sábado, 28-03-2026
Cuba en el mundo: continuidad y ajustes en las relaciones internacionales
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Panelistas:
Jesús Aise Sotolongo. Investigador. Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI).
Juan Alejandro Triana. Economista. Director del Centro de Estudios de Economía Cubana (CEEC-UH).
Oliver Zamora Oria. Periodista y analista. Televisión Cubana y Rusia Today.
Rafael Hernández. Politólogo. Director de la revista Temas.
Rafael Hernández: Un día como hoy, el 26 de febrero de 2002, empezamos a desarrollar los paneles de Último Jueves. Hoy es el aniversario 23 de ese ciclo de debates que casi nunca se ha interrumpido, ni siquiera cuando la pandemia por la COVID. Muchísimas gracias a todos por acompañarnos.
Para abordar el tema de hoy, tenemos un panel contundente y sustancial. Les agradezco mucho por estar aquí, y enredarse con los problemas de las relaciones internacionales de Cuba en un momento tan particular como este.
Jesús Aise Sotolongo es un investigador experto en temas de Asia. Oliver Zamora Oria, desde el periodismo, es analista y comentarista de problemas internacionales relacionados con Cuba, y Juan Alejandro Triana, en su carácter de economista y director del CEEC —y que además es miembro del Consejo asesor de la revista Temas— se ocupa de la posición cubana en el concierto mundial. Muchas gracias a los tres por estar, por primera vez, en un panel de Último Jueves.
Las preguntas que les propuse y que, entre ellas, han elegido contestar tienen relevancia para entender la situación actual de Cuba. Mucho de lo que leemos sobre esta es lo que se debería hacer, hacia dónde deberíamos ir. Hablaremos de eso también, pero vamos a empezar por cuál es el escenario real.
Invitamos a este panel a especialistas de otros organismos. Siempre queremos traer al panel a alguien que trabaje en alguno de los organismos que tienen que ver con el tema. En este caso no pudimos encontrar ninguno, pero de todas maneras esperamos que este ejercicio contribuya a esclarecer colectivamente un problema o varios, y naturalmente pensar en alternativas frente a ellos. No tenemos una pretensión mayor. Pero esta contribución a despejar problemas vinculados con las relaciones internacionales de Cuba, tiene una importancia especial, porque nada más que percatarnos de dónde estamos en el escenario real, ayuda a entender cosas respecto al futuro y a pensar en él .
La primera pregunta es: ¿En qué medida han cambiado las alianzas internacionales y regionales de Cuba en la última década? ¿Cuáles son nuestros principales interlocutores, nuestros principales socios, nuestros principales aliados? ¿Cómo se reflejan no solamente en las relaciones económicas, sino en otras áreas estratégicas?
Jesús Aise Sotolongo: Es un honor para mí estar en este panel y en esta prestigiosa revista. Parto desde el hecho de que las relaciones internacionales de Cuba se basan en principios inamovibles: independencia, soberanía, no injerencia y solidaridad. Las alianzas que se establecen se sustentan principalmente en coincidencias ideológicas. Pero, además, en estos precisos momentos se trabaja, yo diría intensamente —y lo veremos después— con todos los países que deseen establecerlas, incluso aquellos que son actores antagónicos.
Desde una perspectiva realista, el agravamiento de la situación socioeconómica que presenta Cuba en estos momentos, provocada por las insuficiencias de las transformaciones del modelo económico y el persistente recrudecimiento del bloqueo, ha motivado que las relaciones internacionales de Cuba necesitaran una reorientación.
Después de 1959, el país siempre se ha caracterizado por una permanente evolución de sus nexos internacionales, condicionada por las modificaciones que han tenido lugar en el contexto geopolítico global y los imperativos del desempeño económico nacional. En la última década, es distintiva una política que intenta ser más pragmática, diversificada y multilateralizada, en la búsqueda de nuevos aliados del sur y el este global, y perfeccionar —hago hincapié en esto— los nexos con los aliados tradicionales.
¿Cuáles son los principales socios? Si lo miramos en el contexto inmediato, está Venezuela, ahora atrapada en la geopolítica personalista neomonárquica de Donald Trump; está Nicaragua, con la cual se mantienen fuertes vínculos históricos, y hay colaboración cubana en términos de educación, salud y asesoramiento; y Morena, el partido gobernante en México, cuya solidaridad se ha reforzado aun cuando sus relaciones con Cuba siempre han sido buenas. Más allá de nuestro continente, tenemos a China, Rusia y Vietnam. En el caso de China, esta se erige como uno de los principales socios de Cuba, tanto en cuanto relaciones comerciales como en apoyo político y diplomático, y en las esferas infraestructural, tecnológica y biotecnológica. En cuanto a Rusia, después del impasse de la era de Yeltsin y la primera etapa de Putin, se revitalizó la noción de relaciones históricas, con acuerdos e intenciones de financiamiento, suministro de petróleo, cooperación técnica militar y de seguridad. En tanto, Vietnam constituye un aliado incondicional, con el que se mantienen relaciones históricas de hermandad y colaboración, con profundas afinidades ideológicas y una cooperación extendida en sectores vitales. No puede dejarse de mencionar a la República Popular Democrática de Corea, que constituye un aliado de Cuba, pero en los últimos tiempos, por razones muy específicas que podemos tratar posteriormente, la alianza se ha enrarecido, sobre todo después del 14 de febrero de 2024, cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas de Cuba con la República de Corea.
A la profundización de la crisis multifactorial, donde se observan confluencias de factores internos acumulados y el agotamiento del modelo económico basado en la centralización, y de factores externos dilatados en el tiempo y progresivamente potenciados por la actual Administración estadounidense, se unen otros de carácter coyuntural asociados a catástrofes naturales y de salud, como los huracanes y la pandemia por la COVID.
Considero oportuno acotar que, en cuanto al alcance de estos factores antes mencionados, generalmente se les da primacía a los externos y creo que esto es legítimo. Sin embargo, tomando como referente las experiencias históricas de países socialistas que son nuestros aliados, y que en un momento determinado fueron sancionados bilateral y multilateralmente, soy del criterio de que, a partir de sus transformaciones estructurales y de política económica interna, mostraron resultados tangibles que pusieron en tela de juicio las sanciones y condujeron a un cambio de política de los sancionadores.
¿Cómo se refleja el sector externo en la política económica cubana? Vemos las visitas de alto nivel, ministeriales y empresariales, que promueven acciones comerciales y de asociación y cooperación, financiamiento, y transferencia de tecnologías, pero lamentablemente siempre se quedan en la intención. Un papel importante lo desempeñan las misiones diplomáticas, las cuales, en diferentes escalas y gradaciones, tienen el mandato de ejecutar diplomacia económica en todos los países, sobre todo en los considerados prioritarios. También se exige que las investigaciones académicas en el sector de las relaciones internacionales se orienten hacia un análisis más actualizado y exhaustivo, del ambiente político, el desempeño económico, la predisposición positiva de los países y de las oportunidades, al tiempo que se elaboren medidas lo más cercanas posible a recomendaciones y líneas de acción que orienten a los gestores y ejecutores de política.
Oliver Zamora Oria: Gracias por la invitación, sobre todo por pensar que tengo algo valioso que aportar con respecto a este tema. Pienso que para hablar de las relaciones internacionales de Cuba hoy, podríamos comenzar o hablando de ellas en el mundo en el que se inserta Cuba. Somos un archipiélago natural, separado geográficamente del resto del planeta, pero no lo somos ni en lo político ni en lo económico y, en ese sentido, las relaciones internacionales de Cuba siempre están condicionadas por lo que sucede a nivel internacional.
Me parece importante resaltar, por ejemplo, esa evolución, de la que tantos expertos hablan, del mundo unipolar al multipolar. Si nos ponemos a pensar en lo que era el mundo, el orden internacional, en los años 90 y lo comparamos con el actual, con nuevos actores, algunos emergentes, otros ya bastante consolidados, vemos que eso es un fenómeno real, palpable.
