Último Jueves

Asociarse en sociedad

Fecha: mayo 26, 2022
Lugar: ICAIC
cartel UJ Temas 26 de mayo 2022

* Panel de Último Jueves, realizado en el ICAIC, el 26 de mayo de 2022.

Participantes:

Jesús Espinosa Perestelo. Agricultor. Cooperativa de Créditos y Servicios “Juan Verdecia”, Camajuaní, Sancti Spíritus.

Teresa Fernández. Filóloga y profesora. Coordinadora de la Red Nacional de Mujeres Lesbianas y Bisexuales.

Llanisca Lugo. Psicóloga y educadora popular. Centro Memorial Martin Luther King, Jr.

Yociel Marrero. Ingeniero y director de programas. Fundación Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre.

Rafael Hernández. Politólogo. Director de Temas.

Rafael Hernández: Este Último Jueves está dedicado a un asunto que hemos tratado varias veces en la revista. Es fundamental el tema de las asociaciones, y de su lugar en el funcionamiento de la sociedad y del sistema. Tiene que ver con problemas y fenómenos que surgen abajo y que finalmente tienen una expresión en la política, en la economía, en la conducta de las personas.

En el panel contamos, físicamente, con tres especialistas, y con un agricultor vía Telegram, desde Camajuaní. Invitamos a la directora de asociaciones del Ministerio de Justicia, pero lamentablemente no pudo estar con nosotros. Siempre tratamos de que haya uno o dos representantes de instituciones del Estado que se relacionen con el tema del día.

Mi primera pregunta al panel: ¿qué papel tienen las asociaciones en la vida de la sociedad?, ¿cuál es su importancia?, ¿para qué sirven?

Jesús Espinosa Perestelo: Una asociación es la unión voluntaria de personas con los mismos intereses, sean productivos, económicos, sociales o medioambientales. Se caracteriza por el respeto a esa voluntariedad que representa las aspiraciones de sus asociados, y, en el caso de la que represento, dos principios fundamentales: la alianza obrero-campesina y la defensa de la patria por sobre todas las condiciones.

Organiza a sus asociados mediante reglamentos internos, y consolida su funcionamiento y estructura a los distintos niveles, desde la organización de base hasta la dirección, en nuestro caso, el Comité Nacional y el Buró Nacional de la ANAP.

Rafael Hernández: En particular, Jesús, ¿qué es lo que consideras irremplazable en el papel de una asociación?, ¿por qué su función no la puede hacer otra institución o una agencia privada o estatal?, ¿por qué su papel es insustituible?

Jesús Espinosa Perestelo: Como decía al principio, tiene que ver con la voluntad de las personas de asociarse libre y espontáneamente para, reitero, gestionar un grupo de intereses comunes de diferente tipo, y eso me parece imprescindible e importante.

Yociel Marrero: Las asociaciones tienen un papel muy importante dentro de la sociedad, sobre todo en dinamizar los intereses de diferentes grupos sociales y en integrar ideas y acciones. Son irremplazables por el estatus sobre el que se establecen, como decía el agricultor, pero sobre todo por el dinamismo y la intersectorialidad que pueden llegar a lograr con diferentes grupos o sectores sociales. Su papel debiera ser mucho más profundo y desarrollador de los intereses de los diferentes grupos sociales; es importante que puedan existir y ejercer su trabajo. Es un proceso en el que se debe educar a la sociedad.

Rafael Hernández: ¿El hecho de que una asociación represente determinados intereses podría verse como de un grupo separado, que no tiene que coincidir con los demás?, ¿y si no coincide con los intereses de otros, se vería como no legítima, en cuanto al desempeño de su papel?

Yociel Marrero: Eso es exactamente uno de los desempeños más importantes que tiene una asociación; la interacción de un grupo de personas, con un interés de representación específico, con otros grupos que no coincidan con esos mismos intereses, es sustancial e irremplazable. Es un intercambio de propósitos, de acciones; pero eso lleva un proceso de coexistencia y de intersectorialidad o de intercambio de intereses.

Llanisca Lugo: Difícilmente haya alguien que no pertenezca a alguna asociación; sin embargo, lo discutimos poco a nivel de la sociedad. En la historia de la humanidad la gente siempre buscó cómo unirse, porque con ese espíritu colectivo se satisfacen necesidades de pertenencia, integraciones que se pudieran llevar a efecto; pero la modernidad convirtió el tema en un derecho político, pues las personas tenían la capacidad de unirse voluntariamente, a partir de intereses comunes, como decía el compañero de Camajuaní, para aportar y participar en sociedad.

Las asociaciones son un canal de participación social importante, un mecanismo, una herramienta de control popular sobre las prácticas institucionales del Estado, y también de la sociedad en su conjunto, y de movilización popular organizada. Al ser un tejido social creado desde abajo con un fin colectivo, un camino compartido, permite una construcción sostenida en el tiempo, y un diálogo político continuo; eso hace que sean herramientas, espacios muy útiles a toda la sociedad.

En Cuba, el terreno donde privilegiadamente se realizan, se ejercen o se expresan las asociaciones, en términos de sociedad civil, ha sido interpretado y cambiado, transformado a lo largo de la historia de la Revolución cubana en diferentes etapas y modos, y es siempre impactado por la estructura socioclasista, por las desigualdades, por los niveles de consumo, por todo lo que ocurre en materia económica, que también influye en la vida asociativa.

Aunque hoy hay casi más de dos mil asociaciones registradas en el Ministerio de Justicia, están naciendo otras todo el tiempo. Estamos en un momento de complejización de la sociedad cubana, de diversificación de esa asociatividad, de los temas que crean espacios colectivos, y es un reto que esto no signifique fractura de la subjetividad, sino, al contrario, un fortalecimiento de la proyección social.

Voy a dejar solo la idea de que el capital también crea sus asociaciones. Estas son útiles a todo proyecto, pero nosotros tenemos el desafío de comprender lo que puede ser una comunidad política en el diálogo fecundo de la asociatividad revolucionaria, de contenido y de compromiso socialistas, con un Estado que también tiene que comprometerse con crear espacios cada vez más aglutinantes, más amplios, más diversos, para que se realice mejor ese asociativismo.

Teresa Fernández: Yo soy filóloga de formación, y coordino, a nivel nacional, la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales, articulada en el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Lo que hace que las asociaciones sean imprescindibles es que se crean para llenar vacíos que se verifican a nivel institucional, de leyes, de Estado, en el que hay sectores de población o situaciones generales que tienen que ver con la vida de un país en los que faltan acciones, leyes, garantías. Por tanto, una asociación se crea a partir de la voluntad de personas que, motivadas por diferentes intereses, sienten que desde su labor pueden impulsar a que el Estado o el aparato legislativo se dé cuenta de los vacíos que existen y que hay que llenar.

