lunes, 06-07-2026
El blog de la revista Temas
CATALEJO
Temas ha invitado a un grupo de académicos y expertos en historia y política de los Estados Unidos y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio, dirigido al pueblo de la Isla el 20 de mayo pasado.
Publicaremos en lo adelante los textos que hemos ido recibiendo, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.
Más allá de lo que uno pueda pensar sobre el 20 de mayo de 1902 como fecha histórica, la misma ejerce un particular atractivo para cualquier político cubano-americano que se respete. Después de todo para ese sector la fecha simboliza la Cuba que una vez controlaron Estados Unidos y la oligarquía cubana. Es la Cuba a la que aspiran regresar algún día.
Para el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, esa Cuba está al doblar de la esquina. Ya en el 2019, cuando la primera administración Trump, siendo Rubio aún senador por la Florida, John Bolton, a la sazón asesor nacional de Seguridad, había ideado una estrategia aparentemente imbatible. Consistía en lograr el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro en Venezuela para así negarle a Cuba el acceso al petróleo y a los financiamientos que habían sido pactados por ambos gobiernos en época de Fidel Castro y Hugo Chávez.
Como se recordará, aquel intento de enero del 2019, más conocido como el gambito Guaidó, fracasó estrepitosamente.
Se está ahora en presencia la segunda edición de esa estrategia. Desde que asumieron el poder en enero del 2024, ahora con Rubio en los dos cargos clave de política exterior del presidente Trump, ambos han impulsado el mismo proyecto: derrocar al gobierno cubano y revertir los logros de la Revolución cubana a través de la neutralización de Caracas como aliado clave de La Habana. Pudiera llamarse “Máxima presión plus” o “Máxima presión 2.0”.
Y hay que decir que han aprovechado muy bien dos circunstancias favorables. Por un lado, la situación económica y social cubana se ha deteriorado considerablemente. Ello se debe tanto a factores externos como domésticos.
Por el otro, el giro a la derecha de muchos gobiernos latinoamericanos y caribeños le han restado a Cuba importantes apoyos regionales.
Es en esas circunstancias que hace apenas 5 meses, el 3 de enero del 2026, las fuerzas armadas norteamericanas, cumpliendo órdenes de Trump, llevaron a cabo exitosamente el raid o golpe de mano que las llevó a secuestrar al presidente Maduro y obligar al gobierno de Delcy Rodríguez a cesar todas las transacciones económicas con Cuba.
Estaban matando dos pájaros de un tiro, o al menos así lo vieron.
La suposición de entonces era que el gobierno cubano no superaría esa circunstancia y colapsaría. Además, el poderío norteamericano demostrado en ese caso era una vigorosa razón para que se produjera lo que Trump y Rubio aspiraban: rendición incondicional del liderazgo cubano y subordinación de Cuba al dominio de Estados Unidos.
Adicionalmente, mediante una serie de proclamas y decisiones ejecutivas, se ha llevado a extremos nunca vistos antes la guerra económica que Estados Unidos le ha declarado Cuba. Ello ha tenido más impacto aún debido al quebranto del sistema económico mundial causado por la pandemia de COVID y la guerra en Ucrania.
Pero, por el otro, en el plano doméstico se viene desarrollando una policrisis al interior de Cuba, resultante de los fracasos y errores del propio gobierno cubano que sigue aferrado a un modelo económico que no funciona. Adicionalmente los líderes cubanos no han sido capaces de responder a las crecientes demandas de la ciudadanía que reclama una transformación no ya económica sino también política. La Habana también ha fracasado en diseñar y ejecutar una estrategia de comunicación política eficaz y creíble.
Para Trump y Rubio, al fin se han creado las condiciones para que las elites dominantes conservadoras en Estados Unidos lograran su viejo anhelo: el cambio de régimen en Cuba.
Para ello están aplicando todas las tácticas políticas en materia de comunicación. Estamos en presencia de una campaña de manipulación y operaciones psicológicas destinadas a quebrar la voluntad de resistencia del pueblo y del gobierno cubano. Según el diseño de Trump y Rubio, este último no tiene otro remedio que rendirse incondicionalmente antes de que se produzca una catástrofe monumental.
Es en ese contexto que se produce el llamado “mensaje al pueblo cubano por el 20 de mayo” que varias administraciones antes que la de Trump han utilizado para exponer la esencia de su política hacia Cuba. Sólo que esta vez el putativo autor no ha sido el presidente como en el pasado, sino el secretario de Estado.
Hay que reconocer que el mensaje de Rubio toca dos temas sumamente candentes de la realidad cubana en el marco general de que el gobierno cubano no ha sido capaz de producir los cambios necesarios para que la economía funcione eficazmente y ofrezca condiciones mínimas de bienestar.
Esos temas son la opacidad del sistema y los déficits democráticos del mismo.
Para muchos cubanos, el gobierno no ha sido capaz de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Ni siquiera de llevar a cabo las reformas económicas anunciadas y aprobadas en los Lineamientos para la Actualización del Modelo Económico Social.