Un detalle que me parece importante es que a veces, desde el discurso oficial o desde el periodístico, mostramos ese mundo multipolar como más justo, más respetuoso del derecho internacional y no necesariamente es así. La experiencia histórica nos ha mostrado que cuando han existido varios centros de poder se trata de un mundo repartido en zonas de influencia, como hicieron las potencias europeas con África en su momento. Son pactos entre potencias que impactan al resto del mundo, en especial a países pequeños con ninguna o muy limitada influencia en el tablero internacional, como puede ser Cuba.
Hay otro elemento que también hay que tomar en cuenta para analizar el tema de la creación de nuevos bloques. Obviamente, hablamos de los BRICS, de la Unión Económica Euroasiática, de la cual después podríamos hablar, o del reforzamiento de otras organizaciones, grupos, foros, que hoy marcan también una pauta en las relaciones internacionales. Se trata del supuesto «mundo basado en reglas», del que se ha hablado mucho recientemente, sobre todo en este primer año de Trump. En Davos el primer ministro canadiense prácticamente reconocía que ese mundo basado en reglas era para unos y no para otros. Vemos cómo un presidente de los Estados Unidos dice que para él los límites no están en el derecho internacional sino en su moralidad propia. Y vemos también una serie de cuestiones muy preocupantes por lo que está pasando en ese orden que siempre supimos que era injusto, y que ha comenzado a resquebrajarse, pero cuyo proceso deja a todo el mundo en una especie de zozobra inquietante.
En el caso de América Latina, por ejemplo, ha habido un proceso de derechización, si se puede decir así. en el mapa político latinoamericano han aparecido gobiernos de ultraderecha, o de una derecha muy marcada.
En ese sentido, creo que hay que analizar profunda e inteligentemente las relaciones de Cuba con la región. Sabemos lo que ha pasado, por ejemplo, con alianzas importantes de Cuba en América Latina, con Bolivia, con Honduras, incluso con países con los que teníamos una relación respetuosa, como los del Caribe. Recordemos que hace unos meses, en una gira de Marco Rubio por esa zona, este presionaba a sus gobiernos para que cancelaran los programas de cooperación, y en alguna medida fue un proceso que tuvo éxito. La colaboración médica de Cuba con estos países trascendía ese carácter; era un canal, vamos a decir, de relaciones múltiples, no solamente económicas, sino también políticas y a nivel social.
Lo que está sucediendo en Venezuela, por su parte, crea un nivel de incertidumbre real, grande. Por un lado, según el discurso del actual gobierno venezolano todo parece ir bien; pero cuando lo contrastamos con el discurso de la Administración de los Estados Unidos e incluso con lo que está sucediendo realmente en el país, se crea una perplejidad preocupante.
Otra variable importantísima es el bloqueo norteamericano y su recrudecimiento, que lo ha llevado a niveles muy superiores a lo anterior.
En medio de todo eso, obviamente, está Cuba. Por lo tanto, a nivel regional, sus relaciones con muchos países han sufrido una gran transformación. Hablo de los gobiernos, porque sí se mantienen vínculos muy fuertes con movimientos sociales, y con partidos de izquierda.
En el ámbito extrarregional, se sostienen las relaciones firmes, beneficiadas por coincidencias políticas y lazos históricos fuertes, de las que hablaba el profesor Aise. Recordemos que Cuba fue el primer país de América Latina que le abrió las puertas a la República Popular China, y el vínculo histórico que tuvimos con la Unión Soviética y posteriormente con Rusia; y cómo hemos sabido «sobrepasar» —creo que se puede entrecomillar— aquellos contratiempos que tuvimos en la época de Yeltsin. También con Vietnam hemos mantenido excelentes relaciones. La estabilidad política de estos países ha favorecido esta continuidad.
Hay un elemento que debemos sopesar, o al menos mencionar: no siempre las relaciones políticas de Cuba con el mundo se traducen en económicas. O sea, hemos tenido excelentes relaciones políticas con países de América Latina, , dígase la propia Bolivia, y esa conjunción no se ha cumplido. Siempre fue motivo de debate, incluso cuando se trataba del ALBA y de los mecanismos regionales, llevar las relaciones económicas al mismo nivel de las políticas.
En lo que sí se ha ido avanzando en cuanto a relaciones económicas —creo que por una cuestión coyuntural, o sea, por la situación que estamos viviendo en el país—, con China y con Rusia, pero se han ido estableciendo a través de los mecanismos de mercado, no de acuerdos específicos o de estructuras que le den un beneficio especial a Cuba.
En resumen, hemos perdido aliados en la región; se han producido cambios en las relaciones con varios de los gobiernos latinoamericanos. Por el contrario, se mantienen firmes las extrarregionales, que es hoy, de alguna manera, la mayor apuesta para que puedan tener un impacto, por ejemplo, en el objetivo principal que tenemos los cubanos: salir de esta crisis.
Rafael Hernández: Gracias, Oliver. Déjenme ver si entendí bien lo que dijeron ellos dos. ¿Nuestras principales líneas de alianza son ideológicas? ¿Con quién tenemos una cercanía ideológica?, ¿con el Partido Comunista chino?, ¿con el ruso? ¿Con el gobierno de Rusia? ¿Cuáles son los límites de las alianzas que tenemos? A la hora de dificultades económicas que tienen implicaciones de seguridad, como las que describe Jesús, ¿cuáles son los límites, incluso en un escenario de amenaza militar, de seguridad, de defensa? ¿Hasta dónde llegan esas alianzas?
Estamos hablando de un mundo que no se mueve en el sentido del socialismo, en un orden internacional complicado, hostil y diverso. Esa es la realidad en que vivimos. ¿Estamos en capacidad de tener relaciones de interlocución, de diálogo y de beneficio mutuo con gobiernos que no son de izquierda?
Esos desafíos que tenemos delante y que hacen que un país con el que hemos tenido fuertes alianzas hasta ahora, según lo describe Oliver, nos provoque, para decir lo menos, incertidumbre, que es el caso de Venezuela, con el que teníamos una afinidad ideológica, política, y también de intereses económicos, ¿en qué medida esas comunidades de intereses políticos, pero que no necesariamente se traducen en económicos, son significativos en un mundo como el actual para un país como Cuba, que no tiene los activos de política exterior que tenía en un momento determinado? Mi siguiente pregunta para los tres panelistas es la siguiente: Cuando se habla de relaciones internacionales de Cuba, la cuestión de la dependencia es objeto de todo tipo de especulaciones y de comentarios y estimaciones. Según algunos, la dependencia de la URSS fue reemplazada por la de Venezuela y ahora tiende a hacerse dependiente de China y de Rusia. ¿Hasta qué punto eso es así? Pensando que la cercanía de intereses y la traducción de esos intereses a cosas concretas como es la seguridad o como es la economía, ¿está Cuba manejando eficazmente sus relaciones con Rusia, con China y con Vietnam, manteniendo un patrón de diversidad que evite una mayor dependencia, al concentrar en esos países nuestras relaciones exteriores vitales? ¿En qué medida está evitando, en sus acciones concretas, tensiones entre actores con los cuales tenemos una determinada relación y que tienen posiciones opuestas, como es el caso de China y Rusia, de un lado, y del otro la Europa occidental. Esa es la segunda pregunta.
Juan Alejandro Triana: Gracias, Rafael, por la invitación. Sobre la pregunta, comenzaría diciendo que la dependencia de Cuba a una gran potencia no es nueva. Es algo que ha venido con la historia de Cuba desde Colón. Primero dependimos en absoluto de España, y fuimos una colonia muy rica culturalmente, pero no tanto en cuanto a la economía. La Isla era una zona de tránsito de muchas riquezas, que no se transformaron en la construcción de un sector productivo robusto. Luego dependimos, durante casi 60 años, de otra gran potencia, los Estados Unidos, de la que éramos un protectorado. Y también fuimos un país rico culturalmente, y, que desde la ciencia y la técnica fuimos pioneros en la aplicación de algunas cosas. Después vino la dependencia de treinta años a la Unión Soviética.
