Último Jueves

La cultura entre los universitarios

Fecha: marzo 31, 2022
Lugar: ICAIC

(Realizado en el ICAIC, el 31 de marzo de 2022, vía Telegram)

Rafael Hernández: Este es un panel que tiene mucho que ver con algunos otros debates realizados y que han sido publicados en la revista a lo largo de estos veinte años de Último Jueves, y que están directamente relacionados con la cultura, vista no solamente como el conocimiento o la información que se tiene acerca de determinadas áreas del arte y la literatura, que las incluyen, naturalmente, que van más allá, y que se mencionan constantemente en la conversación, discursos, comentarios, debates: cuán importante es y para qué sirve la formación cultural, una cultura general integral. Se trata de tener un dominio de la historia del arte, y de la literatura, y de algo más, para qué le sirve a un profesional que no trabaja en esas esferas, por qué es importante esta formación, y por qué lo son las práctica culturales, o sea, de los muchos focos que esta temática pudiera tener, hemos preferido escoger dos, lo que atañe directamente a la formación cultural, y lo que tiene que ver con las prácticas culturales, las acciones, la participación no únicamente en el consumo sino en la producción cultural.

La cultura entre los universitarios
Fotografía: Revista Temas

Para este debate, tenemos a cinco panelistas: Rainer Schultz, doctor en Historia, cuya tesis doctoral estuvo dedicada a la historia de la educación en Cuba, la cual se va a convertir pronto en un libro. Rainer ha tenido durante ya más de cinco años, casi siete años, el rol de coordinador de grupos de estudios que vienen de varias universidades norteamericanas, de una alianza de universidades llamada El Consorcio, de la Universidad de Brown, para el estudio en el extranjero, en Cuba, y que ha hecho esto durante todos estos años con la Casa de las Américas, o sea, que está conectado también con las instituciones cubanas, él es alemán, y le hemos pedido que esté aquí y que nos hable desde su perspectiva de haber sido un estudiante y de haber enseñado tanto en Alemania como en los Estados Unidos.

Caridad Dailín López, metodóloga de la Dirección de Extensión Universitaria del Ministerio de Educación Superior (MES). Siempre llamamos la atención sobre que lo más difícil es lograr que alguien que tiene una responsabilidad en una institución venga a sentarse aquí, y le agradecemos mucho, y le damos las gracias a la suya por haber facilitado también su presencia en el debate, y que comparta su perspectiva en relación con lo que concierne específicamente al trabajo de la extensión universitaria, y que atañe en particular a los aspectos mencionados aquí, cómo ella ve esos problemas desde su experiencia.

Denia García Ronda, que para un auditorio de Temas no necesita presentación. Durante muchísimo tiempo profesora de literatura, de cultura cubana en la Universidad de La Habana (UH) y subdirectora de la revista Temas, que ahora tenemos la suerte de seguir teniéndola como miembro de nuestro equipo editorial, y que le ha dedicado a este tema muchísimos años de reflexión, de análisis.

Alejandro Sánchez, estudiante en la Facultad de Filosofía e Historia; además, presidente de la FEU en esa Facultad. Obviamente, la perspectiva de un estudiante acerca de estos problemas también tiene para nosotros un valor muy especial puesto que de lo que se trata es de intercambiar puntos de vista que no pueden ser iguales, y que eventualmente pueden ser, incluso, antagónicos, es decir, puede haber un debate, y si lo hubiera en la mesa y entre los panelistas, en el buen sentido de antagónico y de debate, sería muy útil.

Y finalmente está con nosotros también —aunque a distancia— Yuleidis González, profesora de estudios socioculturales de la Universidad de Granma, quien dirige allí el proyecto “La cuarta Lucía”. A todos les agradecemos su participación.

La cultura entre los universitarios
Fotografía: Revista Temas

La primera pregunta es qué se entiende por prácticas culturales, por formación cultural, qué significa formar una cultura general integral, y qué propósito tiene que estudiantes de cualquier carrera, de cualquier campo, tengan esa experiencia, adquieran esa formación y asuman esa participación.

Rainer Schultz: Quiero enfatizar que estudié y trabajé en tres universidades diferentes en tres países diferentes, en la Universidad Humboldt, en Berlín, donde hice mi maestría; luego un año aquí en la de La Habana, después hice mi doctorado en la de Harvard, y considero las culturas universitarias de las tres muy diferentes, tal vez lo único que tienen en común es que sus siglas son UH.

La Universidad de Humboldt se funda en 1810 por Guillermo de Humboldt, el hermano de Alejandro, como parte de las reformas prusianas, eso fue veinte años después de la Revolución francesa, del fin del feudalismo en Europa; en aquel momento esta universidad significaba la entrada a la modernidad, porque se aspiraba por primera vez a la unidad de la investigación y la enseñanza en una sola institución, la libertad de la ciencia, la academia, entiéndase de la religión y del Estado absoluto, y la formación del carácter de los universitarios, que de eso se trata en este panel, era el modelo esta universidad para muchas otras tanto en Europa como luego en los Estados americanos.

En la actualidad, Humboldt tiene casi cuarenta mil estudiantes, cuatrocientos veinte profesores, dos mil otros académicos, cuenta con ciento veintiún carreras, tiene cincuenta y seis Premios Nobel en su claustro, y un presupuesto que se acerca a los quinientos millones de euros anuales. Pero a diferencia de muchas universidades privadas, por ejemplo, en los Estados Unidos es prácticamente libre de costo para los estudiantes, eso lo digo solo a manera introductoria porque influyen también el ambiente, el acceso, y al final la cultura en la universidad.

Esa universidad aboga por una visión humanista e integral del ser humano en la cual la ciencia y el trabajo académico contribuyan para —y así lo hizo—, humanizar la sociedad alemana y más allá; la academia y el conocimiento también conllevan obligaciones y responsabilidades, y una revisión permanente de los objetivos, contenidos y métodos de enseñanza y la aplicación de los conocimientos, sobre todo en el contexto alemán eso es algo importante, recordemos que no pocos académicos estuvieron involucrados en lo que llegó a ser el Holocausto y las dos guerras mundiales que empezó Alemania, por eso hay una conciencia muy activa sobre el uso de las ciencias en la sociedad en este país.

Lo que más recuerdo de estos años en Berlín, a finales de los 90 y en los años 2000, en estas aulas donde estudiaron grandes personas como Clausewitz, Hegel, Marx, Einstein, aparte del estudio general que nos permitía tomar clases fuera de la concentración, que era muy importante, era la libertad de tomar, la posibilidad real de participar como estudiantes en la vida universitaria, no solo como representantes en el consejo universitario, sino también existe un autogobierno de los alumnos, con un presupuesto que nos permitía hacer actividades de diferentes ejes temáticos como el internacionalismo, el antirracismo, en temas como enseñanza e investigación, actividades culturales, o asistir a estudiantes que estudian con niños; se organizaban conferencias y charlas sobre temas actuales, en aquel momento la guerra de Iraq, hoy día tal vez sería otra guerra; noches de cine debate. Había una publicación propia, y organizábamos manifestaciones en contra de, por ejemplo, las marchas de los neonazis en aquel momento, o sea, eran intervenciones públicas, culturales y políticas de los estudiantes de la universidad, que estaba en el centro de la vida urbana, social, de Berlín en esa ocasión. A mi juicio, ello es necesario para la formación integral de los estudiantes más allá del contenido académico, la reflexión sobre el lugar adecuado, los profesionales y la universidad en la sociedad, para qué fines estudiamos, cómo aplicamos los conocimientos y hacemos el mejor uso de nuestros privilegios es muy importante, y por supuesto, como sé que esto cambia con el tiempo, las circunstancias de cada país y cultura, eso requiere un espacio, las condiciones, y una visión compartida de permitir este desarrollo a los estudiantes, y hay que ganarlo.

Y para terminar en Cuba, porque como Rafael dijo llevo varios años en ella también vinculado a la enseñanza, la vida académica, como la Isla está en medio de un proceso de actualización y reordenamiento, con una Constitución nueva, un contexto político y económico diferente a los años 80 y 90, me parece que esta búsqueda de un modelo nuevo, viable o justo, tiene que pasar también necesariamente por una cultura universitaria diferente, se debe revisitar, reflexionar y reinventar las prácticas viables y formas de organización dentro de los centros de enseñanza superior.

