miércoles, 11-02-2026
La cuestión racial y sus implicaciones políticas en Cuba han estado en el centro de atención en los últimos años. Una parte representativa de la sociedad cubana ha generado recientemente discursos de conciencia racial y epistemologías antirracistas como resultados, directos o indirectos, pero positivos, del encuentro con las ideas de descolonización promovidas por diversos movimientos negros y por las (re)lecturas de intelectuales negros de la región. Este artículo explora críticamente, a través de la historia y el carácter multidisciplinario de los estudios culturales, las interconexiones regionales entre el Panafricanismo, el pensamiento social e intelectual caribeño y las expresiones de estas ideas en Cuba; se centra en la identidad, la conciencia negra y el efecto tangencial de la ideología política panafricanista en Cuba, en tres periodos diferentes. Argumento que las ideas difundidas por Marcus Garvey, Walter Rodney y Bob Marley proporcionan puntos de conexión ideológica en la evaluación de las conexiones transculturales entre Cuba y el Caribe anglófono.
La lírica cubana de autoría femenina ha partido de una tradición elaborada bajo cánones escriturales androcéntricos, con los cuales la escritura femenina dialoga y proyecta un discurso de resistencia articulado a partir de un amplio repertorio de estrategias. En este sentido, en la producción poética femenina de las últimas décadas se advierte la puesta en práctica de modos escriturales que sobrepasan el discurso de resistencia propiamente dicho e inciden en la elaboración de un contradiscurso totalmente subversivo y desacralizador respecto a la hegemonía patriarcal y otras formas de ejercicio del poder. En correspondencia con ello, el presente artículo se dirige a estudiar los modos escriturales contradiscursivos en la producción lírica de un conjunto de autoras cuya obra comienza a publicarse y a hacerse visible a partir de los primeros años del siglo xxi. Entre las estrategias discursivas más recurrentes en el discurso lírico de estas autoras pueden mencionarse: la configuración transgresora del sujeto lírico femenino, la estetización de lo abyecto, el diálogo desmitificador con la historia, lo épico y lo heroico, y la relectura y construcción de una imagen otra del ser y la identidad nacional.
El mayor legado de Fidel se ve en la supervivencia sustancial de la ideología que él fomentó y moldeó durante décadas, reflejada en la respuesta popular a su discurso del 1 de mayo de 2000, que cierra el debate sobre el significado de «la Revolución», y deja un testamento, ritualizado después como un código, lo suficientemente amplio para que todos encontrasen elementos de «su» Revolución. Comenzó ensalzando la conciencia del momento histórico y terminó con tres «-ismos» básicos, siendo el patriotismo el primero. Esa estructura puso la historia en el centro de todo: en 1947 conoció la importancia histórica de 1868 y en 1953, la importancia de la posteridad. Después del colonialismo y el neocolonialismo, Fidel reconocía la necesidad de una narrativa para explicar e inspirar con un mensaje moral, y para crear una identidad única, sabía que tal narrativa era esencial en cualquier ideología para explicar el pasado y el presente, e imaginar un futuro justo, pero también para aprender lecciones de esa historia, evitar los errores de otras historias y de la propia historia de Cuba, de tiempos cuando a los cubanos se les animaba a copiar otros modelos en lugar de buscar la confianza en sí mismos.
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