En ese sentido, todas las asociaciones nacen imbuidas por algo específico. En el caso de las mujeres lesbianas y bisexuales, por la invisibilidad, el estigma, la discriminación, la cultura de la homofobia; en fin, todo lo que conocemos a nivel institucional y estatal y, sobre todo, de cultura patriarcal. Por supuesto, a lo que aspiramos no se mueve solo alrededor de esta necesidad de visibilizar, de crear leyes que garanticen una ciudadanía plena y digna, porque si tenemos todos los deberes ciudadanos, evidentemente tendrían que correspondernos todos los derechos, y nuestra orientación sexual no puede ocasionar que seamos ciudadanos de segunda o tercera categoría.

Ello tiene un fundamento político importante, pero no se puede ver solo como un interés privado de un grupo que va en contra del resto, porque en el sentido educativo, que también tienen las asociaciones, de deconstruir lo que se ha aprendido y que daña a los seres humanos, es beneficioso para todos, no solo para los que están privados de esos derechos, sino también para las personas que durante años han cargado consigo un fardo enorme y pesante de discriminaciones y de conceptos que perjudican a otros seres humanos.

Por tanto, las asociaciones son fundamentales, dentro de cualquier sociedad, sobre todo cuando se piensa en que esta y el Estado deben responder a los intereses de sus ciudadanos y ciudadanas. Entonces, esa voz cívica, que crece desde el fondo, desde los vacíos, puede ser importante.

Yociel Marrero: En mi opinión, las asociaciones no tienen por qué llenar vacíos dentro de la sociedad. Por ejemplo, en los años 90, su fortalecimiento y acción fue robustecer el entramado social acompañando los diferentes intereses que existen. En el hipotético caso de que no hubiera vacíos, de todas maneras las asociaciones cumplirían el papel de interactuar, coordinar intereses sobre todo, impulsarlos, promover acciones con un determinado fin.

Es una pena que no haya venido la directora de asociaciones del Ministerio de Justicia, pues próximamente va a salir la Ley de derechos del consumidor, y todavía no se ha establecido cuál va a ser su institución rectora. Debe ser una asociación, pero no lo tienen claro quienes legislan. ¿Cómo sería todo el proceso para convencer, de una manera amigable, de que debe ser una asociación? —por supuesto, no puede ser el MINCIN, como lo es hoy. La Fundación de la Naturaleza y el Hombre ha venido haciendo eso gracias a la lucidez y la audacia de Antonio Núñez Jiménez, que siempre mantuvo el tema de la protección de los derechos del consumidor. Y esa asociación no surge a partir de una carencia, sino de dinamizar y de inocular en todos los elementos y sectores sociales la necesidad del ejercicio pleno del ser humano. Ese es uno de los papeles fundamentales, también ahora.

Rafael Hernández: Así que se trata de defender los intereses de un grupo, y al mismo tiempo, conectarse con los de otros grupos. Quizás, la mayoría no sea sino un agregado de minorías; la sociedad, un agregado de grupos que tienen diferencias, pero que pueden articularse, y de hecho se articulan; por consiguiente, como han dicho los panelistas, las asociaciones desempeñan un papel comunicativo, que aunque también es hacia arriba, es eminentemente horizontal.

Han dicho, además, que no es un grupo fijo ni un conjunto permanente, sino que está en renovación, supongo que así como surgen algunos, también hay otros que declinan, dejan de tener vitalidad o dejan de ser lo que deberían ser.

Teresa mencionaba su función educativa, es decir, los miembros de la asociación se educan entre sí, no hay alguien que venga a hacerlo educarlos, y pueden educar a las demás asociaciones, en relación con cuestiones sociales. Esto es la red social, el entramado social, lo que construye, el cemento de la sociedad. Al final todo esto se expresa, se articula en una ley, pero ni antes ni después esta tiene todo el significado de las asociaciones.

¿Qué impide que las asociaciones sigan cumpliendo y profundizando su papel, en un contexto como el de la Cuba actual, o el del mundo de hoy?, ¿qué problemas afectan su existencia y funcionamiento?, ¿qué factores limitan sus derechos como espacios de educación, de participación, de comunicación, de socialización?, ¿cuáles son los elementos que tienen que ver con que sean reconocidas, identificadas y acreditadas?, ¿qué otros factores sociales, políticos o de otra índole, condicionan la función que tienen o pueden tener las asociaciones?

Jesús Espinosa Perestelo: A mi modo de ver, la ANAP tiene ganado un sitio de muy alta valoración en la sociedad cubana por todo lo que dije anteriormente. Se fundó el 17 de mayo de 1961, por Fidel, y ha transitado durante estos años por grandes transformaciones de la sociedad y de sí misma desde el punto de vista de renovación de estructura, de cambio de pensamiento. Tiene muchos aliados en su trabajo diario, de todos los factores de la sociedad. Es una organización, una asociación productiva, pero que cumple diferentes funciones sociales, desde lo primario hasta lo superior.

A nivel nacional, tenemos más de 2 300 organizaciones de base, con casi medio millón de asociados; Villa Clara cuenta con más de 230 con casi cuarenta mil asociados, y Camajuaní, uno de los municipios con mayor cantidad de miembros en el país, tiene cuarenta organizaciones de base con casi cinco mil asociados; de ellos, un gran número de mujeres y jóvenes.

Hay limitaciones que no son de carácter estructural, sino del mismo rendimiento de las organizaciones de base, que son el punto de partida del diseño que se ha creado a nivel nacional. La asociación debe fortalecer su funcionamiento orgánico, buscar mayor vinculación con los asociados y sus estructuras, actuar con mayor fuerza en el enfrentamiento a los delitos e ilegalidades en nuestro sector, mayor enfrentamiento a la subversión tanto interna como externa, más presencia en las redes sociales, lograr más participación en el abastecimiento local en cada territorio, trabajar en la sustitución de importaciones y el encadenamiento productivo para exportar (ya se está exportando en algunos lugares) y mayor trabajo y alianzas con instituciones científicas del país; hay que introducir lo más avanzado de la ciencia, la técnica y la innovación. Sobre todo, hay que avanzar desde el punto de vista del rendimiento.