Caridad Dailín López: Hay que partir de la palabra clave para la educación superior, que está concebida a partir de procesos fundamentales: la formación profesional, la ciencia, la innovación tecnológica, y la extensión universitaria, que en este caso es el proceso que vengo representando, y en todos existe un común denominador, la cultura desde la preservación, desde la creación o enriquecimiento, de la ya preservada, y de la promoción de esos saberes en los entornos tanto intrauniversitarios como en la sociedad en general.

Hablar de la formación cultural del estudiante universitario implica pensar en ese sistema de saberes diversos, heterogéneos, concebidos desde el objetivo fundamental de cada uno de estos procesos que hemos mencionado, en función de lograr entregarle a la sociedad un profesional competente, comprometido, innovador, y ante todo humanista, o sea, no podemos perder de vista esa visión humanista de nuestros profesionales, y los valores que se promueven desde cada uno de los espacios universitarios.

Son importantes porque si segmentamos, o sea, pudiéramos hablar de prácticas integrales o de prácticas culturales integrales, entendidas desde esa interrelación de saberes que emanan desde el aula, desde un laboratorio, que puede ser tecnológico, pero también una comunidad, resultan de esa visión contenida que puede estar presente en cada uno de esos estudiantes, porque el hecho de que decidan ser médicos no significa que no sientan alguna inquietud artística en el campo del arte y la literatura, eso no implica que exista un divorcio entre todas esas partes, sino cómo podemos llevar la cultura de la profesión, cómo podemos ser profesionales competentes, sensibilizados con las causas sociales, también con un nivel de preparación para apreciar aquello que desde otras esferas de la vida nos llega, y fundamentalmente desde el arte, la literatura, la cultura, las prácticas ya que son un poco más tradicionales, costumbristas; en fin, básicamente eso es lo que es tratar de formar integralmente a un profesional, ¿y para qué sirve? para que esté equilibrado con lo que la sociedad espera de él.

Denia García Ronda: Advierto que lo que diga puede estar un poco desfasado en cuanto a datos porque después de pasar más de cuarenta años vinculada a la universidad, primero como estudiante, después como profesora, hace rato que no estoy al día de las cosas que están pasando, por lo menos no completamente y, por otra parte, voy a hablar de la cultura artístico-literaria porque es lo que conozco; por supuesto que sé que cultura es mucho más que eso, pero me voy a centrar en ella.

Hablando de prácticas culturales considero que se trata no solo de la creación artístico-literaria sino, sobre todo, a mi modo de ver, de la apreciación, de la recepción de esa cultura; quiere decir, lectura, asistencia a museos, teatros, cines, conciertos, o sea, a la vida cultural que pueda dar determinada ciudad, determinado espacio social.

En ese sentido también hablo de creación no solamente refiriéndome a los profesionales de la creación, a los que se dedican exclusivamente o casi exclusivamente, porque en Cuba es muy difícil dedicarse solo a la creación artística y literaria, pero donde puede estar mejor representado el mundo universitario es en los que se dedican a eso, y también en los aficionados

La formación cultural es justamente la preparación para esa práctica cultural, y esto, por supuesto, tiene que ser sistemático; esa formación, esa preparación, debe ser asumida desde la primera infancia a partir de la familia, de la escuela, de las distintas instituciones que tengan que ver con los niños y los jóvenes, la sociedad toda.

 Una sociedad o un entorno con un alto nivel de cultura, no porque sea exclusivista sino por la cantidad de personas, por el ambiente, por la atmósfera cultural que pueda tener esa ciudad o ese espacio, influye necesariamente en esa formación del individuo, le llega casi por ósmosis.

Voy a pedir permiso para contar una anécdota de La Habana en los años 60. En esos años, gracias también a la cantidad de instituciones culturales que se crearon después del triunfo de la Revolución, había un ansia cultural: los teatros presentaban obras tanto de los clásicos universales como obras experimentales, prácticamente todas las vías del teatro cubano, etcétera; esas salas de teatro y esos teatros grandes se llenaban de jóvenes, y la imagen de un joven de los 60 era con un libro en la mano, incluso hacíamos chistes acerca de ello; es decir, es un ejemplo de esa atmósfera social, que desde luego influye en el mundo universitario; pero es que ese mundo de los 60 influía en esa sociedad, era un punto central de la vida cultural de La Habana y estoy segura de que en otras ciudades de Cuba también, es decir, que esos vasos comunicantes existían. A mi modo de ver eso se ha ido perdiendo, quizás se ha institucionalizado demasiado la cuestión, y se ha perdido esa espontaneidad que tenían los estudiantes universitarios en los 60 y parte de los 70 de estar en un mundo cultural; por supuesto que esto es básico para un profesional y para uno en formación.

En el siglo xix cubano, creo que Dailín habló algo de eso, un médico podía ser un poeta, un gran lector, y un orador, y podía estar en el mundo de la cultura siendo abogado, o médico, o ingeniero, etcétera; más adelante podemos hablar de ello, porque es uno de los puntos álgidos, básicos de la formación cultural en el mundo universitario.

Rafael Hernández: Alejandro, yo quisiera aprovechar lo que se ha dicho para que tú reacciones. ¿Piensas que es el entorno de la universidad el lugar donde se forma el carácter?, ¿en qué medida es la universidad ese espacio?, ¿y la formación cultural tiene que ver con la formación del carácter, con independencia de si lo estamos haciendo o no?, ¿en qué medida la vida y la cultura universitaria es clave para que desempeñe su papel?, ¿en qué medida es importante que no esté dentro de los muros de la universidad, no se contenga dentro de ellos, sino que desborde sus muros en ese sentido de proyección de la vida universitaria hacia afuera?, ¿en qué medida eso es clave?, ¿o puede haber una vida universitaria culturalmente intensa sin que necesariamente esté haciéndose con un vaso comunicante con el resto de la sociedad que lo rodea?, ¿y hasta qué punto la formación cultural se conecta con lo que decía Dailín del desarrollo de un espíritu innovador, de la innovación, como algo que está dentro de la gente y que tiene que ver con la cultura, no con las máquinas, no con los aparatos, no con los laboratorios, sino con el espíritu? No estoy complicándote la pregunta, lo que estoy es tratando de aprovecharla para ir definiendo los bordes de lo que hemos llamado formación y prácticas culturales.

Alejandro Sánchez: La profesora Denia introducía algunos elementos que quería abordar en mi intervención. La formación cultural, en primer lugar, es un proceso que está permanentemente inacabado, que comienza en la primera infancia, que tiene una fuerte influencia de la familia y de la escuela, como ese binomio responsable de esa formación de los valores y de esa disposición de conocer, y esa ansia de sabiduría que debe formarse un niño para que luego en las diferentes etapas de su desarrollo vaya adquiriendo las herramientas y las habilidades necesarias para ir apropiándose de ese conocimiento.

Tenemos una idea de que la formación cultural puede ser vista como algo que el profesor debe proveer al estudiante, y no debe ser únicamente de esa forma, el estudiante tiene que dedicar tiempo al autoestudio, a su autopreparación, y buscar fuentes y contrastar fuentes, para ir formándose una concepción lo más acertada posible de la realidad, y ese es precisamente el objetivo central de tener una formación cultural, no un conjunto de saberes enciclopédicos, sino conocer la realidad del mundo para poder interpretarla, en primer lugar, y luego contribuir a su formación, cómo vamos a desatar un potencial creativo, cómo vamos a poner en práctica la innovación, si no logramos interpretar el mundo en el que vivimos, sus realidades, si no existen condiciones para que todo ese potencial de innovación y de creatividad se ponga en práctica.

La vida cultural universitaria, por lo que uno ha escuchado de personas que estuvieron en la universidad en otras décadas, sobre todo en los años 60, que fueron tan fuertes; pero aun así, en los 70, los 80, la universidad tenía una vida cultural extraordinaria que desbordaba los límites de las instituciones; sin embargo, hoy cuesta generar un ambiente cultural dentro de ellas, y es que hay determinadas influencias, hay condicionantes sociales que dibujan los límites de esa formación cultural, y si bien ya los referentes no están en lo mejor de la cultura artístico-literaria y científica como en momentos anteriores.

