sábado, 18-04-2026
El blog de la revista Temas
Júbilo por El jubileo
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El pasado 15 de abril, con el auspicio de la editorial Letras Cubanas, celebraron a nuestra compañera, la Dra. Denia García Ronda, con motivo de su cumpleaños, en el espacio El Jubileo de Letras Cubanas, con sede en la librería Fayad Jamís, del Centro histórico de La Habana Vieja. Catalejo ha transcrito la entrevista que le realizó allí Fernando Rdríguez Sosa, creador y conductor de ese espacio. Agradecemos a él y a la directora de la editorial su autorización y colaboración para publicarla.
Invitada: Denia García Ronda
Fecha: 15.04.23
Fernando Rodríguez Sosa (F. R. S.): Buenos días desde la sede de la Librería Fayad Jamis, en el Centro Histórico habanero, en este 15 de abril del año 2026, en el espacio El Jubileo de Letras Cubanas, que nació con el propósito fundamental de celebrar los cumpleaños de los autores del catálogo del sello editorial Letras Cubanas.
Mi invitada de esta mañana nació en Santiago de Cuba, en 1939. Es investigadora, ensayista, narradora, poeta, editora, profesora, doctora en Ciencias Filológicas, profesora titular (jubilada) de la Universidad de La Habana. Laboró igualmente en la Fundación Nicolás Guillén, donde se desempeñó como directora académica y de Sensemayá, sello editorial de esa institución cultural. Actualmente trabaja como editora en la revista Temas, de la cual fue fundadora, como subdirectora, y se ha mantenido en ella durante más de treinta años.
Sus investigaciones se han centrado fundamentalmente en figuras y temas de la literatura cubana, y de manera muy especial en el cuentero mayor Onelio Jorge Cardoso y el poeta nacional Nicolás Guillén. En su bibliografía aparecen para el lector adulto, entre otros títulos, el ensayo El cuentero, la otra dimensión y la novela que lleva por título Las nubes dibujaron un carnero, aparecidos bajo el sello de Letras Cubanas, y las compilaciones ¡Aquí estamos! El negro en la obra guilleneana y Presencia negra en la cultura cubana (Premio de la Crítica científico-técnica). Para niños y jóvenes son, entre otros, el cuaderno de cuentos Fábulas nuevas, el poemario Rondas y rondeles, y la novela Pablo en la luna con las musarañas, este último galardonado, en el año 2007, con el Premio de la Crítica literaria.
Ha recibido, entre otros reconocimientos, por su obra literaria el premio Razón de Ser, de la Fundación Alejo Carpentier, y primera mención en el premio Elena Gil, del Centro Félix Varela. Las distinciones Por la cultura nacional y Por la educación cubana son algunas de las condecoraciones que avalan su prestigio intelectual. Integra, entre otras organizaciones, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y la Sociedad Cultural José Martí.
Es realmente un gusto poder recibir, en el Jubileo de Letras Cubanas, en la librería Fayad Jamís, a Denia García Ronda. Bienvenida.
Denia García Ronda (D. G. R.): Muchas gracias. Y gracias por invitarme. Realmente es una gran satisfacción en el día de mi cumpleaños. De manera que le agradezco a Letras Cubanas, al Instituto del Libro en general, a ti que tienes este espacio y que, además, nos conocemos y nos apreciamos hace tanto tiempo. Seguramente sugeriste mi nombre para esta actividad. De manera que lo que tengo que decir en este momento, en primer lugar, es gracias. Porque realmente es algo que conmueve que se acuerden de uno y que reconozcan lo poco que uno ha podido hacer por la cultura.
Muchas gracias a los que están aquí, porque todos conocemos cómo está la situación, cómo está el transporte y lo que es llegar a La Habana Vieja. De modo que es muy sentido el agradecimiento a los que están aquí.
F. R. S.: Te propongo que comencemos la conversación, precisamente por estos dos libros que publicaste bajo Letras Cubanas. El primero, dedicado a Onelio Jorge Cardoso, El cuentero. La otra dimensión, un libro donde analizas aspectos de la cuentística de esta figura imprescindible de la cultura cubana. ¿Cómo surge la idea de preparar este libro?
