizadas (sean asociaciones, sindicatos, comunidades, movimientos sociales, etc.)?

Yan Guzmán Hernández: (Profesor de Derecho Constitucional, Universidad de La Habana). Me gustaría acotar dos cuestiones respecto al tema que nos ocupa. Desde el punto de vista constitucional no debe perderse de vista que hay dos regulaciones importantes vinculadas con la rendición de cuentas, la primera es que la institución es entendida como un principio de organización y funcionamiento de los órganos estatales, y así estaba regulada en la Constitución de 1976, y así está en la de 2019; igual, en ambos textos también se da la posibilidad de que esa institución tenga vida e importancia y trascendencia en el marco de las entidades laborales, la rendición de cuentas a la que está obligada la administración a los trabajadores, tan importante en una economía estatal socialista como la nuestra.

Respecto a cómo lograr una mejor rendición de cuentas, se debe tener presente que hay un grupo de principios estructurales a la institución. Estos son contradicción, bilateralidad, información, transparencia, periodicidad oportuna, una periodicidad establecida y, por supuesto, participación, en cualquiera de los niveles de cualquiera de las instituciones en que se produzca.

Y, por último, algo que conozco que se está trabajando, es la necesidad de una metodología, es decir, de un procedimiento lo más claro, lo más desmenuzado posible, que permita tanto a la rendición de cuentas en el marco de la administración con los trabajadores, como en el del delegado con sus electores, que el proceso transcurra siguiendo determinadas pautas que aseguren sus objetivos.

Yohanka de León: (Investigadora. Instituto de Filosofía). Rendición de cuentas es un procedimiento de toda práctica consultiva para propiciar la participación de los destinatarios de la actividad y actuación de los servidores públicos, ya sean personas o instituciones. Es una mediación imprescindible para el accionar de la democracia y esencialmente participativa.

En Cuba hay lugares para ella. Sin embargo, las angustias están en su funcionamiento o eficacia o, en algunos casos, en la falta de visión de que es vinculante y norma de la vida pública. Para algunas instituciones, es inconveniente y molesto, por eso se minimiza, se pospone o se olvida poner en ella toda la fuerza y potencialidad de las instituciones que la tienen en su proceder.

La pregunta es por qué este absurdo, si es vital para una sociedad que construye un proyecto social para la mayoría humilde y por ella. Creo que para que nuestra reflexión nos coloque en un espectro de positividad, es necesario pensar y proponer maneras y formas de comunicar, informar y formar sobre la rendición de cuentas. Ella no es solo el grito desesperado o el murmullo soplado de la insatisfacción, el incumplimiento, la pereza o el despropósito de los servicios públicos y de sus servidores, es la manera de poner en común los propósitos, las acciones posibles de la comunidad o lo comunitario. Ello no es espontáneo, hay que aprenderlo y aprehenderlo, puesto que la lógica moderna, aún colonial y subdesarrollada de nuestra sociedad, además de bloqueada, individualiza; y aún en la solidaridad vivida durante sesenta años, el egoísmo, la apatía con asimetrías es mayor que lo común a construir. Es necesario hacer nuestras acciones más radicales, es decir, ir a la raíz.

William Espronceda: (Profesor. Departamento de Sociología, Universidad de La Habana). Quiero hacer algunas reflexiones, más bien de carácter teórico, motivado por las interesantes reflexiones de los panelistas. En primer lugar, el estudio sobre la rendición de cuentas, como uno de los mecanismos o instrumentos de la ampliación de la democracia, ha surgido con relativa fuerza en las últimas décadas, en parte como respuesta a la actual crisis de representación política y administrativa a escala global; desde el punto de vista de su concreción en la práctica política la rendición de cuentas, en cambio, estaba mucho más relegada.

