miércoles, 11-02-2026
La reducción del concepto de seguridad a lo estrictamente militar constituye un error y una insuficiencia, puesto que resulta imprescindible considerar, equilibradamente, otros aspectos como el económico, el político y el social, para no afectar la seguridad nacional y la colectiva. En Cuba se reconoce la estrecha relación entre la seguridad y la soberanía nacionales, precisamente porque la segunda es una condición inalienable para la primera, pues, entre otras razones, tiene que ver con el aseguramiento alimentario, la salud pública, el medio ambiente, los desastres naturales, la información, etc
“¿Cómo van los Estados individuales a hacer frente a la epidemia del SIDA o del Síndrome Respiratorio Agudo (SRA)? ¿Cómo un Estado único va a tratar el problema del lavado de dinero o la necesidad de proteger el medio ambiente? El hecho de que las amenazas afecten la seguridad interna y externa es un problema para todos los agentes. La delincuencia internacional es el mejor ejemplo y, por supuesto, incluye el tráfico ilícito de estupefacientes. Es especialmente delicado para los países que tienen que hacer frente a los Estados Unidos y pueden considerar que se trata una amenaza interna, mientras estos la consideran internacional…”
El artículo propone una pormenorizada revisión y discusión sobre las teorías y políticas que sustentaron y reprodujeron los ciclos de reformas sobre sistemas de salud situados en el Sur global, que se acumularon a lo largo del siglo xx y xxi. Se caracterizan las epistemes eurocéntricas y panamericanas del Norte global como las bases de una colonialidad teórica y de política sanitaria, que se fue implantando en los marcos académicos y en las arquitecturas de los sistemas sanitarios latinoamericanos y caribeños. Finalmente, se invita a abrir un proceso de descolonización de las teorías y políticas en el Sur global, a partir de actualizar y construir nuevos puntos de partida epistémicos y categoriales en las transiciones hacia la refundación de los sistemas de salud desde y para Latinoamérica y el Caribe.
“El siglo XX muestra un desgarramiento interior con la evidencia del fracaso del proyecto de la Ilustración. Ello conduce a la constitución de sujetos que tratan de salvarse del naufragio de la identidad cerrada y de los valores racionales por medio de creencias totalitarias, de las que el propio Walter Benjamin, filósofo judío y alemán, fue víctima. Así, a lo largo de su obra, podemos vislumbrar la concepción de un mundo moderno irremediablemente vacío, en donde la pérdida de nociones como lenguaje puro, aura, dios, narrador, han sucumbido frente a un mundo vuelto estado de excepción y sistema…”
El texto recoge un panel de debate sobre la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), analizada como un proyecto de integración socioeconómica y política con una fuerte agenda social y una matriz ideológica centrada en el ser humano. Los participantes reconocen avances significativos en cooperación, salud, educación y comunicación, pero señalan limitaciones en la transformación de las estructuras económicas y en la creación de interdependencias productivas sostenibles. El artículo subraya la necesidad de fortalecer la integración económica, la participación social y la soberanía comunicacional para consolidar el proyecto a largo plazo.
El artículo recoge una extensa entrevista a Armando Bartra en la que se revisa críticamente el debate clásico sobre el campesinado como clase social a la luz de las transformaciones del capitalismo neoliberal y de las luchas rurales contemporáneas. Bartra sostiene que el campesinado no es un residuo precapitalista en vías de desaparición, sino una clase social de base económica compleja, históricamente reproducida por el capitalismo y portadora de un potencial antisistémico. El texto aborda temas como la transnacionalización del agro, la descampesinización neoliberal, la emergencia de los pueblos originarios, la relación etnia-clase y la crisis alimentaria, argumentando que los campesinos siguen siendo actores centrales para la soberanía alimentaria, la agroecología y la construcción de proyectos posneoliberales en América Latina.
El artículo examina la evolución del pensamiento jurídico cubano desde el predominio del positivismo jurídico en los inicios de la República hasta la emergencia de enfoques críticos y antropológicos del Derecho. Los autores analizan cómo el positivismo, articulado al nacionalismo reformista y al contexto neocolonial, justificó un orden jurídico subordinado, especialmente bajo el plattismo, y cómo fue progresivamente cuestionado por corrientes antiformalistas, neokantianas y neotomistas. El texto destaca la contribución de figuras como José Antonio Ramos, Fernando Ortiz y Mariano Aramburo, quienes desplazaron la norma como centro del Derecho para enfatizar al sujeto, la cultura, la justicia social y la soberanía nacional. Se concluye que la crisis del positivismo jurídico abrió el camino hacia una concepción del Derecho como fenómeno cultural, ético y social, estrechamente ligado al proyecto inconcluso de nación.
El artículo analiza históricamente la concepción y la práctica política de Fidel Castro Ruz en relación con Estados Unidos, cuestionando la interpretación que lo presenta como el principal obstáculo para la normalización de los vínculos bilaterales. A partir del estudio de documentos históricos, declaraciones públicas y episodios clave de la diplomacia oficial y secreta, se argumenta que el conflicto entre ambos países antecede a 1959 y tiene raíces estructurales en la tensión entre hegemonía y soberanía. El trabajo sitúa la visión de Fidel en la tradición del pensamiento independentista cubano, especialmente en la obra de José Martí, y examina los principales intentos de acercamiento impulsados por el liderazgo cubano desde la etapa insurreccional hasta las décadas posteriores. Asimismo, se aborda el impacto de la política exterior cubana en África y el condicionamiento impuesto por Estados Unidos al proceso de normalización. Se concluye que la persistencia del conflicto respondió fundamentalmente a decisiones estratégicas de Washington frente a un proyecto revolucionario soberano.
El artículo analiza el sentido estratégico del fidelismo en la política cubana, entendiendo la Revolución como un proceso histórico de largo alcance que articuló transformación interna, política exterior activa y defensa asimétrica frente a un entorno internacional adverso. A partir de una lectura histórica y analítica, se examina cómo la visión estratégica de Fidel Castro integró desarrollo no dependiente, construcción de consenso, alianzas internacionales basadas en intereses y valores compartidos, y una diplomacia creativa orientada a la supervivencia y proyección del proyecto revolucionario. El estudio aborda dimensiones clave de esta estrategia, como la política de alianzas, el principio de no precondiciones, la acción simultánea en múltiples escenarios geopolíticos, la diplomacia pueblo a pueblo y la defensa en el campo cultural e ideológico. Asimismo, reflexiona sobre la vigencia actual de esa cultura política y su utilidad para repensar el proyecto revolucionario en el contexto contemporáneo cubano. Se concluye que la visión fidelista constituye una referencia estratégica relevante para interpretar el pasado y enfrentar los desafíos presentes.
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