Si sumamos los años de 1492 a 1990 tenemos casi quinientos dependiendo de una de las grandes potencias del mundo; por lo tanto, estamos bastante acostumbrados a eso, cuando algunos calculan que aproximadamente 120 mil millones de dólares entraron a Cuba, a razón de 4 mil millones de dólares anuales, y cuando quizás no aprovechamos las oportunidades para robustecer nuestro sector productivo, industrializar el país de la manera que deberíamos haberlo hecho. Y bueno, posteriormente, como se dijo, viene Venezuela ya a finales de los años 90 y principios de los años 2000. Se calcula, aunque no son cifras oficiales, que durante dieciocho años unos 40 mil millones de dólares hacia Cuba, a razón de 2 mil 200 millones de dólares anuales, entraron a Cuba desde Venezuela. Hay mucha diferencia entre cada una de esas dependencias, pero fueron reales.
Hay lecciones importantes. Mientras dependimos de grandes potencias, pensamos que eso iba a ser eterno, y que todo iría saliendo lo mejor posible; ninguna de esas grandes potencias duró como puerto para la dependencia. La primera se acabó de una manera, la segunda de otra, la tercera de otra distinta, y ahora estamos viviendo cómo la cuarta, en este caso más regional, también se termina. Si analizamos estos casos, vemos que el momento particular histórico donde comenzamos a depender de estos países, es distinto y quizás no había otras alternativas que tomar en Cuba.
En la actualidad, yo diría que son muy diferentes las relaciones que tenemos con Rusia —que no es la de la Unión Soviética—, y con la China actual; sobre todo porque el paradigma de la política exterior de estos países para con Cuba ha cambiado; es mucho más pragmático y se delimita muy bien al apoyo político a un socio geopolíticamente estratégico e histórico como es Cuba, y que depende de esa voluntad y de esas relaciones históricas. Las relaciones comerciales entre los gobiernos y entre las empresas de ambos países, más que de voluntades, por donde sí pasa la cooperación y la solidaridad en momentos extremos, dependen mucho, al menos en los últimos diez años, de la realidad y de las señales que pueda emitir Cuba en el manejo de su economía hacia el exterior, y que si no cambian, necesariamente tampoco tenderán a cambiar las condiciones en que estamos viviendo o en que se están desarrollando estas relaciones comerciales.
Los rusos no son los soviéticos, eso nos ha quedado claro; ni siquiera son los mismos rusos de hace diez años; el mundo ha cambiado y ellos con el mundo. Los chinos tampoco son los de los años 80 ni los de los 90. Si Cuba está manejando eficazmente o no esas relaciones, para evitar tensiones entre sus socios históricos y otros que pueden estar en extremos opuestos o distintos del espectro político, creo que la situación de los últimos diez años en Cuba no deja muchas alternativas a fijarse en eso, sino a lo que hemos intentado hacer, que es lograr y concretar acuerdos comerciales. renegociaciones de deuda y líneas de crédito con los socios, ya sea en una punta o en la otra del espectro político, para lograr avanzar y, en ese sentido, todos somos testigos de los resultados que hemos tenido. El éxito de eso, una vez más, depende de las transformaciones y los ajustes que Cuba pueda hacer en lo interno de su economía. No hay mejor manera de hacer política exterior que la interna y la manera en que la interpreten esos socios más antiguos, más históricos, y los nuevos, para que esas alianzas se concreten en términos económicos para el beneficio del país.
Oliver Zamora Oria: Hay cosas que dijo Triana que son irrebatibles. Yo también creo que debemos tomar en cuenta esas dependencias que hemos tenido. Ha sido como una especie de problema estructural que muchas veces no hemos contado con alternativa para superar. Pienso que siempre hemos sido conscientes de esa dependencia, pero el proceso que ha vivido Cuba desde el triunfo de la Revolución y las presiones y contextos adversos han obligado a «agarrarse del primer clavo caliente» que aparece, para poder emerger. Obviamente, hubo ese período de relación profunda con la Unión Soviética y con todo el campo socialista, que hay que diferenciar de la que tenemos hoy con la Rusia actual. Todavía no hemos podido siquiera establecer un suministro regular de petróleo ruso hacia Cuba, a pesar de que es algo que se ha hablado. No hemos podido establecer, por ejemplo, una línea de crédito en ese sentido. Recordemos cuando Putin vino, en el año 2014, que condonó parte de la deuda de Cuba con Rusia. Si la memoria no me falla, unos 3 000 millones de dólares se iban a invertir entonces en proyectos en la Isla, y no pudieron ejecutarse por varias razones, entre ellas la situación en Ucrania. Estamos hablando de un país que tiene sus prioridades, sus urgencias, cuestiones que asumen como de seguridad nacional y que están alejadas de Cuba.
Tengo entendido —a lo mejor estoy en un error— que el nuestro es uno de los países de América Latina que menos inversión china tiene. Eso puede ser el reflejo de nuestras debilidades estructurales, de todo lo que tenemos que cambiar internamente, de las reformas y las transformaciones que debemos hacer y no hemos hecho, para ser un país más atractivo a los inversionistas de la nación asiática; pero también puede ser la ocasión de aprovechar las oportunidades que brinda la relación política con China para impulsar la economía.
De parte de estos dos países hay solidaridad en la medida de lo posible, eso es indiscutible; pero no enmarcada en aquellas estructuras, acuerdos, y mecanismos que tiempo atrás obviamente eran muy beneficiosos para Cuba.
Ahora bien, esto de la dependencia también ha sido parte del discurso político, del relato, de la retórica, sobre todo enfocado en cuestionar si nuestro modelo económico es o no viable; hoy, sobre todo, muy asociado a la retórica del colapso. Creo que en ese sentido también hay que ir a la historia, , y replantearnos entonces esa pregunta de si hemos sido realmente dependientes cuando pudimos, por ejemplo, sobreponernos a la ruptura abrupta con los Estados Unidos al inicio de la revolución. La asistencia soviética llegó, pero no fue inmediata. Hay que fijarse también en la década de los 90, cuando logramos, por nosotros mismos, detener el desplome, después de una tragedia tremenda como perder 85% de las relaciones comerciales y ver caer la economía en más de 35%. Venezuela llega casi diez años después. No creo que haya que reflexionar mucho. Un país como Venezuela, que lleva tantos años en una crisis muy profunda, cuando prácticamente se ha desarticulado la columna vertebral de su economía, que ha sido el petróleo, no está en condiciones de ser soporte de algún otro país. No lo creo.
No obstante, repito, es una situación que se debe revisar y buscar alternativas. Lo que se puede hacer en lo interno, hacerlo; pero no podemos perder de vista que las reglas del juego que nosotros jugamos no son las que juega todo el mundo. Y que muchas veces las medidas tomadas ha sido por una situación inducida, y no ha quedado otro remedio que aplicarlas, por así decirlo.
Jesús Aise Sotolongo: Evidentemente, en la misma medida que se avanza, aumenta la temperatura. Yo parto de la convicción de que la autarquía no es una cualidad que caracteriza el desempeño de país alguno. Voy a poner un ejemplo. Es el caso de la República Popular Democrática de Corea, que aboga y preconiza la autosuficiencia, y sin embargo, cuando se desplomó el campo socialista y se desintegró la Unión Soviética, cayeron en lo que ellos mismos llamaron «marcha penosa». Ni siquiera período especial, sino marcha penosa lo nombraron; y que los obligó a hacer transformaciones internas, que aún están en marcha, relacionadas con su propio modelo económico, que es poco conocido.
Creo que si se va a analizar la dependencia desde el punto de vista conceptual, y no me voy a referir a Raúl Prebisch, ni a Theotonio dos Santos, sino al caso específico de nuestra forma de relacionarnos con países que tenían y tienen un nivel de desarrollo superior al de Cuba. Soy de los que piensan, en virtud de la verdad histórica, que nuestro país tuvo dependencia económica, pero había interdependencia política. Parto de eso. Teníamos la asistencia de la Unión Soviética en disimiles campos, pero estaba concentrada esencialmente en la economía. Porque el discurso político cubano, en un momento determinado, chocó frontalmente, incluso en escenarios específicos, como sucedió en el caso de Angola, con el accionar de la Unión Soviética.