D. G. R.: Bueno, surge en primer lugar desde el respeto, la simpatía y el interés que siempre tuve por Onelio y por su obra. Yo había publicado algunos artículos sobre él, y empecé una investigación para mi doctorado y cuando vi que ya tenía hecho un determinado análisis de “El cuentero”, en el sentido no solamente, digamos, del argumento, sino desde el punto de vista de lo que tenía de novedoso en cuanto a los trabajos metodológicos, tropológicos, simbólicos incluso, en “El cuentero” específicamente y, en definitiva, en la obra de Onelio, porque ese cuento además de ser paradigmático, inicia una zona importantísima de la cuentística de Onelio.
Y se me ocurrió presentárselo a Letras Cubanas y, efectivamente, lo aceptó y lo publicó. Esta parte aparece también en mi tesis de doctorado, publicada como un libro que se llama Proyección ético-estética de la cuentística de Onelio Jorge Cardoso, que fue posterior, muy posterior. Pero este análisis específicamente, como ejemplo del método oneliano, aparece en este.
F. R. S.: Me gustaría conversar contigo sobre la novela que publicas, también por este sello editorial, que tiene un título muy sugerente, Las nubes dibujaron un carnero. Una novela que aborda una temática bien interesante y que tiene como telón de fondo la capital cubana. Incluso recuerdo que tú la dedicas, entre otros, al historiador de la ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler. Una novela donde cuentas la vida de una mujer de 60 años. Te pregunto, ¿qué características tiene? ¿Aparecen rasgos autobiográficos?
D. G. R.: Tiene, tiene. Yo creo que toda novela tiene rasgos autobiográficos de quien la escribe. Eso creo que es inevitable porque son los recuerdos, las vivencias, la historia que más conoce, los más cercanos. Y entonces siempre algo de eso aparece. Y había cosas que yo quería decir de alguna manera y se me ocurrió hacerlo en una novela. Realmente esta obra, a mi modo de ver, resultó un poco fallida. No es de mis libros favoritos; porque, lamentablemente, hicieron una estructura distinta a la que yo había propuesto y como que se perdió un poco el sentido, el objetivo de la novela. Pero lo que yo quise dar en eso fue, en primer lugar, una mujer de esa edad que piensa, que recuerda prácticamente toda su vida, sobre todo por los obstáculos desde el punto de vista emocional, amoroso, incluso sexual, de una mujer X —no tiene nombre—, que camina por el Malecón dando el ambiente de La Habana y que se juzga de alguna manera. Quise insertar determinados cuentos de mujeres que de alguna manera fracasan en su búsqueda de, no podemos decir de la felicidad, sino de su integridad, de su razón de ser, etc. Distintas mujeres, pero una mujer. Es decir, en definitiva es la situación de una mujer desde el punto de vista personal en una ciudad.
F. R. S.: Vayamos a los orígenes, vayamos al inicio de toda esta historia. Tú naciste en Santiago de Cuba en 1939, estudiaste en la Universidad de La Habana y te gradúas en Humanidades y después como doctora en Ciencias filológicas. Ese interés por estudiar una carrera de Letras, ¿de dónde nace? ¿Había algún antecedente familiar que te llevara por ese camino?
D. G. R.: No, ninguno. Yo fui un poco la oveja negra de la familia en ese sentido, o la oveja blanca en una familia negra pudiera ser. A nadie en mi familia le dio por las letras, incluso a mí tampoco, porque la primera carrera que matriculé fue Derecho, y después Periodismo, y vengo a caer en el estudio de Letras, casi de short bound, como dicen en la pelota.
Pero siempre me gustó leer, estar de alguna manera cerca de la literatura. Mi familia no era una de tener libros en la casa, de tener una actitud hacia la literatura. Pero yo, por ejemplo, cuando estaba barriendo la casa —porque nos hacían trabajar desde pequeñas para que aprendiéramos, como se criaba a las niñas, antes—, me quedaba parada con la escoba abrazada y miraba una revista Selecciones, por ejemplo, que hubiera en una mesa, y ahí podía estar horas, hasta que mi mamá me regañara, ¿entiendes?
Es decir, fue una cosa casi instintiva. No hay explicación, y por supuesto, no quiero decir que lo rechazaran en mi familia, incluso después me apoyaron muchísimo, pero no era que hubiera un ambiente de ese tipo en mi casa, para nada.
