miércoles, 22-04-2026
El blog de la revista Temas
La Cuba que viene no se hará con silencios ni con medias verdades
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Palabras de Israel Rojas en la presentación de Apuntes para una historia de la Revolución cubana, de Fabio A. Fernández Batista, publicado bajo el sello Ediciones Temas (sala Héctor García Mesa, del ICAIC, el 17 de abril de 2026).
He sido convocado a la presentación de un libro de historia. Es mi segunda experiencia en estas lides, por lo cual le entro al reto sin el temor del principiante. Pero debo confesarles que, cuando recibí la convocatoria, me asaltaron escalonadamente tres emociones que les comparto.
La primera fue alegría: ese tipo de alegría que es hija de cierto orgullo, pues me convoca alguien que es objeto de mi más alta admiración por su labor académica e intelectual, y por ser, a mi juicio, uno de los pensadores más lúcidos que tenemos en Cuba: el director de la revista Temas, Rafael Hernández.
La segunda fue curiosidad: una curiosidad voraz que me compulsa a aceptar un reto, incluso a riesgo de hacer el ridículo, con tal de acceder de forma privilegiada a este texto del profesor Fabio Fernández, historiador que se ha ganado un lugar entre la intelectualidad cubana contemporánea más allá de los recintos universitarios, por sus muy atinados comentarios e intervenciones públicas: extinguiendo fuegos de infecunda utilidad y encendiendo candelas impostergables.
La tercera sensación fue de pavor, el mismo que se experimenta antes de un gran concierto, pero creo que puedo lidiar con eso, independientemente de alertar a los oyentes que quien les habla no es ni crítico, ni historiador, ni académico, ni siquiera un lector empedernido. Soy apenas uno más de los muchos a los que va destinado este libro, que es, sin duda alguna, a los que nos importa Cuba desde antes del primer recuerdo en la memoria hasta la ilusión aún no vivida, y más allá de nuestro último aliento.
El libro es, entre otras muchas cosas, una declaración de principios desde el propio título: Apuntes para una historia de la Revolución cubana. Recomiendo al lector impaciente no saltarse el excelente prólogo de Alejandro Sánchez Fernández. Como nada de lo que diga en mi propia voz tendrá la capacidad de síntesis y exactitud de Alejandro, me permito expresar con su voz estas primeras líneas de su texto:
Escribir una historia de la Revolución cubana no supone, en modo alguno, tarea intelectual sencilla. Cualquier pretensión de hacerlo invocando una presunta neutralidad queda disuelta ante la polarización que este proceso ha generado en su devenir. Desde zonas contrapuestas del espectro político se presentan permanentemente interpretaciones, generales o por temas, de la evolución histórica de la sociedad cubana en las últimas siete décadas. Esta disputa de relatos se expresa comúnmente en discursos de alabanza o desprecio que no operan en lógicas de objetividad y espíritu crítico, sino que cumplen funciones políticas marcadas. Esta realidad pone un inmenso muro para poder comprender la experiencia cubana en sus hechos, procesos fundamentales, condicionamientos y contradicciones.
Con ese propósito, el profesor y buen amigo Fabio Fernández Batista nos ofrece estos apuntes, que son la presentación de líneas de análisis que el lector deberá seguir ensanchando con sus propias indagaciones. Escrito en un tono conversacional, con un pie puesto en lo académico y otro en la divulgación, este libro puede ser devorado de una sola vez.
Y exactamente así me sucedió con el libro. Aprovechando un largo viaje, pude darle dos lecturas para prepararme y cumplir con esta encomienda: una en la ida y otra en la vuelta.
Fabio se arriesga y toma como material de estudio este lapso de tiempo en que hemos vivido buena parte de los presentes en este espacio.
Recuerdo que, cuando niño (y por eso a veces creo que a mis hijos les sucede igual), Playa Girón estaba más o menos en la misma dimensión sensorial del pasado que "La toma de la Bastilla". Solo cuando mis abuelos me contaban lo que estaban haciendo en esos días, cómo lo vivieron, o me explicaban dónde los sorprendió el Primero de enero de 1959, entonces esos sucesos adquirían en mí una proporción más cercana.
Entonces, justamente este libro, este ensayo, estos apuntes fueron una especie de ordenador de lo que he vivido y, algo más importante aún que a veces se pierde de vista: por qué se ha vivido. Y se pierde de vista mucho más con la crudeza de estos días, en que se hace imposible no reflexionar en cómo serían las cosas si las variables hubiesen sido otras.
He dicho que Fabio se arriesga. Pero debo añadir algo más: Fabio no rehúye la polémica. Al contrario, la provoca. Y no me refiero a esa polémica fácil que busca el escándalo o el titular, sino a la necesaria, a la que duele porque interroga, a la que incomoda porque desmonta certezas o falacias.