Por tanto, creo que lo que existía era, en términos generales y conceptualmente, una interdependencia. Y había razones. Cuba le dio posicionamiento geopolítico a Rusia en América Latina, y legitimó allí, o ayudó a la legitimación —aun cuando se haya desintegrado luego— de la ideología socialista en un determinado momento.
Al caso de Venezuela no me voy a referir muy ampliamente. Solo quiero decir que, a pesar del descalabro económico que sufrió y sufre, y que ha llegado incluso a que la modalidad de intervención norteamericana se haya modificado con respecto a procesos anteriores, el apoyo que Cuba le brindó y le brinda en el discurso político-diplomático tiene, en mi opinión, tanto significado como el petróleo que nos enviaba. Esa también es mi opinión.
En tal sentido, me incluyo entre los que piensan que con la Unión Soviética y con Venezuela, fue una dependencia relativa. Y esa relatividad se circunscribe a que hay parte y parte en ella: un apoyo económico de ellos, pero también uno político y diplomático por nuestra parte. Fuimos un ente activo en muchos foros, en los cuales la voz de Cuba era bien oída y era a favor, precisamente, de esos dos países.
Voy a guiarme estrictamente por las preguntas. ¿Se están manejando eficazmente las relaciones, teniendo en cuenta el patrón de diversidad? En mi opinión, el manejo eficaz de las relaciones tiene una dimensión dual complementaria. De una parte, depende del desempeño interno que tengamos, y por otra, de la acción bilateral. En cuanto a lo primero, debe considerarse, y lo voy a decir clarito, crear un ambiente de negocios y una compatibilidad económica que sea creíble y asimilable. Crear confianza, conocimiento recíproco, fomento de predisposición y, sobre todo, garantía de beneficio mutuo. Dos ejemplos, ya que salieron a relucir: la experiencia ilustra que nuestros aliados no perciben que las relaciones económicas internas sean adecuadas, que faciliten el comercio y la inversión, ni que la estrategia es integral, dinámica y proactiva, que identifique nichos específicos de operación económica, comercial, financiera, científica y tecnológica. Segundo elemento: nuestros diplomáticos y empresarios no están lo suficientemente capacitados en cuanto a las particularidades de los mercados de nuestros socios y la estructura de negocios en esos países. Y tercero: no se invierte lo suficiente en la formación de expertos ni en un sistema integral de incentivos a los académicos —me voy a circunscribir a los que están dedicados a las relaciones internacionales—, que los motive a aportar una mejor comprensión de las dinámicas internas y externas de los aliados y formulen propuestas que sean más efectivas.
¿En qué medida se está evitando la concentración? Apreciamos que las visitas de nuestros dirigentes a diferentes regiones promueven acciones de cooperación, se encaminan a diversificar nuestras relaciones y disminuir los niveles de exposición. Sin embargo, dadas las insuficiencias mencionadas, los acuerdos alcanzados chocan frecuentemente con los intereses del empresariado de esos países, debido a la incertidumbre sobre eventuales riesgos comerciales e inversionistas. Las tensiones entre actores opuestos imponen una actuación pragmática y equilibrada, con un enfoque cuidadoso, promoviendo cooperación con todas las partes concernidas y protegiendo los intereses nacionales. Esta es una gestión difícil, una ejecutoria complicada, que requiere una alta capacidad de maniobra, ya que, en general, está mediatizada por factores políticos.
Rafael Hernández: Estamos llegando a las 3 de la tarde, y además de ser la hora en que mataron a Lola, es el momento en que al público le toca hacer preguntas y comentarios. En la sala, ahora que tenemos luz, que tenemos conexión a Internet, que estamos trasmitiendo en vivo el contenido de esta conversación, también tenemos a doce estudiantes recién llegados de los Estados Unidos, a quienes invitamos a que intervengan, pregunten y comenten. Yo solamente quisiera preguntar, desde mi posición de moderador, que en realidad es de provocador, lo siguiente: ¿Las relaciones de dependencia que teníamos con la Unión Soviética, o que pudimos tener con Venezuela, limitaron la política de Cuba?¿Contribuyeron a la política de Cuba hacia adentro? ¿En qué medida? ¿Eran relaciones, como las describe Jesús, donde funcionaba la interdependencia? ¿Los venezolanos nos daban petróleo y nosotros les mandábamos médicos —que son más caros que el petróleo, si se miden en términos de mercado, si se cotizan en la bolsa—, además de la contribución a mantener el respaldo al gobierno venezolano? ¿Alguien puede describir la política cubana, no solo hacia Angola, sino hacia América Latina, desde los años 60, como que seguía las pautas de dependencia de la Unión Soviética? ¿La política cubana se pensaba como dependiente, como se pensó bajo la colonia o bajo la república neocolonial? No se trata de hacer cosas que pudieran o no estar aprobadas por los Estados Unidos, sino de no hacer algo que pudiera no gustarles a los Estados Unidos. Esa dependencia política relacionada con la soberanía, ¿en qué medida estuvo presente en las otras dependencias? Le estamos llamando dependencia a tantas cosas.
En cualquier caso, me parece que los tres panelistas han puesto sobre la mesa un grupo de reflexiones puntuales, a las que yo solamente quiero agregar que en esta fase del debate estamos hablando de la situación y que las preguntas en relación con qué hacer, en las que ha entrado, de cierta manera, el compañero Jesús, las voy a adelantar antes de que el auditorio las haga, porque tengo la fantasía de que alguno va a empezar a preguntar qué hacer.
Estas son las preguntas que quiero adelantar: ¿Sería necesaria una política dirigida a incentivar a actores específicos, no solamente a los gobiernos, en este mundo enrarecido que se caracteriza por un alto grado de incertidumbre y del cual forma parte la política de los Estados Unidos? No en cualquier momento de la historia, sino con algo que se llama Donald Trump, quien le incorpora un factor de incertidumbre al que le hemos pasado por arriba. Hemos logrado hablar durante una hora sin referirnos a eso —lo cual me parece un mérito, pero tampoco hay que exagerar.
¿Existe una relación más cercana con algunos países —llamémosle alianza o como sea—, con Rusia, con Vietnam, con otros, como la que tenemos con México ahora? ¿No sería necesaria una política para incentivar actores específicos dentro de esos países, como los empresarios, a una mayor presencia en la Isla?
Hemos logrado hablar durante una hora acerca de cosas que tienen que ver con el desarrollo económico de Cuba y no hemos hablado de los emigrados cubanos. ¿Existe una política hacia los cubanos residentes en cualquier país? No para que empiecen a tener una relación económica con Cuba, porque ya la tienen hace tiempo. Esa es una pregunta sobre qué hacer.
Otra pregunta es si con los problemas que tenemos con la energía, y que hemos vivido a lo largo de este debate —que se va la luz, que vuelve la luz—,no sería necesaria una política cubana para atraer inversión extranjera a sectores que tienen que ver con la infraestructura. No es lo mismo atraerla para el turismo que para cosas tales como energía, carreteras, agricultura. Quítenlas y piensen si serían suficientes los recursos de que podría disponer Cuba para financiar su ejecución independientemente de otros temas como el patrón energético. Atraer inversión a sectores de la infraestructura es más complicado que para los de alta respuesta, como es el caso del turismo. Se requeriría cambios que no son simplemente los que tienen que ver con la asociación.
El público tiene la palabra.
Harold Ramírez: Coincido en que hay una dependencia histórica. En gran medida, tal vez nuestras alianzas nos han forjado de manera más profunda ese temor a cuán sustentable puede ser un país dependiente como el nuestro. Mi pregunta va a ser un poco fatalista. ¿Hay posibilidad de salir de la dependencia? Si no la hay, ¿a qué está sujeta? ¿A ser un país pequeño? ¿Acaso no hay países más pequeños que tienen independencia económica y cultural? No me atrevo a hablar de política porque la desconozco. ¿Se debe a que fuimos una capitanía y sufrimos un proceso de colonización? Si es posible, ¿qué debemos hacer para salir de la dependencia? Lo hago porque pareciera que es imposible para Cuba y para el Caribe en general.
