miércoles, 04-03-2026
Reseña crítica del libro de Antoni Kapcia, Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story (Londres, 2014). Según el reseñador el autor «intentó corregir la tendencia que desdibuja la comprensión del caso cubano al exagerar el papel que desempeña [Fidel Castro]». Kapcia, además, impugna algunas ideas sobre su liderazgo.
“En Cuba sería prácticamente imposible hablar de la política cultural de la Revolución desde una instantánea del año 1968 —o de ningún otro momento— sin tomar en cuenta, en su integridad, la vertiente cultural de la transformación revolucionaria que se inició con el comienzo de los años 60. Dicho de otro modo, la revolución cultural, imposible de condensar en una simple etapa del proceso, es impresionante por sus aportes y cargada, a la vez, de complicaciones, de incidencias y desafíos…” 1968, movimientos sociales, políticas culturales, Cuba, Revolución cubana, cultura
En el presente, hablar de izquierdas y derechas en Cuba apunta a una cuestión de creciente relevancia: la representación política. Quizás su mejor expresión sea la disociación entre poder y proyecto revolucionario. Se trata de un disenso que ha ganado fuerza tras la crisis y reajuste de los años 90, y que ha hallado suelo fértil en una sociedad cada vez más desigual y diferenciada. Ante el desgaste de las estructuras y mecanismos de participación, la desintegración del sistema soviético agudizó la crisis del modelo socialista y propició diversas perspectivas sobre el proyecto social. Un espacio público menos sujeto al control estatal sobre la reproducción de ideas coexiste hoy con una comunidad y un entorno digital y social transnacionalizados.
Este panel —compuesto por una economista, un médico emigrado, un exdiplomático y un historiador— reflexiona sobre los acontecimientos que caracterizaron singularmente el año 1960 en Cuba, el conflicto social y político que se vivía y la naturaleza del proceso y de los acontecimientos. ¿Por qué se pudo llegar tan rápidamente a un punto en el que la radicalización del conflicto ya no tenía retorno? ¿Cómo y cuándo se alcanzó este punto? ¿Quiénes eran los revolucionarios? ¿Compartían las mismas ideas? ¿En qué medida estas creaban una ideología revolucionaria o cercana al socialismo? ¿Qué era para ellos el socialismo? ¿Quiénes se oponían a la Revolución? ¿Se identificaban con los Estados Unidos? ¿Qué significaba el anticomunismo? ¿En qué medida eran inevitables la velocidad y la polarización extrema que alcanzó el proceso en el transcurso de ese año? ¿Pudo haber sido diferente el cambio? ¿Menos rápido y polarizado? ¿Qué alternativas podrían haber ocurrido en esta historia?
El Tratado de economía marxista de Ernest Mandel, dirigente de la Cuarta Internacional, así como algunos artículos suyos, fueron muy apreciados por Ernesto Che Guevara en 1963, algo que le animaría a invitarlo a Cuba unos meses más tarde. Mandel critica los planteamientos de Stalin con relación con la" ley del valor" y rechaza las relaciones mercantiles entre empresas estatales ; apoya los estímulos morales y la importancia de la democracia socialista. Excepto en este último punto, que no fue abordado por Guevara, sus posiciones coinciden. En su primera visita a La habana en 1964, ambos se reunieron en varias ocasiones y tras su partida continuó manteniendo estrechas relaciones con Cuba. Durante su segundo viaje, en 1967, el encuentro no fue posible, lo que no impidió la publicación de varios artículos suyos en apoyo a la Revolución cubana y la OLAS. Ya en los años 90, prosigue su relación con Cuba denunciando los intentos de Moscú de apropiarse del legado del Che, expresando hasta el final de su vida su solidaridad con el pueblo cubano frente al bloqueo de los Estados Unidos y apoyando el reclamo de Fidel Castro al impago de las deudas ilegítimas.
El artículo muestra, en un recorrido histórico, las acciones realizadas por la dirección revolucionaria desde los albores del triunfo rebelde hasta la actualidad, dirigidas a desterrar el burocratismo, reprimir la burocracia —ambos heredados y hasta renacidos—, así como emprender una política de cuadros socialista. Se presentan consideraciones teóricas sobre la relación burocratismo-burocracia que remiten, sobre todo, a V. I. Lenin, quien legó numerosas reflexiones acerca de este problema y cómo enfrentarlo en la transición socialista. Para el caso cuban, se utilizan las informaciones sobre el tema incluidas en los libros Documentos de la Revolución Cubana 1959 a 1969; en especial, las ideas y acciones de Fidel Castro y Che Guevara para erradicarlos y desarrollar una política de cuadros socialista. Además, se avanza en el tiempo en un intento por esbozar la situación de enfrentamiento al burocratismo-burocracia y la política de cuadros desde 2011 hasta 2021.
