lunes, 08-06-2026
(1946) Profesor emérito de Historia y Estrategia, Royal Military College of Canada. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad McGill y máster y doctor en Historia por la Universidad de Londres. Ha trabajado como analista estratégico tanto en el Cuartel General de la Defensa Nacional en Ottawa como en el de la OTAN en Bruselas, especializándose inicialmente en Oriente Medio y concentrándose después en América Latina. Ha impartido clases en el College Militaire Royal de Saint-Jean, la Universidad de Oxford, la Queen's University y la Universidad de Montreal. Es asesor en asuntos de seguridad interamericana del Comandante del Ejército canadiense y ocupa una serie de puestos como consultor de los ministerios canadienses de Asuntos Exteriores y Defensa, organizaciones internacionales y consejos académicos. Entre sus libros destacan: Raúl Castro: estratega de la defensa revolucionaria de Cuba (Buenos Aires, 2010); Cuba's Military 1990-2005: Revolutionary Soldiers in Counter-revolutionary Times (Nueva York, 2005), y Confidence Building Sidestepped: the Peru-Ecuador Conflict of 1995 (Toronto, 1998).
“En su primer mensaje como ministro de las FAR, Raúl Castro indicó claramente que la Revolución tomaría su defensa en serio: «Nunca estaremos satisfechos hasta que con nuestra organización, y contando siempre con la colaboración irremplazable del pueblo de Cuba, nuestro país pueda hacerse respetar militarmente por pequeños y poderosos». Hizo realidad sus palabras. Estas podían haberse aplicado igualmente a extranjeros y cubanos, porque ya se acumulaban dentro del país aquellos que se oponían, a brazo partido, al experimento revolucionario. Esa oposición ya había tomado las armas y obtenido el apoyo de elementos en los Estados Unidos. Y las relaciones con este país, antes tensas por causas políticas y económicas, esencialmente, ahora verían también la defensa como una fuente importante de conflicto…”
Revista Temas: 55. Sección
Este ensayo pretende responder cinco preguntas sobre la cooperación entre Cuba y los Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. Estas son: ¿Cuál ha sido la evolución de esta colaboración desde 1989? ¿Cuál es hoy el contexto real de esa colaboración? ¿Qué es probable que veamos en esta esfera de persistir la situación diplomática actual? ¿Qué podría originar mejores relaciones? ¿Qué tipo de cooperación podría haber si mejoraran las relaciones?
Revista Temas: 62-63. Sección
El artículo pretende demostrar que el legado de Fidel Castro Ruz como estratega militar, líder de combate y creador de instituciones militares, más allá de las opiniones políticas que se tengan sobre él en otros aspectos, es extraordinario y abrumadoramente exitoso, lo que se debe a su interés de toda la vida por los asuntos de defensa, a su profunda necesidad de desarrollar ese interés y a su excepcional e innata comprensión del ámbito militar y sus reglas para lograr resultados favorables. Este trabajo es el resultado de las reflexiones de su autor sobre el tema en cuestión, pero la naturaleza del legado militar de Fidel requiere también un enfoque cronológico para abordar el tema.
Revista Temas: 125-126. Sección
CATALEJO
Temas ha invitado a un grupo de académicos y expertos en historia y política de los Estados Unidos y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo de la Isla el 20 de mayo pasado.
Publicaremos en lo adelante los textos que hemos ido recibiendo, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco R. Rubio, en nombre del presidente Donald Trump, acaba de invitar al pueblo cubano a una «nueva relación» con su país, haciendo hincapié en el apoyo constante que este país ha brindado a la Isla.
La invitación ofrece al pueblo cubano un futuro de «libertad, dignidad y autodeterminación» y la oportunidad de poner fin al sufrimiento que actualmente padece, en particular a la alarmante escasez de electricidad, e iniciar una nueva era de prosperidad y democracia.
La falta de conocimiento de la historia cubana que demuestra el secretario Rubio es preocupante. Haber lanzado esta idea en el aniversario de la independencia cubana es asombroso, ya sea por su cinismo, su postura totalmente inexacta o ambas cosas.
Cuba no era realmente independiente en 1902, pues, en el acuerdo que puso fin a la administración militar estadounidense de la Isla tras la derrota de España en 1898, se vio obligada a aceptar bases navales estadounidenses, el control prácticamente total de la diplomacia cubana, incluso en asuntos económicos, y el derecho de Washington a intervenir en Cuba siempre que lo considerara necesario para proteger sus intereses económicos. Si la Asamblea Legislativa cubana de la época no aceptaba dicho acuerdo, la amenaza de una ocupación permanente o, al menos, a largo plazo, persistía.
Poco después, cuando el derecho a la intervención unilateral fue finalmente abolido formalmente en la década de 1930, la infame «cuota azucarera» convirtió en letra muerta la poca independencia que los cubanos pudieran haber soñado bajo los nuevos acuerdos
Así pues, cuando el señor Rubio afirma que ahora va a decir la verdad sobre Cuba, su primer argumento, por decirlo suavemente, está completamente equivocado.