Fabio sabe que una historia sin matices es una historia estéril, y que el relato que teme al contraste termina siendo un monólogo sin oxígeno. Por eso, en estos Apuntes, él va y busca las visiones contrapuestas, las discute, las enfrenta. No desde el desprecio, sino desde la comprensión profunda de que las contradicciones, las circunstancias, los caracteres a veces ásperos de los protagonistas de cada momento son precisamente lo que le da pulso verdadero a cualquier proceso histórico.
Eso, en estos tiempos de trincheras y de verdades únicas, es casi un acto de rebeldía. Me atrevería a decir que es un acto de madurez.
Otra cosa que me gustó mucho, y que quiero destacar porque me parece reveladora, es la manera en que Fabio echa mano de la canción popular. No como adorno, no como un guiño folclórico, sino como lo que realmente es: una reserva intangible del espíritu de una época. Porque una fecha, un decreto, una batalla, te dicen lo que pasó. Pero una canción te dice cómo se sentía lo que pasaba. Y Fabio lo sabe. Por eso lo encontré tan certero cuando, para ilustrar tal o cual etapa, nos suelta la estrofa de un son, un verso de una trova, un estribillo que todos llevamos grabado en la memoria sentimental. De pronto, el análisis se vuelve carne, y uno entiende que la historia no solo se escribe con documentos, sino también con canciones saltando de una “motorina” o tarareadas en una cocina. Ese gesto, tan sencillo en apariencia, le da al libro una hondura que agradezco. Porque al final, ¿qué es la historia de un pueblo sino el rumor de lo que ha cantado mientras vivía?
Entonces más allá de elucubraciones sobre lo que podrían haber sido, las variables son las que son. Y he aquí otra de las grandes virtudes de este texto: que también sirve como señalizador y referente a otros textos, investigaciones y autores que han profundizado, desde diferentes signos políticos pero con rigurosidad científica, en tópicos, datos estadísticos, tesis validadas.
Y en este punto me asalta una reflexión que no puedo callar. Si la narrativa que adversa el hecho histórico de la Revolución Cubana tiene mucho más presupuesto, promoción y ciencia de la propaganda detrás, ¿quién nos contará desde la verdad histórica? Porque entendemos que la verdad es siempre revolucionaria y transformadora. No es cómoda, ni domesticada, ni se pliega a intereses. Es la que duele, la que libera, la que construye. Y esa verdad necesita voces como la de Fabio.
Por eso termino agradeciéndole. Gracias, Fabio, por este libro. Y te exhorto a que sigas esta tarea comenzada. Por el bien de la Cuba del mañana. Porque la Cuba que viene no se hará con silencios ni con medias verdades, sino con apuntes valientes como estos.
Al menos yo salgo con mis propios apuntes que me sugiere esta especie de conferencia magistral de Fabio.
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Palabras de agradecimiento de Fabio A. Fernández Batista, autor del libro.
En primer lugar, agradecerles a todos por la presencia aquí, en medio de las condiciones difíciles de la Cuba de hoy. La gratitud creo que debe ser fundamental en un momento como este. Agradezco de manera especial a Israel por estas palabras tan tremendas que ha dicho sobre mi libro. Yo estoy muy feliz con esa cantidad de elogios que él ha puesto aquí en unos pocos minutos. Yo feliz, de verdad. Me sonrojaría si pudiera, pero la melanina me lo impide. También agradecerle, por supuesto, a Ediciones Temas, a todo el equipo de Temas, a Rafael por todo el apoyo que ha dado para que el libro exista. A Yenia Silva y todo el equipo editorial que han trabajado intensamente en el libro digital y que están corriendo en función de ver si es posible que pronto tengamos una versión impresa. Desde aquí veo a un camarada que se llama Federico, que está moviendo cielo y tierra para ver si algunos ejemplares impresos pueden llegar dentro de unas semanas a Cuba.
También le agradezco a Alejandro Sánchez Fernández, que hizo el prólogo del libro. Alejandro fue mi alumno hace unos años y ahora es un queridísimo colega, un hombre talentosísimo y las palabras de Israel en torno a su prólogo también creo que certifican la calidad de historiador que es y ya estaremos ahorita en los libros que Alejandro habrá hecho y será un placer estar. Ojalá me invite a hacer algún prólogo de un libro suyo y así nos devolvemos el favor y la oportunidad.