A mediados del siglo xx, en el epicentro de una campaña internacional de los medios de comunicación de la época, se vislumbraba a los jóvenes revolucionarios cubanos y a Fidel Castro, el Robin Hood, como líderes en el enfrentamiento al poder, representado por el régimen político militar. El segundo golpe de Estado de Fulgencio Batista generó una situación revolucionaria cuando en 1952 rompió con el sistema constitucional y el proyecto electoral chibasista...
Muy poco antes de ser asesinado, la última frase que Ernesto Guevara pudo leer fue «Ya sé leer». Estaba escrita en la pizarra de la humilde escuela de La Higuera, en lo profundo de Bolivia. Guevara no pasó por alto la falta de la tilde y así se lo hizo saber a Julia Cortés, la profesora del poblado. En el episodio hay una suerte de realización literaria: el Che, que tanta importancia le otorgó a la lectura como elemento potencial de formación revolucionaria, finalizaba su existencia leyendo y corrigiendo la frase, como si él mismo la escribiera. Lectura y escritura fueron dos componentes vinculados profundamente a su existencia, indispensables en su configuración en cuanto sujeto revolucionario. No obstante, ambos aspectos han quedado relegados ante la figura del «aventurero» y del «guerrillero» despojándolo, intencionalmente o no, de la radicalidad, la crítica y la forma literaria con las que forjó su visión del socialismo...
La cuestión racial y sus implicaciones políticas en Cuba han estado en el centro de atención en los últimos años. Una parte representativa de la sociedad cubana ha generado recientemente discursos de conciencia racial y epistemologías antirracistas como resultados, directos o indirectos, pero positivos, del encuentro con las ideas de descolonización promovidas por diversos movimientos negros y por las (re)lecturas de intelectuales negros de la región. Este artículo explora críticamente, a través de la historia y el carácter multidisciplinario de los estudios culturales, las interconexiones regionales entre el Panafricanismo, el pensamiento social e intelectual caribeño y las expresiones de estas ideas en Cuba; se centra en la identidad, la conciencia negra y el efecto tangencial de la ideología política panafricanista en Cuba, en tres periodos diferentes. Argumento que las ideas difundidas por Marcus Garvey, Walter Rodney y Bob Marley proporcionan puntos de conexión ideológica en la evaluación de las conexiones transculturales entre Cuba y el Caribe anglófono.
Víctor Dreke es un archivo viviente. Hoy en día, a la edad de 87 años, su vida representa la historia de la Revolución cubana. Tenía 15 años cuando Fulgencio Batista dio un golpe militar. Fue en este momento que se unió a la resistencia contra la policía y el ejército del dictador. Una vez que la Revolución hubo triunfado asumió liderazgo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Luchó contra los grupos contrarrevolucionarios apoyados por los EE.UU. en Playa Girón y en las montañas del Escambray, y se unió al Che Guevara en el Congo. Trabajó con el brillante teórico Amílcar Cabral en Guinea Bissau y Cabo Verde, y entrenó a numerosos líderes de África en Cuba. Esta entrevista examina la vida de este hombre excepcional en el contexto de eventos extraordinarios.
Reseña crítica del reciente libro de Michael J. Bustamante, Cuban Memory Wars: Retrospective Politics in Revolution and Exile, que detalla argumentos y discusiones orales y escritas formulados tanto en Cuba como en los Estados Unidos sobre la Revolución cubana a lo largo de sus primeros veinte años. Este ensayo sostiene que lo mejor del libro de Bustamante es su énfasis en la movilización y la contestación de la historia y la memoria y que está menos desarrollado en aspectos referentes a género, raza, sexualidad y derechos humanos.
La reseña del libro Contra Batista de Julio García Oliveras es un análisis de las memorias del autor sobre las luchas del Directorio Revolucionario y de la Federación Estudiantil Universitaria de La Habana en la década de los 50, así como de los principios ideológicos y culturales que informaban a su dirigencia. En ella se valora la visión del autor sobre los principales hechos revolucionarios acaecidos, entre otros acontecimientos.
El presente trabajo se centra en la influencia cultural del internacionalismo cubano en la perspectiva Norte-Sur; en él, utilizo el ejemplo de los movimientos antiautoritarios de Berlín occidental ante la Revolución cubana, y formulo algunas cuestiones preliminares que considero particularmente relevantes para el tema y para comprender la relación de los jóvenes de Berlín con Cuba.