Este temor y estas reflexiones no son privativas de este siglo. Desde la propia concepción de nuestra nación ya se hablaba de cómo salir de la dependencia. De hecho, si nosotros, al menos en gran parte de Cuba, excepto Santiago y Guantánamo, nos sentimos más latinoamericanos que caribeños, se lo debemos en parte a Martí, que no quería que Cuba fuera del Caribe, porque lo que veía era territorios de ultramar, colonias, islas que no habían alcanzado la independencia. Al contrario de América Latina, que había librado muchos procesos independentistas. Entonces, ¿es posible que Cuba pueda librarse de la dependencia?
Rafael Hernández: Gracias. No estoy muy seguro que todos los aquí presentes coincidan con que Martí pensaba de esa manera en relación con Cuba, Latinoamérica y el Caribe, pero este es un foro de libre expresión.
Rafael Betancourt: La dependencia es un cuchillo de doble filo. Por un lado, fue impuesta en los casos de España y de los Estados Unidos, y por otro, no nos quedó otro remedio en el de la Unión Soviética; pero, de cierto modo, la dirección del país escogió la dependencia con Venezuela. Porque el otro filo es que eso impidió procesos de cambio que hubieran sido inevitables. La presencia en Cuba de la URSS evitó que Cuba evolucionara fuera de ese marco ideológico y político y nos encasilló en una forma de ejercer el poder y la economía semejante a la que tenía el bloque socialista. Con respecto a Venezuela, ya habíamos comenzado un proceso de independencia o más bien de evolución económica, de descentralización, y escoger la dependencia a Venezuela significó la recentralización y de nuevo una forma de concentrar el poder y la economía en el Estado.
Ahora no tenemos dependencia, pero tampoco tenemos cambios. No hay un proceso realmente profundo de transformaciones porque todo eso nos ha frenado. Mi pregunta es ¿hasta qué punto podemos reestructurar las relaciones internacionales —por ejemplo, con los BRICS o con algunos de sus países, como China y Rusia— sin un proceso de transformación económica, de descentralización y de potenciación del sector privado? Porque lo que Rafael decía de cómo atraer la inversión a la agricultura no puede ser sin el sector privado porque la agricultura cubana está en manos de campesinos, agrupados en pseudocooperativas, pero son dueños de sus tierras, y como eso hay muchos sectores en Cuba donde la ley no permite inversiones extranjeras, y regulaciones sobre qué actividades pueden realizar los actores privados impiden que se realicen muchas de las que serían atractivas para la inversión foránea. Entonces, ahora estamos en una disyuntiva: no tenemos dependencia pero no hemos realizado las transformaciones que nos permitan reestructurar nuestra economía a partir de la realidad del mundo de hoy.
Omar Everleny: Algunas de las cosas que iba a decir ya las planteó Betancourt. Voy a agregar solo que tampoco puede haber inversión a de los cubanos que viven fuera porque las propias leyes que existen hoy lo impiden. Para poner un ejemplo de cuántas cosas hay que cambiar internamente: si alguien interesado no tiene residencia en Cuba al menos por seis meses no puede fundar una mipyme. Otra de las cosas: si no se logra tener credibilidad bancaria, no va a llegar más inversión extranjera a Cuba. Lo digo porque todo el que invierte en Cuba además de una voluntad solidaria, viene buscando utilidades, ganancias, y si después de diez años no se las dejan sacar o se las congelan, eso es un elemento importante para que otro no venga a invertir. Ninguno de los que han invertido en El Mariel ha podido sacar sus utilidades. Hay empresas allí que tienen 40 millones de dólares congelados. Y no estamos hablando de infraestructura donde la recuperación es a más largo plazo.
Pero hay variantes BOT. Se le paga a una empresa extranjera hasta que logre recuperar su inversión, la opera cinco años más y después va a ganar 5% de las utilidades anuales”. Eso se hizo con una empresa panameña en la Isla de la Juventud y dio muy buenos resultados; pero lo que hay es que pagar. Entonces, es un círculo vicioso: ¿cómo vamos a pagar si no tenemos ingresos?
También se crea la idea de que a Cuba no llega petróleo. No llega porque no tiene dinero; si tuviera divisas lo compraría, por ejemplo, en Trinidad y Tobago y no habría problema ni con México ni con Venezuela. Nos unimos a Venezuela porque allí podíamos colocar treinta mil médicos, que no lo hubiéramos podido hacer en otro mercado. Y hay mucha confusión. Cuba tiene superávit con Venezuela; nos daba petróleo porque no tenía dinero para pagarlo la otra parte, que aún no nos la ha pagado, la tiene en estado de cuentas.
Y para terminar con el tema de la dependencia: país más dependiente que Japón no existe. Depende 100% de materias primas importadas, pero después las convierte en exportaciones. No se trata de traer acero, es que después tienes que hacer una maquinaria. Cuba siempre ha tenido el consumo en la estructura de las importaciones, no bienes de capital. Entonces, hay que hacer un cambio estructural, una reforma integral, porque no vamos a salir del lugar en que estamos si no se hace una reforma estructural profunda de la economía.
Lourdes Regueiro: Agradezco muchísimo al panel, que ha planteado ideas muy sugerentes y hasta osadas para cómo nos manejamos cotidianamente. En un país como Cuba, la dependencia, en estos términos, tiene que ser prácticamente normal porque la asimetría económica es tan grande que implica una relación diferente. Me voy a arriesgar a dar una definición de dependencia que no es mía, es de un documento de Naciones Unidas: dice que tiene lugar cuando el costo de salir de una relación es mayor para una parte que para la otra.
Nosotros hemos construido relaciones económicas a partir de certezas político-ideológicas de un momento. Eso nos diferencia del resto de los países porque hemos mantenido independencia política. La Unión Soviética no coincidía con la lucha armada en América Latina y Cuba mantuvo el apoyo a movimientos guerrilleros en América Latina todo el tiempo. Angola fue otro ejemplo, Aise lo mencionaba, pero menciono uno que hoy podría tener peso: cuando se llamaba a la construcción de un nuevo orden económico internacional, la Unión Soviética no apoyaba ese llamado que hacían los países del Tercer mundo, porque ellos no tenían nada que ver con lo que había pasado con las relaciones coloniales, etc., y por tanto no lo aceptaban así. Creo que eso diferencia la dependencia de Cuba de la de otros países. A nosotros nos ha servido para mantener una independencia política que está fuera de cuestionamiento.
Ahora bien, cuando nos relacionábamos con la Unión Soviética y con todos los países del campo socialista, nuestra contraparte eran los gobiernos. Hoy nuestra contraparte es un sector empresarial que no es gubernamental, incluso puede ser hasta antigubernamental.
En la época de la Guerra Fría teñíamos un activo estratégico, la posición geográfica de Cuba, que contribuyó a la paridad estratégica de la Unión Soviética con los Estados Unidos. ¿Hoy, qué activo estratégico tenemos para con Rusia o China, que permita que nos den un tratamiento preferencial? Ahora se le dice «beneficio compartido», pero nada, hemos pasado de la preferencialidad a la reciprocidad pura y dura.
Carlos Alzugaray: Quiero referirme a algo que no es producto del estudio, es más bien de la experiencia y de la vivencia. Algunos saben estuve treinta y cinco años en la diplomacia cubana y tuve la suerte de trabajar con personas que fueron los creadores de la diplomacia cubana, junto a Fidel.
