lunes, 25-05-2026
Escritor y ensayista. Embajador retirado del Servicio Exterior Cubano. Estudió en las universidades de Joichi Daigaku (Tokio, Japón), y de La Habana (UH). Licenciado en Diplomacia (1965) y en Historia (1988), Máster en Historia Contemporánea (1997) y Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales (1999), todos por la UH. Laboró durante 35 años (1961-1996) en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Representó a Cuba en Japón, Bulgaria, Argentina, Canadá, Etiopía, Bélgica, y Luxemburgo. Fue Asesor del Ministro para Asuntos Políticos Globales, Observador de las Naciones Unidas en Sudáfrica y Jefe de la Misión de Cuba ante la Unión Europea. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) de Cuba (1982-2007) y de la UH (2007-2012). Asimismo, ha sido profesor e investigador invitado en México, España, Italia, Canadá y Estados Unidos. Ha publicado tres libros y más de un centenar de artículos, ensayos, capítulos de libros y blogs sobre relaciones internacionales. Miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) (2002-2008). Actualmente es miembro de la UNEAC y Co Presidente de la Sección Cuba de la Asociación de Estudios Latinoamericanos. Miembro del Consejo Asesor de Temas.
El propósito de este panel es dar continuidad a la discusión iniciada desde el primer número de Temas sobre la situación de esas disciplinas en nuestro país, y servir de vaso comunicante entre campos que, por causas de diversa índole, se mantienen compartimentados, en perjuicio del desarrollo del pensamiento social y de la cultura en general. Se propone aquí una indagación sobre los avances y carencias de las ciencias sociales y las humanidades en Cuba en los últimos diez años.
Revista Temas: 9. Sección
Este trabajo está basado en el libro Crónica de un fracaso imperial: la política de la administración Eisenhower hacia Cuba en 1958 y el derrocamiento de la dictadura de Batista, que resultó finalista en el Concurso Casa de las Américas de 1998 (Categoría Ensayo) y está en proceso de edición por la Editorial de Ciencias Sociales. En su preparación el autor se basó en la reciente publicación de varias colecciones de documentos norteamericanos desclasificados, entre ellos el tomo correspondiente a las relaciones con Cuba entre 1958 y 1960, publicado por el Departamento de Estado en 1991.
Revista Temas: 16-17. Sección
Este panel —compuesto por una economista, un médico emigrado, un exdiplomático y un historiador— reflexiona sobre los acontecimientos que caracterizaron singularmente el año 1960 en Cuba, el conflicto social y político que se vivía y la naturaleza del proceso y de los acontecimientos. ¿Por qué se pudo llegar tan rápidamente a un punto en el que la radicalización del conflicto ya no tenía retorno? ¿Cómo y cuándo se alcanzó este punto? ¿Quiénes eran los revolucionarios? ¿Compartían las mismas ideas? ¿En qué medida estas creaban una ideología revolucionaria o cercana al socialismo? ¿Qué era para ellos el socialismo? ¿Quiénes se oponían a la Revolución? ¿Se identificaban con los Estados Unidos? ¿Qué significaba el anticomunismo? ¿En qué medida eran inevitables la velocidad y la polarización extrema que alcanzó el proceso en el transcurso de ese año? ¿Pudo haber sido diferente el cambio? ¿Menos rápido y polarizado? ¿Qué alternativas podrían haber ocurrido en esta historia?
Revista Temas: 117. Sección
(Mención en Premio Temas de Ensayo 2008, en la modalidad de Ciencias sociales) “El 24 de febrero de 2008 se abrió una etapa ignota en la historia cubana reciente, en la que Fidel Castro ha dejado de ser el jefe del Estado por primera vez desde febrero de 1959. No puede negarse que en el momento histórico que viven los cubanos se abren perspectivas de cambios inevitables, con el consiguiente efecto de incertidumbre que los acompaña. El presente ensayo es un intento de meditar acerca de la continuidad y el cambio político y su significado. No se pretende sentar cátedra ni indicar caminos inevitables. Tampoco se aspira a proponer alternativas terminadas; el tema, por sí mismo, obliga a consideraciones abiertas al diálogo, al debate y a la deliberación.”
Revista Temas: 60. Sección
La hipótesis del presente trabajo es que, en relación con los asuntos de seguridad entre Cuba y los Estados Unidos, existen varias condiciones que hacen sumamente difícil avanzar, y que el desarrollo futuro de sus vínculos requerirá de mucha paciencia y voluntad política no solo por parte de ambos gobiernos, sino de otros sujetos sociales que puedan contribuir a la normalización, lo cual no significa necesariamente la desaparición de áreas de conflicto agudo.
