miércoles, 28-01-2026
El III Congreso Nacional Femenino, celebrado en La Habana en abril de 1939, constituyó un punto de inflexión en la historia del movimiento feminista en Cuba. Los dos primeros congresos, de 1923 y 1925, han sido calificados de liberales porque debatieron sobre la representatividad política, la inserción laboral de las mujeres o la protección a la maternidad, y porque solo pudieron asistir mujeres blancas de las clases más acomodadas, con la sola excepción de la despalilladora negra, Inocencia Valdés. Por su parte, el III Congreso, aunque arrastró algunas concepciones tradicionalistas sobre las mujeres, resultó rupturista en numerosos aspectos. Por ejemplo, por criticar la desigualdad de género en los ámbitos laboral, civil, político y educativo, por exigir igualdad de trato para las pobres y campesinas, o por denunciar el racismo y la segregación padecida por las afrocubanas. Además, intelectuales afrocubanas como Cloris Tejo, Ana Echegoyen o Esperanza Sánchez, participaron de su organización o en sus sesiones de debate. Este evento también resultó trascendental porque logró que los acuerdos alcanzados fueran debatidos por la convención encargada de redactar una nueva constitución en 1940.
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