viernes, 04-04-2025
Las personas negras han participado, de modo creciente, en las luchas anticapitalistas de Latinoamérica y el Caribe durante las dos primeras décadas del siglo XXI. Artículos periodísticos, publicaciones digitales de los movimientos afrodescendientes y documentos de trabajo de organismos internacionales constituyen las fuentes principales de este ensayo, cuyo propósito es caracterizar la composición social, objetivos, reivindicaciones, logros y principales desafíos de los movimientos sociales afrolatinoamericanos.
¿Cómo analizaba la CIA y la «comunidad de inteligencia» del gobierno de los Estados Unidos las posibilidades y las realidades de las insurgencias en América Latina entre los años 40 y 80? ¿Cuál fue la visión de esos analistas sobre las acciones de Cuba y la URSS relacionadas con esas insurgencias? Esta compilación ofrece veintitrés documentos de estimación y pronóstico, que fueron clasificados como «secreto» o «alto secreto», ahora desclasificados, dirigidos originalmente para el uso exclusivo de la Casa Blanca y los altos funcionarios del gobierno. Por lo general, los analistas asesoraron acertadamente sobre la política de Cuba frente a insurgencias latinoamericanas; algunos textos reflejaban muy bien la perspectiva de La Habana. Hubo errores también. El peor fue sistemáticamente subestimar los factores internos que propulsaban acciones revolucionarias en cada país; el énfasis siempre fueron los factores externos, Cuba principalmente. Durante las presidencias de Richard Nixon y la segunda de Ronald Reagan, los analistas contrarrestaron la influencia de los «halcones». Sin embargo, bajo la presidencia de John F. Kennedy, impulsaron la gama de sanciones a Cuba, entre otras, terrorismo de Estado, y bajo la primera presidencia de Reagan estimularon una confrontación en Centroamérica y con Cuba, al exagerar el impacto de las acciones de esta. Aun así, a través del tiempo la labor de los analistas fue profesional, cercana a la evidencia, y dispuestos a corregir errores pasados.
“Antes del apogeo espectacular de un término que ha producido un verdadero frenesí de actualización en la crítica literaria y artística, un crítico latinoamericano de reconocidos méritos afirmó: «Y nosotros, moradores de regiones periféricas, espectadores de segunda fila ante una representación en la que muy pocas veces participamos, vemos de pronto, cambiado el libreto. No terminamos aún de ser modernos —tanto esfuerzo que nos ha costado— y ya debemos ser posmodernos». Más allá del tono hiperbólico de esta afirmación —remedo del desconcierto que en mayor o menor medida ha provocado la irrupción del posmodernismo— una verdad sutil se esconde tras esta paródica teatralización de la recepción latinoamericana de lo posmoderno…”
“A fines de 1949, algunos meses después de la aparición en El Nacional, de Caracas, de «Lo real maravilloso de América» (que luego constituiría el prólogo a El reino de este mundo), Alejo Carpentier dio a conocer en forma de folleto Tristán e Isolda en tierra firme, texto que nunca incluiría en su Tientos y diferencias, ni en alguna otra compilación de sus ensayos, y cuya republicación solo vino a ocurrir hace ahora una década, en la revista Casa de las Américas. Debo confesar que antes de la lectura de Tristán e Isolda en tierra firme, las elaboraciones teóricas de Carpentier en torno a la novela latinoamericana me parecían normativas, teleologizantes, luego insuficientes. Que la teoría de lo real maravilloso americano implica una mirada exterior, digamos, del centro a la periferia (a una zona periférica); mirada que entraña aún --y a pesar de que quien mira es un hombre de estas tierras--, cierto residuo colonial, me parece hoy, más allá de la obra admirable de Alejo (obra en sí misma descolonizadora, por cuanto nos enseña de nosotros mismos), una cuestión fuera de toda duda…”
“Si los años 60 nos ofrecen un campo literario efervescente y renovado en su confirmación continental, urge reconocer, treinta años después, la labor inconclusa de la certera y entusiasta crítica literaria acompañante de aquella producción, que legitima su condición de «clásica», de corpus ya establecido en la tradición literaria latinoamericana. Buena parte de esa producción crítica, por su incuestionable solidez, también ha ingresado a este corpus; sin embargo, contrariamente al modo en que valoramos las grandes obras literarias producidas entonces, hoy reclamamos de aquel discurso crítico-literario su capacidad de actualización, de continuidad; lo cual sería, más que pedir otro tipo de recepción, la mejor manera de comprobar el alcance que tuvieron, tienen o tendrán todavía muchas de aquellas propuestas analíticas: el reclamo consiste en una lectura actualizadora, que nos permita reciclar las ideas y aportes (conceptuales, teóricos, metodológicos, etc.) con que ese discurso podrá o no insertarse en la actual evaluación del campo literario latinoamericano…”
“A medida que comenzamos a analizar Fresa y chocolate como película, se hace evidente que es una obra compleja, tanto desde el punto de vista textual como contextual. Remite simultáneamente a un discurso doble, el autoral y el nacional. Abarca, al mismo tiempo, lo individual y lo colectivo, postura definida tradicionalmente como auteurista y que también ha solido lidiar con el tema de la identidad. De hecho, se puede seguir la relación cambiante entre el auteurismo y lo nacional, a través de las obras de Alea, desde la posición adoptada en Memorias... —en la cual el director aparece ligado a las actividades oficiales— hasta Fresa y chocolate, por tratarse de una coproducción cubano-mexicano-española. Es necesario entender ese proceso de transformación como parte de los cambios históricos de la institución cinematográfica en la región y no como un fenómeno exclusivo de este cineasta cubano…"