Este es un libro que también tiene que estar conectado con la gratitud a mis estudiantes de la carrera de Historia. Yo imparto Historia de la Revolución cubana hace diez años. Ha sido todo un reto hablarle a jóvenes cubanos de hoy acerca de esto, por varias cuestiones, y esto que voy a decir conecta con lo que Israel planteó. Muchos jóvenes cubanos, lamentablemente, casi ni creen que la Revolución cubana existió. Cuando uno va a contar la épica de la Revolución, les parece algo tan distante que de repente es un suceso fantasioso, que a veces aparece en sus mentes como una invención del poder vigente en la Cuba actual. Y eso para mí es trágico porque nos habla de una desconexión creciente entre una hornada juvenil y el pasado, del cual es hija en muchos en muchos aspectos. Entonces, yo le agradezco a los estudiantes de Historia porque fueron los que generaron en mí la idea y la necesidad de esta búsqueda, esta investigación y la construcción de una narración sobre el pasado reciente de Cuba que he volcado en este libro.
También tengo que agradecer de manera muy especial al Dr. Arnaldo Silva, que fue mi profesor de Historia de la evolución, en los predios de la Universidad de La Habana. Yo tuve dos momentos de proyección como estudiante frente a Silva. El primero se dio en el aula, pero el segundo, aún más interesante, ocurrió cuando Silva me preparaba para asumir la asignatura que él había desempeñado durante treinta años. Fueron largas jornadas de trabajo en su casa de Tulipán y Loma y ahí aprendí el doble de lo que había aprendido en la Universidad, en el aula con él. Además, me facilitó muchísimos libros que han formado parte de todo el bagaje que lleva a que este libro exista.
También tengo que hacer un homenaje a maestros míos en el marco de la Universidad, que de una forma u otra están presentes en el libro. Pienso en Oscar Loyola, en su manera de contar la historia, esa búsqueda de la irreverencia, de un tono comunicativo capaz de conectar con un lector más allá del campo estrictamente académico. Y pienso en la doctora Francisca López Cervera; de ella tomé fundamentalmente la utilización de canciones y poemas. Los que conocen más aquí el mundo de la historia saben que a la profe Paquita le encanta usar el mundo de la lírica, en su sentido más amplio, para explicar, para visualizar procesos históricos. Por allá veo a Joel Cordoví, que también es otro maestro al que uno tiene que rendirle reverencia en el terreno de la de la historiografía.
Por supuesto que este es un libro que bebe de muchas lecturas. Es un libro que, como señala Alejandro en el prólogo, como decía Israel, y como también he comentado en algún momento, se mueve a caballo entre la historiografía dedicada a un público académico y la que busca los caminos de la divulgación. Eso explica el tono que tiene la obra. Es un libro que está hecho con el afán de comunicar, de que la gente lo pueda leer rápido, se entere de muchas cosas, y se quede con un montón de dudas que lo deben impulsar a buscar conocimiento en otros campos, en otros textos. Al mismo tiempo, es un libro que dialoga con la gran batalla cultural, histórica, política que se conforma en torno a la Revolución cubana y el relato que se ha estructurado eh alrededor de ella.
Si se revisa la historiografía e incluso las construcciones políticas presentes en nuestra realidad, algunas volcadas en redes, verá que la Revolución cubana es un campo de batalla donde hay gente que permanentemente escribe para negarla y gente que escribe para exaltarla, a veces de una forma tendente a la edulcoración simplista y al mismo tiempo se encuentra gente que está intentando poner una de cal y una de arena, buscando los matices. El libro busca terciar un poco en ese complejo entramado polémico.
Este volumen juega con una tesis que a mí me ha gustado colocar en el ámbito historiográfico. No la inventé yo ni nada por el estilo, pero la he cultivado con fuerza recientemente, a pesar de que algunos personajes no les guste en lo más mínimo, a pesar de que algunos propagandistas que andan por ahí se lanzan con saña contra uno cuando se dicen determinadas cosas: es la idea de que la Revolución cubana es un proceso cuyo ciclo vital ha terminado, en el sentido de que —al menos en mi opinión, el que esté en contra, bienvenido a la polémica— discurre entre el año 1959 y algún punto de mediados de los 70, y que a partir de ahí estamos hablando de una sociedad postrevolucionaria, hija de la transformación revolucionaria, hija de ese cambio que se estructuró durante cerca de quince años y que habría que entender la idea de que no estamos viviendo, desde el 59, un único período histórico, sino como mínimo dos, diferenciados con lógicas que no son las mismas.
Esa idea, que para mí es evidente desde el punto de vista de la ciencia, constituye para algunos una profunda herejía política, pero yo me lanzo a la aventura de colocar ese tono hereje en ese texto mío que ojalá a ustedes los atrape y que después me digan que les gustó tanto como le gustó a mi amigo Israel.
Así que muchas gracias, un placer que hayan estado aquí. Gracias a Temas, a Rafael por la oportunidad de que el libro exista y gracias a Federico por las artes maravillosas que convertirán al texto en algo impreso. Muchas gracias.
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