F. R. S.: Luego de graduada en la Universidad de La Habana, te quedas ejerciendo, durante décadas, la docencia en ese alto centro. Más de cuarenta años. Ahora te pregunto, sé que compartiste en un momento dado la docencia y la investigación. ¿Por qué te quedas definitivamente en la docencia y no te trasladas de una manera absoluta a las labores investigativas?
D. G. R.: Bueno, porque es que en la universidad hay que investigar. No se pueden separar las dos cosas. La docencia exige investigación, exige incluso publicaciones. Y no hay un lugar mejor para investigar que la universidad. Porque, de alguna manera, te obligan a hacerlo. No puedes decir: ahora tengo muchas cosas que hacer, y no voy a la biblioteca o no busco. Recuerda que cuando eso, o sea, durante muchísimo tiempo, no había Internet, no había otra forma de hacerlo, sino yendo a una biblioteca, y como decía Félix Pita Rodríguez, gastar “horas nalga” en una biblioteca o llevar el libro para tu casa o comprarlo o lo que sea. Investigar con personas que pudieran tener un testimonio sobre el tema. En la universidad había que investigar.
Y además te daban posibilidades, facilidades para que investigaras. Incluso se les exigía a los alumnos investigar. O sea, no es que no fuera un centro de investigación. Era un centro de investigación por obligación.
F. R. S.: ¿Cómo recuerdas esas cuatro décadas vinculadas a la docencia universitaria?
D. G. R.: Las recuerdo con mucho cariño. Sobre todo, los primeros tiempos, cuando era estudiante. Yo fui una estudiante tardía, porque, como ya dije, fui saltando de una carrera para otra. Y cuando llegué a Letras, ya tenía un recorrido algo largo. Allí encontré un ambiente realmente extraordinario, a pesar de problemas que había, de discriminación, de exageración política, de todas esas cosas. Pero en general era muy estimulante.
Esta mañana Lucy Sardiñas, a quien adoro, me llamó para felicitarme. Estuvimos hablando de eso. Y es verdad, había una relación profesor-alumno extraordinaria. No había, pudiéramos decir, una línea de aquí yo soy el profesor y tú eres alumno. Los estudiantes hacíamos actividades, incluso burlándonos de los profesores. Y todo era muy orgánico, todo era muy simpático incluso, sin faltar el respeto.
Y en cuanto a la enseñanza misma, mis profesores eran personas con una cultura general extraordinaria. No tenían metodologías, esas cosas que después inventaron. Ellos eran su propia metodología.
Entonces la pasábamos muy bien y en los primeros años de mi profesorado, pudiéramos decir, con todos los problemas que uno tiene cuando empieza, también la pasé muy bien porque los alumnos respondían a eso. Eran estudiantes que en lugar de, digamos, burlarse si un profesor se equivocaba o lo que sea, al contrario, lo ayudaban. Eran alumnos que podíamos ir juntos no solamente a los trabajos voluntarios o agrícolas, sino a las fiestecitas que ellos organizaban y que también se metían con nosotros como nosotros nos habíamos metido con nuestros profesores.
Es decir, que, de verdad, la pasé muy bien. Después, cuando uno va creciendo y las cosas van cambiando, porque el país va cambiando, y la universidad va cambiando, pero siempre me sentí muy bien en la Escuela de Letras.
F. R. S.: Por cierto, ¿pudieras recordar alguna anécdota de esa relación profesor-alumna?
D. G. R.: Hay muchas, hay muchas; pero tú dices que las respuestas deben ser cortas, para que no se nos vaya el tiempo, ¿no?, pero, por ejemplo, una con Beatriz Maggi, de la que siempre digo que es la profesora que nos enseñó a LEER, con mayúsculas.