“A diferencia de otras regiones de Occidente, en América Latina no puede hablarse de renacimiento del pensamiento geopolítico, pues la disciplina fue cultivada activamente desde los años 30, muy especialmente en los círculos militares, con resonancia pública y de manera casi ininterrumpida hasta hoy, aunque experimentando modificaciones significativas y vinculándose a otras proyecciones ideológicas. Si bien presente en varios países del subcontinente, la geopolítica ha tenido su centro principal en Brasil y los países del cono sur, en especial Chile y Argentina, y ha permeado el pensamiento de las élites militares y políticas…”
“En América Latina han incidido algunos de los problemas que aquejan actualmente a la historiografía occidental. Se pueden apreciar manifestaciones miméticas de la tendencia a la fragmentación y a cierto pluralismo metodológico en los estudios históricos. Ello ha abierto la búsqueda de nuevos paradigmas y permitido el repunte de un tipo de historia narrativa, muy diferente a la actual historiografía en su pretensión de alcanzar, sobre la base de la historia económico-social, estructural y objetivista, una visión totalizadora de la sociedad y una más profunda identificación con las comunes raíces de nuestra América…”
Entrevista al sociólogo mexicano Pablo González Casanova, referente obligado para comprender los problemas actuales de la sociedad latinoamericana. En sus palabras, analiza el fenómeno del neozapatismo, reflexiona sobre la universidad, la educación para todos y un necesario paradigma de inclusión social más democrático y ofrece claves para el entendimiento de problemas tan complejos como las alianzas entre los dominados y sus dominadores, fustiga el sentido de algunas «nuevas formas de pensar», y aplaude el ejemplo de la Revolución cubana.
“Hoy las izquierdas latinoamericanas reconstruyen sus propuestas políticas a tenor de las exigencias sociales y morales que caracterizan a un continente donde la desigualdad y la pobreza alcanzan magnitudes intolerables, que retan los límites de la paciencia popular. Con esto, al cabo de una larga experiencia cabe preguntarse, ¿cuántos de los temas tradicionalmente discutidos y de los instrumentos en que antes nos hemos apoyado justificaron la atención dispensada, y cuántos todavía influyen en la organización de nuestras prácticas? ¿Cómo esto incide sobre la actual decantación de las perspectivas latinoamericanas de izquierda?”
“A partir de los años 80 del siglo XX, no pasa un año sin que se estrenen diez o veinte cortos y largometrajes, documentales o ficciones, con tema gay. La crítica internacional reconoce que, por primera vez en la historia, existe una sustantiva presencia de gays y lesbianas en las pantallas, pues hasta ahora, y salvo escasas excepciones, el personaje homosexual se veía reducido a lo secundario, y por lo regular se le enmarcaba en tres roles reconocibles: máscara paródica y risible, víctima propicia e inerme, o engendro amoral y morboso propenso a cualquier exceso. De todos modos, ya desde los años 50, se percibía la creciente presencia de lo gay en diversas esferas de la vida social y artística de muchos países...”
“¿Cómo van los Estados individuales a hacer frente a la epidemia del SIDA o del Síndrome Respiratorio Agudo (SRA)? ¿Cómo un Estado único va a tratar el problema del lavado de dinero o la necesidad de proteger el medio ambiente? El hecho de que las amenazas afecten la seguridad interna y externa es un problema para todos los agentes. La delincuencia internacional es el mejor ejemplo y, por supuesto, incluye el tráfico ilícito de estupefacientes. Es especialmente delicado para los países que tienen que hacer frente a los Estados Unidos y pueden considerar que se trata una amenaza interna, mientras estos la consideran internacional…”
John Womack (Oklahoma, 1937), autor del ya célebre Zapata y la Revolución mexicana, es sin dudas uno de los más eminentes historiadores de América Latina en los Estados Unidos. Por más de treinta años ha estado a cargo de la principal cátedra de Historia Latinoamericana en la Universidad de Harvard. En esta entrevista, realizada el 15 de febrero de 2007 en Cambridge, Massachussets, reflexiona sobre los usos y abusos de la historia, sobre la relación entre Historia, nación y Estado, y sobre el estudio de la historia latinoamericana en los Estados Unidos.
(Mención en el Premio Temas de Ensayo 2007, en la modalidad de Estudios sobre arte y literatura) “Paradiso no solo construyó su soledad marginándose del consumo masivo y llevando al límite el gesto innovador de la novela contemporánea, sino que abrió una fractura extraordinaria entre las expectativas de sus destinatarios y las condiciones interpretativas de la intentio operis. Lezama inventa un lector insólito, escindido e idealmente total, a la vez dócil y vigilante, dúctil y lleno de suspicacia; un receptor atípico para un género particular: el lector lezamiano...”
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