Como se sabe, estos Lineamientos fueron objeto de un ejercicio de deliberación nacional al final del cual fueron aprobados tanto por un Congreso del Partido Comunista de Cuba como por una sesión de la Asamblea Nacional. Este proceso se llevó a cabo bajo el liderazgo e impulso de Raúl Castro, a la sazón máximo dirigente del país, a fines de la primera década del siglo. Se suponía que las reformas previstas serían puestas en vigor entre el 2011 y el 2016.
No sólo no se llevaron a cabo bajo el mandato de Raúl Castro, sino que se detuvieron prácticamente a partir de la elección de Miguel Díaz Canel como presidente en el 2018.
Mucho se ha especulado sobre los motivos de este fracaso mayor. Pero la peor explicación que ha prevalecido es que los actuales dirigentes se han estado enriqueciendo, invirtiendo los recursos del país en su propio beneficio y no en esferas tales como el sistema electro energético o la agricultura.
El mensaje de Marco Rubio se focaliza en esta última hipótesis y utiliza como elemento clave a GAESA, el conglomerado económico de origen militar. No está claro cuál es el volumen real de la economía que GAESA controla, pero se asume que debe ser como mínimo el 40%. La falta de transparencia del gobierno en general, algo criticado por el propio Raúl Castro en el 2010, es un elemento que dificulta incluso a los que quieren defender la actividad de esta gigantesca corporación.
Muy hábilmente, Rubio ofrece una visión alternativa de una Cuba floreciente bajo el control de Estados Unidos y particularmente de Donald Trump.
Toca todas las teclas que pueden ser atractivas para los cubanos en medio de esta policrisis.
Lo que oculta muy hábilmente el secretario de Estado es que al gobierno de Estados Unidos realmente no le interesa el pueblo cubano. Lo que le interesa es apoderarse de los resortes económicos de Cuba para ponerlo al servicio de los grandes monopolios estadounidenses incluyendo los controlados por millonarios cubano-americanos.
En las actuales circunstancias al gobierno cubano le va a ser muy difícil contrarrestar esta campaña que seguramente se repetirá ad nauseam.
El gobierno cubano está a la defensiva, respondiendo a cada paso que da el norteamericano, pero omite que tiene también un grave desafío en materia doméstica. Tiene que llevar a cabo cambios que funcionen y ofrezcan bienestar tangible a los cubanos y tiene que comunicarlo mejor, dialogando permanentemente con sus ciudadanos.
Temas ha invitado a un grupo de académicos y expertos en historia y política de EEUU y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo de la isla el 20 de mayo pasado.
El pasado 20 de mayo el Secretario de Estado norteamericano Marco Rubio le habló —en español — a los cubanos, fundamentalmente a los residentes en la Isla. Su discurso se inserta dentro de la escalada retórica y práctica que desde inicios de año despliega la Administración Trump hacia Cuba, en el contexto que genera el reimpulso dado a la Doctrina Monroe. En un escenario de erosión de su hegemonía mundial, Washington se esfuerza por garantizar su control sobre las Américas y la mayor de las Antillas sufre el embate de ese viento huracanado.
Como era de esperar, Rubio arrancó por la Historia. Sus palabras iniciaron con la exaltación de una fecha identificada, desde la lógica imperial, como punto de partida de la independencia cubana. La existencia a inicios del siglo pasado de un modelo neocolonial que constreñía la soberanía patria no constituye tópico que le interese subrayar a un político que entiende como virtuosa la subordinación de La Habana a los designios de la gran potencia vecina.
De la alusión al ayer saltó hacia el presente el alto funcionario estadounidense. El relato articulado sobre la compleja cotidianidad cubana descansa en torno a la estafa intelectual que supone descargar a Estados Unidos de cualquier responsabilidad en relación con la crisis que enfrenta la Isla. Según la versión de Rubio, la tensa situación que se vive a lo largo y ancho del territorio nacional resulta, en exclusivo, expresión del desgobierno de las autoridades insulares, del rol GAESA dentro de la economía y de la articulación de intereses espurios ajenos a las necesidades de la población.
Se completa el cuadro con el anuncio de la ayuda ofrecida por la Administración Trump y con la insistencia en la voluntad del gobierno norteño para convertirse en partero de la nueva Cuba que florecería —¡al igual que Bahamas, República Dominicana y Jamaica! — bajo las bondades de la democracia liberal. El cuadro idílico de la nación próspera del mañana se sostiene en el empleo del desgatado recurso que presenta al éxito como materialidad solo alcanzada por aquellos compatriotas residentes allende los mares.
Desmontar el gran argumento utilizado por Mr. Rubio. no es difícil. Exculpar a Estados Unidos de su papel dentro de la crisis cubana actual solo es posible a partir del uso descarnado de la mentira. Buena parte de las cosas que en Cuba no han salido bien pasan, indudablemente, por la incidencia del accionar hostil expresado en la guerra económica que —desde 1960 — las administraciones norteamericanas le han impuesto a su pequeño vecino. En estos meses iniciales de 2026 se ha vivido el recrudecimiento extremo de una histórica proyección, que no solo ha sido denunciada por las autoridades cubanas, sino que también ha recibido la condena mayoritaria de la comunidad internacional.