Comienzos de los años 1960. Una carta es depositada en el correo dirigida al presidente de EE.UU., John F. Kennedy, en protesta por el intento de invasión a Playa Girón. Figurar entre los perseguidos por los órganos de represión de Brasil por su amistad con el pueblo cubano. Protagonizar una polémica de repercusión internacional con Régis Debray acerca de la estrategia que conllevó la victoria de la Revolución. Trabajar arduamente para desentrañar desde la teoría la comprensión de las causas históricas y la experiencia concreta que resultaron en la victoria, mientras estudiaba los desafíos para el cambio estructural en su propio país. La vida y la obra de Vânia Bambirra se puede resumir desde su entrañable relación con la Revolución cubana. En este artículo, presentamos el itinerario del pensamiento y la militancia política de la intelectual brasileña quien, inspirada en los logros de la Revolución cubana y las luchas sociales del continente, ha sido una de las fundadoras y más importantes referentes de la Teoría Marxista de la Dependencia.
El artículo examina la transformación del liberalismo clásico cubano hacia formas de pensamiento liberal-social, en el contexto de los procesos revolucionarios, constitucionales y de crisis del Estado republicano ocurridos entre la Revolución del 30 y la caída del régimen de Batista en 1958. Durante este periodo, las élites intelectuales y políticas intentaron redefinir el papel del Estado y del derecho en función de un ideal de justicia social, buscando superar los límites del liberalismo económico tradicional. La Constitución de 1940 representó el punto culminante de ese esfuerzo: un pacto social que pretendía articular democracia liberal, soberanía nacional y derechos sociales, con la aspiración de consolidar un Estado moderno y moralmente responsable. No obstante, la fragilidad de las instituciones republicanas, la corrupción administrativa y el distanciamiento entre los principios constitucionales y la práctica política frustraron dicho proyecto reformista. El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 simbolizó el colapso del modelo liberal-social, al recurrir el gobierno de facto a la retórica de la justicia social para justificar un régimen autoritario. Ante el agotamiento del reformismo liberal, surgieron nuevas corrientes revolucionarias que retomaron el ideario constitucionalista, pero lo radicalizaron hacia un programa de transformación estructural del Estado y de la sociedad. El estudio concluye que, aunque el liberalismo social representó un intento significativo de modernización institucional y de ampliación de derechos, no logró resolver las tensiones entre libertad, justicia y desarrollo, allanando el camino a un proyecto revolucionario de mayor alcance.
El presente artículo está referido a la labor fundacional de la doctora Isabel Monal al frente del Teatro Nacional de Cuba. Pone en contexto sus aportes a nuestra cultura a partir del triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, en un término de apenas dos años, que perduran hasta nuestros días. Isabel Monal fue la gran gestora, partícipe y defensora de la fundación de un movimiento de danza moderna que se ha expandido por toda la isla, de los talleres donde se formaron los primeros instructores de arte, del primer Departamento de Diseño Gráfico en las artes para promover todo los que estaba aconteciendo en las artes escénicas. Fundó, además, el Departamento de Etnología y Folklore, el cual pasó posteriormente a la Academia de Ciencias de Cuba; los seminarios de Etnología y Folklore, y de Dramaturgia, donde se formaron los más importantes intelectuales de la cultura cubana en revolución. Apoyó incondicionalmente las mejores puestas del teatro cubano y universal. Se enfrentó a la discriminación racial y favoreció la incorporación de la mujer a todas las esferas del arte y de las actividades productivas asociadas, generadas por la propia dinámica cultural allí desarrollada.
El poemario Tengo tiene su base inspiradora en los cambios generados durante los primeros años de la Revolución cubana. Junto a la realidad recogida en esos versos, existe otra y es la actividad periodística de Nicolás Guillén Batista, la cual se extendió hasta bien adentrada la década de 1960. El presente artículo se propone establecer un acercamiento al contexto general de aquellos años y al desenvolvimiento de una tendencia informativa, nombrada hoy periodismo literario, la cual acoge aquellos textos que, por su calidad discursiva, los emparenta con la literatura y de la cual Guillén formó parte. En la misma se abordan los cambios estructurales que configuraron la nueva agenda temática de los medios de comunicación y que, en buena medida, fueron los temas abordados en Tengo. Asimismo, se examina la actividad de cronista de Guillén, insertada dentro de una nueva generación de periodistas literarios que apareció a partir de 1959 y hasta 1964, cuando surge otro grupo con nuevas propuestas. Por último, se examina la relación entre periodismo y literatura en el período, donde el Poeta Nacional cubano se convirtió en uno de los referentes principales.