No basta con tener buenos gobernantes y servidores públicos, hace falta también los mecanismos de control y transparencia, capaces de establecer una vigilancia constante sobre el modo de gestión de los bienes públicos. Es entonces que la rendición de cuentas es crucial. Al mismo tiempo, esta, por sí misma no garantiza una efectiva democracia; habría que hablar de una elevada cultura política y ciudadana que permita interpelar a los representantes. Una rendición de cuentas sobre una ciudadanía acrítica, desinteresada, complaciente y desconocedora de sus derechos se convierte en un acto formal y poco efectivo.

Por ello quiero subrayar el papel activo de los beneficiarios de la rendición de cuentas; es decir, hay que tener un sistema transparente y operativo, por un lado, y por otro, una ciudadanía con pensamiento crítico y poder efectivo para el cambio social, ambas prácticas se interrelacionan. Un efectivo sistema de rendición de cuentas no es aquel que más controles y normas posee, puesto que esto llevaría más burocracia y menos transparencia y operatividad. La clave estaría, creo yo, en descentralizar el sistema para lograr una mayor operatividad y efectividad entre representantes y representados.

Por último, debo añadir que la aspiración debería ser limitar al máximo los grados de representación político-administrativa y aumentar los de participación directa. De esta manera, la sociedad no tendría, o al menos sería en un grado mínimo, que controlar a sus representantes, sino que se autogobernaría, se autorrepresentaría. Más allá de la dificultad que esto supone en el orden práctico, es legítimo su planteamiento creciente. La representación y su control han respondido a determinadas formas sociales existentes, la autogestión también es una construcción sociohistórica.

Ricardo Machado: (Sociólogo). Rendición de cuentas es un acto de control; es decir, una función del ciclo directivo que interactúa con otras tres: planeación, organización-dirección o gestión, y, finalmente, control o rendición. En no pocas de nuestras instituciones están desarticuladas. La cultura del país en materia de gestión o administración es probablemente la más baja de América Latina. El presidente Díaz-Canel dijo que había que enseñar administración en las escuelas del PCC. Implica reconocer un déficit esencial. Esta realidad afecta la rendición de cuentas. Hay que preguntarse ¿qué cuentas? Si no hubo precisión en las cuentas, ¿cómo se va a evaluar?

Yosley Carrero: (Periodista. Sistema Informativo de la Televisión Cubana). De manera particular me gustaría que los panelistas pudieran verter luz en cómo los medios públicos, y particularmente las plataformas digitales o el escenario de las redes sociales, pudieran ayudar al ejercicio de la rendición de cuentas; y cómo pudieran servir como una herramienta, un mecanismo, para que los servidores públicos presten una gestión más efectiva de la rendición de cuentas ya no solo a nivel nacional, también a nivel local. En otro sentido, ¿cómo puede hacerse más efectiva la transparencia de la información pública en los diferentes espacios o plataformas de comunicación con las que cuentan las instituciones? En ocasiones nos encontramos que datos e información valiosa no son publicados, y con sitios web totalmente desactualizados, o incluso donde no se potencia la interacción con los usuarios, o sea, donde no se permite que las personas puedan escribir sus comentarios sobre una temática determinada. ¿Cuál puede ser la función de los medios públicos en el caso Cuba para la rendición de cuentas? ¿Cómo pueden influir las redes sociales y las plataformas digitales desde la propia experiencia de la construcción de un sistema socialista?

Daybel Pañellas: (Profesora. Facultad de Psicología, Universidad de La Habana). Tengo tres preguntas para el panel. Teniendo en cuenta que “rendición de cuentas” es también una expresión que se utiliza muchas veces como sinónimo de venganza, ¿consideran que porta una cierta carga estigmatizadora? Si fuera así, ¿modificarían esa frase por otra?, ¿cuál pudiera ser? Asumiendo que en cualquier caso tenemos estructuras verticalistas, y que seguimos con una mentalidad que funciona desde una autoridad suprema y una subordinación otra, ¿cómo creen que pudiéramos contribuir a la circulación de información sin filtros y omisiones? Y, por último, quisiera que profundizaran, más allá de la Constitución, en cuáles son los factores que apuntan a un escenario favorable para la adecuada rendición de cuentas en nuestro contexto.