Cuando, por cuestiones de salud, Fidel deja sus cargos en al gobierno y el Partido, escribí algo que más o menos decía que en la política exterior de Cuba, Fidel fue un valor, un activo sumamente importante para nuestras relaciones con las grandes potencias, y con las medias. Manejó las relaciones con la Unión Soviética espectacularmente, a pesar de los muchos conflictos que hubo. También tuvo a su lado a una persona muy inteligente , que fue Carlos Rafael Rodríguez. Es decir, con ese manejo de la diplomacia, Cuba se convirtió —yo lo viví, nadie me lo contó— en el interlocutor válido para un montón de temas. Yo recuerdo haber estado en países donde los diplomáticos acudían a ver al embajador cubano para pedirle consejos sobre alguna decisión que debían tomar Eso se comprobó en decenas de casos. Por ejemplo, cuando el conflicto de Irán-Irak estuvo a punto de hacer reventar por los aires al Movimiento de Países no Alineados y el trabajo in situ de la diplomacia cubana, fue un activo fundamental para salvar la cumbre.
Todo eso, y más, demostró la capacidad que tuvo Cuba de moverse diplomáticamente, y de alguna manera compensó la falta de independencia económica.
Mi pregunta para los tres panelistas: Algunos países dicen que Cuba tiene que ayudarlos a ayudarla. ¿Qué tipo de ayuda creen ustedes que le están solicitando a Cuba? ¿Acaso insinúan que desde el lado cubano no haya esa capacidad? No estoy hablando de diplomacia, estoy hablando de economía.
Karlo Fabio Pérez García: Soy estudiante de Medicina y les traigo una pregunta un poco más de barrio; no soy tan intelectual. En estos momentos, los jóvenes tenemos mucho acceso a las redes sociales y ahí nos llegan tantas noticias y tanta información que es difícil a veces procesar. Pero últimamente, como decía Oliver, ha resurgido este temor al socialismo, al comunismo, que se hace eco en todas las redes sociales, y se habla mucho a los jóvenes de que el comunismo es malo, el socialismo es malo, y de eso se divaga mucho en las redes sociales. Entre las razones que utilizan está algo muy relacionado con las relaciones exteriores de Cuba. Incluso Marco Rubio, Donald Trump y otros gobiernos de derecha, como el de Javier Milei, han hecho referencia a que Cuba ha participado, que es como apoyar, en foros de movimientos de izquierda y de guerrillas, para justificar que Cuba es un Estado terrorista que se ha mantenido creando inestabilidad en la región.
Mi pregunta es la siguiente, ¿cómo afecta este fantasma de una Cuba agresiva hacia los países de la región a la política exterior de Cuba? Porque lo que llega a las redes sociales está muy parcializado, como que por eso nadie quiere tener relaciones con Cuba, porque es un país inestable, que socava el orden de sus vecinos. ¿Cuán real es eso en la política exterior actual?
Rafael Hernández: ¿Alguien más quiere hacer alguna pregunta?
Antonio Raudilio Martín: Muy sencillo, alguien mencionó sobre las inversiones de China y me acordé qué yo me escribo con un dominicano que quiere más a Cuba que a su país. Por lo tanto, todo lo que pasa en Cuba para él es obsesionante. Y me dijo, hace unos meses, que no entiende por qué China no tiene inversiones en Cuba y sí las tiene en República Dominicana, en Perú, etc. Imagínense qué trabajo contestarle a ese dominicano tan cubano. No lo hice.
Marco Ríos: (Estudiante estadounidense) Mi pregunta es un poco más general. No puedo hablar de detalles porque no vivo aquí. Pero cuando pienso en la decisión de los Estados Unidos de invadir Cuba, creo que es un paso hacia atrás. O sea, un neomonarquismo, como han dicho, un énfasis en cortar el petróleo en vez de ofrecer energía limpia y nueva, y un modo de geopolítica y diplomacia anticuada. Estamos en una etapa que me recuerda a la ciudad de Venecia, como metáfora. Una ciudad antigua y a punto de hundirse, pero también una ciudad que ahora, con eventos como la Bienal está en la frontera de una infraestructura innovadora, o sea, usa el arte y la arquitectura como un vehículo para innovar.
Mi pregunta es si Cuba debería ser pragmática, enfocándose en los detalles de los sistemas que ya existen, o si debe ser, como ha sido en otros momentos, innovadora, visionaria, como ha sido con la medicina y el arte y la música, y tratar de crear nuevos sistemas. Y cómo sería posible eso cuando en estos momentos está aislada en la geopolítica por los Estados Unidos, y no tiene acceso al sistema bancario internacional.
Rafael Hernández: Gracias. Yo pasé por alto una pregunta que estaba relacionada con «dónde estamos», antes de pasar a «qué hacer». Quiero empezar por darles la palabra a los panelistas para que la respondan. No es sobre la dependencia, sino sobre el multilateralismo. Este concepto tiene que ver con una diversidad de facetas de política exterior que son precisamente la alternativa, lo diferente a la dependencia; es la capacidad de poder generar relaciones que pueden limitarse a una región o expandirse a más de una región. En un contexto donde el multilateralismo enfrenta grandes desafíos en el sistema internacional, ¿cómo se han movido la agenda y los intereses de Cuba a nivel multilateral?
Solamente Rafael Betancourt preguntó por los BRICS. Y estamos en varios foros multilaterales, en CELAC, en la Asociación de Estados del Caribe, Estamos hasta en la Unión Económica Euroasiática. Fíjense lo lejos que estamos de Eurasia. Hay alianzas Sur-Sur que no son de ahora, sino de los años 60. Acaba de haber una conferencia en La Habana sobre la Tricontinental, de cuando Cuba tenía una política que no pasaba precisamente por la Unión Soviética ni por China. ¿Está depositando sus prioridades en esas relaciones multilaterales, o en alguna de ellas? ¿Qué mecanismos de cooperación Sur-Sur han resultado más efectivos en las relaciones exteriores de Cuba en los últimos años? Quisiera volver a esa pregunta, que los tres pidieron contestar.
Juan A. Triana: Primero, le respondo a Alzugaray: es verdad que Fidel fue un activo espectacular en la política exterior, pero no está hace diez años. Entonces, o nos adaptamos a eso y evolucionamos, o vamos a pasar mucho trabajo.
Respondiéndole a Lourdes, es verdad que la independencia política la logramos mantener con Fidel, con Raúl y en actualidad con el presidente Díaz-Canel. Pero la dependencia económica siempre ha existido, y no logramos transformar los beneficios de esos socios externos en fortalezas internas. Y es verdad que nuestras relaciones hoy no son tanto con esos gobiernos como con el empresariado de esos países, algunos progobierno, otros no, por tanto tenemos que aprender a negociar, o en las circunstancias actuales, una vez más, no vamos a lograr avanzar. Y en la actualidad no se negocia de la misma manera que en los 80, y los 90.
A Omar, tan categórico como él siempre es, no le respondo porque las preguntas que vienen a continuación responden un poco a lo que él decía. Me enfoco en lo que dijo el joven Karlo. Desgraciadamente, la prensa, yo diría más que los medios de comunicación, hoy no dan noticias; crean contenido absolutamente intencionado. Y a las redes llegan muchas cosas. Entonces, depende de la capacidad crítica y analítica de las personas saber lo que está sucediendo. Se debe ir a los medios oficiales, a los más reconocidos, y sobre todo se deben contrastar las noticias que vienen de ambos polos.
Cuba nunca ha sido un país terrorista. El hecho de que tenga intereses de un tipo o de otro no quiere decir que lo sea. Todos los países tienen intereses en la región y en otros lugares del mundo. Por lo tanto, lo importante es ser crítico, y saber lo que se lee, saber dónde se busca la información.
La pregunta que hacía Rafael al inicio, relacionado con lo que Omar hablaba, es verdad que existen relaciones comerciales con Rusia, con China, con Vietnam. Desde hace poco, este último está invirtiendo en cinco mil hectáreas de arroz, y va muy bien, independientemente de que en Cubadebate un titular diga «Cuba entrega tierras a Vietnam», una cosa absolutamente fuera de lugar, sobre todo con la historia que tenemos respecto a entregar tierras a otros países.