El artículo explora la figura de Fidel Castro como un revolucionario cuyo pensamiento debe ser sometido a análisis crítico y debate para seguir siendo útil en la actualidad. Se rechaza la tendencia a “canonizar” a los líderes revolucionarios, ya que esto neutraliza su potencial transformador. Fidel concibió desde muy temprano una estrategia de reformismo radical: proponer reformas concretas dentro del marco legal burgués, como catalizador de movilización popular que condujera a la toma revolucionaria del poder. Esta táctica se materializó tras el triunfo de la Revolución en 1959, cuando se implementaron medidas profundas que desmantelaron las estructuras neocoloniales y capitalistas. Aunque inicialmente no era un proyecto socialista declarado, la Revolución se radicalizó por la necesidad histórica: la hostilidad del imperialismo estadounidense y la imposibilidad de alcanzar soberanía real sin romper con el capitalismo. Así, el socialismo emergió como condición indispensable para la independencia nacional y la justicia social. El legado de Fidel se presenta como una guía ética y estratégica para enfrentar las reformas actuales en Cuba, siempre bajo el principio de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, pero sin traicionar los ideales de liberación, soberanía y justicia social.
El artículo analiza históricamente la concepción y la práctica política de Fidel Castro Ruz en relación con Estados Unidos, cuestionando la interpretación que lo presenta como el principal obstáculo para la normalización de los vínculos bilaterales. A partir del estudio de documentos históricos, declaraciones públicas y episodios clave de la diplomacia oficial y secreta, se argumenta que el conflicto entre ambos países antecede a 1959 y tiene raíces estructurales en la tensión entre hegemonía y soberanía. El trabajo sitúa la visión de Fidel en la tradición del pensamiento independentista cubano, especialmente en la obra de José Martí, y examina los principales intentos de acercamiento impulsados por el liderazgo cubano desde la etapa insurreccional hasta las décadas posteriores. Asimismo, se aborda el impacto de la política exterior cubana en África y el condicionamiento impuesto por Estados Unidos al proceso de normalización. Se concluye que la persistencia del conflicto respondió fundamentalmente a decisiones estratégicas de Washington frente a un proyecto revolucionario soberano.
El artículo pretende demostrar que el legado de Fidel Castro Ruz como estratega militar, líder de combate y creador de instituciones militares, más allá de las opiniones políticas que se tengan sobre él en otros aspectos, es extraordinario y abrumadoramente exitoso, lo que se debe a su interés de toda la vida por los asuntos de defensa, a su profunda necesidad de desarrollar ese interés y a su excepcional e innata comprensión del ámbito militar y sus reglas para lograr resultados favorables. Este trabajo es el resultado de las reflexiones de su autor sobre el tema en cuestión, pero la naturaleza del legado militar de Fidel requiere también un enfoque cronológico para abordar el tema.
El período inmediato anterior al 1 de enero de 1959 fue rico en acontecimientos. Después del Asalto al Cuartel Moncada y la aparición de un nuevo liderazgo encabezado por Fidel Castro, comenzó un largo y complejo proceso de articulación de la unidad popular que tuvo su inicio –en sus concepciones más generales– en el contexto de la amnistía otorgada en 1955 a los presos políticos y continuó forjándose en los primeros años del triunfo de la Revolución. La conformación de la necesaria unidad para suprimir el gobierno de Fulgencio Batista y el sistema político que presentaba transitó por dos etapas fundamentales. La primera se inició con el acercamiento del Directorio Revolucionario y una fracción de la FEU, así como del PSP, al M-26-7. La segunda estuvo marcada primero por la intención de las fuerzas conservadoras antibatistianas de subordinar la lucha popular a sus intereses y, después, por su reconocimiento del papel decisivo del Ejército Rebelde. Es este un artículo dirigido a resaltar los métodos y tácticas empleados por Fidel Castro para alcanzar el consenso en la lucha contra la oligarquía cubana y los gobiernos de turno de los Estados Unidos.
La historia, tanto la universal como la cubana, tuvo una presencia muy recurrente en el discurso de Fidel Castro. Además de ser este un estudioso profundo de ella, la historia fue un importante referente para su análisis y proyección del presente y el futuro como líder de la Revolución. Esto puede apreciarse en discursos y en diálogos, donde ir al referente histórico fue muy importante para mostrar posibles estrategias en su contexto, así como proyectar acciones al futuro. Por ello, esta especialidad de las ciencias sociales ocupó espacios importantes en la obra de Fidel desde la lucha insurreccional hasta su desempeño como líder dentro del gobierno revolucionario.
