jueves, 16-04-2026
La comprensión del proceso boliviano de transformación social y política exige del conocimiento previo de las particularidades propias de su economía, de sus modos específicos de producción y reproducción social, muy distantes de los patrones convencionales que, con mayor o menor intensidad, están presentes en los de su entorno. Este artículo parte de la exposición de las peculiaridades de la economía boliviana, de su carácter profundamente excluyente para la mayor parte de la población y de su naturaleza desestructurada, para analizar su incidencia sobre el proceso de cambio que vive el país desde la llegada al poder del presidente Evo Morales, a comienzos de 2006.
El texto aborda los principales desafíos éticos y morales que surgen con la expansión acelerada de las tecnologías de la información y el conocimiento, especialmente en relación con la privacidad, la propiedad de la información, la responsabilidad social y el uso de los datos personales. El autor reflexiona sobre la insuficiencia de los marcos legales frente al avance tecnológico y subraya la necesidad de una conciencia ética tanto en diseñadores de sistemas como en instituciones y ciudadanos, promoviendo la reflexión colectiva sobre el impacto de las TIC en los derechos humanos y la convivencia social.
El autor defiende la idea de que los intentos de manipulación directa de la imagen nacional deviene en fútil propaganda, y que no hay evidencias que sustenten la idea de que tales actividades han tenido éxito en el contexto internacional. Y que la percepción del comportamiento moral por parte de los países determina la imagen positiva, entre otros aspectos.
El mayor legado de Fidel se ve en la supervivencia sustancial de la ideología que él fomentó y moldeó durante décadas, reflejada en la respuesta popular a su discurso del 1 de mayo de 2000, que cierra el debate sobre el significado de «la Revolución», y deja un testamento, ritualizado después como un código, lo suficientemente amplio para que todos encontrasen elementos de «su» Revolución. Comenzó ensalzando la conciencia del momento histórico y terminó con tres «-ismos» básicos, siendo el patriotismo el primero. Esa estructura puso la historia en el centro de todo: en 1947 conoció la importancia histórica de 1868 y en 1953, la importancia de la posteridad. Después del colonialismo y el neocolonialismo, Fidel reconocía la necesidad de una narrativa para explicar e inspirar con un mensaje moral, y para crear una identidad única, sabía que tal narrativa era esencial en cualquier ideología para explicar el pasado y el presente, e imaginar un futuro justo, pero también para aprender lecciones de esa historia, evitar los errores de otras historias y de la propia historia de Cuba, de tiempos cuando a los cubanos se les animaba a copiar otros modelos en lugar de buscar la confianza en sí mismos.
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