miércoles, 11-02-2026
Como primera mujer africana galardonada con el Premio Nobel de la Paz, se ha escrito mucho sobre Wangari Maathai y el Movimiento del Cinturón Verde, su defensa de los derechos humanos, la democracia, la igualdad de género y la justicia social. Además de destacar los temas generales que captan el alcance mundial y local de la carrera pública de Maathai, este ensayo pretende trazar un mapa de la naturaleza de la degradación medioambiental contemporánea en Kenia con vistas a demostrar y evaluar el impacto y la inspiración constantes de Wangari Maathai en las comunidades kenianas y (de forma limitada) mundiales en relación con la concienciación y el activismo medioambientales. Así, además de repasar la historia del pasado revolucionario de Wangari Maathai, este documento habla de la aplicación en curso de sus lecciones aprendidas una década después de su muerte.
Bhakti Shringarpure, directora creativa del Radical Books Collective, entrevista a la novelista y cuentista ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi. En su conversación, la autora premiada habla de los esfuerzos de las escritoras africanas por recuperar las historias y las contribuciones, a menudo olvidadas, de las mujeres a las luchas y el desarrollo del continente. También reflexiona sobre sus dificultades para publicar y comercializar su obra, problemas que afectan especialmente a muchas escritoras africanas, agobiadas como están por múltiples responsabilidades y limitaciones sociales. Además de los obstáculos que supone abrirse paso en una profesión tradicionalmente dominada por los hombres, las escritoras también han tenido que enfrentarse a una industria editorial basada en gran medida en el Norte, en la que las perspectivas africanas están poco representadas, y cuando lo están, de una forma muy selectiva que favorece las percepciones del Norte sobre África. En los últimos años, sin embargo, más escritores africanos, incluidas muchas escritoras, están siendo publicados y ganando reconocimiento gracias al crecimiento de las editoriales africanas y a las iniciativas creativas para promover su trabajo entre los lectores africanos y no africanos.
El presente artículo explora algunas de las prácticas utilizadas por varias cubanas, a finales del siglo XIX, en su esfuerzo por dejar de ser una inspiración artística abstracta y convertirse en un agente escritor. Al establecer el reconocimiento, la influencia y el apoyo mutuos hacia un nuevo estatus historizado para ellas, en una era de modernización, se validaron a sí mismas y a las demás como poetas en su propio contexto histórico.
Después de lograr tan difícilmente su independencia nacional en el siglo XIX, los intelectuales hispanoamericanos sentían la necesidad de definir lo que debían ser las nuevas naciones, incluyendo la categoría de género, que se insertó en todo quehacer cultural y político. Este trabajo examina algunas obras de escritores de República Dominicana (RD) en esa centuria, para descubrir cómo se presenta de manera particular la visión que de «la mujer» se construía en esa identidad nacional —formulada en la lírica, la narrativa, el teatro, en discursos y ensayos. Los textos incluyen muchas de las dimensiones entonces, y tradicionalmente, relacionadas con lo femenino: la amada, virgen y bella; la madre, abnegada y centro de la familia (lo prescrito y emblemático), la naturaleza barbárica (lo oscuro y temido), la maestra y la poeta (lo permitido). Estos textos trataron de instaurar un dominio homogéneo —una sociedad sin clases, racialmente unida y estable a través del tiempo— a partir de expresiones que articulan elementos heterogéneos en las particularidades de sus enunciados y así se muestran contradictorios (y de ahí las «bellas mentiras»). Queda claro que el intento de los textos fue una continuación de las normas de la colonia, o sea, europeas. Solo en sus intersticios discursivos —expresados con frecuencia en términos negativos— se vislumbra una visión más compleja, más concorde con la realidad social dominicana, en la que ellas participaban plenamente en los campos de la educación y la cultura.
El artículo tiene como objetivo presentar las ideas de la costarricense Yolanda Oreamuno (1916-1956) en torno a la crítica que hace de los mitos nacionales, tales como el folclor. Dichos mitos son una forma de obnubilar otras formas en que el arte, en general, y particularmente la literatura podría expresarse. La tesis de este artículo versa en torno a la deconstrucción del nacionalismo. En la segunda parte se ocupa de dos textos en los que el Pater costarricense se manifiesta como el heredero del poder sobre las mujeres, esto a través del ensayo “¿Qué hora es?” y la novela La ruta de su evasión.
El III Congreso Nacional Femenino, celebrado en La Habana en abril de 1939, constituyó un punto de inflexión en la historia del movimiento feminista en Cuba. Los dos primeros congresos, de 1923 y 1925, han sido calificados de liberales porque debatieron sobre la representatividad política, la inserción laboral de las mujeres o la protección a la maternidad, y porque solo pudieron asistir mujeres blancas de las clases más acomodadas, con la sola excepción de la despalilladora negra, Inocencia Valdés. Por su parte, el III Congreso, aunque arrastró algunas concepciones tradicionalistas sobre las mujeres, resultó rupturista en numerosos aspectos. Por ejemplo, por criticar la desigualdad de género en los ámbitos laboral, civil, político y educativo, por exigir igualdad de trato para las pobres y campesinas, o por denunciar el racismo y la segregación padecida por las afrocubanas. Además, intelectuales afrocubanas como Cloris Tejo, Ana Echegoyen o Esperanza Sánchez, participaron de su organización o en sus sesiones de debate. Este evento también resultó trascendental porque logró que los acuerdos alcanzados fueran debatidos por la convención encargada de redactar una nueva constitución en 1940.
El presente artículo está referido a la labor fundacional de la doctora Isabel Monal al frente del Teatro Nacional de Cuba. Pone en contexto sus aportes a nuestra cultura a partir del triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, en un término de apenas dos años, que perduran hasta nuestros días. Isabel Monal fue la gran gestora, partícipe y defensora de la fundación de un movimiento de danza moderna que se ha expandido por toda la isla, de los talleres donde se formaron los primeros instructores de arte, del primer Departamento de Diseño Gráfico en las artes para promover todo los que estaba aconteciendo en las artes escénicas. Fundó, además, el Departamento de Etnología y Folklore, el cual pasó posteriormente a la Academia de Ciencias de Cuba; los seminarios de Etnología y Folklore, y de Dramaturgia, donde se formaron los más importantes intelectuales de la cultura cubana en revolución. Apoyó incondicionalmente las mejores puestas del teatro cubano y universal. Se enfrentó a la discriminación racial y favoreció la incorporación de la mujer a todas las esferas del arte y de las actividades productivas asociadas, generadas por la propia dinámica cultural allí desarrollada.
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