Hoy vemos que los paradigmas son otros, que los referentes son otros, quizás más banales, menos profundos; tiene que ver con la visión que tenemos de los estudiantes universitarios como un sector de la juventud que está por encima en cuanto al punto de vista cognoscitivo, y sin embargo también está bajo la influencia de redes sociales digitales, de grupos de referencia como la familia, las redes de amigos, de los imaginarios sociales, incluso de las aspiraciones y de los proyectos de vida que ellos tengan; muchos llegan buscando un título, solo eso, un simple papel que avale la posibilidad de entrar al mercado laboral, ¿y dónde queda esa aspiración de ser un profesional integral, culto, capaz de poner en práctica determinados valores y de ser consecuente con una esencia humanista?, es muy triste pero es la realidad, hemos visto en los últimos años una depauperación del ambiente cultural de las universidades.

Rafael Hernández: Yuleidis, piensa no en las personas que están aquí sentadas, o que están escuchando, y que están convencidas de lo importante de la formación cultural y las prácticas culturales, sino en un grupo de gente que realmente considera que la cultura es una especie de adorno, de vestuario, y que no es algo esencial, fundamental, que de eso no se come, y no se gana dinero. A esos que piensan así, que son buenas personas, incluso que han estudiado mucho, ¿cómo tú les explicarías la importancia de la formación cultural y de las prácticas culturales en el entorno universitario?

La cultura entre los universitarios
Fotografía: Revista Temas

Yuleidis González: No puedo dejar de agradecerles la oportunidad de estar acá con ustedes y de compartir lo mucho o lo poco que yo haya podido hacer. Les hablo desde el Palacio de las Convenciones en el Congreso Internacional de Investigadores sobre Infancia, Adolescencia y Juventudes.

Realmente eso que me pide no es difícil porque es algo que hago todos los días. Yo trabajo en una Facultad multicarrera donde está la de Gestión sociocultural para el desarrollo, que para quienes no lo saben, es el perfeccionamiento de estudios socioculturales, que ya desapareció del mapa curricular, o sea, del MES, pero también están las carreras de Contabilidad y finanzas, Economía y Derecho, por tanto, explicar todos los días la importancia de la cultura para la formación integral de los estudiantes universitarios, es como el pan de cada día.

En 2017 me hice esa pregunta: ¿qué significa la cultura para los estudiantes universitarios?, ¿qué es la cultura universitaria? Tal vez no con todo el conocimiento teórico, pero sí con la certeza de que era algo más que participar en el movimiento de artistas aficionados, en una conferencia sobre identidad cultural, o provocar que los estudiantes asistieran a las obras de teatro como espectadores; sentía siempre que eso era algo más, y que implicaba el modo y los métodos de investigación, de cómo insertarse en los procesos de transformación social, de cómo llevar a cabo la gestión del conocimiento, incluso la propia convivencia en la residencia estudiantil, las relaciones interpersonales. O sea, yo entendía y sigo entendiendo, que son prácticas culturales hasta los métodos que tenemos para estudiar, y el sentido de pertenencia hacia la universidad de uno también forma parte de este gran espectro, de este gran ajiaco que es la cultura.

Con esa comprensión, en ese año ocurrieron transformaciones importantes en mi vida que me llevaron a esas reflexiones. Yo venía del Departamento de Marxismo y, después de once años de trabajar allá, me ponen como profesora principal del tercer año de Estudios socioculturales, con el peor grupo de toda la carrera, según me decían. Por tanto, necesitaba entender qué era lo que ellas consideraban, (digo ellas porque la mayoría eran mujeres), qué querían de la carrera, cuál era su sentido de pertenencia con esta, qué esperaban ser cuando egresaran de ella, y a partir de ahí surge “La cuarta Lucía”. Ahí estoy casi iniciando la respuesta de la segunda pregunta, pero realmente es que ese proyecto de género emerge de la necesidad de transformar las prácticas culturales que hasta ese momento tenían las estudiantes de ese año, que estaban completamente alejadas de lo que precisábamos de un profesional, de un estudiante universitario. Sentí que a partir de un proyecto extensionista podía aunar esfuerzos con ellas para lograr realmente que la transformación no fuera una intervención mía en su vida sino un proceso en el que intercambiáramos, con un objetivo común, y que de ahí entonces se produjera esa transformación, esa formación integral, porque para mí la cuestión cultural, la cultura, como ya expliqué hace un momento, no es solo ese aspecto artístico, sino toda esa producción que generamos y que tiene un componente simbólico trascendental, y por consiguiente, transversaliza todos los procesos sociales.

En ese sentido, la formación cultural del estudiante universitario sirve para que ese profesional no sea un tecnócrata, sino un ciudadano que, además, tiene conocimientos habilidades y valores para desarrollar un perfil profesional determinado, pero un ciudadano en su integralidad que estamos devolviendo a una sociedad en la que tiene que intervenir, interactuar para dar solución a problemas de la profesión que son, a su vez, sociales. Por ello considero que es tan importante la formación cultural, pero no entendida únicamente en el contexto de la formación artística, aunque esta es un componente importante, pues poder apreciar las artes tiene que ver con la sensibilidad que tiene que tener un profesional de cualquier perfil para poder realmente ser parte de la sociedad, de las transformaciones sociales, ser partícipe de esos procesos.

Rafael Hernández: Muchas gracias, Yula, me has dejado impresionado con esa andanada de conceptos precisos. Yo quisiera hacerlo ahora al revés y darle la palabra a Alejandro para que la tome donde yo se la quité cuando había empezado a hablar de los problemas. Antes quisiera informar acerca de unas minientrevistas aplicadas a estudiantes universitarios, donde se les preguntaba qué hacían en su tiempo libre; en ellas manifestaron que iban a fiestas, a la playa, a bares y que veían series de TV. Solo una estudiante respondió: leer.

Este breve tiempo vamos a aprovecharlo para identificar lo más precisamente posible los problemas que afectan a la formación cultural y a las prácticas culturales, es decir, los más críticos, los que más inciden en la situación actual de la vida universitaria, y de todo lo que se relaciona con el tema del papel que tiene la cultura dentro de la casa de altos estudios.

Alejandro Sánchez: Si lo fuésemos a ver desde los planes de estudio de las diferentes carreras, hay una mirada muy enfocada en la hiperespecialización. La reducción de las carreras a cuatro años ha obligado a muchas comisiones de carreras a eliminar fondo de tiempo o a suprimir asignaturas que serían de vital importancia para la formación cultural de un estudiante, y no solo en las carreras de ciencias exactas o naturales, incluso en las de perfil social y humanístico.

Yo estudio Historia, y mi obsesión, lógicamente, es entender la sociedad en su devenir histórico pero, por ejemplo, mi novia cursa Historia del Arte, y allí apenas se estudia el contexto histórico, entonces esa carrera se convierte en una sucesión de cuadros y esculturas, sin entender las causas que impulsaron el desarrollo de esos movimientos artísticos, e incluso las subjetividades, porque no es solo la eliminación de las asignaturas de Historia universal sino también de Historia de la filosofía. Cómo se entiende el desarrollo del arte a lo largo del tiempo sin tener una noción de la evolución del pensamiento filosófico, y ese es un ejemplo muy concreto, pero encontramos que los estudiantes creen que solo necesitan saber el objeto de estudio de la carrera. Y entonces se hace muy difícil abrir esa puerta hacia otras áreas del conocimiento que quizás no son tan propias de la especialidad, y ahí viene un problema fundamental, la falta de una visión de totalidad de esos estudiantes universitarios.

¿Cómo vamos a formar un sujeto crítico, capaz de entender su realidad, si no tiene un conocimiento general de diferentes áreas y saberes, si solo está encerrado en su segmento? Ese es otro de los problemas fundamentales, la segmentación, la parcelación de la formación de los estudiantes universitarios, y ello, lógicamente, incide en su acervo cultural.

Rafael Hernández: Refiriéndome a los resultados de la pregunta sobre el tiempo libre, ¿lo dicho por los estudiantes te parece característico?

Alejandro Sánchez: Sí, por lo general es lo que consume un estudiante universitario en el tiempo libre, ir a la playa, ver series, ir a los bares. Hay una palabra que a mí no me gusta y se usa mucho: “desestresarse”, o sea, el estudio o asistir a la universidad supone un estrés para muchas personas. ¿Hasta qué punto tiene que ver con los referentes y los paradigmas de la gente?, ¿o es que estudiar parece una obligación y un castigo más que un placer? Es parte del tiempo libre también estudiar, leer, pero están en su derecho de emplearlo en lo que deseen, Además, vemos cómo hay una especie de imaginario entronizado entre los universitarios de que divertirse y pasar un buen rato es precisamente lo mencionado, y bastante poco ir a museos, e incluso al teatro, que en otro momento era bastante socorrido como entretenimiento para los universitarios. Eso no significa que esos jóvenes tengan una amplitud de ofertas para emplear su tiempo libre, o sea, hay limitaciones y realidades económicas que inciden muy duramente y que también coartan sus posibilidades.