En los últimos tiempos contamos con un programa bien diseñado a nivel nacional con sesenta y tres medidas de carácter temporal, o permanente, de corto tiempo, o de más largo tiempo, de inversiones económicas, de fuerza de trabajo, de capital humano, de ciencia y técnica. Hay que irlas conociendo y consolidando, porque ahí está la vida del sector y, en gran medida, la vida del pueblo cubano, pues la de los agricultores pequeños constituye casi 80 % de la producción de alimentos para la sociedad. Hay que trabajar muy unidos con los demás factores y organismos. Con la ANAP trabajan aliados de diversa índole, el Ministerio de la Agricultura y sus delegaciones provinciales, Azcuba, los gobiernos y los territorios municipales, las empresas, etc., un grupo de actores imprescindibles. Estos aliados son los que pueden consolidar el protagonismo que en realidad lleva la Asociación.

Rafael Hernández: Si yo fuera el presidente de la República y estuviéramos tú y yo solos en esta sala y te pidiera que me dijeras qué tres problemas tienes ahora mismo en tu calidad de productor, ¿cuáles serían?, pensando no en su solución, sino en cómo se te presentan.

Jesús Espinosa Perestelo: Te dijera que no son tres, sino dos fundamentales; el primero es la tierra, que ya no me alcanza, y por lo cual me he visto siempre limitado, pues pudiera tener mayor variedad de cultivos y mayor producción; y el segundo, la comercialización de las cosechas. Nuestro territorio se caracteriza por algo distinto a otros en Cuba. El gobernador y el secretario del Partido de Villa Clara se reúnen con los anapistas casi mensualmente para chequear estos problemas, y se preocupan por los destinos, por la comercialización de la producción de Camajuaní, porque su sector campesino es muy productivo, y muchas veces, en los picos de cosecha, nos vemos limitados por la comercialización.

A nivel nacional, se ha abierto la red de comercialización con una contratación abierta, buscando alternativas, creando puntos de venta, de oferta y demanda; sin embargo, el Estado no se puede desentender de muchas producciones, y a mi modo de ver, tiene que haber algún organismo rector, que sea el que controle la distribución.

Rafael Hernández: ¿No podría concebirse que los encargados de la distribución fueran también los campesinos privados? Si los miembros de la ANAP pudieran ser también los que se ocupan de la comercialización, los que reparten la producción, ¿no podría integrarse más la función que la organización realiza, la eficacia del trabajo y la preocupación que tienes sobre la comercialización?

Jesús Espinosa Perestelo: Eso está en el diseño, porque nosotros, como productores individuales, podemos salir a contratar, y lo hacemos. Puedo ir a Santa Clara, a la universidad, al hospital, y contratar mis productos. La dirección de la cooperativa puede hacer contratos también y ayudar a los campesinos, así como fomentar y crear puntos de venta. Sin embargo, también nos hace falta que el encargo estatal de Acopio no dejara de funcionar, que pase como con la papa, que se distribuye nacionalmente por bodegas, y ellos saben a dónde va y quiénes faltan y dónde está. Pudiera haber algún encargado así, que comercializara otras producciones, pero que tenga en la mano todas las herramientas, toda la información, toda la comunicación de lo que pasa en el mercado,

Rafael Hernández: Gracias; después te voy a preguntar cómo resolver el problema. Yociel nos va a hablar de problemas que conoce directamente, en relación con el consumo y el trabajo que hace la Fundación de la Naturaleza y el Hombre.

Yociel Marrero: Hoy el principal problema es el tortuoso camino legal; los tramos que hay para inscribir o reconocer una asociación. Históricamente, ha sido difícil determinar cuál es el camino, ya no solo por engorroso o dificultoso, sino por cuáles parámetros tienen que cumplir un grupo de personas, con intereses comunes, para legitimar una asociación. Aunque ya está determinado hacerlo, no sé cuántos años lleva la Ley de asociaciones esperando para someterse a la aprobación de la Asamblea Nacional y aún no se acaba de aprobar.

La historia de Cuba —aquí están Reinaldo Funes y Armando Fernández, colegas de la Fundación que tienen experiencia en esto— no ha sido muy prolífera en legislaciones de asociaciones, y aunque existían, como ha comentado Funes, la de Protección de los Animales desde el siglo xix, la del Árbol, que se creó en El Vedado, hoy por hoy el principal problema es el reconocimiento legal, cuál sería su camino legislativo, y por supuesto, los conflictos de intereses que cualquier tipo de asociación puede tener con el funcionamiento establecido por el gobierno. Todavía hay que someter a la sociedad y, sobre todo, a todas las estructuras del Estado a un proceso de educación para que no vean siempre como un agresor o como un enemigo a cualquier grupo de personas que quieran asociarse por un bien común.

Para mí son dos problemas, el reconocimiento legal, y lo engorroso de su camino, y más que eso lo indeterminado que está. Sabemos que están las asociaciones sinológicas, colombófilas, que son clásicas, pero cualquier tipo de ellas aún ha sido vista, por las estructuras del Estado, como una amenaza.

Llanisca Lugo: Yo veo varios problemas, y uno tiene que ver con el marco jurídico. Todos están muy relacionados, pero lo jurídico es fundamental. Hay una histórica centralidad del Estado y una incapacidad para imaginar una sociedad con un ordenamiento más dinámico.

En la Constitución, que aprobamos por consulta popular, las asociaciones no están vistas como formas de propiedad, y eso es un hecho que denota cómo las vemos, con qué alcance, todo lo que significa la legalidad de las asociaciones, no como gremios minoristas en resistencia, formando desorden y caos, sino como instituciones con orden y capacidad de instituir y de transformar la sociedad. Y tenemos la necesidad de imaginar la sociedad en este sentido.

Además del asunto jurídico está el de la cultura política de sesenta años, en la que construimos una imagen de unidad y de cohesión social que va mucho a lo homogéneo y que todavía cuesta comprender el peso, la riqueza y la fortaleza de la diversidad, que también entiende la armonía como lo funcional, y la conflictividad como la amenaza.

Necesitamos entender el papel de la conflictividad en la política como algo positivo; las tensiones, la discrepancia y las presiones, para radicalizar, en términos de derecho y de justicia, la sociedad, y este papel lo pueden tener las asociaciones; de hecho, lo ejercen.

Pero hay otro tema que tiene que ver con los mecanismos, también dentro de lo legal, de sustentabilidad, que es complejo por muchas razones, porque se cruzan la cooperación internacional, el financiamiento, la agenda externa con las instituciones cubanas. Eso daría para otro debate de Temas.

Es muy importante la propia comprensión de la ciudadanía en Cuba, que ha ido cambiando mucho en los últimos años y también impacta en la del papel de las asociaciones. Es un impacto mutuo.

