viernes, 02-01-2026
“¿Cómo puede evitar la puesta en práctica del multiculturalismo operar al nivel de la representación estética de los muchos rostros de la nación? ¿Cómo puede la práctica del multiculturalismo evitar su dispersión e inclusión en la función socializadora de la escuela, que ha permanecido inmutable en su misión de engendrar «el tipo correcto de orgullo nacional?». Según la lógica del multiculturalismo, ¿quién sentiría este «orgullo nacional», habida cuenta de que, en sus respectivas culturas, individuos y grupos diferentes tienen versiones diferentes de la nación? Estas son algunas de las cuestiones que serán abordadas en este ensayo. Sin querer que parezca que me estoy pronunciando contra los objetivos del multiculturalismo en cuanto al otorgamiento de derechos políticos, examinaré los proyectos de dos de sus más influyentes propugnadores norteamericanos…”
La autora se propone cuestionar el lugar común según el cual todas las religiones descansarían sobre un orden de «sentido compartido», que uniría —más allá de las diferencias culturales— las experiencias y prácticas de los humanos, en tanto la política los dividiría. Se trata de someter tal afirmación a la prueba de la comparación intercultural, en vista de identificar su origen histórico, así como las cuestiones antropológicas y políticas subyacentes.
El artículo examina el desplazamiento histórico desde la noción de desigualdad racial hacia la de diferencia cultural en el pensamiento occidental de la posguerra, mostrando cómo este tránsito no eliminó las lógicas de dominación, sino que las reformuló bajo nuevos lenguajes. Los autores rastrean la crítica a la idea de raza tras el Holocausto y la emergencia de un enfoque centrado en los racismos como fenómenos históricos y simbólicos, evidenciando la creciente ambigüedad del concepto y su entrelazamiento con otras relaciones de poder. Asimismo, analizan cómo la cultura, convertida en principio organizador del orden social contemporáneo, ha sustituido a la raza como fundamento de exclusión, propiciando nuevas formas de racismo “diferencialista” que legitiman la segregación apelando a la incompatibilidad entre estilos de vida, tradiciones y comunidades culturales. El artículo también aborda el multiculturalismo como lógica cultural del capitalismo global, señalando cómo su aparente defensa de la diversidad opera como mecanismo de despolitización que desvía la atención del antagonismo estructural de clase.
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