sábado, 23-05-2026
El blog de la revista Temas
Marco Rubio desconoce la historia de Cuba
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Temas ha invitado a un grupo de académicos y expertos en historia y política de EEUU y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo de la isla el 20 de mayo pasado.
Publicaremos en lo adelante los textos que hemos ido recibiendo, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco R. Rubio, en nombre del presidente Donald Trump, acaba de invitar al pueblo cubano a una «nueva relación» con Estados Unidos, haciendo hincapié en el apoyo constante que este país ha brindado a la isla.
La invitación ofrece al pueblo cubano un futuro de «libertad, dignidad y autodeterminación» y la oportunidad de poner fin al sufrimiento que actualmente padece, en particular a la alarmante escasez de electricidad, e iniciar una nueva era de prosperidad y democracia.
La falta de conocimiento de la historia cubana que demuestra el secretario Rubio es preocupante. Haber lanzado esta idea en el aniversario de la independencia cubana es asombroso, ya sea por su cinismo, su postura totalmente inexacta o ambas cosas.
Cuba no era realmente independiente en 1902, pues, en el acuerdo que puso fin a la administración militar estadounidense de la isla tras la derrota de España en 1898, se vio obligada a aceptar bases navales estadounidenses, el control prácticamente total de la diplomacia cubana, incluso en asuntos económicos, y el derecho de Washington a intervenir en Cuba siempre que lo considerara necesario para proteger sus intereses económicos. Si la Asamblea Legislativa cubana de la época no aceptaba dicho acuerdo, la amenaza de una ocupación permanente o, al menos, a largo plazo, persistía.
Poco después, cuando el derecho a la intervención unilateral fue finalmente abolido formalmente en la década de 1930, la infame «cuota azucarera» convirtió en letra muerta la poca independencia que los cubanos pudieran haber soñado bajo los nuevos acuerdos
Así pues, cuando el señor Rubio afirma que ahora va a decir la verdad sobre Cuba, su primer argumento, por decirlo suavemente, está completamente equivocado.
A continuación, culpa de la difícil situación actual del pueblo cubano al gobierno de la isla, y especialmente al extraordinario conglomerado económico de las fuerzas armadas, si es que se le puede llamar así, llamado GAESA, organismo responsable, ciertamente, de un gran porcentaje de las transacciones económicas internacionales, proporcionando un salvavidas a las industrias que logran generar ingresos para el Estado cubano.
La dificultad radica en que no aporta ni una sola prueba que respalde sus ataques contra GAESA, a la que califica de entidad parasitaria que ha contribuido a convertir a Cuba en un «estado fallido», y nos vemos obligados, en medio de un debate altamente politizado, a simplemente creerle sin más.
Coincido con él en un punto: que no es un «bloqueo» estadounidense lo que ha provocado la actual crisis cubana. Sin embargo, si bien la guerra económica que Estados Unidos ha librado contra la isla durante dos tercios de siglo no es un bloqueo, tampoco es un embargo, el término tradicional utilizado en Estados Unidos.
Se trata, en cambio, de una guerra económica multifacética, especialmente en las áreas de acceso al comercio y las finanzas internacionales, que ha obstaculizado los esfuerzos de Cuba por progresar desde la desafortunada relación bilateral entre Washington y el gobierno revolucionario de La Habana en 1959 y principios de la década de 1960.
Esa guerra económica ha sido librada sin tregua durante dos tercios de siglo por la mayor potencia de la historia del mundo, con una larga historia de intervención militar en la región y en la isla, contra un pequeño país situado a tan solo 150 kilómetros de su punto más meridional.
Si bien es cierto que se planeó una acción militar directa contra Cuba tras el desastroso fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, las continuas amenazas estadounidenses a la isla y la subversión activa de su gobierno obligaron a Cuba a mantener grandes fuerzas militares y de otro tipo para disuadir cualquier intento de Washington de encontrar una solución militar al «problema» cubano. Y si bien las medidas adoptadas contra los derechos humanos en ese contexto fueron sin duda severas, no eran inusuales para un país asediado en un contexto de seguridad tan asimétrico.
La política estadounidense tiene como objetivo derrocar al gobierno cubano infligiendo tal sufrimiento al pueblo de la isla que este se levante y se libere de sus opresores. Esta estrategia se ha mantenido constante durante décadas. Por lo tanto, el deseo de Washington de insistir en su apoyo a esa misma población resulta un tanto hipócrita, especialmente considerando que los años de la era Trump han reforzado aún más las ya feroces sanciones contra la isla.
En lo que respecta específicamente a GAESA, se requiere mayor transparencia por parte del grupo, pero también hay que decir que, en un contexto donde Estados Unidos utiliza cada cifra publicada por La Habana para insistir en que la isla es un Estado fallido, esto garantiza que dichos datos se conviertan, de hecho, en un asunto de seguridad nacional para Cuba. Sin embargo, una vez más, las acusaciones del secretario Rubio de que "todo" el dinero que recibe GAESA va a parar a los bolsillos de sus burócratas y funcionarios carecen de fundamento. Y si todo ese dinero va a parar a ellos, ¿cómo ha podido Cuba mantener alguno de sus renombrados sistemas de salud, educación, deportes, arte y otros que, aunque ahora muy deteriorados, habían producido logros excepcionales para el pueblo que Estados Unidos pretendía empobrecer?
Lamentablemente, debo concluir que resulta sumamente difícil tomar en serio la supuesta "nueva" oferta que ahora se plantea. La política estadounidense, sobre todo en los últimos meses, no ha mostrado interés alguno en aliviar el sufrimiento del pueblo cubano. Más importante aún, Estados Unidos ya no está en posición moral de dar lecciones a otros sobre democracia. Ciertamente, espero ver a Cuba como un lugar más democrático, y cuanto antes, mejor. Pero las actuales promesas de Washington, como en el pasado, en mi opinión, obstaculizan ese proceso en lugar de apoyarlo.
Ese camino es complicado. Pero Estados Unidos no debería dictar quién gobierna a nadie. Ha perdido toda la autoridad que alguna vez tuvo para sugerir tal cosa. Y hablando de falta de pruebas, el peso de la historia en lo que respecta a Cuba sugiere que ni la libertad, ni la dignidad, ni la autodeterminación han formado parte de los planes que Estados Unidos ha presentado para el futuro del país.
Si bien me gustaría pensar que este nuevo plan representa un nuevo comienzo para dicho progreso, nada en la declaración del Sr. Rubio me da esperanza alguna de que así sea.
Mi única esperanza restante es que se demuestre que estoy equivocado.
Es una esperanza vana.
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