Rafael Hernández: ¿Tú dirías que estos problemas están relacionados con algo que se ha ido acumulando?, ¿tú los identificas como el resultado de una coyuntura particular?

Alejandro Sánchez: No, como todo en la sociedad es un acumulado, y hace unos años Fidel en la Batalla de Ideas se había desvelado por crear una cultura general integral, y a pesar de la política del conocimiento tan fuerte que ha desarrollado la Revolución durante décadas, todo ese esfuerzo era precisamente porque se había identificado que en nuestra sociedad existían grandes segmentos de la población donde no había sido alcanzada una gama de conocimientos artísticos, literarios, humanísticos, científicos, tecnológicos. La cultura no solo se expresa con el dominio de esos conocimientos, sino en comportamientos, en prácticas culturales, determinadas con ese nivel de desarrollo de la formación cultural que tienen los individuos, y que lógicamente está condicionado socialmente, y tiene que ver con un origen familiar, o del barrio, en las instituciones escolares donde ha asistido. Las posibilidades no son idénticas para todos los jóvenes, incluso habiendo llegado a la universidad no todo el mundo ha tenido las mismas posibilidades, depende de muchos factores, que producen ciertas desigualdades en nuestro escenario social.

 Cuando estaba en el preuniversitario, recuerdo a estudiantes que querían entrar a periodismo o a relaciones internacionales, carreras que exigían un examen de aptitud, una prueba de cultura general, y decían: “Voy a estudiar cultura general”. Y yo pensaba: Entonces eso es una cosa que se aprende de memoria. “Dostoievski escribió Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov”, etcétera. Y ya tengo cultura general. No es así. La cultura hay que írsela apropiando, y hay que tener también una vocación de aprendizaje, si no lógicamente no puede haber una formación cultural, y ese es otro de los problemas que también hay entre la juventud actual: la ausencia de una vocación de aprendizaje.

Rafael Hernández: Denia, en la época en que tú eras todavía profesora de la universidad, y desde que dejaste de serlo, en tu conocimiento de los jóvenes universitarios graduados de cosas diferentes, ¿cuáles son las fallas que tiene la formación cultural universitaria?

Denia García Ronda: Estoy completamente de acuerdo con lo que dijo Alejandro, y quiero decir algunas cosas sobre lo que tú acabas de preguntar.

Considero que hay muchos problemas. Tengo entendido, y quizá Yuleidis pueda hablar después de eso, que hay una voluntad ahora de revisar y tratar de recuperar, por lo menos medianamente, aquella vida cultural universitaria que había justamente hasta más o menos los años 80, que fue bajando desde los 60, pero que aún en los 80, como decía Alejandro, tenía cierta vitalidad.

Pero quiero que me den permiso para enfocarme en una cosa: la universidad, o las universidades. En definitiva, estas reciben estudiantes de los niveles anteriores que no tienen no ya la formación, ni siquiera la posibilidad de formación en la cultura en términos generales, y en el caso de la artístico-literaria ni se diga, empezando porque los planes y programas conspiran contra ello. Desde hace muchísimos años han separado la literatura de la redacción y gramática. A mi modo de ver, eso es un disparate porque afecta tanto a una como a la otra, pero la que más sufre es, en este caso, la literatura. Se habla de eso y de otras cosas en cuanto a la formación cultural integral de esos jóvenes, entonces la universidad hereda ese problema, pero, a mi juicio, esta no ha sido capaz de subsanarlos siquiera medianamente. Yo me quedo sorprendida cuando algún joven, mi propia nieta, que se acaba de graduar ahora de Letras, me dice: “No, esa asignatura ya no existe; la quitaron de los programas”, y son asignaturas que efectivamente, puede parecerle a algún metodólogo que no hacen falta porque hay que resumir el tiempo, hay que darles más importancia a otras, pero son fundamentales para la formación cultural del estudiante universitario. Es decir, esto es un problema que viene desde la primaria.

Permítanme otra pequeña anécdota. Yo trabajé en los libros de lectura del primer perfeccionamiento. Y puedo adivinar la edad de alguna persona cuando me dice: “¿Usted es Denia García Ronda?”, porque de un momento determinado para acá ya no se les dice a los estudiantes de primaria quiénes son los autores, y en esos libros estaban Mirta Aguirre, Eliseo Diego, Dora Alonso. Al final había fichas de los autores, y éramos invitados a las escuelas a hablar con los estudiantes, con los alumnos pequeños de distintos grados. Todo eso se ha perdido. Entonces llegan a la secundaria, que es la etapa más peligrosa en ese sentido de la formación, porque los jóvenes empiezan a tener otros intereses, y no se trata de resolver eso, no se les hace atractivo el diálogo cultural, al contrario, muchas veces, y lo digo por experiencia propia, se limita la posibilidad de que esos estudiantes vayan más allá de lo que se les enseña en el aula. Es decir, que la universidad recibe todo eso, pero pudiera hacer algo para, por lo menos, como Alejandro decía, ir logrando que tengan una cultura integral cuando sean profesionales y puedan revertir eso a la sociedad, incluso desde que son estudiantes. Eso no se está haciendo.

Por ejemplo, extensión universitaria, que en los años 60 y en los 70 tuvo una importancia enorme en la vida cultural –en este caso me estoy refiriendo a la cultura artístico-literaria–, riquísima, no solo porque tuviera un concurso literario o porque apoyara determinados grupos de teatro, etc., sino porque ese departamento estaba encargado de que esa cultura integral de los estudiantes se mantuviera viva. Eso se fue perdiendo, y hoy día no sé cómo está, pero en otras universidades, en otras áreas del conocimiento sé que a extensión universitaria no se le da importancia.

Por ejemplo, la UCI, que tiene una vida cultural bastante rica, pero está dentro de sus muros, no hay comunicación con el entorno. En otras universidades, lo sé por testimonios cercanos, que muchos estudiantes no saben qué es extensión universitaria. pero eso trasciende incluso un departamento que se llame extensión universitaria, debe estar en la esencia misma de la enseñanza universitaria.

 El hecho de que un estudiante de la CUJAE o de Medicina no se pueda graduar si no hace un examen de redacción y ortografía también se cayó, y era lo mínimo. En esto sí tengo experiencia propia porque soy editora. La redacción y la ortografía de muchos de los profesionales, hoy día, da pena.

Entonces esas son cosas que, unidas a lo que Alejandro decía, de una manera más general y más integral, la universidad sí puede resolver.

Rafael Hernández: Caridad, ¿qué es lo que no han podido lograr en el trabajo que ustedes hacen en extensión universitaria?

Caridad Dailín López: Los comentarios anteriores han tocado puntos neurálgicos, en lo que pudiera ser la concepción de la cultura universitaria.

Voy a responder a su pregunta, pero si me permite puedo dar algunos criterios con respecto a lo que hablaron mis compañeros. Estamos viviendo una época totalmente diferente, sobre todo más allá de la pandemia, pero fundamentalmente en esta última etapa de la pandemia, y el mundo se mueve por una línea en la cual nosotros intentamos sistematizar aquellas experiencias del mundo que pueden resultar novedosas, resolver problemáticas directas, que incluso complementen la visión de la educación superior de una manera más abarcadora e integradora.

Con respecto a lo que decía Alejandro de la eliminación de las asignaturas de perfil social, artístico-literario, aunque no tengo todos los elementos para profundizar pero sí algunos criterios, y es que cada universidad tiene autonomía propia, o sea, cada una en dependencia del contexto sobre el cual interactúa perfila las necesidades de formación de su profesional, y eso implica incluir que hayan carreras con un currículo común a nivel nacional, y otras que en cada una de las universidades tengan uno propio, el cual se enfoque en resolver esas problemáticas particulares de ese mercado laboral donde se va a insertar el estudiante.