Rafael Hernández: Antes de darle la palabra a los panelistas para que empiecen a comentar, responder preguntas o referirse a lo que han dicho otros miembros del panel, quisiera aportar tres cuestiones puntuales, que me surgen de escuchar a la docena de excelentes intervenciones del público.

¿Cómo se conjuga el poder de la burocracia, que no está acostumbrada, entrenada, educada, que no tiene una cultura de rendir cuentas a los niveles inferiores, y la supuesta obligatoriedad de hacerlo ante instancias que no están por arriba de ella? ¿Se trata de algo que puede resolverse a través de la educación, de la instrucción, de la aplicación de técnicas de gestión, o se trata de una cuestión de poder? Porque si es esto último, se trata de una cuestión política que no puede entregarse, o que dudosamente puede resolverse a través de una tecnología de la gestión solamente.

La segunda observación es también muy puntual. ¿Cómo se relaciona el mecanismo de rendición de cuentas con la política de cuadros de la cual se habla tanto últimamente? ¿Cómo se relaciona con la planificación económica, de la cual se habla también mucho, en términos de hacerla diferente? ¿Es posible integrar formalmente al proceso de designación de cuadros en cargos determinados, así como de construcción de un plan económico que sea no solamente viable, técnicamente bien conformado, sino arraigado, en los que lo tienen que llevar adelante? ¿Podría desarrollarse de manera formal la articulación entre la rendición de cuentas y la política de cuadros y la de planificación?

Por último, ya que en algunos espacios organizacionales institucionales se rinde cuentas y en otros no, y que esta no es una cuestión solo del mundo de las empresas o de las instituciones del Estado, sino también de las organizaciones sociales y políticas, ¿resulta viable una concepción de la rendición de cuentas que parcele el sistema político institucional y social de esa manera?, ¿que considere que hay parcelas de ese sistema donde viene bien y puede aplicarse la rendición de cuentas, y en otros no?

Patricia Arenas: Yo pienso que más que preguntas se han ido haciendo intervenciones que se complementan y que muestran los diversos matices que todos estos aspectos pueden tener. En las preguntas y respuestas hay, a mi modo de ver, una alta consonancia, y gran interés, por parte de las personas, de que esta temática sea tenida en cuenta con toda la importancia que tiene para el país, y que, por supuesto, con la cual tenemos todos mucho compromiso.

Sin dudas, la primera cuestión sería crear un documento con estas inquietudes y elevarlo a la dirección del país, porque desde allí tendrían que asumir esta temática, de la misma manera que está sucediendo hoy con la pandemia. Una vez hecho esto, es en el nivel nacional donde tendrían que establecerse los métodos de control para lograr una mejor rendición de cuentas. Habría que considerar lo que hay que hacer en el corto y en el largo plazo. Yo remarcaría la importancia que tiene no solo dejarlo a nivel del país, sino de cada ciudadano o ciudadana. Desde la cultura que hemos ido creando estamos siempre a la espera de respuestas desde arriba, en lugar de impulsarlas desde la base. Estoy hablando de la importancia que tiene la acción personal, más allá de la propia acción desde el gobierno.

La otra cuestión que sería importante es la utilización de los medios digitales. Este ejercicio que estamos haciendo es un buen ejemplo de cómo la forma en que hoy nos podemos comunicar es diversa y diferente cualitativamente a lo que antes hacíamos; por ende, tenemos que mejorar nuestra propia forma de pensar estos medios y lograr rendiciones de cuentas mucho más efectivas y no burocráticas.

Eduardo Reyes: Esta es una experiencia que nunca había compartido y realmente me estimula mucho, y más aún cuando puedo apreciar que mis reflexiones tuvieron oídos receptores, que generaron comentarios muy interesantes. Me gustaría comentar sobre la base de mi experiencia en el Poder Popular.