Revista Temas: 62-63. Sección
Reseña crítica de The Cuba Wars: Fidel Castro, the United States and the Next Revolution, de Daniel P. Erikson (Bloomsbury Press, Nueva York, 2008).
Revista Temas: 67. Sección
El texto recoge un panel interdisciplinario sobre el concepto de seguridad nacional en Cuba, abordado desde perspectivas políticas, sociales, económicas, ambientales y de salud. A lo largo del debate, se cuestiona la visión tradicional reducida a lo militar, proponiendo una concepción amplia que incluye dimensiones como la soberanía alimentaria, la salud pública, el medio ambiente, la información y la participación ciudadana. Según se plantea en las primeras intervenciones (págs. 90-92), la seguridad nacional implica la capacidad del país para funcionar con normalidad, integrando factores estructurales y cotidianos de la vida social. El panel destaca problemáticas clave como la desigualdad social, la emigración, el envejecimiento poblacional, la desinformación, la producción de alimentos y las tensiones en el modelo económico. Asimismo, se subraya el papel de la prensa, la comunicación y la participación ciudadana como elementos fundamentales para la construcción de seguridad. En las discusiones finales, se enfatiza que las principales amenazas no provienen únicamente del exterior, sino también de vulnerabilidades internas. Se concluye que fortalecer la seguridad nacional requiere políticas integrales, articulación entre Estado y sociedad, y una constante adaptación a los cambios del contexto nacional e internacional.
Revista Temas: 87-88. Sección
CATALEJO
"...los acuerdos alcanzados han levantado varias preguntas, entre ellas la de por qué ahora cuando puede ser que dentro de unas semanas, o meses a más tardar, la nueva administración de Donald Trump revierta las medidas de la actual..."
Temas ha invitado a un grupo de académicos y expertos en historia y política de EEUU y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo de la isla el 20 de mayo pasado.
Publicaremos en lo adelante los textos que hemos ido recibiendo, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.
Más allá de lo que uno pueda pensar sobre el 20 de mayo de 1902 como fecha histórica, la misma ejerce un particular atractivo para cualquier político cubano-americano que se respete. Después de todo para ese sector la fecha simboliza la Cuba que una vez controlaron Estados Unidos y la oligarquía cubana. Es la Cuba a la que aspiran regresar algún día.
Para el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, esa Cuba está al doblar de la esquina. Ya en el 2019, cuando la primera administración Trump, siendo Rubio aún Senador por la Florida, John Bolton, a la sazón Asesor Nacional de Seguridad, había ideado una estrategia aparentemente imbatible. Consistía en lograr el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro en Venezuela para así negarle a Cuba el acceso al petróleo y a los financiamientos que habían sido pactados por ambos gobiernos en época de Fidel Castro y Hugo Chávez.
Como se recordará, aquel intento de enero del 2019, más conocido como el gambito Guaidó, fracasó estrepitosamente.
Se está ahora en presencia la segunda edición de esa estrategia. Desde que asumieron el poder en enero del 2024, ahora con Rubio en los dos cargos clave de política exterior del presidente Trump, ambos han impulsado el mismo proyecto: derrocar al gobierno cubano y revertir los logros de la Revolución cubana a través de la neutralización de Caracas como aliado clave de La Habana. Pudiera llamarse “Máxima presión plus” o “Máxima presión 2.0”.
Y hay que decir que han aprovechado muy bien dos circunstancias favorables. Por un lado, la situación económica y social cubana se ha deteriorado considerablemente. Ello se debe tanto a factores externos como domésticos.
Por el otro, el giro a la derecha de muchos gobiernos latinoamericanos y caribeños le han restado a Cuba importantes apoyos regionales.
Es en esas circunstancias que hace apenas 5 meses, el 3 de enero del 2026, las fuerzas armadas norteamericanas, cumpliendo órdenes de Trump, llevaron a cabo exitosamente el raid o golpe de mano que las llevó a secuestrar al presidente Maduro y obligar al gobierno de Delcy Rodríguez a cesar todas las transacciones económicas con Cuba.
Estaban matando dos pájaros de un tiro, o al menos así lo vieron.
La suposición de entonces era que el gobierno cubano no superaría esa circunstancia y colapsaría. Además, el poderío norteamericano demostrado en ese caso era una vigorosa razón para que se produjera lo que Trump y Rubio aspiraban: rendición incondicional del liderazgo cubano y subordinación de Cuba al dominio de Estados Unidos.