Creo que el problema no es la ley de inversión extranjera, aunque puede ser muy mejorable, más allá de lo que el viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior hablaba, hace un par de meses en la Feria Internacional de La Habana, sobre la flexibilización de algunos aspectos referentes a ella. Incluso la inversión en el sector privado está contemplada en el cuerpo de la ley. Lamentablemente, las medidas complementarias, es decir, la manera de implementar eso, es lo que no está escrito y duerme el sueño eterno. A eso tendremos que dedicarnos. El problema es que hay que hacer lo que dice la ley de inversión extranjera, y hay que terminar de completar esas normas complementarias y seguirlas, cerrando, por una parte, el espacio a la absoluta discrecionalidad que hay, y por otra, realizando los ajustes internos estructurales que necesita este país, para lograr que los potenciales inversionistas perciban certidumbre y seguridad. Y eso pasa por el orden monetario, por el cambiario, y por el saneamiento financiero. Ahí va todo el reordenamiento bancario, ahí va el rol del deber ser y del Estado de derecho, que en economía es muy importante, y que por desgracia, hasta hoy abre espacios tan amplios a la discrecionalidad, que no permiten avanzar, y que, al contrario, emiten señales de muy poca certeza y absoluto riesgo sobre un país que ya es riesgoso para la inversión, y que hace a los inversionistas temerosos de invertir en Cuba.
Hablamos mucho de una Ley de inversión extranjera y nada de la nacional. La extranjera es muy importante, por supuesto, pero se ha apostado mucho por el gran inversionista, el que coloque miles de millones en Cuba, y no por muchos que inviertan lo que puedan. Pero también está la inversión nacional, no solo desde el Estado, sino desde el sector privado cubano, y eso es algo muy importante, porque hay cubanos deseosos de invertir en muchas áreas productivas, y que saben hacerlo, que saben de negocios, y cubanos que, incluso en un ecosistema tan complejo como el de nuestro tejido empresarial y comercio exterior, invierten, producen, exportan y son exitosos.
Entonces, ¿por qué no tenemos una ley de inversión que los incluya, que compatibilice esa inversión entre los extranjeros y los nacionales cubanos? Eso es algo que hoy está ausente, y que pasa necesariamente por una visión mucho más sistémica y holística de lo que son el mecanismo económico y la política económica, y los objetivos de estrategia económica que debería tener Cuba en el inmediato, corto y mediano plazo, sea hacia esos sectores de infraestructura electroenergética, agricultura, transporte, etc.
Por último, respondiendo a Harold. Vamos a seguir siendo dependientes; ojalá dependamos cada vez menos del exterior, y cada vez menos de un único país; ojalá logremos diversificarnos en todos los sentidos. ¿Qué hace falta para eso? Muy rápido, sencillo, y breve: voluntad política. Lo que hay que hacer para lograrlo hace muchos años que se ha dicho. El Centro de Estudios de la Economía Cubana tiene investigaciones de hace más de treinta años —Omar, que fue director del centro, lo sabe—, y eso está escrito, y continuamos escribiendo sobre lo que hay que hacer. Por lo tanto, no es solo oír, sino saber escuchar, y voluntad política para hacerlo, por una parte. Por otra, hace falta dos co…razones muy grandes para asumir el riesgo político y social que llevan esos cambios, y ese costo es muy alto.
Oliver Zamora Oria: A ver si logro ser coherente al responder algunas de las preguntas. Sobre el tema de la dependencia: la diversificación de las relaciones comerciales debe ser una aspiración, por supuesto, de todo país; mientras más abierto al mundo esté, mejor, ¿pero quién no es dependiente? Quítale los Estados Unidos a México; quítale China a Rusia, incluso en el contexto actual, quítale China a varios países de América Latina, para que veas qué pasa. Hace pocos meses estábamos hablando en los medios de la guerra de aranceles, y todo el mundo erizado, muchas fuerzas políticas, muchos gobiernos ya estaban augurando un desastre total. Quiere decir que la dependencia, en un mundo tan globalizado, casi es una condición de la que no puede escapar nadie.
Ahora bien, ¿qué pasa con esa dependencia? Es como me dijo una vez una experta —cuando hace tiempo yo trataba de empezar a entender estas cuestiones económicas— con respecto a la deuda externa de los países: no es malo estar endeudado, lo malo es no tener respuesta, capacidad de manejo, de la deuda. Y en cuanto a la interdependencia pienso lo mismo que decía magistralmente esa señora tan inteligente, la doctora Lourdes. Entonces, creo que de alguna manera responde la pregunta.
Con respecto a los nuevos foros internacionales, pienso que hay que desagregarlos. Nuestro problema no es de relaciones políticas o diplomáticas. Es de relaciones internacionales económicas, esencialmente. Son dos cuestiones que hay que separar. ¿En cuántos foros internacionales estamos? ¿Con cuántos países tenemos alianzas? ¿Con cuántos tenemos diálogo? Sin embargo, en las cuestiones económicas es donde se presentan los mayores desafíos.
Hay muchas estructuras a las que pertenecemos que, de una u otra manera, nos abren puertas, pero que depende de muchas cosas. En el caso de los BRICS, por ejemplo, depende de cuánto se puedan consolidar como lo que pretenden ser. Para un país como Cuba, que está tan desconectado del sistema financiero internacional, contar, desde su condición de país socio, con la ayuda del Nuevo Banco de Desarrollo, de los BRICS sería, sin duda, beneficioso. Si se comienza a entretejer esas relaciones entre países de pleno derecho, o sea, miembros, con los países socios, y los observadores, sin duda sería una oportunidad para Cuba. Pertenecemos también, como país observador, a la Unión Económica Euroasiática, y uno se pregunta: ¿qué hace Cuba ahí? Bueno, hay oportunidades, incluso empresariales. Es interesante lo que está haciendo BioCubaFarma, por ejemplo, estableciendo alianzas, empresas mixtas, no sé en qué categoría, con muchos países que pertenecen a esa Unión Euroasiática, y ya es una entrada a ese mercado en el tema de los medicamentos. Sin duda se presentan oportunidades que tenemos que saber aprovechar con gestiones y mecanismos adecuados.
En cuanto a las inversiones extranjeras, tenemos que tomar en cuenta tres elementos: las condiciones internas de sus países, su situación empresarial, y qué pueden propiciar en Cuba. Porque aunque podamos recibir inversiones de muchos países con los que no tengamos una buena relación a nivel de gobierno —algo que está demostrado que puede ser—, es un hecho que siempre las buenas relaciones políticas lo facilitan. Pero, por ejemplo, en el caso de Rusia, con toda esta situación de guerra, han tomado la decisión de fijar una tasa de interés alta. Y eso, de alguna manera, afecta a todo aquel que quiera invertir fuera del país, a la hora de pedir un préstamo. En la última visita que hizo el presidente Díaz-Canel, se acordó un fondo de mil millones para poder amortiguar ese daño, en beneficio de aquellas empresas que quisieran invertir aquí, pero todavía no se ha implementado, no se ha podido. Eso choca también con nuestros problemas internos, obviamente estructurales y marca los cambios que hay que hacer en la economía. Porque hay muchos de esos proyectos que llegaron a un punto de avance importante, y momentos en que la lista de ellos era grande, con muy buenos esquemas, y no se han podido implementar, según algunos comentarios que he escuchado, por problemas simples, como traducir un documento. Esto, realmente, es una cuestión preocupante.
Tampoco podemos obviar las condiciones a las que estamos sometidos, pero hay muchos países amigos donde no hemos tenido ni siquiera la capacidad de poderle pagar a nuestros diplomáticos. Porque van mirando hacia dónde va el viento. Hay mucha interdependencia también. Entonces, hay una serie de factores que coinciden y que marcan los propósitos en cuanto a cuestiones de inversión extranjera. Aunque, repito, hay que comenzar haciendo las transformaciones necesarias en el país.