Sobre el trabajo de un delegado recaen muchísimas cuestiones de índole individual o personal de sus electores, a las cuales se debe prestar la máxima atención, con la responsabilidad no solo de orientar al elector, sino de acompañarlo en su gestión, hasta la solución final. Pero la rendición de cuentas es otra cosa, más perfilada a lo social, lo común o lo colectivo. Ahí estriba su esencia o carácter democrático, cuando el delegado rinde cuentas de su gestión en función de los problemas y las dificultades que inciden y nos preocupan a todos, a la mayoría.

Hoy recuerdo a la profesora Susana Acea Terry, cuando nos decía que el delegado es «el único funcionario público que cada seis meses se para frente al pueblo a preguntarle qué problemas tienen». Hay que ser valiente para enfrentar ese acto. Tampoco pienso que todos los problemas individuales haya que ventilarlos con un abogado, porque no todos son de orden jurídico.

Víctor Hugo Leyva: Creo que ha sido muy interesante escuchar tantos y tan diversos criterios. En primer lugar, tenemos que seguir insistiendo en crear en torno al proceso de rendición de cuentas, cualquiera que sea; no la del delegado, que es la que todo el mundo conoce, sino la de las instituciones. Perseverar en la posibilidad de que eso sea un elemento y un factor que se produzca bien en todos los niveles de la estructura jerárquica: en las instituciones, en las empresas, en las organizaciones, como un espacio para transparentar la gestión que se hace en cualquiera de esos lugares.

Es muy importante generar ese espacio cultural de preparación, que la gente no lo vea como un castigo sino como una necesidad, como algo que, además, debe facilitar la eficiencia de la gestión pública en todos los ámbitos y entornos en que la gente se está desarrollando.

A mí me parece que el problema cultural también está relacionado con que la gente habla de la rendición de cuentas solamente relacionada con la de los delegados; llama la atención sobre que no se comprende que hay otras opciones, otras posibilidades y otros espacios donde este proceso se puede y debe producir.

Se debe tener en cuenta igualmente que la rendición de cuentas es un momento, pero —como uno de los colegas comentó— el resultado de la gestión pública debe ser de dominio público permanente, tiene que haber un sistema de información que mantenga a las personas y a otras instituciones, informadas sobre cómo van los espacios de gestión sin que eso constituya una rendición de cuentas, aunque se resuma en reuniones, en un momento determinado.

Hay un elemento que se ha introducido en este panel que tiene que ver con el tema de las nuevas tecnologías. Yo creo que hay una fortaleza muy importante, que tiene que ver con el aporte de información permanente sobre la gestión pública que se puede hacer a través de las redes sociales. El gobierno electrónico —“en línea”, como se dice— que establece espacios de intercambio con las personas para mantener esa información, puede ser una buena posibilidad; incluso el uso de las tecnologías para ampliar la participación en este nivel, tiene que ver con las rendiciones de cuentas. Es muy importante, siempre y cuando se establezcan los mecanismos de control que conocemos, con la precisión de los detalles, los alcances, y el nivel de información que hay que darles a las personas para que puedan opinar.

El asunto es que —creo que ya Rafael lo decía— cuando uno establece un proceso de políticas de cuadros, tiene que haber todo un sistema para la preparación, no puede ser espontáneo, porque por eso es que hay problemas de eficiencia. Uno de los elementos en los que hay que preparar al cuadro es en la comprensión de este proceso como una necesidad y con la importancia que tiene para poder ser más eficiente en la gestión pública. No solo es necesario organizarlo mejor. Además de la rendición de cuentas, todas las instituciones públicas, que se deben en su gestión, como está establecido constitucionalmente, al pueblo, deben tener un mecanismo para que se pueda controlar o conocer acerca de esa gestión. No se trata solo de que se organice jerárquica o institucionalmente, sino también de que existir un mecanismo a través del cual las personas, una comunidad o un grupo de trabajadores puedan hacer solicitudes en un momento determinado. No hablemos ya de las famosas asambleas sindicales, donde hay un informe de la administración que prácticamente debía ser una rendición de cuentas de lo que ha pasado en la institución, y que hoy no constituye realmente un espacio de intercambio para que la gente opine.