Impartí apreciación del arte y apreciación literaria porque soy filóloga de formación, y sufrí la pérdida de esas asignaturas que se daban en la carrera de estudios socioculturales, que ahora entró en perfeccionamiento, y hoy para contrarrestar ese déficit tenemos una oferta de cursos extensionistas que calzan ese espacio que se ha suprimido de ese currículo; dichos cursos se diseñan desde las direcciones de extensión universitaria, a partir del diagnóstico que se les hace no solo a los estudiantes sino también a docentes, trabajadores y personas de los entornos inmediatos, y que perfilan o tratan de facilitar y trasmitir esos conocimientos, enfocados fundamentalmente a la historia, al patrimonio local, a la historia del arte, a la apreciación y recepción del arte, del teatro, etc.

 En la actualidad, estamos celebrando el aniversario 70 del Teatro Universitario, una institución que es clave para la cultura cubana porque de ahí han emergido importantes figuras del teatro cubano.

Denia García Ronda: ¿Existe?

Caridad Dailín López: Sí, y, además, estamos concibiendo una gira por las universidades de Cuba para celebrar ese aniversario. Hay otras tantas instituciones nuestras, a las que nosotros jocosamente llamamos milenarias, que son claves, líderes, cimeras, eso es el estado del arte.

En cuanto a la práctica no en todas las universidades hay ese nivel de desarrollo, de compromiso, de identidad con lo que se hace.

Decía la profesora que las direcciones de extensión universitaria desarrollaban un papel protagónico, o sea, siguen en esa lucha quijotesca por tratar de promover la cultura ateniéndonos a los contextos actuales, que no es menos cierto que están permeados constantemente de influencias externas, de prácticas foráneas, de incluso importaciones que nada tienen que ver con nuestra cultura, ya lo apreciábamos en los cortos que veíamos aquí, el party, una fiesta loca, o sea, son cuestiones que están, y que nosotros intentamos contrarrestar, digo intentamos porque el espacio está, aunque, a veces, lo difícil, —para responderle a usted la pregunta que nos hacía—, es lograr que ese público al que nosotros dirigimos nuestras actividades participe en ellas, pero ello implica estar presente, interactuar, contribuir, retroalimentar, y no asistir porque hay que sumarle un punto al escalafón en la integralidad.

Por ahí pasa el tema del liderazgo, pues si usted no tiene un líder tanto en el sector estudiantil como el laboral, a quien seguir, que lo motive, que trate de reorientar. Muchas veces se dice: “No, porque hay que imponer”, no, la cultura no se impone, se orienta, la cultura se fomenta, y para eso se parte desde lo psicológico, lo comunicativo, la preparación personal que pueda tener ese agente del cambio que puede ser el profesor universitario, entonces básicamente eso es lo más difícil, lograr primero la integración entre todos los actores de la extensión, que no son solo los decisores de la extensión, sino todos, porque los docentes y estudiantes son actores de la extensión.

Alejandro Sánchez: Las organizaciones.

Caridad Dailín López: Exacto, las organizaciones son actores de la extensión. No podemos solamente identificar el proceso de extensión en las direcciones de extensión universitaria porque es un proceso, pero también una función institucional que debe implicar además de la docencia e investigación, que el docente sepa promover la cultura, la historia. En nuestra carrera amo mucho una asignatura que es la historia de la lengua que es lo que a uno enamora, el campo de la lingüística.

Rafael Hernández: Rainer, ¿has encontrado problemas comunes entre lo que ellos han dicho y lo que ha sido tu experiencia fuera de tu experiencia propiamente cubana y con estudiantes cubanos?, ¿hay puntos de contacto en esto?, ¿qué comentarios puedes hacer sobre los problemas que afectan la formación cultural y que puedan ser comunes o no en el caso de otras universidades?

Rainer Schultz: Sí, hay varios problemas similares. Más bien voy a tratar algunos puntos de vista internacionales, y como nos pediste ejemplos concretos quiero dar tres, uno que se llama en Alemania el mandato político, el otro, las reformas universitarias de los últimos veinticinco años, y por último el carácter comercial de la cultura en el contexto actual, que tiene que ver también con lo que se podría llamar las condiciones de producción de los universitarios profesionales, a lo que creo que Alejandro hizo referencia también, que no todos tienen las mismas condiciones, el mismo capital cultural, humano, por demás.

Algo sumamente curioso en Alemania. Ya había mencionado que organizábamos marchas políticas en los años 2000 cuando resurgieron grupos neofascistas en Alemania, que paseaban enfrente de la Universidad Humboldt en el centro de Berlín, en esta universidad había muchos estudiantes, lo que se podría llamar conscientes políticamente, que querían contrarrestarlos: salieron a la calle, movilizaron, hicieron debates sobre el tema, y había otros grupos de estudiantes que no querían que los estudiantes se metieran en cosas políticas, sino que se limitaran al estudio y a la visión más estrecha de la formación universitaria.

La situación llegó al extremo que tuvimos que apelar a un tribunal y lidiar esta cuestión ante este; fue un debate muy interesante porque en este tribunal entonces se discutía sobre el alcance, la posibilidad de ser un universitario político en el siglo xxi, y al final hasta a los jueces alemanes les parecía un poco artificial la división de que si los neonazis entraban a la universidad sí podíamos hacer una actividad, pero si se quedaban fuera del recinto no la podíamos hacer. Al final sí nos dieron el derecho de opinar, y articular e interactuar sobre temas que son sociales y más allá de la universidad, eso era posible en este momento, y creo que todavía hay un sector relevante en Alemania, en otras universidades de países que he conocido donde hay esa conciencia, ese deseo, esta actividad política.

Pero también considero, y este es el segundo ejemplo, que las reformas universitarias de los últimos veinticinco años, que en Europa se llaman el proceso de Bolonia, que consistía en hacer más eficientes las universidades, de reformarlas, de que los estudiantes se graduaran en menos tiempo, más orientado hacia el objetivo, a lo que Alejandro hizo referencia, de que tú te especializas mucho, pero ya el costo de eso era que no tenías el tiempo igual para dedicarlo a un estudio más general, a conocer otras materias, a asistir a actividades culturales, y no sé hasta qué punto, pero en muchos países los estudiantes tienen que trabajar también para financiarse sus estudios, y simplemente muchas veces no tienen tiempo para dedicarse a otras actividades dentro o fuera de la universidad.

Entonces este es un proceso importante, yo sé que en Cuba también hay reformas, las carreras se han reducido ahora a cuatro años, eso tiene ventajas y desventajas pero, a la vez, tengo entendido que aquí hay ahora un poco más de flexibilidad en el currículo, que hay asignaturas electivas, que tú puedes elegir asignaturas fuera de tu concentración, creo que eso es importante.

Y el último ejemplo, el carácter comercial de la cultura, y algo que decía Denia y usted, sobre la oferta que tiene o no la universidad, tiene o debería ser desde abajo, desde los mismos estudiantes, y las condiciones que encuentran de una oferta atractiva, posible, donde ellos tienen deseos de estar, como decía Alejandro, porque no es una obligación estudiar, en cierto sentido es un privilegio. Lo ideal sería que dentro de la misma universidad se hicieran actividades, charlas de invitados, de personalidades, de egresados, de otros que puedan dar una visión diferente y que les atraiga a los estudiantes.

La oferta cultura fuera de las universidades en otros países, pero también en Cuba, se vuelve cada vez más comercial y costosa: escuché a un estudiante hablar acerca de un concierto en el Bar 245, por casualidad conozco los precios de ese lugar, he ido una vez pero solo para verlo, no pagué nada, la entrada creo que oscilan entre los dos mil pesos, y las mesas que hay que reservar empiezan en los veinte mil pesos, y no todos los estudiantes aquí tienen posibilidad de pagarlo, para no decir casi ninguno, o muy pocos, lo mismo pasa en otras universidades en otros países, iba a mencionar un ejemplo, la Universidad de Harvard, tal vez una de las más ricas del mundo, y tiene el gran privilegio de que pueda otorgar becas a los estudiantes una vez que se les acepte independientemente del ingreso de los padres, o sea, si los padres pueden pagar los cincuenta mil dólares que cuesta un año en esta universidad lo pagan, pero si no pueden pagarlos, estas y algunas otras, muy pocas, son universidades excepcionales, dan la opción de una beca, lo cual no quiere decir que todos estén iguales dentro de la universidad, porque a lo mejor se pasan algunas horas juntos en un aula pero no comen en el mismo lugar, no van a los mismos clubs ni a las mismas actividades, y ello genera un problema, hay divisiones y tendencias diferentes.

