viernes, 02-01-2026
“El campesinado, en tanto que sus actividades humanas se desenvuelven en un medio de economía familiar y social, integra un segmento poblacional de la sociedad civil, con una visión individual y comunitaria acerca de sus intereses y objetivos de sobrevivencia, percepción que define y determina sus relaciones con el ecosistema donde habita y del cual obtiene los medios para subsistir. Los hombres y mujeres del campo han adoptado códigos de comportamiento basados en los valores que les son intrínsecos, y que difieren de los urbanos. Esto no significa que esa cultura sea mejor o peor que otras; sencillamente es diferente…”
El artículo recoge una extensa entrevista a Armando Bartra en la que se revisa críticamente el debate clásico sobre el campesinado como clase social a la luz de las transformaciones del capitalismo neoliberal y de las luchas rurales contemporáneas. Bartra sostiene que el campesinado no es un residuo precapitalista en vías de desaparición, sino una clase social de base económica compleja, históricamente reproducida por el capitalismo y portadora de un potencial antisistémico. El texto aborda temas como la transnacionalización del agro, la descampesinización neoliberal, la emergencia de los pueblos originarios, la relación etnia-clase y la crisis alimentaria, argumentando que los campesinos siguen siendo actores centrales para la soberanía alimentaria, la agroecología y la construcción de proyectos posneoliberales en América Latina.
El artículo analiza el pensamiento de José Antonio Saco como una de las críticas más coherentes y tempranas al modelo colonial agrícola cubano del siglo XIX, centrado en la esclavitud, la gran plantación y la dependencia del comercio exterior. Misas examina cómo, a partir de la Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba, Saco vinculó la pobreza rural, la desvalorización del trabajo manual y las llamadas “enfermedades morales” a las estructuras coloniales de explotación, la esclavitud y la exclusión jurídica de campesinos y trabajadores libres. El texto destaca su defensa de una agricultura basada en pequeños y medianos productores libres, la integración racial, la educación popular, la reforma de las costumbres y una “revolución en las ideas” como vía para construir una economía autosuficiente, una cultura del trabajo digna y una identidad nacional cubana opuesta al racismo y a las teorías colonialistas europeas sobre inferioridad climática y cultural.
El artículo examina la evolución reciente de las políticas públicas dirigidas al campesinado cubano, con énfasis en las reformas agrarias iniciadas en los años noventa y profundizadas a partir de 2008 mediante la entrega de tierras estatales en usufructo. A partir de un análisis detallado de la política tributaria y crediticia, el autor muestra cómo estas medidas han contribuido a revalorizar al pequeño agricultor y a diversificar la estructura agraria, pero también han generado nuevas desigualdades y tensiones asociadas a la heterogeneidad territorial, productiva y social del campesinado. El texto identifica contradicciones entre los objetivos de equidad, incentivo productivo y recaudación fiscal, así como limitaciones en el acceso al crédito, la gestión cooperativa y la articulación interinstitucional. Finalmente, sostiene que el principal desafío de las políticas campesinas radica en avanzar hacia un enfoque más integrado y descentralizado, que incorpore criterios de equidad diferenciada, mayor participación de los productores y una articulación efectiva entre instrumentos económicos, desarrollo local y sostenibilidad agroecológica.
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