miércoles, 06-05-2026
Muy poco antes de ser asesinado, la última frase que Ernesto Guevara pudo leer fue «Ya sé leer». Estaba escrita en la pizarra de la humilde escuela de La Higuera, en lo profundo de Bolivia. Guevara no pasó por alto la falta de la tilde y así se lo hizo saber a Julia Cortés, la profesora del poblado. En el episodio hay una suerte de realización literaria: el Che, que tanta importancia le otorgó a la lectura como elemento potencial de formación revolucionaria, finalizaba su existencia leyendo y corrigiendo la frase, como si él mismo la escribiera. Lectura y escritura fueron dos componentes vinculados profundamente a su existencia, indispensables en su configuración en cuanto sujeto revolucionario. No obstante, ambos aspectos han quedado relegados ante la figura del «aventurero» y del «guerrillero» despojándolo, intencionalmente o no, de la radicalidad, la crítica y la forma literaria con las que forjó su visión del socialismo...
Este ensayo reflexiona sobre los desafíos de la enseñanza de la literatura en la era digital, marcada por la sobresaturación audiovisual y el desinterés por la lectura profunda. El autor critica diversos enfoques reduccionistas —comunicativos, cognitivos, pedagógicos y metodológicos— que simplifican la complejidad del hecho literario. Propone el concepto de educación literaria como una alternativa integradora que prioriza la formación de lectores entusiastas y reflexivos, equilibrando el disfrute estético con el análisis crítico. Se subraya la necesidad de renovar las prácticas didácticas, incorporar la literatura infantil y juvenil, y aprovechar las potencialidades de la informática y la audiovisualidad para insertar la literatura en la cultura viva de los estudiantes.
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