Ella, no sé si tú te acuerdas, tenía una obsesión con Dante y se llamaba Beatriz. Siempre decía: “yo quisiera ser la Beatriz del Dante”. Calificaba a partir de la capacidad de reflexión que pudiera tener el estudiante, no la capacidad de recordación de lo que decía el libro o el texto que se analizaba. Y yo de fresca, una vez critiqué al Dante porque había tomado un problema personal para llevarlo a su gran novela que él sabía que iba a tener mucha repercusión. Era el episodio de la rotura de su pila bautismal, cuando el momento de su bautizo. Beatriz se puso como si yo hubiera insultado a una persona viva, ahí al lado de ella, y me regañó por eso. Que quién era yo para meterme con Dante. Yo me dije: “bueno, esto me va a costar unos cuantos puntos”, y resulta que no; me dio el máximo. Así era Beatriz. Esa es una de los cientos de anécdotas que hay, con Mirta Aguirre, con Vicentina Antuña, con la Novoa… Se pudiera hacer un libro con esas anécdotas, muchas de ellas muy simpáticas, muy de reírse, pero también de reflexionar.
F. R. S.: ¿No sientes, en la actualidad, nostalgia por el aula?
D. G. R.: Si tú supieras que no. Me fui de la Universidad con plena salud, con plena capacidad mental, creo yo. Me fui por un problema de ética. Tengo una ética muy, muy estricta y muy rara para los tiempos que vivimos. No estuve de acuerdo con lo de los cursos para trabajadores sociales, que después les daban todas las facilidades para entrar en la universidad, les pagaban, además, por eso; y a los estudiantes nuestros que habían tenido que someterse a exámenes de ingreso, tener un buen expediente preuniversitario, resulta que no les daban ninguna de esas facilidades. Yo discutí eso hasta con el rector. Entonces nadie me entendió y aquello era el “Objetivo 1”, decían. Y yo dije, pues yo no estoy de acuerdo con eso. Y pedí la baja.
F. R. S.: Hablemos de tu obra reflexiva, de tu obra ensayística. Ya hemos comentado que uno de esos libros está dedicado a Onelio Jorge Cardoso, hay otras figuras que a lo largo del tiempo has abordado; estoy recordando a Pablo de la Torriente Brau y por supuesto al Poeta Nacional, Nicolás Guillén. Hablemos de esas investigaciones, de esos ensayos. ¿Cuándo sientes la necesidad real de empezar a publicar esos estudios?
D. G. R.: Bueno, un escritor siempre tiene la necesidad real de publicar lo que escribe. Esa es una característica, me parece, de cualquier escritor. Por excepción, los hay, poetas sobre todo, que no les interesa. Mi hija menor es una gran poeta, pero ella no quiere publicar. Pero esas son excepciones. ¿Qué pasa? Que muchas veces he tenido que escribir cosas, incluso investigar cosas para escribir, porque me solicitan un prólogo, un análisis, una crítica o algo para una obra, para un autor, para una época. Y cuando vengo a ver, resulta que tengo ocho o diez trabajos sobre una tendencia o un autor o autora, un libro. Y, bueno, ¿yo qué hago con esto en la máquina? Déjame tratar de publicarlo.
Entonces, los he ido organizando, y ya, por ejemplo, la selección que hice de los escritos para Nicolás Guillén, fue publicado, se llama Pasos hacia Guillén, y lo publicó la editorial Sensemayá. Así tengo recogidos, por ejemplo, los ensayos que he hecho sobre Pablo de la Torriente Brau. Espero que alguna vez, cuando se mejoren las cosas, se puedan publicar. Los tengo organizados y seleccionado todo.
Lo mismo me pasa con Martí. Tengo decenas de trabajos sobre Martí, pero los he ido dejando porque después vino la publicación sistemática de la Edición crítica, que es una cosa importantísima y que cambia, en algunos casos, las cosas que uno había pensado porque sencillamente se leyó mal en el momento de las primeras publicaciones. Y tendría que volver a revisar eso, pero sí, lo tengo.
Entonces, creo que no fue que en un momento dije, ay, yo quiero publicar. Es que eso está implícito en cualquier autor. Hay posibilidades, hay autocensura, incluso hay “esto yo no lo puedo publicar porque a mí me parece que no sirve, que no es bueno”, pero tener deseos de publicarlo, sí, siempre.
F. R. S.: En cuanto a la obra de Onelio Jorge Cardoso, eres la especialista, la estudiosa, la investigadora más documentada en el momento actual sobre ese escritor imprescindible en la historia de la literatura cubana. Te pregunto, ¿por qué seleccionas la figura de Onelio Jorge Cardoso para profundizar en su estudio? ¿Qué te lleva a estudiar a Onelio Jorge Cardoso?
