“Más de sesenta años después de que las Naciones Unidas adoptaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, los Estados Unidos no siempre la aplican en la forma que habrían esperado quienes redactaron y firmaron originalmente la Declaración. Al tiempo que insisten en mantener la Constitución del país como modelo de respeto a los derechos humanos, no utilizan su preocupación para ampliar los de sus propios ciudadanos, sino más bien para justificar cualquier cantidad de acciones contra gobiernos extranjeros, desde el embargo económico hasta la intervención militar, los que muchas veces violan el derecho internacional…”