En el sentido de formación, de trabajo con la cultura política, de imaginar también una sociedad que no se regule de este modo vertical o lineal, que es más cómodo, pero también —ya lo hemos discutido en montones de espacios— valida una sociedad que sea capaz de articularse horizontalmente, son riquezas para la profundización del socialismo en Cuba hoy y para evitar que avancen las agendas individuales; a veces, es más fácil entablar un diálogo con sujetos discrecionales, al margen de lo colectivo, que avanzan sin peso, que uno con sujetos organizados que intentan intercambiar con la institucionalidad por una agenda social; en ocasiones el que no está pensado tiene más éxito y camina y logra su evento, y de pronto, porque no hay cómo atajarlo, se conversa con él para privarlo, negarlo.

Teresa Fernández: Muchos de los problemas están en la resistencia a pensar la sociedad como un cuerpo que puede realmente dialogar, expresar necesidades de cambios que han detectado, incluso en la cotidianidad. Nosotros hacemos el activismo a través de una institución porque eso lo facilita mucho. Existe el Cenesex y están las redes de personas que pertenecemos a asociaciones LGTBIQ+, lo que nos permite exponer las necesidades, las cuestiones que son importantes en el discurso. Por ejemplo, lo que está sucediendo ahora con el Código de las Familias, el reconocimiento de los distintos tipos de familias que existen.

Muchas veces hemos planteado la necesidad de que se nos reconozca como asociaciones, para tener voz desde nuestras posiciones, no esperar a que tenga que ser otro el que comunique, o que tome decisiones, como ahora mismo, cuando se está llevando a discusión algo que tiene que ver con los derechos humanos, y estos no deberían refrendarse, sino reconocerse.

La resistencia que existe sobre las asociaciones perjudica y ralentiza cambios que son necesarios, y que podrían hacer que la sociedad avanzara de un modo mucho más coherente.

Rafael Hernández: Tengo la impresión de que las personas LGTBIQ+ han logrado poner por delante muchísimo más que otros grupos subalternos o que sufren discriminación, y en los últimos diez, quince, veinte años, eso es mucho más visible, y han logrado trasmitir su mensaje de derechos humanos, como tú decías, mucho más que otros. ¿A ti parece que esto es así, o solo es una impresión mía? Si no es así, ¿la resistencia es el único factor que influye en ese proceso de irradiación, de socialización de esos problemas y de esos derechos?, ¿hay otros factores que inciden también en la dinámica de que eso se convierta en un asunto para el conjunto de la sociedad y no solo para un grupo?

Teresa Fernández: La primera vez que se hizo una jornada cubana contra la homofobia y la transfobia fue quince años atrás, y es a partir de ese momento que empezó a haber visibilidad; una cosa es la visibilidad y otra son las garantías de los deberes y derechos.

El primer grupo de mujeres lesbianas se creó en Santiago de Cuba en el 2000, hace veintidós años, lo que reivindicaban esas mujeres aún no está cumplido. Las lesbianas no tienen derecho a reproducción asistida y, por tanto, a muchas las marcó el reloj biológico y ya no van a poder ser madres; sufren discriminación en las casas, en las escuelas, en los trabajos, en la sociedad; o no pueden entrar en pareja a un lugar porque les dicen que las parejas son de hombre y mujer; no pueden casarse, y ello significa reconocimientos patrimoniales. Yo llevo cuarenta años con mi pareja, porque empezamos cuando éramos estudiantes universitarias las dos; si me muero, ella no puede, por ejemplo, beneficiarse de mi pensión, que es en euros, porque estuve veinticinco años como profesora universitaria en Italia, y si no declaro que mi casa es de ella, puede venir cualquier persona de mi familia y reclamarla, pues ella no es consanguínea; o si alguna de nosotras está enferma en un hospital, la otra no tiene derecho a información pues no somos familia; o, como le pasó a una compañera de Santiago de Cuba: su pareja enfermó, pidió permiso en su trabajo para llevarla al hospital y se lo negaron.

Una cosa es que la gente oiga hablar de la población LGTBIQ+, y que en mayo haya conferencias, encuentros, con un poquito más de visibilidad, pero no ha cambiado nada. Las garantías, los derechos y la legislación están donde estaban hace veinte años y más.

Pero el problema no es solo ese, sino que todavía no hemos logrado sensibilizar, hacer campañas de bien público y educar en que hay que respetar a cualquiera, independientemente de su orientación sexual, color de la piel, etnia, procedencia, religión, ideología, de la expresión e identidad de género. Ni siquiera tiene que ver con ser lesbiana, gay, transexual, intersexual, sino que aún no hemos logrado que haya una cultura de respeto hacia todos los seres humanos independientemente de cualquier característica. Está recogido en nuestra Constitución; eso es bueno, pero si esta no crea leyes, es letra muerta.

Rafael Hernández: ¿Cómo una asociación promueve o garantiza lo que estás diciendo?, ¿cuán decisivo es que puedan asociarse?

Teresa Fernández: Cuando me asocio, creo un espacio amigable, de interés, a donde llegan, por ejemplo, muchísimas mujeres lesbianas y bisexuales que te cuentan sus historias de vida, de todo lo que han pasado; pero, además, se sienten cómodas en ese espacio, sienten que ahí no las van a maltratar, a humillar, no va las van a estigmatizar.

Nosotros trabajamos con talleres de formación, incluso ahora estamos intentando hacer un taller, a nivel nacional, con todos los grupos, para que se formen como educadoras populares. Allí reciben formación sobre género, herramientas para el liderazgo social, para el cambio; o sea, se les reeduca no solo para sentirse cómodas y autovalorarse como seres humanos, sino se les enseña a ser sujetos de derecho, convencidos de que pueden aportar un granito al cambio; por eso es importante la asociación. He visto en todos estos años cómo esas personas han cambiado, sus discursos son distintos, se dan cuenta, además, de todos los errores que cometían, pues a la vez discriminaban y eran violentas, repetían todo lo que han recibido desde una cultura en la que se han criado, y se han dado cuenta de todo lo que es modificable dentro de ellas.