Ahora bien, lo realmente interesante es entender por qué los planteamientos de Rubio pueden tener acogida favorable en segmentos de la población de esta tierra acosada. El análisis de tal fenómeno obliga a dialogar con dinámicas internas articuladas en la Isla. No resulta una conversación grata, pero vale la pena asumirla.
A modo de esbozo, pueden identificarse algunas cuestiones de la realidad interna que aúpan la modelación de la narrativa desde la cual se trabaja en la conciencia de los cubanos para blanquear el accionar estadounidense. Entre ellas destaca la opacidad de la célebre GAESA, quizás necesaria para el propósito de alcanzar flexibilidad operacional, pero desde hace buen tiempo contraproducente en lo político. A ello se suman las inconsecuencias en el despliegue de los gastos estatales y su articulación con el deterioro de sectores identificados como conquistas de la Revolución. Asimismo, inciden el decurso no exitoso la reforma económica, el crecimiento de la desigualdad social de la mano del mayor peso alcanzado por las relaciones de mercado, las dificultades del sistema político para dialogar con la pluralidad ciudadana, percepción que en torno a la corrupción de franjas del liderazgo se ha instalado en el país y la generalmente esquemática, arcaica y reactiva proyección comunicativa de las autoridades.
Rubio ha repetido el viejo mantra imperial, pero ahora tiene gente —más de la cuenta — que lo escucha desde las calles y casas cubanas. La debilidad del frente interno se muestra como una variable cuyo peso resulta mucho mayor que en décadas anteriores. En circunstancias difíciles, críticas pudiera decirse, el marco de acción gubernamental es limitado, mas el liderazgo en ejercicio debería encarar con fuerza a aquellos elementos de la dinámica interna que hoy se convierten en terreno fértil para que unos cuantos de los nacidos y residentes en la Isla se muestren indulgentes con la agenda de restauración imperial de Mr. Marco y desarticulados con la opción de la resistencia patriótica que al gobierno le toca encabezar.
Palabras de Israel Rojas en la presentación de Apuntes para una historia de la Revolución cubana, de Fabio A. Fernández Batista, publicado bajo el sello Ediciones Temas (sala Héctor García Mesa, del ICAIC, el 17 de abril de 2026).
El pasado 15 de abril, con el auspicio de la editorial Letras Cubanas, celebraron a nuestra compañera, la Dra. Denia García Ronda, con motivo de su cumpleaños, en el espacio El Jubileo de Letras Cubanas, con sede en la librería Fayad Jamís, del Centro histórico de La Habana Vieja. Catalejo ha transcrito la entrevista que le realizó allí Fernando Rdríguez Sosa, creador y conductor de ese espacio. Agradecemos a él y a la directora de la editorial su autorización y colaboración para publicarla.
"...Las decisiones que Cuba tomó este febrero mostraron que su modo de gobernar es capaz de renovarse internamente, no sólo para resistir las amenazas de Trump y Rubio, sino para cambiar lo que no funciona en su camino al socialismo. Estas medidas no pueden quedarse como respuestas a una emergencia, mucho menos como consignas. Tienen que contribuir a renovar urgentemente la macroeconomía, a extirpar la burocracia y la corrupción a todos los niveles, a eliminar las desigualdades, la pobreza, de manera que los cubanos no vean la migración externa como la única salida a sus dificultades, sino que las resuelvan aquí".
Presentación n. 125-126 – Revista Temas
NOTICIA
La revista Temas invita al Panel sobre “Imperialismo y resistencia en América Latina y el Caribe”, que se realizará este martes, 17 de febrero, 10:00 a.m.
Palabras de presentación del #125-126 de Temas, el 13 de febrero de 2026
El equipo editorial de Temas, en circunstancias tan complejas como las que vivimos hoy, o sobretodo por el contexto tan complejo que atraviesa el país, invita a la presentación del número 125-126 dedicado al pensamiento, la acción y el legado de Fidel.
Temas invita a la entrega de los Premios Temas de Ensayo 2025 este viernes 13 de febrero.
"Reconocer a las mujeres como productoras de pensamiento crítico, y no solo como sujetos históricos, activistas o figuras culturales, sigue siendo una deuda pendiente en las narrativas intelectuales de América Latina y el Caribe". Así se plantea una de las razones para dedicar, en el número 125 de la revusta, un dossier dedicado a pensadoras latinoamericanas y caribeñas.
El espacio de debate "Último Jueves", dedicado al tema “¿De qué socialismo estamos hablando?” y originalmente programado para el 27 de noviembre de 2025, ha sido pospuesto para el próximo año.
Esta decisión responde a nuestro compromiso de garantizar la calidad de este encuentro.
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