Y para terminar con algo positivo, por ejemplo, en estas universidades americanas, no hay una concentración muy temprana de la carrera sino la posibilidad de cursar en diferentes escuelas, facultades, departamentos, para saber realmente qué es lo que te interesa, y solo en el tercer año decides por tu concentración de estudios, con una variedad muy activa de ofertas culturales, como cines, charlas, actividades extracurriculares, y de hecho eso es parte del currículo que los estudiantes acumulan, y donde enriquecen también su perspectiva.

La formación del carácter no se da en la universidad sino comienza mucho más temprano, si bien se continúa en la universidad, y la mayoría de las personas que luego tienen posiciones importantes en los países pasan por universidades, por lo tanto es también importante esta mirada de formación más amplia en dichos recintos.

Rafael Hernández: Quisiera recoger ahora los concisos comentarios de quienes están acompañándonos en este panel, es decir, los que están compartiendo esta sala, y también los que están escuchándonos a través del grupo de Telegram.

Suntyan Irigoyen (Editora. Revista Temas): Estoy de acuerdo con lo que han dicho todos, pero quería hacer hincapié en lo que dijo Denia en cuanto al deterioro de la formación cultural de los jóvenes. Me quiero remitir solamente a un aspecto desde el punto de vista lingüístico; oyendo a las muchachas que entrevistaron me parece que hay una depreciación del lenguaje, del uso del español. Desgraciadamente observamos que no se expresaban muy bien, es decir, su vocabulario es escaso, poseen un repertorio lingüístico muy reducido. Me imagino que en las universidades cuando tengan que exponer sus trabajos, ese déficit les afecte, y eso es una dificultad importante que se debiera también analizar en algún momento.

Disamis Arcia (Profesora. Facultad de Comunicación, UH): Brevemente quería añadir al tema de las problemáticas y los desafíos que se suman, el del impacto que están teniendo las culturas digitales en las formas de socializar, de consumir, de estudiar y cómo los estudiantes interactúan con las estructuras a las que llegan en la Universidad de La Habana y en las del país en general, eso es un desafío que viene desde 2018 hasta hoy, sobre todo con la ampliación del acceso a Internet en Cuba, con las posibilidades un poquito más accesibles a datos móviles, y también los propios contextos pasados de los dos años, que nos han mostrado que a esas condicionantes económicas, políticas, sociales, en las que están nuestros estudiantes insertos se suma también una manera de ver el mundo, de asomarse a la cultura, a los consumos, y muchas veces entra en contradicción con las formas en las que históricamente estamos acostumbrados a transitar por la universidad; lo digo desde mi experiencia como profesora de la universidad al interactuar con los estudiantes, lo que me ha llevado a repensar mi papel como profesora y hasta qué punto son deterioros, resignificaciones, desafíos para el encuentro, y no solo en una posición un poco de superioridad o de legitimidad institucional que me otorga la academia, cuando lo importante es tratar de re-conectar con los estudiantes.

 Frecuentemente los profesores sufrimos la angustia de sentir que estamos hablando por canales diferentes, es verdad que hay empobrecimiento, pero otras lo que sucede es que están viviendo una vida distinta, experimentando la realidad de otra manera, y uno como profesor no llega a insertarse con ellos, o hacerlos parte de lo que existe.

 Considero que es un gran desafío para la cultura de los universitarios y de las comunidades universitarias en un país como Cuba en el contexto que hemos estado viviendo en los últimos años, en donde cosas como la brecha digital, las posibilidades económicas y de acceso se hicieron evidentes también en la manera en que muchos estudiantes tuvieron dificultades no ya para transitar en los espacios extracurriculares sino para cumplir con las necesidades educativas formalmente instauradas.

José Julián Díaz Pérez (Estudiante universitario. UH): Yo quería hablar sobre lo que decía Disamis y vincularlo con lo dicho por Alejandro. Cómo este proceso de enajenación al que nos somete el estudio, es decir, el proceso educativo en general, quizás por esta incapacidad de vincular al estudiantado en el proceso de la construcción del conocimiento, y se concibe este como un cúmulo de información del que tengo que apropiarme para los exámenes de manera que pueda ir brincando un grupo de barreras hasta finalmente trabajar, y para tener un título por el cual me van a dar dinero; es decir, la concepción del estudio es un proceso que tengo que cumplir en función de poder tener mejor trabajo y salario, y precisamente a partir de ese dinero y de esa vida que voy a construir podré ir a una fiesta y desestresarme, como decía ahorita Alejandro.

 Hay toda una maquinaria cultural en función de convertir al pensamiento, al conocimiento, en algo aburrido, es decir, obsoleto, que lo que te genera es un nivel de estrés, y que además, como el referente que tienen los estudiantes normalmente de la construcción del conocimiento es un proceso que es enajenante porque no cuentan con ellos para su construcción resulta autoritario; no importa si el estudiante se apropia o no de un saber determinado sino que tienes que repetirlo, reproducirlo, en función de lograr otro objetivo, es decir, ese proceso no es activo sino que es algo que tengo que lograr para otro fin. Cómo revertirlo y también el papel del estudiante es una de las preocupaciones mayores. Hoy se habla mucho de cómo lograr que la construcción del conocimiento sea un proceso colectivo, que requiera de que el estudiante participe dentro de él.

José Barcinde Herrera (Director del Departamento de Extensión Universitaria, MES): En primer lugar, Rafael, agradecer la oportunidad que nos han dado de participar, realmente es una forma de retroalimentación muy pertinente que tenemos nosotros los que trabajamos.

Quiero agradecer la forma muy correcta y muy precisa en que Alejandro dio sus criterios, la experiencia de la profesora, que aunque no esté en activo, usted siempre está con nosotros. A Rainer igualmente la posibilidad que nos da varias miradas tan importantes.

Mi criterio es que esto es un proceso formativo, y en materia de educación no hay nada que sea espontáneo, todo tiene que ser intencionado. El propósito de la educación es ser un sistema de influencia para que dé en la diana y logre transformar a las personas, si eso no lo logramos no hay proceso de educación.

¿Y qué nos pasa?, me voy a referir a algo que decía Dailín: los tres procesos sustantivos de la educación superior. Para ahorrar consideraciones les voy a contar una anécdota de una compañera nuestra: Llega una visita a una universidad y le dicen: “¿Dónde están los claustros?”, “Mire, usted ve ahí, en todas las aulas, la docencia”; “¿Y dónde están los investigadores?”, “En los laboratorios”, “¿Y los compañeros de extensión universitaria?”, “En el local ese, allí”, o sea, que la extensión universitaria se ve como un proceso o algo que solo es inherente a los que trabajamos en el dispositivo de extensión; sin embargo, esta va más allá, donde se da muy bien precisamente es desde el aula, y todos los profesores tienen que estar impuestos de su función para poder promover cultura, y no se trata que desde su profesión estén promoviendo cómo la percusión y la coral, no, no, no.

Para ejemplificar, ahora hay una serie televisiva muy buena (Calendario) que pone de manifiesto qué cosa es la extensión, pero fíjense, esa profesora de Español y literatura ha sido capaz de motivar al grupo más malo.

Es una de las dificultades fundamentales que tenemos, profesor Rainer, a pesar de que Cuba cuenta con un programa nacional de extensión universitaria con doce lineamientos bien definidos, pero no visto desde el departamento o la dirección de extensión, sino de todos los docentes a partir de su asignatura.

De lo otro que los docentes no nos hemos percatado es de que en Cuba, cuando el triunfo de la Revolución, hubo muchos cambios sociales muy radicales como la Campaña de Alfabetización, la Reforma Universitaria, que influyeron el curso de la historia; por supuesto, en esos años 60, 70, 80, había una efervescencia muy grande, la producción de instrumentos musicales, implementos deportivos. Pero ahora estamos en una etapa muy compleja, no solo de Cuba sino del mundo, donde todo ha cambiado, y sin embargo la mayoría de los profesores no lo hemos hecho, seguimos haciendo lo mismo con nuestros estudiantes, y es ahí donde, y estoy totalmente de acuerdo con la profesora, está el desafío de los docentes, porque tenemos que reencontrarnos con nuestros estudiantes, no hay de otra, y cambiar los métodos, las formas, y adecuarnos a eso.

