lunes, 30-03-2026
El objetivo de esta mesa redonda, convocada por Temas, es reflexionar sobre cómo se produjo, en el período de 1902 a 1958, la recepción martiana. Los participantes reflexionan sobre el modo en que los hombres del siglo XX conocieron la obra de José Martí; la forma en que influyó en el pensamiento político cubano y en buena medida en el pensamiento social, y la cultura artístico-literaria, y el uso que se hizo de Martí en la praxis política.
El texto es una reseña crítica del libro El código de Maceo. El general Antonio en América Latina, de Armando Vargas Araya, centrada en la revalorización del pensamiento político e intelectual de Antonio Maceo más allá de su imagen predominantemente militar. El autor analiza los aportes del estudio al revelar las conexiones del prócer cubano con el liberalismo radical latinoamericano durante su exilio, así como la existencia de un código ético-militar atribuido a sus concepciones. Al mismo tiempo, señala límites interpretativos del libro, en particular el riesgo de encasillar el pensamiento maceísta dentro del liberalismo radical, sin atender suficientemente las especificidades del proceso independentista cubano. El artículo valora la obra como un aporte historiográfico relevante, polémico y necesario para una comprensión más integral y continental de Maceo.
El artículo examina la transformación del liberalismo clásico cubano hacia formas de pensamiento liberal-social, en el contexto de los procesos revolucionarios, constitucionales y de crisis del Estado republicano ocurridos entre la Revolución del 30 y la caída del régimen de Batista en 1958. Durante este periodo, las élites intelectuales y políticas intentaron redefinir el papel del Estado y del derecho en función de un ideal de justicia social, buscando superar los límites del liberalismo económico tradicional. La Constitución de 1940 representó el punto culminante de ese esfuerzo: un pacto social que pretendía articular democracia liberal, soberanía nacional y derechos sociales, con la aspiración de consolidar un Estado moderno y moralmente responsable. No obstante, la fragilidad de las instituciones republicanas, la corrupción administrativa y el distanciamiento entre los principios constitucionales y la práctica política frustraron dicho proyecto reformista. El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 simbolizó el colapso del modelo liberal-social, al recurrir el gobierno de facto a la retórica de la justicia social para justificar un régimen autoritario. Ante el agotamiento del reformismo liberal, surgieron nuevas corrientes revolucionarias que retomaron el ideario constitucionalista, pero lo radicalizaron hacia un programa de transformación estructural del Estado y de la sociedad. El estudio concluye que, aunque el liberalismo social representó un intento significativo de modernización institucional y de ampliación de derechos, no logró resolver las tensiones entre libertad, justicia y desarrollo, allanando el camino a un proyecto revolucionario de mayor alcance.
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