Adicionalmente, mediante una serie de proclamas y decisiones ejecutivas, se ha llevado a extremos nunca vistos antes la guerra económica que Estados Unidos le ha declarado Cuba. Ello ha tenido más impacto aún debido al quebranto del sistema económico mundial causado por la pandemia de COVID y la guerra en Ucrania.
Pero, por el otro, en el plano doméstico se viene desarrollando una policrisis al interior de Cuba, resultante de los fracasos y errores del propio gobierno cubano que sigue aferrado a un modelo económico que no funciona. Adicionalmente los líderes cubanos no han sido capaces de responder a las crecientes demandas de la ciudadanía que reclama una transformación no ya económica sino también política. La Habana también ha fracasado en diseñar y ejecutar una estrategia de comunicación política eficaz y creíble.
Para Trump y Rubio, al fin se han creado las condiciones para que las elites dominantes conservadoras en Estados Unidos lograran su viejo anhelo: el cambio de régimen en Cuba.
Para ello están aplicando todas las tácticas políticas en materia de comunicación. Estamos en presencia de una campaña de manipulación y operaciones psicológicas destinadas a quebrar la voluntad de resistencia del pueblo y del gobierno cubano. Según el diseño de Trump y Rubio, este último no tiene otro remedio que rendirse incondicionalmente antes de que se produzca una catástrofe monumental.
Es en ese contexto que se produce el llamado “mensaje al pueblo cubano por el 20 de mayo” que varias administraciones antes que la de Trump han utilizado para exponer la esencia de su política hacia Cuba. Sólo que esta vez el putativo autor no ha sido el presidente como en el pasado, sino el secretario de Estado.
Hay que reconocer que el mensaje de Rubio toca dos temas sumamente candentes de la realidad cubana en el marco general de que el gobierno cubano no ha sido capaz de producir los cambios necesarios para que la economía funcione eficazmente y ofrezca condiciones mínimas de bienestar.
Esos temas son la opacidad del sistema y los déficits democráticos del mismo.
Para muchos cubanos, el gobierno no ha sido capaz de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Ni siquiera de llevar a cabo las reformas económicas anunciadas y aprobadas en los Lineamientos para la Actualización del Modelo Económico Social.
Como se sabe, estos Lineamientos fueron objeto de un ejercicio de deliberación nacional al final del cual fueron aprobados tanto por un Congreso del Partido Comunista de Cuba como por una sesión de la Asamblea Nacional. Este proceso se llevó a cabo bajo el liderazgo e impulso de Raúl Castro, a la sazón máximo dirigente del país, a fines de la primera década del siglo. Se suponía que las reformas previstas serían puestas en vigor entre el 2011 y el 2016.
No sólo no se llevaron a cabo bajo el mandato de Raúl Castro, sino que se detuvieron prácticamente a partir de la elección de Miguel Díaz Canel como presidente en el 2018.
Mucho se ha especulado sobre los motivos de este fracaso mayor. Pero la peor explicación que ha prevalecido es que los actuales dirigentes se han estado enriqueciendo, invirtiendo los recursos del país en su propio beneficio y no en esferas tales como el sistema electro energético o la agricultura.
El mensaje de Marco Rubio se focaliza en esta última hipótesis y utiliza como elemento clave a GAESA, el conglomerado económico de origen militar. No está claro cuál es el volumen real de la economía que GAESA controla, pero se asume que debe ser como mínimo el 40%. La falta de transparencia del gobierno en general, algo criticado por el propio Raúl Castro en el 2010, es un elemento que dificulta incluso a los que quieren defender la actividad de esta gigantesca corporación.
Muy hábilmente, Rubio ofrece una visión alternativa de una Cuba floreciente bajo el control de Estados Unidos y particularmente de Donald Trump.
Toca todas las teclas que pueden ser atractivas para los cubanos en medio de esta policrisis.
Lo que oculta muy hábilmente el secretario de Estado es que al gobierno de Estados Unidos realmente no le interesa el pueblo cubano. Lo que le interesa es apoderarse de los resortes económicos de Cuba para ponerlo al servicio de los grandes monopolios estadounidenses incluyendo los controlados por millonarios cubano-americanos.
En las actuales circunstancias al gobierno cubano le va a ser muy difícil contrarrestar esta campaña que seguramente se repetirá “ad nauseam”.
El gobierno cubano está a la defensiva, respondiendo a cada paso que da el norteamericano, pero omite que tiene también un grave desafío en materia doméstica. Tiene que llevar a cabo cambios que funcionen y ofrezcan bienestar tangible a los cubanos y tiene que comunicarlo mejor, dialogando permanentemente con sus ciudadanos.
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