En el año 2013, no sé si te recuerdas, Dailín, el actual presidente de Cuba, primer secretario del Partido, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en un balance del MES nos decía: “Si algún proceso hay que potenciar es el proceso de extensión universitaria, porque extensión universitaria es dar cursos de ortografía, es preparar los cuadros del Estado…”, o sea, que es todo, entonces, a veces, sin tener esa mirada holística, integradora, balcanizamos todo, y decimos, “Esta es la docencia, esta es la extensión, y esta es la investigación”. No, en definitiva uno solo es el estudiante, e insisto, tiene que recibir todas esas influencias, por lo tanto, profesor, aquí prácticamente se han listado las problemáticas que tenemos en materia de formación cultural, que no es la lata y el palo y bailar, son cosas que magistralmente explicaste, Alejandro, que se forman desde el vientre prácticamente y, por supuesto, llega a tener su expresión máxima al ingresar a la universidad, y como tú decías, el Comandante desde la Batalla de Ideas vislumbró todo esto, y empezaron los cursos integrales donde se le pagaba al estudiante para que estudiara, no sé si fuiste testigo de ello.

Rafael Hernández: Devuelvo la palabra al panel y voy a volver al orden inicial, Rainer, qué elementos quisieras agregar en relación con el tema, de cosas concretas que se pudieran hacer y aprender de este intercambio que tenemos de carácter internacional también, las experiencias no solo nuestras, sino las de otros.

Rainer Schultz: Solo quiero decir que un debate como este donde con un análisis honesto se reflexiona dónde estamos, cómo está la formación de los universitarios, cómo la cultura universitaria, está realmente contribuyendo a lo que se define como la misión, por ejemplo, de la Universidad de La Habana, o lo que se dice en la entrevista, que es a lo que aspiramos, un debate honesto evaluando también, escuchando a los estudiantes sobre qué están haciendo hoy en día, qué les interesa, dónde podríamos conectar lo que tiene que ofrecer la universidad con lo que buscan los estudiantes, y un análisis de en qué situación político-económica estamos, qué ofrece, qué puede ofrecer, qué puede financiar la universidad también en estas circunstancias, lo cual varía mucho, obviamente, de país a país, por eso mencioné al inicio las cifras de Alemania y de los Estados Unidos, claro, están en una posición muy diferente, con su presupuesto se pueden hacer muchas más cosas, pero yo creo que esos análisis pueden ayudar a buscar, tal vez, otras propuestas, otras ofertas en un futuro.

Caridad Dailín López: Resumiendo, debemos escuchar más, dialogar más, quizás crear espacios o llegar a estos donde por una razón u otra no hemos sabido llegar, promover más nuestra memoria histórica, nuestro patrimonio universitario, vincularnos más a estas instituciones también del sector de la cultura, que tienen por encargo la creación artística, la literaria, el pensamiento.

Considero que podemos replantearnos los métodos que hasta ahora utilizamos en las universidades; cómo podemos incrementar esa capacidad léxica de nuestros estudiantes, cómo reincorporar la capacitación tecnológica, porque no es menos cierto de que la gran mayoría de nuestros docentes no son tecnólogos natos, no son nativos de esta era digital y, a veces, nos cuesta ir a la misma velocidad, incluso alguna vez me preguntaron cómo interpretar los íconos en las respuestas de los mensajes, ya eso sería un estudio casi que semiótico para poder comprenderlos mejor y poder establecer esos códigos y compartir significados. Básicamente repensarnos qué estamos haciendo y escuchar a quienes tienen algo que decir.

Denia García Ronda: Considero que la mejor manera de contribuir al desarrollo cultural del país, como Rafael preguntaba, y quizás tratar de influir también para resolver algunos de los problemas que se han planteado aquí, es precisamente la vida universitaria, desarrollar su propia práctica cultural con vistas a la sociedad.

Y en las cosas puntuales, me parece que variar un tanto el punto de mira; he oído aquí mucho “el profesor debe”, “el maestro debe”, “el”, yo creo que hay que, como dijo ella ahora últimamente, no solamente oír, hay que darle más autonomía y más responsabilidad al estudiante, o sea, no obligarlo a que espere que una institución como la FEU, o la UJC, o la propia institución, les diga: “¿Quiénes quieren ir al campeonato de deporte, o al festival de poesía, o de arte, o lo que sea?”, buscar la manera de que eso salga de los estudiantes, por lo menos de algunos estudiantes que puedan convertirse, como ella planteaba antes, en líderes, eso se ha perdido también, porque existió antes, es decir, que la vida universitaria empiece en el estudiante, no que el estudiante sea un receptor de orientaciones, de tareas, de planes culturales, sino que sea creador también de eso, para mi modo de ver es lo fundamental.

Y todo lo que debe ser cambiado se puede resumir en darle mayor importancia a esa cultura artístico-literaria no solo en los planes y programas, donde debe estar, pues es fundamental para la verdadera formación integral de un graduado universitario, también en la vida universitaria, en esa relación en el aula y fuera de ella, dentro y fuera de los muros universitarios.

Si vamos a lo más elemental, más puntual, aquí se hablaba con razón de los precios de los espectáculos artísticos, incluso de ir a un museo, etcétera; ¿por qué la universidad no compite con eso?, ¿por qué como antes no tiene sus propios espectáculos?, que no necesariamente tienen que ser de maestros, profesores o estudiantes, pueden ser de fuera, pero convocados por ella, que sean si no gratis, como eran en los 60 o los 70, sí mucho más baratos, y eso haría más atractiva la recepción de esa práctica cultural, e invitar a los escritores, a los que puedan dar una conferencia sobre la historia o sobre la química de la cucaracha, invitar a los estudiantes y dejar abiertas las puertas de la universidad para que la sociedad, o por lo menos los más cercanos a los centros universitarios asistan, porque si hay un espectáculo que vale mil pesos y la universidad lo da en quinientos, o en trescientos, o en lo que pueda, apoyado a lo mejor por otras instituciones como Cultura, entre otros, el público viene, y ahí se va creando una determinada relación con lo más inmediato, que es el barrio, y se va ampliando eso, es decir, la universidad que esté consciente, no teóricamente, que es un centro social, etcétera, etcétera, sino en la práctica esa relación con la comunidad, con la sociedad, y desde el punto de vista de la formación integral del estudiante, porque ese diálogo, esa relación, lo ayuda también. Ello pudiera ser una tarea de extensión universitaria, pero siempre contando con que muchas de las cosas salgan del estudiantado, y se les dé confianza, responsabilidades, porque también me he dado cuenta, y de esto ya hace décadas, de que muchas veces no tienen confianza en lo que puedan hacer los estudiantes, y entonces los vigilan, los orientan, los controlan, para hacer cualquier cosa que puede ser extensionista, a mí me parece que son elementos por lo menos que pensar.

Alejandro Sánchez: En aras del tiempo quisiera ser rápido y compartir algunas de las experiencias que en la FEU de la Universidad de La Habana se han venido haciendo en el último año y medio, y que son muestra de quizás una conciencia que existe en la actual dirección de la organización de que también somos un foco que irradia precisamente acciones fuera de la universidad y contribuyen a la formación cultural de los estudiantes.

Hemos venido organizando conferencias con importantes personalidades de la ciencia y de la cultura nacional en los últimos meses, y vemos que eso se queda en un espacio bastante reducido, a veces no se divulga lo suficiente, las instituciones hacen acciones muy positivas y no se le da la divulgación necesaria, hay un problema de comunicación.

Por ejemplo, desde hace un tiempo la FEU ha tomado conciencia del papel que le corresponde en el trabajo en los barrios, no estar complementando la reparación de calles y bodegas, sino contribuir a que se desarrollen proyectos comunitarios donde estudiantes universitarios pongan en práctica sus habilidades, sus conocimientos, en favor del desarrollo de la comunidad, y es que la cultura ha estado fuera de la visión, muchas veces, del desarrollo, el que ha sido visto como un progreso económico, como un mejoramiento de condiciones de vida, de condiciones objetivas. ¿Y la cultura dónde está, el fundamento cultural, el enriquecimiento espiritual?, en eso tenemos bastante que aportar, y hemos participado en algunas acciones en determinados barrios de la capital en el caso de la Universidad de La Habana, y lo comenzamos a hacer de manera espontánea, a ir ahí, después llegó un momento que dijimos: “Bueno, estamos haciendo, pero es el momento de pensar, y de estudiar y prepararse”, conque la extensión universitaria lleva estudio, investigación y, sobre todo, una conciencia no solo de la institución sino también de las organizaciones estudiantiles, del papel que les corresponde en potenciar la formación cultural de los estudiantes, e incentivar a esos alumnos que tienen ideas, propuestas, y que muchas veces no tienen adonde acudir.