Yociel Marrero: La resistencia al asociacionismo genera dos problemas: primero, que se debilita el entramado social, porque, como todo el mundo sabe, ya es difícil juntarse para un fin, con un propósito. La gente expresa: “para qué me voy a unir si de todas maneras no puedo defender, no puedo enarbolar lo que creo”. Eso debilita, por una parte, el entramado social, porque a la gente todo le va a importar poco o nada. Y lo segundo, esa resistencia empieza a crear estructuras intermedias, gelatinosas, que uno desconoce, para no permitir o no aprobar las asociaciones, entonces se crean las redes. Hubiera sido bueno que estuviera Joel Suárez también para que respondiera por qué la Red de Educadores Populares no es una asociación y sí una red. Por otro lado, la Red de Economía Social y Solidaria, que tiene que estar con el instituto, ¿por qué no puede ser una asociación?

Esa resistencia y ese vacío legislativo y práctico del ejercicio del civismo crea las redes. Incluso, el ejercicio de la influencia, en lo que han sido importantes las redes LGTB, desde la asociación pudiera ejercer un mecanismo de transformación más fuerte en todos los aspectos, tener sedes, trabajar en propuestas concretas, no solo como complementos o tripas de otras instituciones, como las redes hoy.

Rafael Hernández: Estamos entrando en mi tercera pregunta: ¿cuáles son los problemas que el asociacionismo pudiera resolver, qué beneficios y qué costos podría traer? Si en torno a cualquier problemática, motivación o interés, o grupos de intereses, mañana se pudieran integrar redes, como dice Yociel, o asociaciones, ¿no habría efectos secundarios? Pensemos que estos son menores en comparación con los beneficios, ¿hasta qué punto es la ley la clave para resolverlos?, ¿hasta dónde la ley genera, por sí misma, una cultura cívica de las asociaciones, o no?

Antes tenemos un pacto con el público de Último Jueves, y vamos a darles la palabra a los que quieran intervenir.

Carlos García Pleyán: Quiero formularles una pregunta sencilla a los panelistas. Tengo entendido que todavía la Ley de asociaciones está en debate; no ha salido. ¿A ustedes como participantes de estas les han consultado, en algún momento, sobre el contenido de esas políticas, y eventualmente de la nueva ley? Y en caso positivo, ¿tienen ideas de qué novedades esta aporta?, ¿por qué hacer una nueva ley y no seguir con la existente?

Rafael Betancourt: Tenemos un conflicto fundamental con el asociacionismo en nuestra sociedad, por el monopolio que el Estado conserva sobre la representación de amplios sectores sociales como, por ejemplo, los agricultores, los obreros, las mujeres, los vecinos de los barrios, etc., incluso profesionales como economistas y contadores, ingenieros y arquitectos, juristas y hasta psicólogos. Todos tienen asociaciones que, de algún modo, han sido legalizadas y aprobadas, y ocupan un espacio que ya no puede ser ocupado por otros. Si hay sindicatos representando a los trabajadores, entonces los cuentapropistas no pueden tener una representación, independiente del sindicato. Si hay una Cámara de Comercio que representa teóricamente a las empresas, no se puede tener una asociación de pequeñas y medianas empresas, y si existe una ANAP, no se puede tener una asociación de cooperativas, aunque no sean agrícolas.

Entonces tenemos una traba, porque una asociación implica un costo, de algún modo compartir el poder, la responsabilidad sobre determinadas decisiones o grupos sociales. Yo, como empresario, quiero defender mis derechos, y entonces si creo una asociación de empresarios, voy a solicitar compartir el poder de decisiones en lo que me atañe. Y ello implica una resistencia que no sé cómo lo vamos a resolver como sociedad, porque forma parte del modelo social y económico nuestro.

Hay problemas de fondo que están en la visión de la asociación como un reto, una amenaza, como decía Llanisca, a la homogeneidad que se supone que existe, y con lo cual cuando se crea una asociación para defender el río Yayabo, sus problemas y las empresas que lo contaminan, de algún modo se está creando una amenaza.

Ahora bien, algunas asociaciones se pueden crear para determinados grupos o personas que tienen alguna influencia en defensa de un cierto espacio, pero otras no. Mi comentario es acerca de esa concepción de la sociedad en que todos somos homogéneos y que no debe existir ninguna contradicción, y las asociaciones pueden ser espacios para que esta se manifieste.

Reinaldo Funes: Es un tema complejo y todo depende del contexto. Es importante conocer la historia, como mencionaba Yociel, del asociacionismo en Cuba. Escribí hace muchos años un libro sobre asociacionismo científico; hoy soy el presidente de una asociación de historia de la ciencia, pero ya casi no hay historiadores de ella, así que me cuestiono qué papel tiene una asociación cuando todo depende mucho del contexto, del momento, y es muy complicado, porque la situación de Cuba también lo es.

He estado estudiando mucho la Asociación de Ganaderos, y me sorprende que antes de la Revolución existiera este tipo de agrupaciones que monopolizaban un determinado sector. Esta se creó en 1929, y todos los ganaderos tenían que afiliarse a ella. Así eran muchas otras; es decir, que nada es completamente nuevo, ni completamente viejo.

Estudié la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, que considero la primera ambientalista en Cuba, y pude ver todos los conflictos que existían alrededor de su surgimiento. ¿Cómo se iban a ocupar de los animales cuando había tantos problemas con las personas, en una sociedad que todavía tenía esclavos, en el año 1882? Eso genera siempre todo tipo de conflictos, de confrontaciones. Ojalá se estudiara más, conociéramos más de la historia, pero mi experiencia es que esta no importa mucho.

¿Cómo han aparecido y desaparecido asociaciones? Al triunfo de la Revolución, por determinada coyuntura, desaparecieron muchísimas asociaciones; se crearon otras, porque es un nuevo régimen, y eso en la historia ha sido así; pero después, más recientemente se recrearon asociaciones o formas asociativas que habían desaparecido. La actual Academia de Ciencias se parece más a la antigua que a la creada en el año 1972; igual que la Sociedad Económica de Amigos del País, lo cual no debemos verlo con prejuicio, sino debatir y discutir sobre la base de una experiencia que ha existido. No pensemos que estas asociaciones la tuvieron muy fácil, ni que lograron mucho; algunas no lograron nada, aparecían, desaparecían, etcétera.

Estoy completamente de acuerdo con que no se puede cerrar, ponerle una fecha al surgimiento de asociaciones, pues aparecen nuevos problemas, nuevas demandas de la sociedad.

Hay mucha gente que ha estudiado otro tipo de asociaciones, pero yo entiendo que el que va a legislar sobre eso o el que tiene una demanda actual no se puede detener a ver cómo ha sido; sin embargo, entendiéramos mucho mejor esta temática si conociéramos también de dónde vienen muchos de estos problemas. Hay cuestiones que, quizás, no son un problema en otros países y aquí sí debido al conflicto con los Estados Unidos. El temor del gobierno de perder determinados espacios es infundado muchas veces, pero otras no.

