miércoles, 11-02-2026
(Santiago de Cuba, 1981). Ensayista e investigador. Licenciado en Historia (2005) y Máster en Estudios Cubanos y del Caribe (2007) por la Universidad de Oriente, Doctor en Ciencias Históricas (Universidad de La Habana, 2016). Historiador de la Universidad de Oriente. Profesor Titular del Departamento de Historia y Patrimonio Universitario de la Universidad de Oriente. Vicepresidente del Consejo Científico de la Universidad de Oriente. Miembro de la Cátedra de Estudios Históricos del Estado y el Derecho Leonardo Griñán Peralta, y presidente de la Cátedra Honorífica para el estudio del pensamiento y la obra de Fidel Castro en la Universidad de Oriente. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y del Comité Nacional de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC). Investigador adjunto de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba. Miembro correspondiente nacional de la Academia de la Historia de Cuba. Miembro del colectivo editorial La Tizza. Premio de Ensayo Histórico-Social «Juan Pérez de la Riva» (UNEAC), 2017. Premio Nacional de la Crítica Histórica «Ramiro Guerra» (UNHIC), 2021. Premio Nacional de la Crítica Histórica «Hortensia Pichardo» (UNHIC), 2023. Premio de la Crítica Científico Técnica (ICL), 2023. Ha publicado Los laberintos de la unidad en la Cuba insurrecta (2019), Entre la carta y el asalto (2021), Historias de rebeldías (2021), 26 de julio, el asalto que incendió las nubes (2023), entre otros.
El artículo explora la figura de Fidel Castro como un revolucionario cuyo pensamiento debe ser sometido a análisis crítico y debate para seguir siendo útil en la actualidad. Se rechaza la tendencia a “canonizar” a los líderes revolucionarios, ya que esto neutraliza su potencial transformador. Fidel concibió desde muy temprano una estrategia de reformismo radical: proponer reformas concretas dentro del marco legal burgués, como catalizador de movilización popular que condujera a la toma revolucionaria del poder. Esta táctica se materializó tras el triunfo de la Revolución en 1959, cuando se implementaron medidas profundas que desmantelaron las estructuras neocoloniales y capitalistas. Aunque inicialmente no era un proyecto socialista declarado, la Revolución se radicalizó por la necesidad histórica: la hostilidad del imperialismo estadounidense y la imposibilidad de alcanzar soberanía real sin romper con el capitalismo. Así, el socialismo emergió como condición indispensable para la independencia nacional y la justicia social. El legado de Fidel se presenta como una guía ética y estratégica para enfrentar las reformas actuales en Cuba, siempre bajo el principio de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, pero sin traicionar los ideales de liberación, soberanía y justicia social.
Revista Temas: 125-126. Sección
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