miércoles, 11-02-2026
El mayor legado de Fidel se ve en la supervivencia sustancial de la ideología que él fomentó y moldeó durante décadas, reflejada en la respuesta popular a su discurso del 1 de mayo de 2000, que cierra el debate sobre el significado de «la Revolución», y deja un testamento, ritualizado después como un código, lo suficientemente amplio para que todos encontrasen elementos de «su» Revolución. Comenzó ensalzando la conciencia del momento histórico y terminó con tres «-ismos» básicos, siendo el patriotismo el primero. Esa estructura puso la historia en el centro de todo: en 1947 conoció la importancia histórica de 1868 y en 1953, la importancia de la posteridad. Después del colonialismo y el neocolonialismo, Fidel reconocía la necesidad de una narrativa para explicar e inspirar con un mensaje moral, y para crear una identidad única, sabía que tal narrativa era esencial en cualquier ideología para explicar el pasado y el presente, e imaginar un futuro justo, pero también para aprender lecciones de esa historia, evitar los errores de otras historias y de la propia historia de Cuba, de tiempos cuando a los cubanos se les animaba a copiar otros modelos en lugar de buscar la confianza en sí mismos.
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Temas es una publicación trimestral, dedicada a la teoría y el análisis de los problemas de la cultura, la ideología y la sociedad contemporánea.
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