jueves, 12-03-2026
“La desarticulación social marcó a la joven República cubana. Los hacendados apenas tenían otro recurso que confiar la reconstrucción económica del país al capital extranjero. La consolidación y expansión de los intereses españoles también limitó las oportunidades cubanas en el comercio, la industria y las actividades profesionales. Las diferencias nacionales y raciales dividieron a las clases populares. El desempleo, el subempleo y los bajos salarios acompañaron a la expansión del capital extranjero. El malestar de los trabajadores amenazó el orden, de manera que los primeros gobiernos debieron intentar mantener un entorno favorable a las inversiones extranjeras para evitar la intervención norteamericana. Contener a las clases populares se convirtió en la razón sine qua non de la joven República…”
“Es posible referirnos actualmente a la validez de las ideas de José Martí acerca del ordenamiento republicano de las naciones no porque él se propusiera elaborar un modelo o patrón al cual debía ajustarse la realidad cubana y latinoamericana de su época, sino porque plasmó en múltiples obras escritas —artículos, crónicas, discursos, documentos programáticos, cartas— su concepción acerca de la etapa inmediatamente posterior al logro de la independencia de su país natal del dominio colonialista español…”
El artículo explora la figura de Fidel Castro como un revolucionario cuyo pensamiento debe ser sometido a análisis crítico y debate para seguir siendo útil en la actualidad. Se rechaza la tendencia a “canonizar” a los líderes revolucionarios, ya que esto neutraliza su potencial transformador. Fidel concibió desde muy temprano una estrategia de reformismo radical: proponer reformas concretas dentro del marco legal burgués, como catalizador de movilización popular que condujera a la toma revolucionaria del poder. Esta táctica se materializó tras el triunfo de la Revolución en 1959, cuando se implementaron medidas profundas que desmantelaron las estructuras neocoloniales y capitalistas. Aunque inicialmente no era un proyecto socialista declarado, la Revolución se radicalizó por la necesidad histórica: la hostilidad del imperialismo estadounidense y la imposibilidad de alcanzar soberanía real sin romper con el capitalismo. Así, el socialismo emergió como condición indispensable para la independencia nacional y la justicia social. El legado de Fidel se presenta como una guía ética y estratégica para enfrentar las reformas actuales en Cuba, siempre bajo el principio de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, pero sin traicionar los ideales de liberación, soberanía y justicia social.
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