Cuando escribí el libro de las asociaciones científicas me di cuenta de que la agrupación era solo una parte. La del Primer Congreso Médico fue una experiencia asociativa donde los médicos de La Habana acogieron a los de otras provincias, y al mismo tiempo tenían sus relaciones con la prensa, como el caso de la Sociedad Protectora, donde aparece la defensa de los consumidores, porque tenía el papel de vigilar en las calles el maltrato a los animales y participar en las multas. ¿Eso se puede trasladar del siglo xix a la actualidad, o la Asociación Protectora de Nueva York se puede aplicar en Cuba? No estoy muy seguro porque las experiencias son diferentes.

Rafael Hernández: Volvemos al panel. Perestelo, has escuchado seguramente todas estas preguntas, ¿qué comentarios pudieras hacer desde tu perspectiva?

Jesús Espinosa Perestelo: Muy esclarecedoras las intervenciones de los compañeros, con muchas inquietudes y muchas cosas que resolver en un futuro. Ellos han hecho la pregunta y han dado la respuesta. Han dicho las dificultades y cómo, en cierta medida, pudieran resolverse estos problemas.

Está claro que la sociedad no es perfecta y que la Constitución se modificó, y todo el entramado legislativo del país cambia. Ya han salido unas cuantas leyes, y van a salir más, como, próximamente, el Código de las Familias.

Que se perfeccione todo el entramado legislativo, y no se contradigan o se interpongan leyes, que los intereses de un grupo no choquen con los demás, que al final todos salgamos ganando en la sociedad, a mi modo de ver, es muy difícil, muy complejo; lleva muchas horas de trabajo, mucha práctica en la sociedad, pero estoy confiado en que todas esas preocupaciones de los compañeros en unos años pudieran irse resolviendo, a partir de los cambios profundos que se están haciendo en las leyes cubanas. Hay que tener un poco de esperanza y de paciencia.

En la agricultura todo se está analizando profundamente. La máxima dirección del país sigue cada planteamiento, queja, preocupación de los campesinos, de los productores, de los nuevos tenentes de tierras, de los jóvenes, de las mujeres. Hay muchas esperanzas cifradas en este complejo, pero abarcador sistema de las treinta medidas en la agricultura, en las noventa y tres para el azúcar, y un grupo más, no solo para los productores de la agricultura sino para otros sectores, estatales o no.

Los agricultores tenemos todo en contra, el bloqueo, la naturaleza, los insumos, el medioambiente, las plagas, muchas veces hasta los directivos, y nos sobreponemos, producimos para que la comida llegue al pueblo.

Rafael Hernández: Tus respuestas son muy estimulantes, hacen pensar. ¿En qué medida la ANAP se identifica con los problemas de sus miembros y se convierte en un vehículo para darles respuesta?, ¿en qué medida esa asociación es un espejo de los intereses de los agricultores en Cuba?

Jesús Espinosa Perestelo: En los lugares donde se hace lo que se orienta y los cuadros tienen capacidad para resolver los problemas eso camina y tiene un matiz diferente. Recientemente, la ANAP va en proceso de analizar por dentro la estructura que fue creada hace más de dos años. Ha rendido cuentas dos veces a sus asociados. Cuando se hace un balance de este tipo se ven problemas de índole material, subjetivo, de los aliados; o sea, dificultades de todo tipo, y entonces se hace un banco de ellas, por prioridades, se asigna un responsable para su posible solución y fecha de cumplimiento. En cada organización de base se sabe dónde están los problemas, qué campesino los tiene, cuáles son, y cuándo y cómo se van a resolver. El nivel de capacitación de los cuadros es imprescindible. Es un movimiento muy abarcador, pero se está trabajando con resultados.

El actual presidente del país, igual que Fidel y Raúl, siempre nos pusieron la vara muy alta porque nos dijeron que la principal actividad y el principal reto de los campesinos es producir comida para el pueblo bajo cualquier circunstancia, y eso es lo que estamos haciendo.

Rafael Hernández: Fidel, en su famosa definición, decía: “Tener sentido del momento histórico”. ¿Tú piensas que el momento histórico de la ANAP —que no es el del año 59, 60, 76 u 89, sino en medio de una crisis— requiere respuestas nuevas?

Jesús Espinosa Perestelo: Sí; al dársele hace unos años a la ANAP el papel de representante político de los agricultores cubanos, se le retiró el administrativo, y entonces quedó con otras responsabilidades y otra visión, porque como tú decías, son otros tiempos, y vamos hacia el desarrollo del movimiento cooperativo: fortalecerlo, consolidarlo y superarlo. La ANAP trabaja, junto a muchos factores de todo tipo, en una comunidad, con la empresa, en una zona rural, y donde hay una buena organización de base, con sentido de pertenencia y los asociados cumplen, donde los jefes son los primeros en la vanguardia.

La organización de base puede ser una cooperativa de créditos y servicios (CCS) o de producción agropecuaria (CPA), que se encarga de que funcione bien la bodega, de que no le falte nada al consultorio médico, de la escuela, de los caminos, de las viviendas de los asociados y de sus familias. Entonces te das cuenta de que es un trabajo integral, mancomunado, de los factores de la sociedad. Todos podemos avanzar, pero depende mucho de los cuadros, de su voluntad, de su accionar. La ecuación es más trabajo, abnegación, sacrificio, y sobre todo perder la inercia.

Rafael Hernández: Yociel, ¿qué acciones acometer para lograr que las asociaciones cumplan su papel? También puedes comentar las preguntas y comentarios de los asistentes.

Yociel Marrero: Primero, voy a responderle al profesor García Pleyán. Hace cinco o seis años, teníamos como una pequeña cofradía, para no llamarle asociación, junto con el Centro Memorial Martin Luther King (CMMLK), liderada por Joel Suárez, y algunos miembros de ONG fuimos al Ministerio de Justicia y preguntamos por el proceso de la nueva ley de asociaciones. Nos respondieron que era muy intermitente, se interrumpe, y se tienen que ocupar de otras cosas. No sé en qué estado estará hoy; es decir, sabemos que el calendario legislativo de la Asamblea Nacional está muy atrasado; han aprobado algunas leyes, la de pequeñas y medianas empresas la tuvieron que adelantar; la de protección al consumidor está a punto de ser aprobada, el único problema es dónde va a recaer lo de liderar la protección, en qué estructura, si en una asociación o en un instituto. Ellos no saben qué hacer, por supuesto hay resistencia a que sea en una asociación de consumidores, parece que esa es una posibilidad, pero con acciones muy limitadas.