D. G. R.: Creo que ya te contesté a eso. A mí me interesó mucho la cuentística de Onelio Jorge Cardoso, incluso antes de empezar a estudiar o interesarme directamente por las letras. Porque pensaba que estaba siendo reducido a un escritor ruralista, costumbrista, sin otros apellidos.
Pero Onelio es un renovador de la literatura de tema rural cubana. Participa, con toda justicia, de los cambios que se estaban produciendo a finales de la década de los 30 y de los 40 en la literatura cubana, por derecho propio. Y se insistía en que Onelio copiaba el habla de los campesinos, por ejemplo, o que buscaba las anécdotas que pudiera recoger en zonas rurales o de pequeñas poblaciones. Y yo decía: él trasciende eso.
De ahí empecé, poco a poco, a tratar de sacar en determinados cuentos paradigmáticos lo que yo pensaba. Y así fui publicando unas cosas. Lo primero que hice se lo enseñé a Onelio y, como era de modesto, me dijo, “me has enseñado cosas que yo ni me había enterado”. ¿Entienden? Es decir, me parece, puede ser que esté equivocada, que fue por un problema de hacer justicia, de decir: “no es así como ustedes lo están viendo”.
Ahí empecé a profundizar incluso en los cuentos de después del 59. Onelio tiene un período, seguramente tú sabes, transicional, que está buscando no una nueva voz, porque él no la cambia, sino adaptarla a las nuevas condiciones sociales del país. Y para, según mi opinión, en los mejores cuentos que ha escrito, que son los de los últimos libros, donde ya la fantasía, la imaginación, las nuevas técnicas narrativas, todas esas cosas están presentes.
Lamentablemente –déjame que me vaya del tema–, se está matando a Onelio, se está rematando a Onelio. Ya los jóvenes no lo conocen, ya sabemos por qué, la familia no, una de ella, no quiere que se publique. Y Letras Cubanas, cuando el centenario de Onelio, tuvo que publicar un libro y distribuirlo gratis para poderlo publicar. A eso han llegado. Eso le hace un daño terrible a la cultura cubana.
F. R. S.: Bueno, te puedo anunciar que Yanely González, la directora de Letras Cubanas, me comentaba que tiene interés de volverlo a publicar gratuitamente.
D. G. R.: Ah, pues muchas gracias.
F. R. S.: Así que eso es un regalo por tu cumpleaños.
D. G. R.: Muchas gracias, muchas gracias. Eso sería bueno, pero como ya se ha perdido tanto tiempo, hay que hacer, no sé, una campaña, incluso en los centros de estudio, para dar a conocer de nuevo a Onelio. Vamos a luchar porque no se vuelva a morir.
Yo siempre uso la frase de Onelio: “Al que no se quiere, se puede morir o seguir viviendo, pero que al que se quiere, hay que buscarle otra forma de que no se vaya del todo”. Hay que hacer eso con Onelio. Es que ya te digo, no es un problema de una persona ni de un escritor, se trata justamente de la cultura cubana, como hay otros, no digo que sea el único que se ha olvidado por x razones, pero hay que hacerlo. Esos grandes nombres, esos grandes escritores que Cuba ha tenido, no se pueden dejar morir, señores, no se pueden dejar morir.
F. R. S.: ¿Cómo te vinculas al estudio, a la profundización de la obra del Poeta Nacional, Nicolás Guillén?
D. G. R.: Ya te digo que en la Universidad hay que investigar y Guillén, por supuesto, tiene en los programas de literatura, un lugar destacado, como otros, ahí es donde desde alumno uno empieza a leer esos grandes nombres y a pensar, a reflexionar, a considerar todas esas cosas, y con Guillén me pasó lo mismo. También hasta cierto punto, Guillén es un desconocido; generalmente cuando uno pregunta a los jóvenes dime algo de Nicolás Guillén, lo más que hacen es referirse a su etapa que le llaman negrista —también con eso estoy en desacuerdo—, o sea, Motivos de son, Sóngoro cosongo, que tienen gran valor y, por supuesto, su derecho a que se publiquen, y que se conozcan y que gusten y que se adapten al cine, al baile, a lo que sea, pero Guillén tiene un abanico de temáticas en su obra que prácticamente no se conoce. Guillén es un poeta del amor, de la naturaleza, del humor. Es un poeta no solamente político y social, es decir, tiene una cantidad de obras que pueden ser conocidas en términos generales, pero que no como estos dos primeros libros… Hace poco le dieron un premio en España a Sóngoro cosongo como uno entre los cien mejores libros del mundo entero y de todas las épocas. Eso está bien, se lo merece y yo lo aplaudo, pero no se puede reducir a Guillén, al poeta social, o al poeta político, o al poeta de Motivos de son o de Sóngoro cosongo, no se puede reducir a eso.