Yo creo que la rendición de cuentas es muy importante si se organiza bien, si se garantiza el nivel de participación que necesita, el seguimiento que lleva; y si la gente la sigue comprendiendo justamente como un mecanismo para facilitar los niveles de eficiencia, para resolver los problemas y para garantizar también niveles de participación reales, y no formales, de las personas que tienen que ver con el funcionamiento de una institución determinada.

Yassel A. Padrón: La rendición de cuentas, sin dudas, es uno de los elementos más importantes en el camino hacia una democracia participativa. En Cuba puede verse las tensiones que existen a nivel social, que tienen que ver con los conservadurismos, con los malestares de diferentes sectores, y todo eso se relaciona de una manera que se necesita una mayor democratización de las instituciones y de las relaciones sociales; un proceso de rendición de cuentas, a todos los niveles, que pueda construir el tejido de la democracia y que pueda tener un papel fundamental en la superación de muchos de los problemas en los que estamos implicados como sociedad.

Me gustaría añadir las posibilidades que tiene en todo esto el acumulado de pensamiento académico que tenemos desde el derecho, desde las ciencias sociales, acerca de las posibilidades, los tiempos, el desarrollo, que puede ser necesario a la hora de pensar la rendición de cuentas. Es importante también tener en cuenta la experiencia de los territorios; no es igual la que pueda tener alguien que está en La Habana que la que puede tener alguien en un municipio de Santiago de Cuba o de Villa Clara, o en un contexto rural.

Gastón Martínez: He escuchado con mucho interés algunas de las intervenciones, me parecen muy importantes, muy ricas. Su carácter me orilla a hablar específicamente del caso mexicano. Solo puedo referirme a México porque desconozco lo que se hace en ese terreno en otros países hermanos de América Latina y, desde luego, respecto a Cuba también soy un neófito, pues no tengo mayores elementos que los que ustedes me están brindando.

Si bien en el proceso de rendición de cuentas participan varios estados nacionales, lo que hay que tener en cuenta es que no se pueden aplicar reglas generales, fundamentalmente porque lo que hay que informar depende, en primer lugar, del tipo de estado. Esto se forja histórica y socialmente, y en cada país hay, digamos, condiciones diferentes.

En México, la rendición de cuentas se empezó a realizar a partir de procedimientos y formas que se convirtieron en un proceso burocrático en donde, a la postre, la gente prácticamente no participaba. Se hacía dentro de las propias dependencias oficiales, y el pueblo no tenía mayores conocimientos, más allá de que cuando intervenía directamente era para pedir dos o tres informaciones.

En los últimos dos años estamos en un proceso, con el gobierno actual, en el que se ha modificado de manera sustancial el asunto de la rendición de cuentas. Se rompió un poco la inercia en la que se la identificaba con un procedimiento que se tenía que hacer a través de mecanismos que muchas veces se burocratizaban, y ocurrió un fenómeno: la gente empezó a exigir participar directamente y demandar, y lo que sucedió es que se ha incluido, de manera informal, la rendición de cuentas, que son actualmente las populares «mañaneras». En las mañanas, de lunes a viernes, el presidente aparece en la televisión y la radio públicas —pues en lo privado el gobierno está vetado— a informar sobre la situación. Ha habido un cambio radical, se produce una especie de diálogo circular donde periodistas, académicos, etc., cuestionan, e incluso denuncian, que tal o cual funcionario no ha hecho tal cosa. Esto ha hecho que la situación con el burocratismo haya mejorado a favor del pueblo.

La rendición de cuentas tiene que darse en el Estado mismo, pero hacia la gente. En el caso de México, hay que buscar maneras para que la gente exprese y demande, critique, enfrente, denuncie, porque eso, en cada caso, siempre va a ser muy importante. Diariamente hay denuncias y se dice: «El jueves se va a resolver, a ver, Secretario de Gobernación, a ver, Secretario de Energía, resuelva». Tienen que estar ahí los Secretarios de Estado, los funcionarios responsables en cada caso, en cuestiones importantes como la seguridad, o la administración en general.