Con respecto a lo que decía Rafael Betancourt, el problema del miedo al poder, de compartirlo, o de estratificarlo es congénito en nuestro país, por lo que seguirá siendo muy difícil.

Las acciones fundamentales tendrán que ser de cada una de nuestras instituciones y estructuras, sea una Fundación, la Red LGTBIQ+, el CMMLK, que en los últimos treinta años ha tenido un papel inmenso en el asociacionismo y el ejercicio cívico en toda Cuba. Tendremos que seguir haciendo lo que debemos hacer y más, garantizar un entramado social para esa civilidad que podrá conformar asociaciones.

Seamos realistas, si mañana aprueban la ley de asociaciones, que permitan hacer lo que quieran, no tenemos cultura de eso. Nuestro papel es seguir preparando a la sociedad para el asociacionismo, porque hoy realmente vemos entre los sectores sociales más divergentes, en nuestras casas, en las reuniones del consejo de vecinos, intergeneracionalmente, las barbaridades que se dicen y se hacen. Les echamos bastante culpa a los órganos legislativos, pero entre nosotros, ahora mismo, el entramado social está bastante debilitado en cuanto a civilidad y al reconocimiento de intereses propios y ajenos.

Considero que una principal acción está en las estructuras, las organizaciones que hay; seguir influyendo, acometiendo acciones que fortalezcan el entramado cívico de nuestra sociedad en cuanto a diálogo, intercambio, respeto, que es lo que va a garantizar que cuando se permitan legislativamente estas asociaciones se puedan conformar todas las que fortalecerían y sostendrían un buen funcionamiento de la sociedad cubana.

Rafael Hernández: Llanisca, en la respuesta anterior mencionaste la relación entre lo individual y lo colectivo, y la viabilidad de uno y de otro, y también la problemática no vista desde el ángulo de las regulaciones y de la ley, sino desde la cultura. Vamos a suponer que tenemos una ley de asociaciones mañana, y que esta establece los límites para crearlas, una lista de las que se pueden crear y los requisitos que tienen que cumplir, como no propiciar la discriminación ni intereses ajenos a la defensa de la patria, ni el hostigamiento, la subordinación, la disminución de cualquier ciudadano; es decir, que tienen que cumplir con propósitos dignos. ¿Nos debería preocupar que se crearan asociaciones que defendieran ideas conservadoras, y que, dentro de un marco legal como el que podríamos defender en cuanto a ser inclusivos, se sumaran también aquellos segmentos de la sociedad que promueven lo que podríamos considerar restricciones a los derechos de las personas? ¿En qué medida un marco asociacionista favorable, flexible, diferente al que describía Rafael Betancourt, va a resolver o a propiciar la emergencia de problemas posibles con instituciones de la sociedad como son las iglesias, por ejemplo, que pueden promover, en algunos casos, ideas y valores que pueden no considerarse progresivos, sino al contrario?

Llanisca Lugo: Tener claro que cualquier asociación es un instrumento al servicio de un proyecto es muy importante y muy saludable para comprender que la brújula de cualquier discusión sobre este tema tiene que ser una sociedad autodeterminada colectivamente en un camino de justicia para todo su pueblo; o sea, esa brújula no se puede perder, y tampoco los mecanismos regulatorios de las emergencias sociales que se van a dar y a complejizar en un país desideologizado, donde también influyen no solo ideas conservadoras, también las anexionistas, o de todo tipo.

¿Cómo se regula todo eso para un proyecto emancipatorio, para cuidar la justicia para las mayorías y para que no avancen las ideas que discriminan, humillan y que puedan arrinconar a amplios sectores de la población después que hemos vivido procesos liberadores colectivamente?

El problema que hemos tenido es que hemos creído que el Estado es el garante de esa sociedad de justicia, el cuidador máximo, y creo que, efectivamente, le corresponde velar por que la Constitución sea un instrumento real de regulación de los derechos, pero también la sociedad en su conjunto tiene que desempeñar este papel; es decir, cuidar la plenitud, la soberanía y el bienestar que merecemos, nos corresponde a todos como sociedad.

Hoy tenemos mucho diálogo con la institucionalidad, incluso, por ejemplo, desempeñamos un papel muy activo en las normativas jurídicas que se han aprobado y las que se seguirán aprobando. Deberíamos tener espacios vinculantes donde disputar ideologías y políticas sea un hecho cotidiano, pero hoy no están tan claros, y eso es muy importante a la hora de cuidar y regular que las emergencias sociales existentes en el país, aunque no se hayan legalizado aún, no lesionen el imaginario popular de contenido revolucionario.

Me parece que tenemos que aprender, todos juntos, cómo se hace esto porque somos fruto de una generación que no ha vivido una historia de conflictividades reales. Ahora el escenario de las redes sociales está catalizando, acelerando una polarización, la capacidad de confrontación, y este país se está reconfigurando ideoculturalmente a una velocidad increíble. ¿Cómo se va a expresar eso en organizaciones y en cuerpos colectivos que están surgiendo, reconozcámoslos o no?

Tenemos que ser muy activos en el debate político, saber que toda asociación tiene el deber de mirar integralmente el tema que trabaja. No me gusta cuando la gente separa los problemas económicos y productivos de los debates políticos e ideológicos. Me parece que, en Cuba, eso nos lastra muchísimo y cada vez nos dificulta más comprender que el bienestar y la reproducción de la vida tiene que ser la esencia de imaginar un proyecto distinto. Tenemos que ver que la producción de cómo vivimos es esencial, y en eso siempre impactan las estructuras organizativas del país, las emergencias.

No por gusto en el Período especial, en los 90, emergieron más asociaciones, o sea, cuando uno estudia los cambios en estructuras de la asociatividad en Cuba tiene que ver también cómo se fue organizando la vida productiva del país.

A veces parecemos más unidos, más en diálogo de lo que realmente estamos, y me preocupa una tendencia que veo en la necesaria repolitización para que sea organizado el tejido social que está brotando de maneras muy desiguales, asimétricas y medio caóticas; pero es bueno porque es la etapa en la que está, después se organizará mejor. Me preocupa que esa repolitización venga marcada de posiciones extremas, que muchas veces no van al entendimiento, a la construcción, y que están colocando casi como un criterio político real categorizar, etiquetar, excluir, sancionar.