F. R. S.: ¿Por qué además de estos estudios que tú has realizado sobre la obra de Nicolás Guillén, te decides en un momento dado a laborar en tareas organizativas de la fundación que lleva el nombre del poeta nacional?
D. G. R.: Tú siempre me preguntas como si yo decidiera algo. No, yo no decido nada. Me jubilé de la Universidad por las razones que te dije y ya estaba trabajando en Temas, pero como dice mi hija mayor, a mí me da culillo no hacer nada o hacer poco.
Fui a ver a Nicolasito, le dije: “¿te interesa que venga a trabajar para acá?”. Y por poco llega al techo del salto que dio. “Entonces, nada, empecé a trabajar ahí; no estaba la editorial todavía y le dije: “bueno, lo único que puedo hacer aquí no es la parte de trabajo social, sino la académica y la parte literaria, digamos, o editorial”. Entonces me aclaró: “Eso es lo que nosotros necesitamos, una responsable académica”; y así empecé en la Fundación. O sea, fue un problema coyuntural también y ahí he estado hasta hace poco, que también me jubilé, aunque ahora todo el mundo, incluyendo Martina, quieren halarme otra vez para allá. Pero sigo colaborando, sigo funcionando de alguna manera con la Fundación, que se lo debo, y se lo agradezco también.
F. R. S.: Hemos hablado de tu obra para el lector adulto, pero es imprescindible hablar también de tu obra para el público infantil y juvenil. Yo comentaba que eres autora de varios libros, entre ellos una novela para el lector joven que recibe el Premio de la Crítica literaria en el año 2007, Pablo en la luna con las musarañas. Conversemos sobre esta novela. ¿Cómo surge la idea de escribir para el lector infantil y juvenil?
D. G. R.: También las primeras cosas que publico, se lo debo a Onelio, por cierto. Escribí un cuentecito que se llamaba “Margarita quiere ser bailarina” y se lo enseñé a Onelio: “¿qué le parece esto? Voy a publicarlo en una revista o algo así”. Y Onelio: “me gusta mucho”, y, bueno, pum pum. Resulta que a los pocos meses veo que hay un libro publicado, Denia García Ronda, Margarita quiere ser bailarina. Y me digo: “esto qué cosa es?” Onelio lo había llevado a la Editorial Unión, creo que fue Unión, y publicó el libro con ese único cuento. Era muy finito, muy estrecho.
Y resulta que las opiniones que me llegaron de los amigos, de los lectores, eran buenas. Yo había escrito algunos otros cuentecitos para mí. Siempre me ha gustado la literatura para niños, pero en aquellos momentos realmente yo no estaba muy satisfecha con lo que estaba escribiendo, porque me parece que era demasiado, demasiado igual, con muchos diminutivos y muchas cosas sin una profundización. Desde hace muchos años me estaba dando vuelta la idea de hacer un libro que, siendo para niños, tuviera un poco más de profundidad, que le llegara el mensaje de una manera distinta, de una manera, en definitiva, literaria, que tiene otro tipo de lenguaje, otro tipo de educación sentimental y también de la otra. Y nada, fui escribiendo cosas y dejándolas ahí, hasta que un día, ahí sí cabe eso, me dije, tengo que escribirlo.
Lo escribí, y es el libro de todos los que tengo, que son, qué sé yo, doce creo, los libros que tengo publicados, es el que más me gusta, es el que más quiero, es el que creo que logré, modestia aparte, lo que yo pretendía y efectivamente ha gustado mucho y le dieron el Premio de la Crítica y todas esas cosas.