A mí me parece que en Cuba han hecho avances impresionantes durante décadas sobre esta cuestión, pero yo les quería aportar lo que en este momento entusiasma a la gente en México, respecto a la manera en que se están tratando ahora los problemas, de abajo hacia arriba.

Patricia Arenas: Insisto en que cuando se plantea cómo relacionar los mecanismos que están establecidos con la burocratización y las formas de esos mecanismos, se piensa en la importancia y necesidad de comprender cuáles son los aspectos psicológicos desde lo social, lo organizacional y lo personal, que llevan realmente a la burocratización. No se puede pensar en un mecanismo por excelencia, sino que, primero, como se dijo en una de las intervenciones, hay que dar una amplia información y después dar un tiempo para que las personas la procesen. Luego, es importante que existan mecanismos de pequeños grupos que vayan discutiendo sobre los asuntos, y que se vayan amplificando, de manera que todas las opiniones pasen a ser parte de lo que se está pretendiendo hacer.

También me gustó mucho la última intervención de Gastón, relacionada con la importancia que tiene que, desde la alta dirección del país, realmente se asuma este aspecto como una cuestión cotidiana. Por eso quiero terminar volviendo a puntualizar la importancia que tiene el ejemplo personal —corporeizado en el Che Guevara—: cómo se comporta el servidor público en su manera de hacer, más allá de lo que está diciendo en los discursos, debe ser prioritario en este momento para la dirección del país.

Rafael Hernández: Estamos cumpliendo un año de estar haciendo los Últimos Jueves a distancia por medio de grupos de WhatsApp. Solemos evaluarlos como una combinación de buenos panelistas, participación activa, cantidad de intervenciones centradas en el tema y, naturalmente, calidad de esas intervenciones, así como diversidad. Desde ese punto de vista, este panel tiene la máxima calificación, porque hemos logrado tener, gracias a su generosidad y a su deseo de ayudar en un debate de este tipo, a Patricia, una investigadora que durante muchísimos años se ha dedicado a estudiar el funcionamiento de las organizaciones. Ha estado con nosotros también Víctor Hugo Leyva, un periodista que ha tenido experiencias concretas en el Poder Popular y que tiene responsabilidades académicas y como miembro de una organización como la Unión de Periodistas de Cuba, en Santiago de Cuba —porque Cuba no es La Habana—, y la calidad de sus intervenciones nos ayuda mucho a llamar la atención sobre el enorme acumulado intelectual que tenemos en todo el país. También contamos con Yassel Alejandro Padrón, que es máster en Bioética, pero además es un lúcido analista de la política, discutidor de problemas conceptuales que tienen que ver con la teoría del socialismo, y aportó su mirada joven desde el entorno de la cultura. Hemos tenido el privilegio de contar con un profesor de antropología como Gastón Martínez, que nos ha dado el ángulo de la experiencia mexicana, que le da profundidad a los problemas que hemos tratado, y que nos ha permitido verlos en una perspectiva que no es la del ombligo cubano, sino también la del contraste con otras realidades. Tuvimos la participación de Eduardo Reyes, delegado del Poder Popular de ese punto concreto de la geografía que es el Consejo Popular Colón, en el corazón de Centro Habana. Y hemos tenido un público extraordinario, con catorce intervenciones que le han dado a este debate una riqueza de problemas y de perspectivas verdaderamente excepcional.

Muchísimas gracias a todos por habernos ayudado a colocar los problemas sobre la mesa. Siempre decimos que los debates de Último Jueves no valen tanto por las respuestas sino por los problemas que se proponen. Desde ese punto de vista, son un ejercicio de conocimiento y de aprendizaje colectivo. Gracias a todos ustedes por ayudarnos a lograrlo.

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