Las organizaciones estudiantiles tienen que ser el espacio donde ellos hagan esas propuestas y también contribuyan a su puesta en práctica. Eso nos ha faltado, pero es el resultado de prácticas y de una cultura de trabajo que en diferentes instancias del país existe y que nos proponemos como horizonte resolver; hacerlo está en coherencia con los objetivos fundacionales de la FEU, que este año llega a su centenario, y que Mella tenía precisamente esa visión de que la universidad no podía ser una fábrica de títulos, y que tenía un encargo social muy importante.

 No olvidar que la extensión universitaria es un logro importante de las luchas estudiantiles de América Latina por la reforma universitaria, o sea, una conquista de los estudiantes, entonces tenemos responsabilidad en continuar desarrollándola.

Yuleidis González: Discúlpenme, cuando vi las preguntas sobre todo de los problemas a los que nos enfrentamos, me vienen varios, como a todo el mundo, pero hay una cuestión que es transversal, y tiene que ver con esa disyuntiva entre cultura o incultura, es como si nosotros pudiéramos abrirle la cabeza a las personas a las que consideramos que son incultas y ponerles lo que nosotros consideramos que es cultura, cuando en realidad lo que se da en ese proceso puede ser un diálogo, pero una batalla campal también entre el acervo cultural que todas las personas poseen, nadie es una tabula rasa, se da esa batalla, puede darse, y de hecho en muchas veces ocasiones, y eso se relaciona con otro aspecto, por eso digo que es transversal, que tiene que ver también con cómo diseñamos desde nuestras carreras las asignaturas.

Ahora podemos decir con razón, yo no estoy diciendo que no, que el Plan E eliminó asignaturas que son básicas, elementales, para dotar de herramientas que le garantizan un pensamiento crítico y el enriquecimiento de su cosmovisión a nuestros estudiantes, pero en el Plan D era igual y en el Plan C era parecido incluso cuando las asignaturas estaban ahí, porque hay muchos problemas que tienen que ver con cómo las diseñamos, cómo diseñamos esas carreras y en función de qué lo hacemos; cómo impartimos los conocimientos.  Por ello, muchos estudiantes universitarios no entienden por qué les seguimos dando filosofía, economía política, o sea, el ciclo político, y no es un problema solo de ahora en el Plan E, que se han reducido las horas; para mí un problema serio no está relacionado con la cantidad de horas, pues se puede tener una asignatura básica montada en ochenta horas y que el estudiante, además, no aprenda nada de los objetivos que debió cumplir en la carrera; y, sin embargo, puede tener una asignatura de treinta y dos horas montada en un sistema de investigación, de articulación a partir de proyectos, no solamente investigativos, de proyectos extensionistas, y que el estudiante se apropie del cómo hacer, y del cómo ser en sociedad. Esas son problemáticas que se nos presentan en este contexto universitario en el que queremos formar un profesional que no sea un tecnócrata, como yo decía, que no sea un erudito pedante, así como lo pidieron Félix Varela y José de la Luz y Caballero.

Y es otro tema, seguimos buscando referentes de educación de otros países, y nos hemos olvidado de que tenemos una escuela pedagógica cubana basada en el electivismo, una de las corrientes de pensamiento más reconocidas en toda América Latina y el mundo; sin embargo, no siempre ese electivismo está en nuestros planes de estudio, en nuestros docentes, incluso tenemos docentes que ni siquiera saben qué es. Eso tiene que ver con esa formación integral de nuestros estudiantes pues estamos formando un profesional, y, a la vez, un ciudadano o ciudadana que va a resolver problemas de una especialidad pero que, en esencia, tiene que tener una participación social, y por eso yo considero que esos problemas transversalizan todos los elementos de los que hemos estado dialogando.

Otras de las problemáticas es esa división, que si bien puede ser metodológica se ha convertido, en una división más allá de lo metodológico, de los llamados procesos sustantivos, y quien más sufre de los tres procesos sustantivos es la extensión universitaria porque es la que se considera que no lleva investigación ni se tiene que implicar en la docencia, sin embargo, si son tres procesos sustantivos es porque los tres tienen que estar concatenados, nutriéndose mutuamente. Esas son problemáticas fundamentales.

Y ahora sí va mi respuesta a la tercera pregunta, que está muy relacionada con estos aspectos que he mencionado.

¿Cómo resolverlo? No tengo una receta para resolverlo en todo el país porque sería demasiado petulante de mi parte; sin embargo, sí puedo decir cómo yo lo intento desde “La cuarta Lucía”, la cual precisamente para eso la creé para que, siendo un proyecto extensionista, al menos pretendiera lograr esa articulación tan indispensable entre docencia e investigación.

Para mí, si un proyecto extensionista no logra vincular en su plan de acción, en su modo de interactuar con la sociedad, que el estudiante pueda ejercitar las habilidades que está adquiriendo en la docencia, y si desde esta última no intencionamos que esas personas adquieran esas habilidades, esos conocimientos, en función de la sociedad, no rompemos el ciclo del que hablaba José Julián, y sigue siendo la docencia entonces un proceso que muchas veces resulta demasiado aburrido.

Es una problemática que tiene que ver con la relación teoría y práctica, por eso es tan esencial, y lo mismo con la investigación. “La cuarta Lucía”, un proyecto extensionista que lleva investigación, y del cual han resultado tesis, trabajos de diploma, pero porque esas estudiantes con las que he trabajado como profesora frente al aula desde una educación no bancaria, sino desde un proceso docente-educativo que implica que tengan que poner en práctica los conocimientos, las habilidades que han venido adquiriendo en las asignaturas del año académico, es la manera que yo encontré desde mi asignatura —que en ese momento era patrimonio cultural, pero ahora es gestión de políticas públicas y sociales— para lograr que los estudiantes vean que lo que están aprendiendo es necesario para transformar la sociedad y, además, para que se sientan partícipes de ese proceso de transformación, y que aprendan elementos de los cuales la mayoría de las veces, porque es un toma y daca, si el proceso docente se convierte realmente en un proceso en que aprende el profesor, aprende el estudiante y también aprende el profesor de esa práctica que hacemos de conjunto, entonces logramos que el estudiante consolide valores que ya traía.

Rafael Hernández: El éxito de un panel de Último Jueves depende de la cantidad de problemas y de ángulos que se coloquen al mismo tiempo sobre la mesa, y este podríamos considerarlo exitoso, en la medida en que muchos de ellos son problemas con los cuales nos podríamos ir pensando, aun cuando no era posible lograr aquí una profundización y la búsqueda de soluciones instrumentales para algunas de estas cuestiones. Se trata de una problemática que desborda no solo el espacio de este debate sino los elementos de juicio que podemos reunir aquí, porque concierne a problemas que atañen a la sociedad, su desarrollo en un momento de cambio, en un cambio de época, que trae consigo que la formación de profesionales puede ser agua que se tire por un vertedero si únicamente se ve en la medida de la formación científica y tecnológica.

 Si logramos formar profesionales que son científica y tecnológicamente avanzados y después se montan en un avión y se van del país es porque ha fracasado no la formación ideológica, que es otra cosa, sino el desarrollo de un profesional con una conciencia de la cultura, con una cultura incorporada, absorbida, que lo ha compenetrado con el mundo en el que vive; la decisión de partir, la decisión de separarse es trágica precisamente no por el hecho de que ahora se va a ir a otra parte, porque irse a otra parte puede significar ganar experiencia, puede ser temporal, puede ser algo que transcurre como parte de la estación del desarrollo de una persona, de un artista, igual que de otro tipo de profesional, sino de la separación, del desarraigo, si esa partida es definitiva sin dejar un vínculo permanente hacia atrás, por el enorme vacío que esa dimensión de la cultura ha dejado.

Aquí se trata de un asunto político de largo alcance, no de un sector y una disciplina, no de una escuela de la universidad, se trata de un problema social y político de mayor envergadura, y no de cómo vamos a salir del hueco en el que estamos en este minuto, con nuestras dificultades, sino con una visión estratégica acerca del futuro, algo tan importante como eso, que ameritaría volver una y otra vez sobre estos mismos problemas que ustedes han puesto sobre la mesa de una manera tan clara y tan útil. Muchas gracias.

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