F. R. S.: ¿Y esa incursión en la poesía para niños con Rondas y rondeles?
D. G. R.: También por ahí te digo estas cosas que, en cuanto a la satisfacción, entra la poesía. Los primeros, aparte de Margarita…, los primeros libros que llevé a Gente Nueva y me publicaron, eran de poemas infantiles. Y hay una cosa que tú no me has preguntado, pero que seguramente en algún momento me preguntarás, que es la participación en los libros de Lectura cuando el primer perfeccionamiento de la enseñanza. Ahí el escritor tenía que buscar cómo llevar el mensaje que tenía que coincidir con el resto de lo que en ese momento estaba estudiando el niño. Y bueno, dentro de eso escribí poemas y también cuentos, relatos, comentarios, distintas formas.
De los que eran poemas, algunos tenían su propio valor, además del docente, y también los fui sacando y los publicando de alguna manera.
F. R. S.: ¿Has escrito poesía para adultos?
D. G. R.: Sí, pero no es que no quiera publicarlo como mi hija, es que tengo un problema con mi obra poética, con mi ex obra poética. Pero la estoy publicando en las redes sociales, poco a poco, porque entre mis muchos defectos está la cosa de que me aparto de lo que no me parece que ha sido justo.
Yo tenía mucha fe en un libro de poemas; se lo enseñé a Mirta Aguirre, y me dijo: “esto lo tienes que publicar”. Lo mandé al concurso de Casa de las Américas; cuando aquello daban menciones, y no cogió ni una mención, de cuatro, creo, que dieron, o algo así, y me dije: “bueno, pues esto no sirve”, a pesar de que algunas personas a quien respeto mucho desde el punto de vista de sus juicios literarios, me habían dicho que era bueno.
El tema, además, era novedoso: el que se queda solo en Cuba cuando toda su familia se va. La relación esa del adiós a la familia. Eso después se usó mucho, pero realmente en aquel momento era novedoso. Entonces me pareció que no, que había habido un juicio político entre los jurados de ese año de Casa de las Américas, y no un juicio literario, porque el libro que ganó no tenía, a mi modo de ver, y al de muchos amigos que me lo comentaron, muchos valores, pero era un preso político por allá, por Bolivia, por Perú, qué sé yo por dónde, un héroe, un patriota sacrificado, pero no un buen poeta, y a ese le dieron el premio. Entonces, se acabó la poesía, y ahí está el libro, está, pero jamás publicado.
F. R. S.: Bueno, ya saben los editores, hay un libro inédito de poesía. ¿Qué libro preparas en este momento?
D. G. R.: Bueno, de lo que preparo ya te dije antes de empezar, estoy recopilando los trabajos hechos, por ejemplo, los textos sobre Pablo de la Torriente, que también es uno de mis personajes favoritos. Y de los que ya hice, y están en proceso de publicación, está uno que no tiene que ver ni con Guillén, ni con Pablo, ni con Onelio, sino con mis recuerdos, y está en Ediciones Matanzas. Me dijeron que sale este año, está en proceso, en maquetación; no sé si estará antes de diciembre de este año, pero ya va a salir, ya va a salir. Les dije, por favor, sáquenlo rápido, antes de que me muera, que lo quiero ver.
Ese es el que está ahí, son… yo las llamo cápsulas memoriosas, porque son recuerdos bastante dispersos; como decía Borges, “espejos rotos”, que un buen día —esta vez sí— me dio por escribirlos y tratar de publicarlos. Los conoció Zaldívar, el director de Matanzas, y me dijo: “mándamelo, que me interesa publicarlo”; y ahí estamos, esperando que salga.
F. R. S.: ¿Qué libro no escribiste y te hubiera gustado escribir?
D. G. R.: Sobre el Che. Yo tengo mis personajes favoritos, creo que son tres o cuatro, Martí, por supuesto, Onelio, Pablo y el Che. Pero del Che, aunque he escrito algo, y tengo un poema dedicado a él, que lo he sacado también por las redes, no me atrevo, ni creo que me atreveré. Porque, en primer lugar, se ha escrito bastante sobre él, y en segundo lugar, lo tengo en tal altura que no creo ser capaz de hacer una cosa objetiva, sea del tipo que sea. Ese es el libro que creo que no haré y me hubiera gustado hacer.