El mayor legado de Fidel se ve en la supervivencia sustancial de la ideología que él fomentó y moldeó durante décadas, reflejada en la respuesta popular a su discurso del 1 de mayo de 2000, que cierra el debate sobre el significado de «la Revolución», y deja un testamento, ritualizado después como un código, lo suficientemente amplio para que todos encontrasen elementos de «su» Revolución. Comenzó ensalzando la conciencia del momento histórico y terminó con tres «-ismos» básicos, siendo el patriotismo el primero. Esa estructura puso la historia en el centro de todo: en 1947 conoció la importancia histórica de 1868 y en 1953, la importancia de la posteridad. Después del colonialismo y el neocolonialismo, Fidel reconocía la necesidad de una narrativa para explicar e inspirar con un mensaje moral, y para crear una identidad única, sabía que tal narrativa era esencial en cualquier ideología para explicar el pasado y el presente, e imaginar un futuro justo, pero también para aprender lecciones de esa historia, evitar los errores de otras historias y de la propia historia de Cuba, de tiempos cuando a los cubanos se les animaba a copiar otros modelos en lugar de buscar la confianza en sí mismos.
La Revolución es un acontecimiento que desata la sospecha colectiva en el conjunto de la sociedad. ¿Son los revolucionarios sinceros en su voluntad de transformar la vida del pueblo? ¿Es desinteresado el sacrificio realizado? ¿Cómo confiar en la Revolución y en sus revolucionarios? Para entender la forma en que la discursividad fundacional de Fidel Castro asume esta sospecha es necesario analizar sus discursos de enero de 1959. A partir de estos es posible encontrar un conjunto de principios morales que Fidel propone como respuesta necesaria a la sospecha histórica del pueblo cubano. Esta ética no era abstracta, sino un código práctico destinado a los revolucionarios, estructurado en tres pilares: el sacrificio (renuncia al beneficio personal, deuda con los caídos), la humildad (atribución de la victoria al pueblo, condena de la vanagloria) y la lealtad (servicio absoluto y fe inquebrantable en el pueblo). El ensayo argumenta que, para Fidel, la credibilidad y la verdad de la Revolución no dependían de un programa político previo, sino de la encarnación verificable de esta nueva moral por parte de sus actores. La sospecha popular, por tanto, era el campo de prueba donde esta ética debía demostrarse y renovarse constantemente.
El artículo analiza el sentido estratégico del fidelismo en la política cubana, entendiendo la Revolución como un proceso histórico de largo alcance que articuló transformación interna, política exterior activa y defensa asimétrica frente a un entorno internacional adverso. A partir de una lectura histórica y analítica, se examina cómo la visión estratégica de Fidel Castro integró desarrollo no dependiente, construcción de consenso, alianzas internacionales basadas en intereses y valores compartidos, y una diplomacia creativa orientada a la supervivencia y proyección del proyecto revolucionario. El estudio aborda dimensiones clave de esta estrategia, como la política de alianzas, el principio de no precondiciones, la acción simultánea en múltiples escenarios geopolíticos, la diplomacia pueblo a pueblo y la defensa en el campo cultural e ideológico. Asimismo, reflexiona sobre la vigencia actual de esa cultura política y su utilidad para repensar el proyecto revolucionario en el contexto contemporáneo cubano. Se concluye que la visión fidelista constituye una referencia estratégica relevante para interpretar el pasado y enfrentar los desafíos presentes.
Este artículo examina Aldabonazo. En la clandestinidad revolucionaria cubana 1952-58, de Armando Hart Dávalos, como expresión singular de la literatura testimonial cubana. Desde una perspectiva teórica, se analiza la articulación entre testimonio, autobiografía y discurso histórico, atendiendo a los procedimientos narrativos que confieren al texto una dimensión literaria sin recurrir a la ficción. El estudio sostiene que Aldabonazo configura un relato donde la experiencia individual del sujeto histórico funciona como eje estructurador de la memoria colectiva, integrando documentos, reflexiones autorales y escenas narrativas de fuerte carga dramática. Esta hibridez genérica permite comprender el testimonio no solo como fuente histórica, sino también como forma narrativa que construye sentido, subjetividad e ideología en el contexto de la lucha revolucionaria cubana.
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