A continuación, culpa de la difícil situación actual del pueblo cubano al gobierno de la Isla, y especialmente al extraordinario conglomerado económico de las fuerzas armadas, si es que se le puede llamar así, llamado GAESA, organismo responsable, ciertamente, de un gran porcentaje de las transacciones económicas internacionales, proporcionando un salvavidas a las industrias que logran generar ingresos para el Estado cubano.
La dificultad radica en que no aporta ni una sola prueba que respalde sus ataques contra GAESA, a la que califica de entidad parasitaria que ha contribuido a convertir a Cuba en un «estado fallido», y nos vemos obligados, en medio de un debate altamente politizado, a simplemente creerle sin más.
Coincido con él en un punto: que no es un «bloqueo» estadounidense lo que ha provocado la actual crisis cubana. Sin embargo, si bien la guerra económica que los Estados Unidos han librado contra la Isla durante dos tercios de siglo no es un bloqueo, tampoco es un embargo, el término tradicional utilizado en los Estados Unidos.
Se trata, en cambio, de una guerra económica multifacética, especialmente en las áreas de acceso al comercio y las finanzas internacionales, que ha obstaculizado los esfuerzos de Cuba por progresar desde la desafortunada relación bilateral entre Washington y el gobierno revolucionario de La Habana en 1959 y principios de la década de 1960.
Esa guerra económica ha sido librada sin tregua durante dos tercios de siglo por la mayor potencia de la historia del mundo, con una larga historia de intervención militar en la región y en la Isla, contra un pequeño país situado a tan solo 150 kilómetros de su punto más meridional.
Si bien es cierto que se planeó una acción militar directa contra Cuba tras el desastroso fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, las continuas amenazas estadounidenses a la Isla y la subversión activa de su gobierno obligaron a Cuba a mantener grandes fuerzas militares y de otro tipo para disuadir cualquier intento de Washington de encontrar una solución militar al «problema» cubano. Y si bien las medidas adoptadas contra los derechos humanos en ese contexto fueron sin duda severas, no eran inusuales para un país asediado en un contexto de seguridad tan asimétrico.
La política estadounidense tiene como objetivo derrocar al gobierno cubano infligiendo tal sufrimiento al pueblo de la Isla que este se levante y se libere de sus opresores. Esta estrategia se ha mantenido constante durante décadas. Por lo tanto, el deseo de Washington de insistir en su apoyo a esa misma población resulta un tanto hipócrita, especialmente considerando que los años de la era Trump han reforzado aún más las ya feroces sanciones contra la Isla.
En lo que respecta específicamente a GAESA, se requiere mayor transparencia por parte del grupo, pero también hay que decir que, en un contexto donde los Estados Unidos utilizan cada cifra publicada por La Habana para insistir en que la Isla es un Estado fallido, esto garantiza que dichos datos se conviertan, de hecho, en un asunto de seguridad nacional para Cuba. Sin embargo, una vez más, las acusaciones del secretario Rubio de que «todo» el dinero que recibe GAESA va a parar a los bolsillos de sus burócratas y funcionarios carecen de fundamento. Y si todo ese dinero va a parar a ellos, ¿cómo ha podido Cuba mantener algunos de sus renombrados sistemas de salud, educación, deportes, arte y otros que, aunque ahora muy deteriorados, habían producido logros excepcionales para el pueblo que los Estados Unidos pretendían empobrecer?
Lamentablemente, debo concluir que resulta en extremo difícil tomar en serio la supuesta "nueva" oferta que ahora se plantea. La política estadounidense, sobre todo en los últimos meses, no ha mostrado interés alguno en aliviar el sufrimiento del pueblo cubano. Más importante aún, los Estados Unidos ya no están en posición moral de dar lecciones a otros sobre democracia. Ciertamente, espero ver a Cuba como un lugar más democrático, y cuanto antes, mejor. Pero las actuales promesas de Washington, como en el pasado, en mi opinión, obstaculizan ese proceso en lugar de apoyarlo.
Ese camino es complicado. Pero los Estados Unidos no deberían dictar quién gobierna a nadie. Han perdido toda la autoridad que alguna vez tuvieron para sugerir tal cosa. Y hablando de falta de pruebas, el peso de la historia en lo que respecta a Cuba sugiere que ni la libertad, ni la dignidad, ni la autodeterminación han formado parte de los planes que los Estados Unidos han presentado para el futuro del país.
Si bien me gustaría pensar que este nuevo plan representa un nuevo comienzo para dicho progreso, nada en la declaración del Sr. Rubio me da esperanza alguna de que así sea.
Mi única esperanza restante es que se demuestre que estoy equivocado.
Es una esperanza vana.
¿Cuáles son las reconfiguraciones geopolíticas en curso actualmente?, ¿cuáles factores nuevos y cuáles tradicionales determinan la reconfiguración?,¿hasta qué punto las tecnologías digitales disminuyen o modifican el calibre político de los conflictos y su desarrollo?, ¿cómo las reconfiguraciones geopolíticas afectan las llamadas áreas de influencia regionales de las potencias establecidas? ¿Cómo se manifiesta este efecto en el caso de nuestro hemisferio?
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