miércoles, 11-02-2026
En el año 1966, al término de la Conferencia de Tricontinental de La Habana, la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) fue formada con el objetivo de promover acciones eficaces para la comprensión teórica y superación práctica de los grandes problemas del entonces llamado Tercer Mundo. Habiendo sido considerada como la mayor organización de contrapropaganda que haya existido en el Sur-Global, la OSPAAAL logró tejer redes, lazos y alianzas de solidaridad efectiva entre los pueblos de África, Asia y América Latina durante más de medio siglo desde su sede ubicada en la capital cubana. Entre los múltiples sujetos envueltos en esta realidad, los movimientos europeos de solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo jugaron un papel decisivo en la configuración de OSPAAAL y el espectro Tricontinental desde finales de los años sesenta hasta la desaparición definitiva de la organización en el año 2019. A través de multitud de conexiones directas e indirectas con notables personalidades inmersas en el amplio espectro occidental de la Nueva Izquierda, OSPAAAL se convirtió durante décadas en un referente de la solidaridad global en Europa. Este amplio abanico de inexploradas relaciones Norte-Sur constituyó un marco único de intercambios dentro de la oleada revolucionaria que barrió el mundo de la Guerra Fría desde los años 60 hasta la llegada del siglo XXI.
El mayor legado de Fidel se ve en la supervivencia sustancial de la ideología que él fomentó y moldeó durante décadas, reflejada en la respuesta popular a su discurso del 1 de mayo de 2000, que cierra el debate sobre el significado de «la Revolución», y deja un testamento, ritualizado después como un código, lo suficientemente amplio para que todos encontrasen elementos de «su» Revolución. Comenzó ensalzando la conciencia del momento histórico y terminó con tres «-ismos» básicos, siendo el patriotismo el primero. Esa estructura puso la historia en el centro de todo: en 1947 conoció la importancia histórica de 1868 y en 1953, la importancia de la posteridad. Después del colonialismo y el neocolonialismo, Fidel reconocía la necesidad de una narrativa para explicar e inspirar con un mensaje moral, y para crear una identidad única, sabía que tal narrativa era esencial en cualquier ideología para explicar el pasado y el presente, e imaginar un futuro justo, pero también para aprender lecciones de esa historia, evitar los errores de otras historias y de la propia historia de Cuba, de tiempos cuando a los cubanos se les animaba a copiar otros modelos en lugar de buscar la confianza en sí mismos.
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