Con respecto a lo que sale en las redes sociales, ese no es el debate político en el poder real, ni son los argumentos que se toman en cuenta para la toma de decisiones a nivel de gobierno. Más bien es el reflejo de algunos argumentos o pretextos que se echan a rodar para justificar una política o una posición, para los ataques políticos. El gobierno de los Estados Unidos está súper consciente de que Cuba no es un país terrorista. Ellos no se lo creen. Ni se creen muchas de las matrices ni de los criterios que vierten a la opinión pública para justificar su política. Eso está más que claro. Existe la información de inteligencia, ¿quién va a estar más claro que ellos? Pero eso es otro debate y no voy a traerlo ahora a colación.
Jesús Aise Sotolongo: Para ser concreto, me voy a referir solamente a dos cosas: a los BRICS y a la pregunta de por qué los chinos no invierten aquí.
Un análisis detallado de los documentos normativos de los BRICS lleva a la conclusión de que Cuba se incorpore a obtener beneficios en un proceso a largo plazo. A mí no me gusta poner ejemplos, pero voy a dar una señal. La divisa de los BRICS, es decir, su accionar principal, que se refleja en la actividad del Nuevo Banco de Desarrollo es la desdolarización y el uso de las monedas locales para la inversión y el comercio. ¿Con qué moneda local nosotros vamos a crear paridades que nos garanticen atractividad por parte de los inversionistas de países que hoy ya son poderes regionales y mundiales? Hubo un festinado que dijo: «¿Y por qué no cogemos los yuanes chinos y los asumimos como si fuera la moneda nacional para hacer operaciones internacionales, en vez del peso cubano?». Además, el hecho de la actual dolarización parcial contradice el accionar del Nuevo Banco de Desarrollo.
Segundo, los BRICS funcionan con fondos. La incorporación exige hacer un aporte monetario. Y hay una cláusula que dice que este debe estar en correspondencia con el desempeño económico que tiene el país. El que menos ha aportado de todos fue Bangladesh, y fue de 51 millones de dólares. Y el beneficio que se puede obtener a partir de la inversión en infraestructura está en correspondencia, según la Junta de Gobernadores, con el aporte que haya hecho el país, más un porciento. Ahí estamos liquidados.
Otro elemento que tiene que ver también con el Banco. Como se habla de que el nuevo banco de los BRICS es una alternativa a los organismos financieros internacionales surgidos en Breton Woods, existe la concepción de que va a cumplir la misma función que cumple el FMI: hacer paquetes de salvataje. Para eso hay una estructura con la que todavía nadie dentro de los BRICS se ha puesto de acuerdo, que es el Fondo de Reserva de Contingencia. Y ahora tienen como presidenta a la India, que es el primer miembro que se niega a que exista. Eso tiene un trasfondo, la crisis del 98 en Asia, y el papel del fondo de salvataje del FMI. Además, entre los economistas de los países miembros se instituye la diferencia de pensamiento, como hace el ministro de Finanzas ruso, que aboga por el vamos a hacer y queremos hacer y vamos a apoyar, sin embargo, en momentos determinados ha dicho «sálvese quien pueda», aquí entra solamente el que funcione. También hay que tener en cuenta que Cuba entró como país socio y esa denominación fue por iniciativa de Serguei Lavrov, para no dejarla fuera. Porque si se mira el listado de países que son socios y economías que están en pleno funcionamiento y que ya están planteando posibilidades de incorporarse —algunos ya se han incorporado— al banco de los BRICS, el caso Cuba es excepcional. Es decir, que el tema es complicado. Puedo decir algunas cosas más, pero no tenemos tiempo.
Acerca de lo que se dijo referido a por qué los chinos no invierten en Cuba, no sé si esta anécdota puede entenderse. Costa Rica no tenía relaciones con la República Popular China, sino con Taiwán, del que decidió separarse en el año 2007 y tener relaciones con China continental. Cuando se empezó a manejar el foro China-CELAC, los chinos promovieron a Costa Rica, después de haberle dado la respetable suma de 27 000 millones de dólares para el desarrollo infraestructural, dinamizar la industria nacional y modernizar el país.
Así proceden con otros países de América Latina y en Cuba no lo hacen. ¿Por qué? Porque es una relación de causa-efecto. Primero, algo que decía Alzugaray, el problema es que allá los que gobiernan no son los bancos. La actividad empresarial allí tiene una profunda autonomía y su relación es directa con los bancos. Siendo así, la deuda contraída con Cuba, con una empresa, se refleja en su cuenta bancaria; el banco paraliza el crédito; al paralizarlo, la junta de accionistas le exige a la junta directiva; esta no la puede solucionar y la cambian. Eso crea pánico en China, las relaciones comerciales con Cuba crean pánico en China.
¿Qué pasó con los seguros? Sinosure —agencia de crédito a la exportación oficial de China, de propiedad estatal— dejó de asegurarnos, hoy estamos comprando en China sin seguro al comercio, porque no pagamos. Esa es una. Segunda —y todos los caminos van a parar, como se dice, a Roma—, el problema consiste en que mientras los chinos no vean que haya credibilidad y oportunidades en la economía cubana a partir de un modelo económico que sea compatible —hay a quien no le gusta esto, en el CIPI tenemos gente a la que no le gusta; pero son los que tienen pasión por China y piensan que es buena, que ofrece oportunidades compartidas—, y eso no funciona, si no ven oportunidades en Cuba, no invierten. Y no es porque tenga recursos naturales, porque tenga níquel —ya Cuba prácticamente no le vende níquel a China. Por eso es que los chinos no invierten en Cuba, y ha habido amenazas, por parte de lo poquito que hay inversión china aquí, de retirarse.
Juan Alejandro Triana: No solo de irse, sino de demandar al gobierno cubano.
Jesús Aise Sotolongo: Bueno, yo no quise llegar allá, pero dilo tú que eres del Centro de la Economía Cubana.
Juan Alejandro Triana: Para responderle al amigo de Raudilio, en realidad los chinos invierten; es decir, no los contabilizamos como parte de la inversión que viene a través del Estado cubano, pero hay empresas chinas privadas en Cuba, que venden millones de dólares al año, algunas más de diez millones de dólares. Entonces ahí hay un contraste interesante que no tiene que ver con la forma de propiedad, sino con la manera en que se gestionan y se negocian los acuerdos, que es una parte de la respuesta y es una parte de la experiencia y de la enseñanza que todavía no se concreta en Cuba, diría yo.
Rafael Hernández: Hemos llegado al final de este panel. En dos horas es imposible tratar un tema que valga la pena, y encontrar respuestas simples a todas las preguntas. Aspiramos a que la diferencia entre antes y después del panel es que entendamos mejor la complejidad, los matices, los factores y las causas de los problemas, aunque no tengamos respuestas para ellos. Poder entender un problema es un paso de avance en el conocimiento y si algo de lo que dijeron los panelistas pudo hacer que se miren esos problemas de otra manera, el debate habrá tenido propósito cumplido. En esa medida en que podamos pensar con la complejidad y con la cantidad de elementos que inciden en el problema.
Reitero que ha sido muy satisfactorio que hayamos podido hablar de la política exterior de Cuba y sus desafíos sin dedicarnos obsesivamente a hablar de qué tiene en la cabeza Donald Trump, tema sobre el cual en las redes se podrá encontrar millones de consideraciones y deducciones pronósticos y amenazas. No digo que no sea una amenaza tener ahí a Donald Trump y a los Estados Unidos, pero van a seguir estando ahí y ha habido momentos en que hemos estado un poco más amenazados que ahora.
Quiero agradecer a los tres panelistas, que le han pasado el guante a la cantidad de batazos colocados en este campo de pelota. Hemos tenido cuarenta y cinco personas, de diferentes edades, entre los que están aquí y los que nos siguen por Telegram. Agradecemos a los estudiantes que, como decía Rainer, le han bajado el promedio de edad a este auditorio; muchas gracias por venir. Agradezco muy especialmente a las ocho personas que intervinieron, por todo lo que dijeron y los ángulos diferentes que presentaron.
Muchas gracias a todos por este tiempo con nosotros, en esta tarde tan gélida.
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