Si con esos principios de cultura política vamos a construir tejido político en un país nuevo, va a costar trabajo la conexión, el crear puentes para fortalecer la asociatividad revolucionaria que el país necesita. Me preocupa que esté costando tanto la unidad de los nuevos sujetos que están emergiendo, y que para mí son el potencial para nuevas asociaciones, o nuevos movimientos o colectivos, que sean parte de ese territorio de la sociedad civil cubana que está buscando un consenso importante para el país en este minuto.

Rafael Hernández: ¿Tú piensas que las asociaciones emergentes podrían tener un diálogo articulado con las ya establecidas, y que en esa articulación se decidiría la capacidad para poder hacer fluir esa nueva fábrica de lo político a nivel de la sociedad de la que tú hablabas?

Llanisca Lugo: Una sociedad viva lo necesita. Cuba lo necesita mucho, y es posible. Por ejemplo, el Centro tiene una contribución en el Plan SAF con el Ministerio de la Agricultura y con la ANAP. No está como quisiéramos, pero es un tema que se conquista en batallas cotidianas. Nunca va a ser un regalo; o sea, ninguna institución histórica, ningún poder establecido, nadie que esté acostumbrado a reproducirse de un modo de pronto regala espacios, sino se conquistan; no porque la gente sea mala sino porque son mecanismos también muy atravesados por la conservación y por ampliar resultados acumulados, porque tenemos una misión en la sociedad.

  Se batalla cotidianamente para ampliar, para conquistar esos diálogos. Es muy importante que colectivos jóvenes que están debatiendo en Cuba hoy se inserten en espacios de debate político donde tradicionalmente están solo las organizaciones de masa cubanas. No es tan complejo, hay muchísimos puntos de agenda común si uno realmente tiene como brújula una sociedad que se autodetermine colectivamente para el bien de su gente. Una brújula que no se puede perder, con valores de justicia y de solidaridad que este pueblo construyó y que son reservas morales impresionantes, capacidades para que ese diálogo se dé. También hay que tener muy claro que la misión es servir a un país y no perpetuarse.

Rafael Hernández: Teresa, antes te provoqué con la idea de si había una mayor visibilidad de la agenda, o de las problemáticas, o de las cuestiones inherentes a la comunidad LGTBIQ+; ahora lo quiero hacer con lo de conquistar espacios. ¿El cambio, en la medida en que lo ha habido, no es el resultado de la capacidad de que esos grupos LGTBIQ+ han salido a la esfera pública, se han reconocido a sí mismos?

Teresa Fernández: Sí, claro.

Rafael Hernández: Y han sido capaces de salir de donde estaban encerrados y defenderse a sí mismos y autoemanciparse.

Teresa Fernández: Sí, eso es fundamental. Uno no logra nada si no se expone en primera persona, si no me paro delante de la gente y digo: “Yo soy una mujer lesbiana”. Sí, soy filóloga, cubana, y soy gorda, hipertensa y diabética. Si no digo todas esas realidades que me atraviesan y por qué necesito defender un espacio dentro de mi país como ciudadana, por supuesto que pierdo valores.

La cuestión está en que no solo es importante cuánto te expones, te visibilizas, incluso cuánto eres capaz de arriesgarte si cuando sales a la calle una persona te ofende. Claro que te expones a eso, pero quiere decir que te sientes fuerte también, que has logrado superar esa parte del estigma cuando dices: “Sí, ¿y qué?”, en la que exiges que no te vean solo como una mujer lesbiana, o solo como gay, transgénero, transexual, o intersexual –que, por cierto, son los más invisibles que existen; mucha gente ni siquiera entiende qué es ser intersexual. Significa que has logrado trascender todos esos prejuicios, y ahora el otro tiene que reconocer que eres un ser humano como él, o que yo, como profesora de literatura, puedo ser tan buena como la profesora o el profesor que son heterosexuales, o que como ser humano, vecina o ciudadana, tengo tantos valores como cualquier hijo de vecino.

Veinte entrevistas a mujeres lesbianas es el primer libro que se hace en Cuba con este tópico. A propósito de lo que yo comentaba sobre romper el silencio, esas mujeres tuvieron el valor de hablar y de dejar que las fotografiaran y que las publicaran en un libro. No hay peor violencia que el silencio, porque cuando no se nombran, las cosas no existen; cuando se invisibiliza la realidad, no se hace nada, todo permanece igual.

Tú preguntas: ¿y si se abren las asociaciones y no podemos dar derechos? No, todo es progresivo, y no hay que echar para atrás, y si se establece como principio sine qua non que para hacer una asociación hay que respetar a todo el mundo, se supone que nadie va a abrir una de personas que no respetan, que es lo que, contradictoriamente, está ocurriendo ahora.

Hubo un momento en la historia de este país en que los religiosos eran tan discriminados como los homosexuales, y fueron a parar a la UMAP. Ahora que ya no son perseguidos, ¿van a perseguir a los demás?, ¿esa experiencia de vida no les sirvió para reconocer que si estuvimos en el mismo saco y ellos salieron de él, tendrían que echar una mano para que nosotros también saliéramos?, ¿cómo se puede retroceder tanto, cómo no pueden aprender de una experiencia negativa?

Sí creo en las asociaciones, en la necesidad incluso de que la sociedad civil esté organizada, pero también en la cultura que hay que crear para que las personas sepan lo que es civismo, estar en sociedad. Hay que crear cultura cívica, jurídica, y sobre todo hay que educar. Si hay algo importante es la educación, que es la mejor manera de trasmitir cualquier tipo de valor que una sociedad necesita para ser sana.

Rafael Hernández: Estamos llegando al final del panel, ¿alguno de ustedes quiere agregar algo más en relación con lo que se ha dicho, o no, respecto al tema de las asociaciones?

Yociel Marrero: Uno de los grandes beneficios del desarrollo de las asociaciones es lograr un sentido de pertenencia en los sectores sociales cubanos. Después de muchos años de organizaciones estrictas, de pertenencia muy limitada en cuanto a militancia ideológica, barrial, Cuba tiene que redefinir sus sentidos de pertenencia. Una de las formas de robustecer la sociedad en este momento es fortalecerlos, que las personas sientan que son dueños de algo, que representan algo.

Rafael Hernández: Me cuesta tanto trabajo decir algo después de lo que ha dicho el panel con palabras tan precisas que no voy a decir nada más. Solamente quiero darles las gracias por haber enriquecido enormemente este tema. A veces el principal desafío de algún asunto que hemos tratado antes está en abordarlo de otra manera, y este panel lo ha conseguido. Voy a seguir pensando sobre lo que se ha dicho aquí, porque he escuchado nuevos abordajes acerca de aspectos que me parecen extraordinariamente valiosos.

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