F. R. S.: Ya que estamos hablando del libro, ¿qué es un libro para ti? ¿Cómo definirías al libro?
D. G. R.: Creo yo que es más que un vehículo de lectura. El libro, y un libro llega a ser un amigo, llega a ser una gente muy, muy cercana. Y eso se ve con el asunto de las bibliotecas personales, ¿no?
Ahora estamos en un momento de crisis, porque las personas, por lo menos hasta donde puedo entender, se están deshaciendo de sus bibliotecas. Pero incluso las personas que se están deshaciendo de ellas porque ahora resulta que por Internet, que por digital, que por esto y que por lo otro, ya creen que no les hacen falta, incluso esas personas se quedan con un libro cercano, con uno del que no quieren deshacerse, aunque lo hayan leído dieciocho veces.
Es decir, un libro es también una relación emocional con el contenido, incluso con el objeto libro. Por eso creo que no se puede dejar de publicar el libro en papel. Creo que nada más pensar en no publicar un libro en papel, no porque no haya papel o no haya tinta, sino porque ya lo sustituye la Internet o el digital, es un error. Creo que es un error. Será que soy demasiado vieja para entender las cosas, pero me parece que el libro, y sobre todo un libro o determinados libros tienen, para cada persona, un valor más allá de que se diga lo que sea. Sea poema, o sea ensayo, o sea una cosa técnica. Para mí, eso es el libro, un amigo, en definitiva.
F. R. S.: ¿Piensas entonces que el libro en papel no muere para convertirse solo en libro digital?
D. G. R.: Bueno, no puedo decir eso, ni lo voy a ver, por suerte. No puedo decir eso porque el mundo va muy rápido y a mí me queda muy poco tiempo en el convento. Así que eso no lo voy a ver. Ojalá no se acabe el libro en papel. Pero ya digo, eso puede ser que sea una “viejería” y estoy hablando boberías. Pero eso lo sabrán los jóvenes.
F. R. S.: Ya casi concluye este espacio, el Jubileo de Letras Cubanas, que hoy te hemos dedicado a propósito de tu aniversario. Tengo dos preguntas para ya cerrar este encuentro aquí en la librería Fayad Jamís. La primera: hoy que estás de cumpleaños, porque precisamente hoy se celebra, ¿te sientes una mujer realizada?
D. G. R.: Mira, tengo muchas cosas de que arrepentirme. No de las que hice, sino de las que no hice. Pero sí, realizada, creo que sí. Creo que soy una mujer realizada. He podido hacer lo que en definitiva he querido. He podido criar a mis hijas sola, prácticamente, sin demasiados problemas. He hecho una carrera universitaria. He participado en lo que quiero participar y no he participado en lo que no quiero. Vivo en un país libre, que solamente puede ser libre, aunque estemos como estamos ahora.
Es decir, que no cambiaría nada de eso. No cambiaría a mi familia, no cambiaría a mi país, no cambiaría a mi profesión, no cambiaría a mis amigos, no cambiaría a mi historia. Soy una mujer común, pero creo que, dentro de eso, he llegado hasta donde he podido llegar.
F. R. S.: Casi me estabas respondiendo la última pregunta, que es la que siempre le formulo a todos mis invitados en mis espacios, y te ruego que me respondas brevemente. ¿Quién es Denia García Ronda?
D. G. R.: Bueno, en primer lugar es una mujer. Una mujer mayor, de la cuarta edad, o qué sé yo de cuál. En segundo lugar, una madre, y en tercer lugar, una cubana. Nada más que eso. Una mujer común y corriente.
F. R. S.: Pues esta, según ella, cosa que no comparto, mujer común, ha sido mi invitada de hoy en el Jubileo de Letras Cubanas: el aplauso para Denia García Ronda. Esto no está en el programa, pero te felicito porque eres de una lucidez asombrosa, de una precisión asombrosa. Te dije que íbamos a hablar brevemente y has cumplido al pie de la letra todo el prospecto.
D. G. R.: Si es por mi edad que me estés diciendo lo de asombrosa, no te lo voy a admitir. Muchas gracias, Fernando. Tú también has sido muy amable conmigo. Y a todos ustedes les reitero las gracias por haber estado acá. Ojalá la vida les sea grata. Espero volverlos a ver. Vamos a ver si me da la vida.
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